La cumbre del
Caricom
Angel Guerra
Cabrera *
Como acaso ninguna cita de jefes de Estado en
estos tiempos, la XXIV Cumbre de la Comunidad del Caribe(Caricom), celebrada
del 2 al 5 de Julio pasado en Montego Bay, Jamaica, hizo un diagnóstico exacto
del mundo en que vivimos. El cauteloso y sofisticado lenguaje diplomático
empleado no oculta lo sustantivo: el cambio hacia un escenario unipolar donde
cuentan muy poco el derecho internacional y el multilateralismo resultantes de
la Segunda Guerra Mundial; el grave peligro que ello representa para la
estabilidad internacional, las soberanías nacionales y el desarrollo, sobre
todo de los países pequeños. Frente a esta amenaza los gobernantes del Caricom
concluyeron que es indispensable acelerar los pasos hacia la integración entre
sus 14 miembros.
La región caribeña ha sido protagonista de acontecimientos de alcance universal
que yuxtaponen la explotación y la resistencia de los pueblos. Las antiguas
metrópolis se disputaron sus tierras y mares por el control del azúcar, el
algodón y el pinge negocio de la trata negrera -sustentos del take off
capitalista- y también por su importancia geoestratégica. Allí se produjo la
primera revolución antiesclavista triunfante de la historia, herejía que Europa
y Estados Unidos aún no le han perdonado al pueblo haitiano, precursor y
fundador de las luchas independentistas decimonónicas en América Latina. En
contraste con la temprana independencia de Haití, entre las islas caribeñas
sólo Santo Domingo y Cuba pudieron zafarse del coloniaje en el siglo XIX, pero
pese a su tenaz rebeldía cambiaron el yugo español por el estadunidense. La
segunda debió esperar a la revolución de 1959 para romper con este, única en
conseguirlo hasta hoy. Puerto Rico, que también pasó de manos de Madrid a las
de Washington, es uno de los pocos remanentes coloniales en el siglo XXI no
obstante su inapagable patriotismo y su arraigado sentimiento nacional,
manifestado de forma inusitada en la combatividad que logró sacar a la marina
yanqui de la isla de Vieques.
Mientras, las islas y territorios conquistados por Inglaterra y Holanda
vinieron a alcanzar su independencia formal en la década de los sesentas del
siglo XX aunque para entonces ya los sujetaba la dominación del nuevo imperio
del norte. Ellos son los actuales miembros del CARICOM -pequeñas islas en su
mayoría- cuyo treinta aniversario fue conmemorado en la cumbre de Montego Bay,
que tuvo como punto central la creación del Mercado y Economía Unicos de la
Comunidad del Caribe, objetivo que se proponen concretar en los próximos dos
años.
El Caricom fue vislumbrado antes de que los países que lo integran accedieran a
la independencia, cuando en 1947 el prócer jamaicano Norman Manley enfatizó en
la necesidad de crear una comunidad caribeña. Pero sería una generación
posterior de ilustres estadistas, en la que descuella su hijo Michael Manley,
la que concretaría los primeros pasos de este empeño, cuyas bases quedaron
sentadas en 1973 en la Declaración de Chaguaramas. Entonces, Manley -a la
cabeza del gobierno de Jamaica- fue impulsor de aquella idea de su padre junto
al guyanés Forbes Burnham, el trinitario Eric Williams y el barbadense Erroll
Barrow. No es casual que casi simultáneamente acordaran el restablecimiento de
relaciones diplomáticas con Cuba, que en ese momento sólo México mantenía entre
los países al sur de Estados Unidos. Sentar las bases del Caricom constituyó
uno de los actos de independencia más audaces que se hayan dado en nuestra
América frente al monroísmo. El Caricom continuó avanzando desde entonces hasta
proponerse ahora la ambiciosa meta de constituir el Mercado y Economía Unicos y
crear este mismo año una corte superior de justicia con jurisdicción sobre los países
miembros.
En carta dirigida a la cumbre, Fidel Castro valoró así su esfuerzo: "No
hay otro grupo de países en nuestro hemisferio que haya alcanzado lo que
Caricom en términos de concertación política, económica y social".
La reunión rechazó la supresión por Washington de la ayuda militar a 35 Estados
-entre ellos 6 del Caricom- que no cumplan con su prepotente exigencia de
admitir la impunidad de los estadunidenses ante el Tribunal Penal
Internacional. Y no es que esa asistencia sea importante para países que apenas
cuentan con fuerzas armadas, sino el desfachatado precedente que sienta al
depender una mayoría de ellos de la ayuda de Estados Unidos, su principal socio
comercial, que siempre ha intentado utilizarla como arma para doblegarlos.
El éxito del Caricom depende de la disposición de sus miembros más
desarrollados de llevar la carga económica mayor en esta etapa crucial. Y,
además, de su resolución para impedir la imposición del ALCA unido a quienes lo
rechazan en América Latina.
* La Jornada, 10 de julio
de 2003. Correo del autor: aguerra12@prodigy.net.mx
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