José Coronado *
La reciente XVII Cumbre de los presidentes y jefes de Estado del Grupo de Río,
entre el 23 y 24 de mayo en el Cusco, se realizó en un contexto de conmoción
social y política en el Perú, que de alguna manera es el reflejo de lo que
ocurre en muchos otros países latinoamericanos, en los que la crisis económica
y la pobreza generalizada, ponen en riesgo permanente la gobernabilidad.
Y ha sido justamente el presidente peruano, Alejandro Toledo -quien atraviesa
una de los momentos más difíciles y dramáticos en lo que va de su mandato-
quien buscó llamar la atención sobre el tema de la gobernabilidad y su relación
con el tema de la pobreza. Sin embargo su propuesta más importante presentada
en la Cumbre, de plantear a los acreedores, que reinviertan el 20 por ciento
del servicio de la deuda externa en infraestructura en los países de la región,
no parece haber generado mucho entusiasmo.
Por ello, que la declaración final denominada “Consenso del Cusco”;, reitera
apenas la generalidad de establecer mecanismos financieros innovadores
destinados a fortalecer la gobernabilidad democrática y hacer frente a la
pobreza “a través de la captación de nuevos recursos que tengan por destino la
inversión productiva y la generación de empleo”.
Por su puesto que los otros puntos de la llamada agenda estratégica para la
acción del grupo de Río, está también llena de generalidades relacionadas al
desarrollo y promoción de un sistema internacional de comercio libre y
equitativo; ello implica que se sigue apostando por el ALCA. Hubo declaraciones
complementarias como las que se refiere a la situación de Colombia y de
Venezuela; propuestas que merecieron además la pública discrepancia del
mandatario venezolano, Hugo Chávez.
Justamente, Hugo Chávez, expresó a su llegada a Cusco “nosotros -los
presidentes- andamos de cumbre en cumbre y nuestros pueblos de abismos en
abismo”;. Dos días después de culminada la Cumbre, un diario limeño publicó una
caricatura que expresaba el contexto en el que se realizaba el evento: una
inmensa ola compuesta de gente protestando que amenazaba hundir la embarcación
sobre la que estaban los presidentes latinoamericanos.
Tanto lo manifestado por Hugo Chávez como por la referida caricatura, expresan
de manea elocuente la situación social y política que atraviesa gran parte de
América Latina y que en Cusco se sintetizaron con la grandes marchas de
protesta de gremios en huelga y una ciudad que prácticamente fue sitiada para
impedir que los ilustres mandatarios puedan percibir el clima social que se
vive en el Perú.
La situación post Cumbre, en el Perú se ha complicado de tal manera que puesto
al país al borde de una crisis de dimensiones imprevistas. A la huelga
indefinida de los maestros que lleva más de medio mes, se ha sumado un paro
agrario nacional indefinido, que se inició el 26 de mayo y que ha paralizado el
país con bloqueo de las principales carreteras. Y como si fuera poco, han
empezado también huelgas de los trabajadores del sistema de seguridad social
denominado EsSalud y los empleados administrativos del poder judicial. Todos
estos reclamos que son por mejoras de los salarios y en el caso de los
agricultores, exigiendo la rebaja del impuesto general a las ventas (IGV),
tienen una base común: la aplicación de un modelo económico que mantiene los ejes
del pasado fujimorismo y que privilegia el pago de la deuda externa que es más
del 20 por ciento del presupuesto nacional (unos 2 mil 250 millones de
dólares).
Por ello, una reunión de dirigentes de los Frentes Regionales, que se realizó
paralela a la Cumbre del Cusco, remitieron una carta abierta a los mandatarios
en las que demandaban justamente, hacer cambios en sus políticas económicas y
sobre todo en el tratamiento de la deuda externa; como una forma de enfrentar
la grave situación de pobreza de la región.
En su evento, los dirigentes de estos frentes regionales -que jugaron un rol
importante en la lucha contra la dictadura y la privatización- han demandado la
aplicación de políticas económicas y sociales que redistribuyan la riqueza y
que disminuyan las distancias sociales. Plantearon también una acción unitaria
con el Brasil, para poder renegociar mejores condiciones sobre la deuda
externa. Asimismo, han definido un plan de acción entre los que destaca una
consulta para un paro nacional.
La miopía política mostrada por el gobierno de Toledo así como por sus
principales ministros, no han hecho sino que el vasto movimiento social de
protesta se hagan mucho más grande e involucre a diversos sectores. Para el
régimen, estos movimientos ponen en riesgo la gobernabilidad. No quieren asumir
que son las políticas neoliberales en cursos en el Perú y otros países, las
principales generadoras de inestabilidad política e ingobernabilidad.
Si no hay cambios concretos que vayan más allá de las declaraciones formales y
oficiales, la situación de las grandes mayorías -como dijo Hugo Chávez- no sólo
irá de abismo en abismo, sino que arrastrará a tales abismos a todos aquellos
gobernantes que pretenden seguir aplicando modelos económicos que ya han dado
más de una muestra de su total fracaso. O si no habría que preguntarles a los
argentinos.
* ALAI, 28 de mayo
de 2003.
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