Cuestiones de América
La sombra del holocausto y el genocidio en
Irak
Marcos Roitman
Rosenmann *
Zygmunt
Bauman en una de las grandes obras del siglo XX: Modernidad y Holocausto,
atisbó las consecuencias nefastas que tendría construir una explicación del
nazismo, el Holocausto y la solución final como un acontecimiento atípico
encasillado en el antisemitismo alemán. Por consiguiente, cuestionó el
holocausto visto como un problema que afectó exclusivamente a los judíos. Su
crítica se funda en evitar convertir A el fenómeno en algo único, atípico y
sociológicamente intrascendente. En este sentido Bauman no solo desmitifica la
interpretación judío- sionista del Holocausto, también atiza un duro varapalo a
su versión genérica donde el nazismo y el tercer Reich son considerados Acomo
un caso extremo dentro de una amplia categoría de fenómenos sociales
habituales, una categoría odiosa y repelente con la que, sin embargo, podemos y
debemos convivir. De tal forma que se atribuye el Holocausto a una
predisposición >natural=, primitiva y culturalmente inextinguible de la
especie humana. Para Bauman, las consecuencias de esta visión centrada en la
agresividad innata de la especie humana son aún mas devastadoras a la hora de
entender sus orígenes y pensar en una posible reedición del problema bajo otras
formas.
Poner el
énfasis en la violencia prepolítica oculta los Afactores responsables del
Holocausto...() En el mejor de los casos lo sitúa entre los genocidios mas
pavorosos y siniestros, categoría que resulta teóricamente abordable. O bien lo
desvanece en la categoría amplia y conocida de opresión y persecución étnica,
cultural o racial...() De cualquier manera, la bomba queda desactivada. Ya no
es necesario hacer ninguna revisión importante de nuestra teoría social...() El
resultado global es la autosatisfacción teórica. En realidad, no sucedió nada
que justifique que se tenga que volver a criticar el modelo de sociedad moderna
que ha resultado tan útil como marco teórico y como legitimación pragmática de
los métodos sociológicos.
Conclusiones
de la máxima importancia si consideramos que la sociología dominante a
minimizado el hecho, cuando no negado el vínculo directo entre holocausto y
modernidad. Una modernidad sin fisuras, libre de la responsabilidad sobre el
Holocausto. Por ello, Bauman apostilla. AEl Holocausto se gestó y se puso en
práctica en nuestra sociedad moderna y racional, en una fase avanzada de
nuestra civilización y en un momento álgido de nuestra cultura y, por esta
razón, es un problema de esa sociedad, de esa civilización y de esa cultura.
Por esta razón, la autocuración de la memoria histórica que tiene lugar en la
conciencia de la sociedad moderna no sólo constituye una negligencia ofensiva
para las víctimas del genocidio, también es el símbolo de un ceguera peligrosa
y potencialmente suicida.
Es esta
ceguera peligrosa y potencialmente suicida la que renace hoy en la guerra
contra Irak. Nuevamente Bauman pone el dedo en la llaga. Para él, el Holocausto
es resultado del encuentro de factores únicos que, por sí mismos, eran
corrientes y vulgares. Y que dicho encuentro resultó posible en gran medida por
la emancipación del Estado político -de su monopolio de la violencia y de sus
audaces ambiciones de ingeniería social- del control social, como consecuencia
del progresivo desmantelamiento de las fuentes de poder y de las instituciones
no políticas de auto-regulación social.
Hoy las circunstancias
son estas. Se decreta una guerra preventiva y se desconoce el papel de Naciones
Unidas en los conflictos internacionales. Se actúa unilateralmente haciendo
gala del poderío militar, tecnológico y económico. Se descalifican las acciones
destinadas a frenar la matanza y se atacan las manifestaciones por la paz. Todo
ello en un marco de control político y manipulación de los acontecimientos cuya
lógica es desmovilizar a la opinión pública mundial.
Si el
Holocausto forma parte de la modernidad, sus formas de emergencia son
múltiples, no hay necesidad de identificar el fenómeno con cruces gamadas y un
Hitler. Sus representantes actuales comparten su sentido y racionalidad
política. Encarnan la ambición y el control imperial del mundo. Personajes anodinos
portadores de supuestos proyectos grandiosos de dominio total. Pueden ser
homúnculos que hablan ingles o castellano. Sus banderas pueden contener
estrellas o ser rojo y gualdas, es indiferente. Cualquier emblema puede
convertirse en fetiche y poseer un halo mítico. Sólo es necesario la ambición y
el deseo de dominio sobre el mundo.
En una
sociedad fundada en el social-conformismo, inhibidora de la conciencia crítica
y los valores ético-morales, el genocidio se convierte en la otra parte del
holocausto. Es una posibilidad añadida al devastador sentido que asume una
visión omnímoda y totalitaria del poder. No cabe duda, junto al holocausto, el
genocidio fue parte de la solución final. No hay espacio para la vida. La
muerte es el último y principal objetivo. El aniquilamiento total. El
exterminio y desaparición real del otro, amparado por los sueños de grandeza
del proyecto regenerador de los actuales genocidas. Después de Sadam el
paraíso. Esta es la receta para legalizar el asesinato masivo de población
civil. Por ello, AEl genocidio es parte integrante del proceso por medio del
cual se pone en práctica el proyecto grandioso. El proyecto le confiere
legitimidad. La burocracia de Estado le proporciona el vehículo. Y la parálisis
de la sociedad le da luz verde. Todo parece coincidir. No se trata de calificar
a Bush y sus cómplices como nazis. Desde luego no lo son, su calificativo es
ser genocidas. Comparten los mismos cargos imputados en Nuremberg a los máximos
dirigentes del tercer Reich. Son culpables de crímenes de lesa humanidad. No
cabe duda : Aen un sistema en el que la racionalidad y la ética apuntan en
direcciones opuestas, la humanidad es la principal derrotada. El mal puede
hacer su trabajo sucio con la esperanza de que la mayor parte de las personas,
durante la mayor parte del tiempo, se abstengan de hacer cosas imprudentes y
precipitadas y resistirse al mal es imprudente y precipitado. El mal no
necesita de seguidores entusiastas ni de un público que le aplauda. Las fuerzas
encabezadas por Bush son conscientes de este hecho, de ahí que no les importe
la opinión pública mundial ni las protestas de jefes de estado y gobierno de
una gran parte del orbe. Sin embargo, el grito No a la guerra forma parte del
rescate de la dignidad y la acción ética como freno a la acción del genocidio y
de terrorismo internacional: A No importa cuántos eligieron el deber moral por
encima de la racionalidad de la propia conservación. Lo que importa es que
algunos lo hicieron. El mal no es todopoderoso. Se puede resistir. El
testimonio de los pocos que se le resistieron acaba con la autoridad de la
lógica de la propia conservación. Demuestra lo que en definitiva es: una
elección.
Hoy las
manifestaciones No a la guerra expresan el sentido de elección ética
frente al nuevo holocausto y genocidio cuyo fin no es distinto de quienes
abrazaron la idea de dominio imperial y levantaron el brazo gritando “viva el
líder” a costa de asesinar la democracia y la paz mundial en los años treinta y
cuarenta del siglo XX. Hoy, Aznar se queja en el parlamento de ser calificado
de asesino. Tal vez tenga razón, mas justo es llamarlo genocida y terrorista
internacional. Que decir de Bush auténtico hacedor del genocidio. En Gran
Bretaña “Dios salve a la Reina”
* La Jornada,
5 de abril de 2003.
Cuestiones de
América Nº 14, Abril - Mayo de 2003
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