La
clase obrera: formas de lucha y organización
Naomi
Klein *
Estoy muy feliz de estar esta
noche aquí, apoyando a los obreros de Brukman, y quiero felicitar a los
organizadores de la Semana de la Cultura.
Sin embargo, no hablaré sobre
el tema previsto para esta noche. Y no lo haré, porque discrepo completamente
con la idea del mismo.
La idea de una mesa en la que
los llamados intelectuales y periodistas estaríamos ofreciendo nuestras teorías
sobre cómo la clase obrera debería luchar y organizarse, es una idea
responsable de mucho de lo que hoy resulta disfuncional en la izquierda.
Si hay una cosa que tenemos que
aprender de las asombrosas mujeres de Brukman, es que la clase obrera ya sabe
cómo luchar y organizarse. En la Argentina y alrededor del mundo, la acción
directa -eficaz, creativa y original- va muy por delante de las teorías
intelectuales de la izquierda.
Una y otra vez, las personas
comunes que no se identifican a sí mismas como activistas o como izquierdistas,
están llevando a cabo acciones que no comienzan con la teoría, sino con la
necesidad.
La necesidad de conservar el
trabajo.
La necesidad de comer.
La necesidad de agua limpia.
La necesidad de cuidar el
hogar.
Primero viene la acción -la
ocupación, el piquete, la asamblea. Y después de este proceso, surgen la teoría
y la estrategia política.
Entonces, ¿qué papel le toca al
intelectual, al que se identifica a sí mismo como activista, en este proceso?
En verdad, no mucho.
Y es por eso que tantos
teóricos corren atropelladamente para mantenerse cerca de la acción que ocurre
en las calles y en las fábricas, hilando teorías posteriores a los hechos para
demostrar que aún somos relevantes.
El problema es que las teorías
a menudo están equivocadas.
A veces estos esfuerzos
intelectuales por imponer significados y estructuras son demasiado dogmáticos y
rígidos, imponiendo un lenguaje muerto y alienado a movimientos que son
vibrantes y vitales. En la situación de una fábrica donde un grupo de personas
deciden conservar sus empleos y trabajar con dignidad, estos intelectuales
alucinan imaginando una célula pre-revolucionaria que está construyendo poder
para tomar el Estado.
Otras veces estos esfuerzos por
teorizar son demasiado románticos, y ven utopías anarquistas o autónomas, donde
lo que hay es una realidad compleja y confusa.
Éstas son ideologías
diferentes, pero ambas estructuras -la dogmática y la romántica- pueden tener
el mismo efecto deshumanizante. Los principales protagonistas -los verdaderos
innovadores- frecuentemente no pueden reconocerse a sí mismos en la espesura de
esas teorías.
Según mi experiencia, los lugares
donde los movimientos sociales son más fuertes -y están conquistando las
victorias más concretas- son aquellos donde tienen la MENOR pureza intelectual.
Nosotros pasamos mucho tiempo
en Neuquén, con los obreros de Zanon y los MTD y lo que más me impactó fue la
mezcla: la moribunda y vieja escuela trotskysta con los autonomistas más
jóvenes, los partidos con los movimientos sociales. Las fronteras entre estos
territorios no están, por suerte, muy patrulladas.
Vimos algo muy extraño:
personas que piensan juntas, comprometiéndose y transformándose unos a otros,
contaminándose unos a otros, trabajando de acuerdo a un sencillo principio: si
funciona, hagámoslo.
Entonces, en lugar de hablar
acerca de lo que la clase trabajadora debería hacer, hablemos acerca del papel
y la responsabilidad de los intelectuales y los activistas, en este nuevo
paisaje.
Podemos empezar admitiendo que
nos hemos vuelto irrelevantes. Que la teoría no está influenciando a la acción,
pero la acción sí está influyendo sobre la teoría.
Una vez asumida nuestra
irrelevancia, quedamos libres para preguntarnos cómo podemos volvernos
importantes. Hay muchas respuestas a esa pregunta pero yo quiero ofrecer tres.
1) Podemos ser mejores puentes,
uniendo a movimientos que estén aislados entre sí. Si tenemos acceso fácil a
información sobre los movimientos sociales, podemos compartirla de modo que los
movimientos puedan inspirarse unos a otros, y construir aprovechando las
conquistas y experiencias de cada uno de ellos.
Mi sueño para Brukman, cuando
los obreros vuelvan a la fábrica -y lo harán- sería organizar intercambios
entre las obreras de Brukman y las trabajadoras de las maquiladoras mexicanas y
las de los talleres de Indonesia.
Imaginen si las jóvenes que
arriesgan sus trabajos para crear sindicatos en las zonas de libre comercio
-que son despedidas por ir al baño o por quedar embarazadas- pudieran ver cómo
trabajan las mujeres en Brukman.
Podemos construir puentes como
ese, podemos ser mejores transmisores de información, en lugar de ser expertos.
2) Podemos proporcionar ayuda
práctica, y asistencia concreta a estas luchas, como tanta gente ya lo está
haciendo.
En Neuquén, la relación entre
la universidad y Zanon no consiste en que los intelectuales estudien a la
fábrica. Al contrario, los intelectuales están aplicando sus conocimientos para
resolver problemas específicos de la fábrica:
-Desarrollando planes de
comercialización,
-Ayudando con diseños,
-Ayudando a crear programas de
radio y periódicos.
Esto está pasando a través de
todo el movimiento de fábricas ocupadas.
Todos hemos visto cuán
poderosas pueden ser esas colaboraciones aquí en Brukman, durante el Maquinazo,
durante la Semana de la Cultura. Pero también hemos visto la situación opuesta.
Una cosa que siempre me golpeó
sobre Brukman antes del desalojo, fue que cada partido de izquierda había
venido a colgar sus banderas, para tener su logo en la fábrica. Pero nadie
pensó en diseñar un nuevo símbolo para la propia empresa. Entonces, no hubo un
emblema que dijera: Brukman Bajo Control Obrero. Aquí estaban todos los logos,
excepto el de los obreros.
Eso es vergonzoso.
3) La tercera responsabilidad
de los así llamados intelectuales y activistas es la
protección.
Los intelectuales de izquierda
solían verse como la vanguardia de los movimientos de la clase obrera
No lo son, pero podemos ser
algo mejor: una defensa.
Ése fue el sorprendente
espíritu que acercó a decenas de miles de nosotros a Brukman después del
desalojo.
Una imagen poderosa del
conflicto fueron los escudos de plexiglass con fotografías de los trabajadores
de Brukman, realizados por un grupo de activistas internacionales.
Los escudos pueden no haber
sido lo suficientemente fuertes como para hacer retroceder a la policía, pero el
símbolo del escudo es algo que deberíamos seguir construyendo.
No necesitamos sostener
escudos, necesitamos SER escudos, escudos humanos, como los activistas en
Palestina que se plantan frente a los bulldozers, protegiendo a los hogares
para que sus ocupantes puedan resistir.
Entonces, necesitamos
preguntarnos cómo podemos ser mejores escudos, y qué más podemos hacer para
proteger estos preciosos espacios, para que puedan desarrollar y construir sus
conquistas, en lugar de simplemente pelear por su supervivencia.
Esta estrategia defensiva debe
ser externa, enfrentando la represión estatal con ayuda legal, presión política
y nuestra presencia física.
Y también debe ser interna,
resistiendo la cooptación de los movimientos sociales no sólo por los partidos,
sino por cualquiera que ande buscando un ejército de seguidores.
Si podemos hacer todo esto:
-Construir mejores puentes
-Ofrecer ayuda práctica y
concreta.
-Enfrentar la represión de
afuera y la cooptación de adentro.
ENTONCES habremos hecho nuestro
trabajo. Que no es contarle a la clase obrera cómo luchar y organizarse, sino
aprender cómo hacerlo nosotros mismos.
Gracias.
* La Vaca.
Este texto fue leído por Naomi Klein en la carpa de Brukman el sábado 31 de
mayo de 2003.
Regresar a la Página
Vigente de América Semanal...