Bolivia: Erradiquen la Coca... Cola
Sebastian
Hacher *
Javier, un campesino de unos 50
años del departamento de Chapare, en Bolivía, el 13 de Enero salió de
madrugada. Llevaba consigo apenas una bolsa de coca para “pijcear” en el camino
y ganar fuerzas, y una honda de mano para defenderse. Se juntó antes que
saliera el sol con cinco de sus compañeros, y como el camino estaba infectado
de militares, se internó junto con ellos en el monte, para poder llegar al
lugar elegido para el bloqueo de rutas.
En el monte, el grupo de
campesinos cocaleros se encontró con un patrulla del ejército. Inmediatamente
fueron torturados, golpeados y amenazados de muerte por lo soldados.
Y si Javier está sentado hoy en
el Sindicato de Campesinos del poblado de Shinahuaca, es porque no tuvo la
misma suerte de que varios de sus compañeros; el saldo de 14 días de bloqueos
en todo el país es de 18 muertos, 200 heridos y casi un millar de detenidos.
El Chapare es el epicentro del
conflicto y de la represión. Allí viven 35.000 campesinos, la mayoría de ellos
productores de coca, planta considerada sagrada por las tradiciones locales y
utlizada como principal nutritivo por la mayoría de la población. Tan sólo en
los últimos tres años, en todo el departamento se contabilizan alrededor de 50
muertos en enfrentamientos con el ejército, además de cientos de torturados, y
decenas de mujeres y niñas violadas por soldados.
En Chimore, el poblado vecino
al de Javier, en estos últimos 14 días de bloqueo, dos campesinos fueron
asesinados a balazos y 200 detenidos y torturados, incluyendo un campesino
joven al que se le arrancó la mandíbula con tiros de fusíl.
Los bloqueos de caminos y la
represión militar, que incluyó tanques de guerra y prácticas dictatoriales, se
extendieron esta vez hasta Potosí, Sucre, los Yungas en La Paz, Oruro y
Chapare, y hoy se encuentran suspendidos mediante un tambaleante principio de
diálogo entre los campesinos y el gobierno.
La reinvindicaciones básicas de
los campesinos; la suspensión de la erradicación forzosa de la planta de coca,
la recuperación de las empresas privatizadas y los hidrocarburos y la negativa
a formar parte del ALCA, han tenido dos efectos; por un lado se convirtieron en
reinvincaciones nacionales, tomadas en sus manos tanto por trabajadores urbanos
y estudientes, y por el otro, han sido apenas escuchadas por el gobierno de
Sanchez de Lozada, que hasta el momento solo busca ganar tiempo y responder con
represión
El día 26 de Enero, luego idas y venidas, finalmente comenzaron a funcionar
siete mesas de diálogo entre el gobierno y una nueva organización surgida al
calor de la lucha; el “Estado Mayor del Pueblo”, que aglutina a sindicatos
campesinos, fabriles y demás sectores que se han sumado a la movilización.
Suspendidos los bloqueos, y con los campesinos realizando vigilias al costado
del camino en la mayoría del país, el vicepresidente Carlos Mesa se apresuró a
declarar que “el díalogo es simplemente eso, un diálogo...de allí no va a salir
ninguna decisión”.
La reacción campesina no se
hizo esperar; en la primer reunión de todas federaciones del Tropico de
Cochabamba (Chapare) luego de estas declaraciones oficiales, varios sectores
plantean retomar los bloqueos y radicalizar los métodos para defenderse de la
segura represión. Finalmente, en la reunión se define mantener una vigilia al
costado de los caminos, amenazando con movilizar miles de campesinos a la
ciudad, pero la mecha del descontento está prendida, y de un momento a otro, la
soberbia gubermanental se puede ver en problemas otra vez.
-La desgracia de la riqueza
Bolivía es un país que habla
lenguajes originarios; casi siete millones de personas, mas del 80% de la
población, habla en lenguaje Quechua o Aymara. El resto, apenas un millón de
habitantes, hablan castellano, un idioma impuesto por una colonización que
comenzó hace 500 años y parece no haber terminado todavía.
Y sin embargo las desiciones
más importantes que hacen a los destinos del país se hablan en inglés; quizás
como en ningún país de lationamérica, a lo largo de todo el siglo la Embajada
Norteamericana ha organizado golpes de estado, dictado planes enocómicos y ha
intervenido en todos los aspectos claves de la vida colectiva del país.
Uno de los atractivos de
Bolivía es su riqueza natural; llegó a hacer el tercer país con mas reservas
minerales en el mundo, y hoy es además un proveedor privilegiado en el ramo de
hidrocarburos a nivel internacional, además de contar con una variedad
geográfica y una riqueza hidríca siempre sorprendente.
Y esa riqueza natural, quizás
sea también una de sus peores desgracias; durante siglos, el país ha sido
desangrado por un puñado de colonizarodes, primero de España, y luego por
trasnaciolanes tanto de Estados Unidos como de la Unión Europea.
Parece ser una paradoja
histórica, que se repite desde la caida del imperio Inca a manos de los
colonizadores españoles que desangraron el oro de Potosí, pasando por las
multinacionales como Patiño, que explotaron durante todo el siglo XX las minas de
oro, plata y luego estaño, hasta la actual explotación del petroleo y el gas
por parte de empresas como Repsol-YPF, Pan American, Shell, Enron (RIP) o
Pacific LNG entre otras.
Dos de los aspectos mas
drámaticos de este problema están expresados tanto en la creación del ALCA, que
empujaría a Bolivía a convertirse directamente en una reserva barata de
recursos naturales y un consumidor de , y la exportación de gas via Chile,
proyecto detrás del cuál se esconden las intenciones de las trasnacionales de la
energía para quedarse con uno de los actualmente mas ricos recursos del país.
La última ola de movilizaciones
que conmocionó al país, tiene mucho que ver con este problema; de los 14 puntos
reinvindicativos varios aducen a la soberanía nacional, la recuperación de los
hidrocarburos, las empresas privatizadas y la negativa a formar parte del ALCA.
-La guerra de la coca
De todas las razones del
conflicto, la política de “coca cero” impulsada por la Embajada de Estados
Unidos desde 1997, es quizás el punto mas sensible y una de las claves para
entender la situación boliviana.
Según la leyenda, la coca fue
otorgada por el dios sol a los quechuas y Aymaras vencidos por el conquistador
español -aunque científicamente se sabe que existe desde mucho antes- y en la
actualidad es uno de los productos mas consumidos por amplios sectores de la
población de escasos recursos.
La coca representa, tanto para
sus productores como para sus consumidores una flor nacional gracias a las
decenas de usos curativos, nutritivos y hasta rituales en la que es utilizada.
Consumida como infusión, o directamente masticada en el “pijceo”, la coca es
utilizada como nutritivo para soportar largas y pesadas jornadas de trabajo,
climas extremos y curar enfermedades que van desde los problemas estomacales
hasta los problemas de huesos o circulación. Incluso, en los sectores mas
pobres, el consumo de coca mezclado con cezinas es el único alimento diario que
garantiza la sobrevida con las calorias y proteinas básicas subsitir.
De las decenas de aplicaciones
que tiene la hoja de coca, la cocaína es tan solo un derivado, y no es
precisamente al que se dedican los campesinos bolivianos, que vieven en una
misería tal que no puede siquiera despertar dudas de que no tienen ninguna
relación con el narcotráfico.
Desde hace 10 años, la embajada
de Estados Unidos ha intentado imponer la erradicación de la coca, poniendo un
signo igual entre la planta y la droga. A partir del 98 ha impulsado la
política llamada de “coca cero” mediante la cuál se debería erradicar
completamente la planta y reemplazarla por otros cultivos llamados de “desarrollo
alternativo”.
La erradicación total,
anunciada como objetivo todos los años desde aquel entonces, viene fracasando
sistemáticamente gracias a la resistencia de los campesinos que con su
organización, sus movilizaciones y un sordo empecinamiento han logrado
enlentecer los plantes estadounidenses.
La principal herramienta para
la erradicación es el ejército; todo el tropico del Chapare está intensamente
militarizado, y es tan común ver mujeres con vestidos típicos de la región como
milares con fusiles y ametralladoras paseando por las calles.
“A veces vienen por las noches-
cuenta una campesina- y sacan a los compañeros de la cama.ˇSalí de ahí! le
dicen, y a golpes y con armas lo obligan a que el mismo corte las plantas. Le
usan las herramientas, le sacan todo y a veces hasta le queman las casas. Hay
compañeros a los que le sacaron todo, le golpearon a los wawas (nenes) y les
llevaron los animales y los otros cultivos”.
Como alternativa a la coca en
los últimos años se viene publicitando un programa de cultivos alternativos
subencionados por Estados Unidos. El cultivo de platanos, palmitos y otros
productos teóricamente darían acceso al mercado internacional a los productores
que optasen por abandonar la coca.
El resultado es más que patético; según testimonia un productor que aceptó ese
tipo de cultivos: “yo ahora tengo platanos por todas partes, que trajeron un
bicho nuevo que no podemos fumigar, y encima nos habían prometido que iban a
pagar 3 pesos bolivianos (0.33 U$S) y terminaron pagando 0.50 bolivianos el
kilo.”
La realidad es que para la
mayoría de los productos “alternativos” no existe mercado de venta, y los
subsidios, como expica un campesino “se pierden entre las manos de unos
poquitos políticos y se usan para comprar armas para seguir matando”, ya que el
60% de esos créditos se utiliza en supuestos gastos administrativos para
sostener la reconversión.
Según perciben las propias
víctimas de esta política, la guerra contra el campesinado y su producto
tradicional tiene varios objetivos. En primer lugar, Estados Unidos es el
principal consumidor mundial de cocaína y como la coca no se puede producir en
su país, querrían tener el monopolio sobre la hoja, elevando su costo y
produciendola en sus propias “zonas liberadas”. El segundo objetivo es alzarse
con un trozo de terreno más que valioso, en particular El Chapare, que con su
fertilidad viene atrayendo en los últimos años colonizadores desplazados de
todo el país. Y, por último, uno de los principales objetivos es destruir al
movimiento campesino, que por sus demandas y su capacidad de movilización se
convirtió en el sector aglutinador y punto de referencia de los trabajadores e
indígenas de la ciudad y el campo.
-El movimiento campesino.
Desde hace 18 años el
movimiento campesino se viene organizando para resistir la erradicación de la
coca, y en los últimos años viene jugando un rol protagónico en la vida
política del país. Para ellos, explica Evo Morales “coca cero es igual a vida
cero, y eso no vamos a dejar que suceda nunca”.
Tan sólo en el Tropico de Cochabamba, la caliente y selvática zona del Chapare,
viven 35.000 campesinos, la mayoría de ellos organizados a través de seis
federaciones que día a día discuten los problemas, colaboran entre sí en la
producción y se brindan a si mismos una sorprendente formación política a
través de talleres y seminarios a nivel local.
La crisis del sector minero
también aportó lo suyo, produciendo un movimiento inverso a la clásica
urbanización de la economía, que empujó en los últimos años a varios
trabajadores de la ciudad hacia el campo. Y junto con esa migración, llegaron
también al campesinado las tradiciones de uno de los movimientos obreros mas
combativos de latinonamérica, que llegó en varias ocasiones a formar milicias
armadas y en 1952 conquistó la nacionalización de las minas. Esa tradición,
acostumbrada a los grandes combates, se hace sentir hoy en las asambleas de
base del campo donde varias veces se vuelve sobre la historia para encontrar
una fuente de inspiración y una explicación para los sucesos actuales.
Junto con ello, una contribución fundamental a la creación de este movimiento
debemos buscarla en el resurgir del sentimiento indígena, como forma de
resistencia cultural y política contra las imposiciones extranjeras y la
opresión nacional. Según algunos de los activos militantes del movimiento
Quechua “los movimientos más exitosos son los que lograron hacer una sintesís
entre el sentimiento indigena que nunca termina de despertar y las formas
occidentales de hacer política”. Así, por ejemplo, tenemos al MIP (Movimiento
Indigena Pachatuci, centrado en La Paz), dirigido por Felipe Quispe, que
incluso llegó a hablar de la “Nación Aymara” y reinvindica las formas sociales
de organización pre-coloniales, y que en las últimas elecciones presidenciales
sacó el 7% de los votos.
El movimento campesino como
actor en la política nacional, terminó de pasar al frente en Cochabamba a
partir del año 2000, a través de la llamada “guerra del agua”, un movimiento
centrado tanto en la ciudad como en las zonas rurales, que se opuso a la
privatización del servicio de riego y agua potable, dando por tierra con uno de
los últimos intentos de privatización. Con esta nueva oleada de bloqueos, y
ahora con las vigilias, parece consolidarse como oposición nacional, ocupando
el centro de la escena por el carácter de sus demandas y por su enorme
capacidad de movilización.
-El MAS; un nuevo movimiento
político.
Nada se puede entender de la
situación actual de Bolivia sin atender a la fisonomía del movimiento campesino
y en particular del movimiento político que este ha dado a luz; el MAS.
Liderado por Evo Morales, un
cocalero que milita desde hace 18 años en el Chapare, y que aparecía por
primera vez frente a las cámaras desde un bloqueo de caminos, el MAS se ha
convertido en la primera fuerza política del país desplazando en la arena
electoral y en la militancia cotidiana a los partidos tradicionalmente neoliberales
y de izquierda que durante décadas conformaron la fisonomía política del país.
Sus mismos dirigentes lo
definen diciendo que “El MAS rechaza ser un partido político tradicional...es
el instrumento de las organizaciones sociales...que rinde cuenta ante las
organizaciones sociales y recibe de ellos la crítica y la orientación con un
control permanente”.
En las últimas elecciones, este
nuevo partido produjo un terremoto político; con casi el 20% de los votos
estuvo a casi un punto de ganar las elecciones presidenciales, pero perdió la
presidencia ya que 6 partidos tradicionales se unieron en su contra auspiciados
por la Embajada de Estados Unidos, que declaró que “ni locos vamos a dejar que
asuma como presidente Evo Morales”.
Finalmente asumió como presidente
Sanchez de Lozada, el candidato del MNR, con apenas el 22% de los votos y una
endeble alianza parlamentaria que le permite gobernar.
Para el MAS, a pesar de que le
arrebataran la presidencia de la república, los resultados no fueron malos; 35
diputados y 2 senadores indigenas y campesinos obligaron a colocar, por primera
vez en la historia, traductores del Quechua y el Aymara en el parlamento.
“Nosotros quisimos pasar de la
protesta a la propuesta, y como ellos nos bloquearon en el parlamento, volvimos
a las calles y les bloqueamos las rutas. De alguna forma nos van a tener que
escuchar”, explica un dirigente de base de la localidad de Shinaota, dando
cuenta de la dualidad entre la acción electoral y la ligazón con los
movimientos campesinos.
En esa dualidad se inscribe la
situación actual; si bien el MAS se presenta como un proyecto político capaz de
tejer alianzas con sectores del capitalismo local y propone como modelo al PT
de Lula, se asienta sobre una base social que por la fuerza de las cosas se ve
obligada a adoptar posiciones cada vez mas radicalizadas.
“Contestar bala con bala”, “Solamente
van a entender cuando le bloqueemos todo el país”, son algunas de las
propuestas vertidas por varias secciones en el última reunión general en el
Chapare, expresando que la voracidad de los monopolios y la Embajada de EEUU
empuja a enfrentamientos cada vez mas decisivos de los cuales, seguramente, las
últimas semanas de bloqueos de caminos, movilizaciones y enfrentamientos, no
fueron el último acto.
Sin duda, la consigna “erradiquen
la coca-cola”, pintada en una pared de la ciudad de Cochabamba, resume en forma
ingeniosa los desafíos, las aspiraciones y los problemas que los sectores mas
pobres de la sociedad boliviana tiene que enfrentar.
* Argentina IndyMedia. Correo de Sebastian Hacher: sebastian@indymedia.org
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