N° 15,
Agosto-Noviembre de 2003
Plan
para recolonizar América Latina
Martín
Primo y Ulises Torres *
EE.UU. salió a adueñarse del
mundo. Cree que gracias a su indiscutible supremacía militar puede someter a
toda la humanidad a su dominio. Como ya hemos planteado en estas páginas, la
ocupación de Irak no era una política aislada para sacar a un dictador ni para
liberar al pueblo de Irak; tampoco sólo para adueñarse del petróleo. La
invasión y ocupación de Irak es parte de un plan mucho más grande y ambicioso
que nos apunta con su dedo genocida y explotador. Es una avanzada del imperialismo
yanqui sobre todos los pueblos del mundo y en particular sobre los que entiende
que son de su propiedad, su “patio trasero”: América Latina.
El imperialismo no es sólo un ejército de ocupación, sino que también busca
dominarnos política y económicamente. Que no veamos pasar por el cielo su
maquinaria asesina no implica que no esté por sobre nuestras cabezas. Al
imperialismo lo sufrimos a diario: cuando vamos a buscar trabajo y no
conseguimos, cuando no hay vidrios en nuestras escuelas, cuando no le pagan a
nuestros profesores, cuando echan del laburo a nuestros viejos y los dejan en
la calle sin un mango, cuando nos reprimen en las calles, cuando no tenemos qué
comer.
EE.UU tiene planeada una batería de políticas para profundizar la explotación
de los trabajadores de América Latina (Plan Colombia, ampliar su red de bases
militares por todo el continente, cobro de la deuda externa etc.) y así aliviar
su crisis interna. Pero de todas ellas, el ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de
las Américas) es su política más importante. Quiere imponer, a comienzos del
siglo XXI, su plan recolonizador en toda América. Como en la época de los
Virreinatos, pero 500 años después. En el siglo XVI, el Reino de España
dominaba casi todo el continente americano; desde estas tierras se llevó
primero el oro y la plata y después azúcar, café, caucho, bananas, etc. El
costo para nuestros pueblos fue miseria, hambre, epidemias, muerte y
devastación de la naturaleza, configurando el mayor genocidio que haya conocido
la humanidad. Veremos cómo el ALCA nos plantea horizontes parecidos.
¿Qué es
y qué significa el ALCA?
El ALCA es un acuerdo que viene gestando el gobierno de EE.UU. junto con los
distintos gobiernos y capitalistas de nuestros países. Para esto han llevado a
cabo múltiples reuniones en Miami, Buenos Aires, Québec y otras ciudades. Entre
bambalinas, en medio de discusiones secretas a espaldas de los trabajadores y
los pueblos de América, se cocinaba el proyecto más grande de dominio y
explotación sobre los recursos naturales y los trabajadores que se tenga
registro. El proyecto propone un área de libre comercio dentro del continente
americano donde compitan en pie de igualdad los gigantes industriales de EE.UU.
con las empresas del sur del continente. Esta igualdad “olvida” que la
industria norteamericana cuenta con mejor tecnología, mayor escala de
producción y financiación mucho más barata. Esto traerá como resultado una
avalancha de productos norteamericanos que acaparará el mercado de nuestros
países, arrasará con nuestros trabajos y empeorará así aún más los índices de
desocupación y las condiciones de laburo de los que todavía conserven sus
empleos (baja de salarios, aumento de la jornada laboral, supresión de los
beneficios sociales, etc).
¿Quiénes
ganarán con esto? Los grandes grupos económicos imperialistas y los sectores de
las burguesías locales que están aliadas económicamente con él o que encuentren
nichos en el mercado mundial donde ubicar sus productos, beneficiándose con la
baja de los salarios de los trabajadores. El costo de esta fiesta de ganancia
para unos pocos la volveremos a pagar nosotros. Condenados a aceptar jornadas
de trabajo de 10, 12 o 14 horas a cambio de míseros sueldos, o la muerte civil
que implica el no tener trabajo. Desocupación o superexplotación, así plantean
la cuestión.
Pero no nos creamos que la solución esta en el Mercosur, acuerdo vigente desde
hace varios años y que no trajo ningún beneficio a los trabajadores. De hecho,
lo que seguimos sufriendo es más desempleo y explotación.
Los yanquis vienen por más
Pero hasta aquí sólo hemos narrado una parte de la historia. Al imperialismo no
le basta con esto, quiere ir mucho más allá. Con el ALCA EE.UU. aspira a
establecer un conjunto de normas que abarcan los más diversos asuntos, no sólo
el acceso irrestricto a los mercados sino también (como señalábamos en SoB
revista Nº 6): “ la
absoluta apertura a las inversiones, derechos de propiedad intelectual,
tratamiento de disputas entre las corporaciones y los Estados (Con tribunales
del ALCA por encima de los nacionales), “puenteo” de las regulaciones de los
estados (medio ambiente, laborales, licitaciones de obras públicas), etc. Estas
normas configuran un verdadero Estatuto Colonial, que regirá por encima de las
constituciones y las leyes de los estados latinoamericanos miembros del ALCA.
Serán leyes supranacionales que por lo tanto ningún parlamento podrá derogar”.
El imperialismo quiere un seguro contra los trabajadores. Busca poner a sus
corporaciones por encima de los Estados para así poder condenar la osadía de
los pueblos de creer que tienen derechos. De este modo cuando consigamos
arrancarle alguna conquista a nuestros gobiernos lacayos -mejoras salariales,
freno a la devastación del medio ambiente o cualquier otra medida que afecte a
las ganancias de los capitalistas- las corporaciones podrán apelar al ALCA,
pasar por encima de la soberanía de los países miembros, y exigir que una
comisión de “neutrales” (eufemismo con que el imperialismo nombra a sus
inspectores) ponga a raya a los “saboteadores de la libre empresa”. Con la
firma del ALCA se busca eliminar los restos de soberanía, entregándonos en
bandeja de plata a las fauces de un león hambriento.
Veamos un ejemplo. Una corporación yanqui invierte en uno de nuestros países, y
la fábrica arroja residuos tóxicos que envenenan a la población. La gente
protesta. El gobierno cede a los reclamos y le aplica a la empresa medidas
dispuestas por las leyes del país para proteger el medio ambiente y la salud de
los habitantes. La empresa recurre, entonces, al tribunal supranacional.
Denuncia que, mediante “regulaciones” ecológicas y de salud pública, le han “expropiado”
parte de sus ganancias. ¡Ahora
gana menos que cuando envenenaba a la población! Por supuesto, el tribunal
falla a favor de los inversores y contra el Estado, condenando a éste a pagar
una indemnización.
Esta monstruosidad es un caso verídico. Es el fallo dictado el 16 de agosto del
2000 por el Tribunal del Tratado de Libre Comercio (NAFTA), situado por encima
de la justicia mexicana, que condena a México a pagar 16,7 millones de dólares
a la Metalcald Corporation por haberle impedido seguir asesinando a los
habitantes de Guadalcázar, estado de San Luis Potosí, con los residuos tóxicos
que desechaba. Los estados nacionales pierden toda autoridad frente a los
tribunales coloniales de las multinacionales.
Al imperialismo le decimos YA BASTA
El imperialismo es poderoso pero no invencible. Está a la orden del día
organizarnos con nuestros compañeros de laburo, de estudio o amigos del barrio.
Sólo con la organización y la movilización de todos los jóvenes trabajadores y
estudiantes, junto con nuestros hermanos de toda Latinoamérica, podemos cambiar
la historia. Debemos levantar la perspectiva de la unidad de los trabajadores,
los campesinos y los pueblos latinoamericanos contra el imperialismo y sus
cómplices nacionales. Unidos en una lucha internacionalista común, no sólo
podremos defendernos de ataques como el del ALCA, sino pasar a la ofensiva,
trabajando juntos en el proyecto de una sociedad sin explotados ni oprimidos,
una sistema sin miseria, hambre ni exclusión. Los jóvenes de Ya Basta! estamos
convencidos de esto y te invitamos a que te sumes a nosotros.
* ALAI, 21 de
julio de 2003.
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