N° 15, Agosto-Noviembre
de 2003
Tres tareas para Lula
Helio Jaguaribe *
Agravado por
el unilateralismo del gobierno Bush, el proceso de mundialización empuja a los
países subdesarrollados, cuya soberanía no es más que aparente, a transformarse
rápidamente en segmentos indiferenciados del mercado internacional, controlados
al interior por las multinacionales y al exterior por Washington. Solo la
India, China y Rusia pueden escapar a tal destino.
En ese contexto, Brasil se arriesga a no ser mas que un simple segmento del
mercado internacional si no logra antes de los veinte años que vienen -
tiempo máximo - un nivel satisfactorio de desarrollo autónomo acompañado de
normas sociales equivalentes a las de la España de hoy, así como una
situación económica y tecnológica equivalente a la de Italia.
Pero para alcanzar un nivel de desarrollo duradero, Brasil debe poner en marcha
de forma deliberada y coherente a un vasto programa de desarrollo
económico social y tecnológico.
Tres condiciones previas son necesarias para ello:
1. La elaboración de un consenso de base nacional sobre los grandes objetivos a
lograr de aquí al 2020.
2. La puesta a punto urgente de un nuevo modelo nacional de desarrollo y de una
estrategia apropiada para pasar del actual modelo de equilibrio estático al
nuevo modelo.
3. El rechazo del proyecto ALCA ( Acuerdo de Libre Comercio de las Américas)
(también llamado ZLEA: Zona de libre intercambio de las Américas). Ese
proyecto de eliminación de las tarifas aduaneras entre todos los países
del continente americano desde Alaska a la Tierra del Fuego, a excepción de
Cuba, fue propuesto en diciembre de 1994 y debería entrar en vigencia en
el 2005). Su rechazo debe hacerse conjuntamente con los otros
miembros del MERCOSUR, (Mercado Común del Cono Sur creado en 1991 que reagrupa
a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay y al cual Chile y Bolivia están
asociados) ya que la adopción del ALCA hará de todos los estados
firmantes simples provincias feudales del sistema americano.
Los países autoritarios, como China, pueden comprometerse en proyectos a
muy largo plazo. Pero para un régimen democrático, en el que cada mandato
presidencial imprime sus propias orientaciones, la sola manera de conservar una
línea coherente permitiendo obtener los resultados buscados, es de alcanzar un
amplio consenso nacional.
Segunda condición, la elaboración rápida por la base de apoyo del gobierno de
Lula da Silva, de un nuevo modelo coherente de desarrollo que rompa el
modelo actual de simple equilibrio y de una estrategia que permita el cambio
armonioso entre los dos periodos.
En un primer tiempo, el gobierno Lula tiene perfectamente razón de administrar
con prudencia y competencia el sistema económico que hemos heredado y de
re-ganar así la confianza de los mercados locales e internacionales. Pero es
necesario que su base de apoyo prepare de manera rigurosa un modelo alternativo
aplicable que deberá entrar progresivamente en vigor a partir de 2004 y
funcionar integralmente en el 2005.
El rechazo del ALCA es la condición sine qua non para que Brasil y los
otros miembros del MERCOSUR puedan devenir países autónomos y con un
desarrollo durable. La abolición de las barreras aduaneras del proyecto ALCA
favorecerían en nuestro detrimento a los sectores poco competitivos de la
economía americana. Es más, las disposiciones bilaterales perversas
privarían a los gobiernos del MERCOSUR del derecho de reglamentar
la especulación extranjera en sus propios territorios. En fin, la supresión de
fronteras se prolongaría en la eliminación de los derechos de
aduana exteriores comunes, lo que representa los fundamentos mismos del
MERCOSUR.
Todas esas consideraciones hacen que el ALCA sería fatal para el futuro de
Brasil y de los otros miembros del MERCOSUR. El rechazo del ALCA, que plantea
un problema a nivel diplomático, se ha hecho posible con la elección de Néstor
Kirchner (cuya investidura tuvo lugar el 25 de mayo ultimo como
consecuencia de la retirada de su rival Carlos Menem ). Sus proyectos,
conformes a los de Brasil, pregonan una alianza estratégica
argentino-brasileña, un reforzamiento del MERCOSUR y la formación de un
sistema suramericano de libre intercambio. El destino de Brasil, y con él del
MERCOSUR, depende hoy en día de las decisiones del gobierno de Lula sobre esas
condiciones previas. Todo parece indicar que él no nos va a decepcionar.
* O Globo, 11 de julio de 2003.
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