Bernardo Mançano Fernández *
La historia
de la cuestión agraria brasileña ya nos enseñó muchas lecciones. Son luchas de
resistencia de los campesinos, masacres de millares de personas,
criminalización de la lucha por la tierra; creación y destrucción de diferentes
políticas públicas; conquistas de tierras y territorialización de los
movimientos sociales, ejemplos de éxito de los asentamientos rurales y de las
cooperativas de los pequeños agricultores. El enfrentamiento en la lucha
persistente convirtió a la muerte y el dolor en marcas del día a día.
En ese vaivén de la vida, una y otra vez nos sorprendemos con aberraciones de
todo tipo. La más reciente, un panfleto anónimo distribuido en São Gabriel
(RS), sugiere tres formas de asesinar a los sin tierra. La primera es incendiar
a las personas; la segunda es el envenenamiento y la tercera es matarlas a
tiros.
Para el o los autores del panfleto, los sin tierra son ratones. La primera
forma de asesinato no es nueva. En 1995, se la intentó en el municipio de
Getulina, en São Paulo, en la ocupación de la Hacienda Jangada. Recuerdo que
estaba realizando una investigación y al llegar al campamento encontré varias
cabañas quemadas. Los sin tierra me informaron que durante la madrugada,
algunos hombres colocaron fuego en el pasto seco, que se extendió rápidamente,
afectando a las cabañas. Aunque las personas estaban durmiendo, todas
consiguieron salvarse. Muchas sufrieron quemaduras al querer sacar sus
pertenencias, que terminaron consumidas por el fuego.
La segunda forma de asesinato, en veinte años como investigador de la cuestión
agraria, no he conocido que hubiese ocurrido. Pero la tercera forma es bastante
conocida de todos nosotros. Es la más practicada. Matar a tiros a las personas,
o por los asesinos a sueldo o por la milicia, desgraciadamente ya hace parte de
nuestra cotidianidad.
Podríamos despreciar ese panfleto anónimo, pues parece un acto de locura. Pero
no podemos, porque conocemos la práctica fascista de gran parte de los
latifundistas. Este panfleto es un ejemplo. Esa tentativa de fascistizar el
tema agrario representa la desesperación de quien puede perder parte de su
reino. A la menor señal de democratización del acceso a la tierra, los
latifundistas brasileños se yerguen contra todo y contra todos, buscando
argumentos sin sentido para justificar sus privilegios.
En el panfleto, hay la afirmación de que en el municipio de São Gabriel,
Incluso con los latifundios que posee, nunca convivió con la miseria. Los
señores de la tierra no ven la miseria. Defienden la máxima que la guerra
garantizará la paz. La paz es comprendida como muerte de todos los que cruzan sus
caminos, ocupan sus territorios. El panfleto está cargado de odio. Es bestial.
La tentativa de fascistizar el tema agrario es una forma de desvirtuar su
sentido, que es el de la lucha de clases. En el discurso del panfleto, su
contenido transforma a todos los ciudadanos de São Gabriel en iguales. Todos
deben defender los intereses de los latifundistas. Es un discurso de exaltación
doctrinaria en defensa del territorio del latifundio, como si fuera de todos.
Llama a todos para defender lo que es de algunos. Coloca lo privado como si
fuera público. Es una táctica bastante conocida, que no causaría espanto, si no
fuese por la atrocidades propuestas.
La actitud representa la desesperación, porque ellos conocen al Movimiento de
los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST). Saben que difícilmente esa situación
será revertida. El camino está trazado. La marcha comenzó. La lucha por la
tierra llegó a São Gabriel. Conocen Canudos, Contestado, Corumbiara y Carajás.
Saben que la muerte no detiene la lucha. Desgraciadamente la muerte es parte de
esa larga y lenta historia del Brasil.
Que el autor o los autores de ese panfleto sean apresados. Que la paz se
mantenga. Que los latifundios sean expropiados. Que la dignidad humana sea
rescatada.
* MST
Informa, Año II – 42, 27 de junio de 2003.
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