El primer mes del gobierno de Lucio
Gutiérrez:
Ecuador: entre la esperanza y el desencanto [1]
Manuel Salgado Tamayo *
LA VISITA
A WASHINGTON
Aún los que cabalgan por la vida en rocín flaco y lento están de acuerdo en
que, el viaje del Presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez a los Estados Unidos
de América, el pasado 10 de febrero, llevado de la mano por el Embajador y
banquero Guillermo Lasso, marca el giro definitivo de su política nacional e
internacional. La firma de Carta de Intención con el Fondo Monetario
Internacional, sin objetar ni una sola línea de las 22 condiciones impuestas,
todas lesivas para los intereses nacionales, demuestra un nivel tan extremo de
sometimiento que la prensa del Imperio comentó que el nuevo Presidente “es visto
por los organismos financieros internacionales como un político con ideas
novedosas y los banqueros de Wall Street se sienten muy a gusto con sus ideas
económicas”[2]
El lunes 11 de febrero Lucio es recibido por Bush, analizan, entre otros temas,
los relacionados con la Base de Manta y la intervención del Ecuador en el Plan
Colombia. Al salir de la reunión anuncia a la prensa nacional y extranjera: “Le
hemos dicho que queremos convertirnos en el mejor aliado y amigo de Estados
Unidos, en la lucha por la paz en el mundo, por fortalecer la democracia, por
reducir la pobreza, por combatir el narcotráfico y por acabar con otra lacra,
el terrorismo”. [3] El mismo día, en horas de la mañana, en un acto público, en
el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales, definió como una de las
prioridades de la política oficial de su gobierno el luchar contra el
terrorismo y el narcotráfico. “ Si no apoyamos, todos, de manera más
protagónica a (Alvaro) Uribe, seguramente se seguirá sacrificando la vida de
más gente”. Para sentenciar: “Uribe lleva de una manera muy adecuada una
posible solución al problema( de Colombia)”.
Para demostrar, de inmediato, los resultados de la subyugación a la estrategia
imperial en la región, Gutiérrez anunció que Estados Unidos incrementará su
ayuda a Ecuador con 116 millones de dólares.[4] Al parecer las ayudas incluyen
pertrechos militares para la frontera norte.
Para que nadie dude de su adherencia al militarismo proimperialista, en una
entrevista concedida a The Washington Times afirmó que: “la población de la
Isla( de Cuba) no debe sufrir las consecuencias de la política de Castro”.[5]
EL MEJOR ALIADO Y AMIGO DE LOS ESTADOS UNIDOS
Las declaraciones del Coronel Presidente sólo ponen de manifiesto la
efectividad que, a la postre, tienen los acuerdos para la instrucción de
nuestros militares. El excelente alumno de las Academias norteamericanas, como
ha sucedido casi siempre, besa la mano de sus instructores. Debe ser difícil
para el Coronel entender que los Estados Unidos de América no tienen ni amigos
ni enemigos, sino intereses. El 20 de Septiembre del 2002 el Presidente George
Bush declaró que los Estados Unidos es el “poder supremo” del mundo y advirtió
que no tolerará desafíos a su ventaja de poder. En un documento de 33 páginas
enviado al Congreso bajo el título: “La estrategia de seguridad nacional de
Estados Unidos” Bush señala:
“El Presidente no tiene ninguna intención de permitir que algún poder
extranjero alcance la enorme delantera que Estados Unidos ha logrado desde la
caída de la Unión Soviética hace más de una década...Nuestras fuerzas serán lo
suficientemente fuertes para disuadir a potenciales adversarios de promover una
acumulación militar con la esperanza de superar, o igualar, el poder de Estados
Unidos”.
Los analistas militares internacionales han comentado que la estrategia de Bush
significa el abandono de los elementos básicos de la disuasión y no
proliferación, que eran el eje de la política exterior norteamericana, y que,
ahora, se impondría el concepto de la “contraproliferación” o desarme obligado
de todo poder que desafíe o presente una amenaza para los Estados Unidos. En
tal sentido Estados Unidos se reserva el derecho de desatar guerras preventivas,
es decir, se hace tabla rasa de los compromisos militares firmados con otros
bloques o Estados y se advierte que tampoco sus soldados se someterán al
derecho internacional o a la nueva Corte Penal Internacional.
La estrategia de dominio mundial y regional de los Estados Unidos de América se
ha ido definiendo cada vez más en torno a tres ejes fundamentales: Una
estrategia económica basada en la globalización neoliberal, cuyas instituciones
operadoras son el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la
Organización Mundial de Comercio; Una estrategia política basada en democracias
tuteladas y en gobiernos clientes; y, una estrategia militar basada en el poder
único del Estado Imperial. La militarización que impulsa el Imperio en todas
las latitudes tiene al parecer un doble componente:
a)
Intervenciones militares unilaterales y directas del Ejército Imperial en
aquellos casos en el que el conflicto pueda resolverse por la vía de una
intervención aérea y marítima masiva, con el menor costo social para los
agresores; y,
b) Utilización de los ejércitos de los gobiernos clientes, nacionales y
regionales, en los casos en que las condiciones topográficas y el grado de
desarrollo de las fuerzas rebeldes puedan configurar un pantano que repita la
traumática experiencia del sudeste asiático.
La primera
modalidad la presenciamos en Afganistán y, al parecer, en pocos días se
iniciará una nueva guerra de este tipo en Irak, desoyendo la repulsa de la
opinión pública mundial y pisoteando las resoluciones de la ONU.
La segunda modalidad es la que busca implementarse en Colombia. El Expresidente
de la República, Pedro Pinto reconoció que: “Estados Unidos insinúa que
entremos en el conflicto de Colombia”. Y el Ex Ministro de Defensa, Hugo Unda,
afirmó que “las relaciones entre Ecuador y Estados Unidos no son buenas por la
negativa ecuatoriana de inmiscuirse en el conflicto colombiano”.[6]
Las presiones al Gobierno y las Fuerzas Armadas del Ecuador para que
intervengan en un proyecto regional de combate a las fuerzas insurgentes de
Colombia fueron brutalmente transparentes el martes 15 de octubre del 2002,
cuando el Jefe del Comando Sur, General James T. Hill, durante una entrevista
con el Presidente Gustavo Noboa y el Jefe del Comando Conjunto, general Oscar Isch,
pidió abiertamente el apoyo de Ecuador y de la región para luchar conjuntamente
en la solución del conflicto interno colombiano.[7] El incidente desató una
gran polémica que fue recogida por los principales medios de comunicación del
Ecuador. Hay que decir, en honor a la verdad, que el Presidente Noboa habría
rechazado la propuesta. Noboa la rechazó pero Gutiérrez la acepta.
LA SUBORDINACIÓN DEL ECUADOR AL PLAN COLOMBIA
Aún en sectores ajenos a la intelectualidad adocenada, hubo voces que creyeron
que el Plan Colombia y la Iniciativa Regional Andina eran un plan de combate al
narcotráfico. Ahora que las caretas han rodado por el suelo está más claro que
la guerra contra las drogas fue, desde el comienzo, un Caballo de Troya para
ocultar un vasto proyecto de militarización y subordinación de la región andina
y América Latina a los intereses geoestratégicos de los Estados Unidos de
América.
Durante la Guerra Fría era poco creíble, pero al fin y al cabo admisible, que
todos los conflictos de América Latina se atribuyan a las nefastas proyecciones
del “Imperio del mal”, como llamaba Reagan a la URSS. Desaparecido ese eje de
contradicciones había que crear un nuevo fantasma y nada mejor que las drogas.
Francamente, nos pudieron conmover hasta las lágrimas por la preocupación que
demostraban los señores del Imperio por el destino de nuestros hijos. Pero las
cosas han cambiado, la guerra contra las drogas se ha transformado en la guerra
interminable contra el terrorismo, después del ataque a las Torres Gemelas el
11 de Septiembre del 2001, y, los fondos y las armas del Plan Colombia cuentan
con la venia del Imperio para utilizarse en la guerra contra la insurgencia. El
proceso de paz en Colombia está roto y el único lenguaje que se escucha en la
región es el de la guerra. El jefe del Imperio ha dicho en West Point, el
primero de junio del 2002:
“Alentaremos a nuestros socios regionales a llevar a cabo actividades
coordinadas para aislar a los terroristas. Una vez que la campaña regional
localice la amenaza, nos esforzaremos por asegurar que el Estado disponga de
los medios militares, coercitivos, políticos y financieros para llevar a buen
término su tarea”.[8]
Andrés Pastrana que gobernó sobre las expectativas generadas por el proceso de
paz ha sido reemplazado en el Palacio de Nariño por “El señor de las Sombras”,[9]
Alvaro Uribe Vélez. Personaje siniestro, vinculado al narcotráfico y al
paramilitarismo.[10] Su propuesta central habla de incrementar el pie de fuerza
del Ejército y la Policía y de crear un sistema generalizado de sospecha y
denuncia, propio de los peores momentos de las guerras. La guerra química
contra los cultivos de coca y amapola tomó una dimensión enorme desde el mes de
septiembre del 2002: Los expertos norteamericanos que vuelan a 50 metros de
altura, protegidos por soldados colombianos, han lanzado miles de barriles de
glifosatos, valorados en millones de dólares, en una operación que busca
destruir todos los cultivos, incluso los de alimentos básicos, a fin de obligar
a la población campesina a emigrar a las ciudades. Es la limpieza social o
étnica que precedió a otras guerras norteamericanas en el pasado. Las
debilidades de la economía y la sociedad estadounidense seguramente van a
impedir que el apoyo al Plan Uribe se transforme en una intervención masiva y
directa de las fuerzas militares norteamericanas en el conflicto colombiano,
por ahora, las prioridades apuntan a Irak, pues las demandas esenciales buscan
petróleo. Pero sería ingenuo suponer que el colofón de la profundización de la
guerra interna, no pueda ser, en algún momento, sobre todo, si los tercos
insurgentes resisten, la intervención militar directa de los ejércitos
imperiales en Colombia. Al fin y al cabo, un acucioso periodista mexicano,
Gregorio Selser, ha recordado que los Estados Unidos han intervenido, en los
últimos dos siglos, en diversos puntos de América Latina, no menos de 1.500
veces, lo que nos transforma en la región del mundo cuya soberanía ha sido la
más violada del planeta.
LOS PELIGROS DE UNA GUERRA QUE NO ES NUESTRA
En dos libros[11] y decenas de artículos he demostrado que el Ecuador de
inicios del siglo XXI no tiene en su agenda prioritaria los problemas del
narcotráfico y la insurgencia.[12] Comprometer a nuestras Fuerzas Armadas y a
nuestro pueblo en una guerra que no es nuestra no sólo constituye una grave
violación de los principios que han animado la política internacional del
Ecuador a lo largo de su historia y que se encuentran consagrados en nuestra
Carta Magna: el respeto a la independencia, la soberanía y la autodeterminación
de los pueblos, la no ingerencia en los asuntos internos de otros Estados, la
solución pacífica de las controversias, la condena de todo tipo de
colonialismo, neocolonialismo y hegemonismo. Adicionalmente, el Ecuador, sumido
en una de las peores crisis de su historia y con graves problemas económicos y
sociales que afectan a la mayoría de sus habitantes, no puede cometer la
irracionalidad y la injusticia, como se pretende, de militarizar al Estado
nacional para servir a los intereses de la gran potencia. El Congreso Nacional
en Pleno tiene que oponerse a la Proforma enviada, en estos mismos días por el
Ejecutivo que pretende recortar drásticamente el Presupuesto para el frente
social y los sectores productivos a fin de dedicar esos recursos a la insensata
tarea de financiar la guerra de la gran potencia en Colombia. En efecto, la
primera sorpresa de la proforma es el descomunal incremento del presupuesto
destinado a la defensa nacional( 40.5 %) y a la policía nacional( 30.2 %).
Algunos analistas han querido interpretar que éstas asignaciones obedecen a la
búsqueda, por los militares en el poder, de una base de apoyo, en el caso,
bastante previsible, de que reactive la lucha social por efecto de la
continuidad de las políticas de ajuste fondomonetaristas y de la dolarización.
Sin embargo, la explicación central de este incremento se encuentra en la
subordinación del Presidente Gutiérrez a la política de la administración Bush
para la región que prepara de modo acelerado una salida militar al problema de
la insurgencia en Colombia. “Ser el mejor socio de los Estados Unidos en la
región” significa, desde el punto de vista militar, aceptar la propuesta
formulada en Noviembre pasado, en Quito, por el Jefe del Comando Sur que
promovió abiertamente la participación de las Fuerzas Armadas del Ecuador en
las operativo regional, encabezado por la alianza norteamericana colombiana,
para desarrollar un vasto plan de guerra cuyo objetivo declarado es la derrota
de las fuerzas insurgentes de Colombia. El Presidente Alvaro Uribe Vélez ha
dicho reiteradamente que, luego de que culmine la guerra contra Irak, los
Estados Unidos deberían desarrollar operativos semejantes en Colombia con la
participación de sus fuerzas terrestre, aéreas y marítimas. Desde que Lucio
Gutiérrez se entrevistó con Uribe Vélez, en los mismos días en que Fidel Castro
y Hugo Chávez inauguraban la Capilla del Hombre, en Quito, creación excelsa y
póstuma del mayor artista plástico del Ecuador en el siglo XX, a la que el
Coronel no concedió ninguna importancia, se supo que el Presidente Electo
ecuatoriano había comprometido la participación de las Fuerzas Armadas del
Ecuador en operativos conjuntos con los Ejércitos de Colombia y asesores
norteamericanos. Lo dicho en Washington el 11 de febrero no hace otra cosa que
ratificar un compromiso que significa la subordinación total del Gobierno
ecuatoriano al Plan Colombia y la Iniciativa Regional Andina. Como ha señalado
el historiador Enrique Ayala Mora, implicar a las Fuerzas Armadas en el
conflicto interno de Colombia puede ser catastrófico y hasta trágico para el
Ecuador.
LA ENTREGA DE LUCIO AL IMPERIO ES UN VIAJE SIN RETORNO
Un segmento de la izquierda y el movimiento indígena del Ecuador han sido
entrampados por el Coronel Lucio Gutiérrez en el peor de los escenarios
posibles: la inconsecuencia y la traición. Cierto que Lucio Gutiérrez nunca
dejó de decir sus verdades, nacidas de su formación militar e ideológica, pero
tuvo la intuición suficiente para comprender el grado de descomposición a que
habían llegado, tras dos décadas de globalización neoliberal, los viejos
partidos políticos y la política, así como también la necesidad de enancarse en
la ola creciente del movimiento indígena y de la izquierda, que venía
creciendo, poniendo en peligro la continuidad de los privilegios insultantes de
una minoría, aliada al Imperio. A los socialistas que por poco firman un
acuerdo de fusión orgánica con el pequeño movimiento de Gutiérrez, la Sociedad
Patriótica, nos sacó del atolladero León Roldós Aguilera, al que, al menos,
siempre deberemos reconocer el habernos evitado el estigma de estar en la misma
estructura política de un militar reaccionario y proimperialista. Para el
Movimiento Popular Democrático, el Partido Comunista del Ecuador y, sobre todo,
el Movimiento Plurinacional Pachakútik y la CONAIE se abre un proceso de
urgentes definiciones si quieren conservar el único patrimonio que ha
caracterizado a las fuerzas revolucionarias en la historia: la fidelidad a los
principios y a los intereses permanentes de los explotados y ofendidos, a los
que jamás podrá servir Lucio Gutiérrez desde su opción neoliberal y
militarista, arrodillada frente a un Imperio que nos desprecia.
En el Proyecto Político de la CONAIE[13] se levantan como principios de vida: el
humanismo, el comunitarismo, el anticolonialismo, el anticapitalismo, el
antiimperialismo, el antisegregacionismo. La independencia total de la nación
plurinacional ecuatoriana, frente a la dependencia económica, política,
ideológica y tecnológica del exterior. Es decir, casi los mismos principios por
los que, el sábado 15 de enero del 2003, han salido a las calles, en las
principales ciudades del mundo, más de 30 millones de mujeres y hombres,
enarbolándolos como expresión de rechazo a las políticas imperialistas de
guerra y muerte que pretende imponer al mundo George Bush que, hasta ahora sólo
tenía un aliado descalificado en la región andina: Alvaro Uribe Vélez, a cuyo
cortejo fúnebre de ha unido el Coronel Presidente del Ecuador.
Se ha cerrado entonces el primer capítulo de esta historia. El pueblo
ecuatoriano ha transitado de la esperanza al desencanto. Lucio, en sus andanzas
por las entrañas del monstruo, ha conseguido una Malinche dispuesta a
justificarlo todo. Pero el pueblo ecuatoriano no ha cesado de luchar un solo
instante y su fuego purificador, como ha sucedido tantas veces en la historia
de América Latina, barrerá por los mentirosos y traidores.
Quito, 15 de febrero del 2003
* Profesor de la Universidad Central del Ecuador.
Ex Vicepresidente del Congreso Nacional de la República del Ecuador.
Notas
[1] Fragmento de la ponencia: El fracaso del neoliberalismo y la construcción
de una alternativa popular en el Ecuador.
[2] Diario “El Comercio” de Quito, jueves 13 de febrero del 2003, 1Ŗ. Página.
[3] Diario “El Comercio” de Quito, miércoles 12 de febrero del 2003, p. A 3.
[4] Diario “Hoy” de Quito, jueves 13 de febrero del 2003, 1Ŗ. Página.
[5] Citado por el Diario “Hoy” de Quito, página A-3.
[6] Diario “Hoy” de Quito, sábado 16 de noviembre del 2002, p. A-2.
[7] Diario “El Comercio” de Quito, domingo 20 de octubre del 2002, C1.
[8] Citado por el Diario “El Comercio” de Quito, Domingo 20 de octubre del
2002, C1.
[9] Adjetivación tomada del libro de Joseph Contreras, Biografía no autorizada
de Alvaro Uribe Vélez, Bogotá, Editorial Oveja Negra, 1Ŗ. Edición, mayo del
2002.
[10] Ver Joseph Contreras, Biografía no autorizada de Alvaro Uribe Vélez ( El
Señor de las Sombras ) , Bogotá, Editorial La Oveja Negra, 1Ŗ. Edición, mayo
del 2002.
[11] Ver æ Guerra sucia en Ecuador? Los documentos secretos de Manta, Quito,
Ediciones La Tierra, 1Ŗ. Edición, marzo del 2000. Drogas, Terrorismo e
Insurgencia, del Plan Colombia a la Cruzada Libertad Duradera, Quito, Ediciones
La Tierra, 1Ŗ. Edición, mayo del 2002.
[12] No los tiene con la gravedad de nuestros vecinos: Colombia, Perú y
Bolivia. Nota del autor.
[13] Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE, Proyecto
Político de la CONAIE, Quito, 1994.
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