Cuestiones de América
Orgasmo colateral
Heinz Dieterich
Steffan *
El general
Tommy Franks, comandante de los milicianos estadounidenses y británicos que
llevan la civilización a los árabes, afirma contento que “estamos disfrutando
nuestro trabajo”. Ha de ser de naturaleza robusta para disfrutar un “trabajo”
que consiste en matar a miles de personas, incluyendo a niños y mujeres.
Mover a
formidables máquinas de destrucción, desde tanques y aviones hasta cohetes y
robots humanos, observar su operación en tiempo real e intervenir como amo
absoluto de vidas y destinos, ha de ser, sin duda, un enorme placer erótico;
más cuando se produce en sistemas biológicos que carecen del software cultural
que llamamos ética. Lo que el Marqués de Sade gozó a pequeña escala en el uso y
abuso ritualizado del poder, el general Tommy Franks lo disfruta en su forma
bruta, no elaborada, a escala industrial.
No es un Eros
sublime que transforma la energía vital y la agresividad del animal en amor hacia
su entorno social y natural. No, es un Eros sarcástico en el sentido original
del término griego: una satisfacción primaria a través del desgarramiento de la
carne. Desde sus bunkers aireacondicionados, con una buena botella de wiskey
importada en el refrigerador, premiados por los panegiristas de CNN, ABC, NBC y
Fox, como grandes estrategas y héroes de las artes marciales, el general y sus
colegas han de disfrutar uno que otro “orgasmo colateral” que viene con su
trabajito.
El general no
se encuentra solo en el disfrute de la fiesta bacanal. El Eros de la guerra, la
estética de la destrucción, el delirante festejo de la muerte ajena y la
destrucción de su indefensa corporalidad por el exterminador, contagia también
a la fauna acompañante de la comunicación. La gran mayoría de los reporteros de
CNN que están “incrustados” (embedded) en las columnas blindadas, que les
proporcionan prácticamente la misma seguridad del reportaje que sus
confortables estudios televisivos de Atlanta ---porque las temibles fuerzas de
Sadam no tienen nada para enfrentarse a ellas---, sienten el casi insoportable
peso de su responsabilidad histórica, de ser cronistas de la humanidad ante la
segunda caída de la Torre de Babel.
Todos unos
pequeños Tucidides, que registran para la posterioridad la heroica gesta griega
ante las hordas persas. Cronistas de la toma de Jerusalén por los cruzados de
Godofredo de Bouillon, que rescatan en 1099 ese santo grial del cristianismo
para Occidente. Pequeños John Reed, que testimonian las tres semanas de la
guerra de Irak, que “estremecieron al mundo”. Todos, unos grandes oportunistas
que con su chovinismo quieren llegar a la corte del emperador: a ser el nuevo
Ari Fleischer en la Casa Blanca, cuando el actual haya dejado el cargo.
Sus máscaras
liberales se les han caído. Ya no son liberales o conservadores, “palomas” o “halcones”.
Ahora, son de
la familia de los “buitres” que alimentan su carrera con la guerra de agresión
contra Irak. Un nuevo milagro de la transubstanciación. Wolf Blitzer, el
simpático comentarista estrella de la CNN, no se deja rebasar en su
patriotismo: ni por la derecha, ni por la izquierda. Es el Pelé del chovinismo
estadounidense.
Su colega
liberal, el afable moderador de la guerra de CNN, Aaron Brown, ha dejado de ser
afable. En tiempos de cólera el Eros cambia; no en el vapor novelístico de
García Márquez, pero, sí en el acorazado de CNN. Durante la guerra de
Afganistán, los estrategas de la Casa Blanca descubrieron que carecieron del
indispensable opio para las masas árabes: la televisión. Y cuando la televisión
Al Jazeera mostró una cara de la guerra que no coincidía con los idílicos
escenarios de liberación divulgados por CNN y el Pentágono, la Casa Blanca
resolvió que sus “operaciones quirúrgicas” militares tendrían más eficiencia si
se hicieran con anestesia.
El opio
escogido para las masas árabes se llamaba CNN. Su tarea: desplazar a Al Jazeera
de la sala de operaciones, perdón, del teatro de operaciones, porque la
necesidad de futuras guerras por el petróleo era evidente. Sin embargo, la
operación “Opio para el Pueblo” no funcionó, tal como habían planeado sus
operadores. El día de hoy, CNN tiene una clientela de diez millones de
televidentes en el mundo árabe, mientras Al Jazeera sigue alcanzando un
auditorio tres veces mayor.
El disfrute
del trabajo en los bunkers del poder, es por supuesto superior al del trabajo
en la trinchera.
Un marine
estadounidense, entrevistado después de una batalla nocturna, fue preguntado
por un reportero de CNN acerca de sus sentimientos, cuando veía en la mañana
centenares de soldados iraquíes calcinados y muertos al lado de la carretera.
Acariciando su rosario y tocando cariñosamente la cruz que colgaba sobre su
pecho, contestó: “Nada. Solo estamos haciendo nuestro trabajo” - “we are just
doing our job”.
Después,
servicio religioso en el desierto. Un capellán militar da consolación a los
soldados cristianos, uno de los cuales ha muerto. Rezan sobre los tanques y
debajo de los cañones, Biblia en mano, continuando mil quinientos años de
blasfemia del Dios- Hombre Jesús y su praxis reformadora y pacífica,
bendiciendo la opción preferencial para los ricos que domina a la iglesia y
contradiciendo el débil mensaje del representante de su Dios en tierra, el Papa
Juan Pablo II; quien no repitió el error del fundador de su credo, de entrar a
Jerusalén para ser crucificado en su opción preferencial por los pobres y la
paz.
Y mientras
algunos “gozan de su trabajo” ---otros simplemente lo cumplen y los terceros
practican la eterna filosofía del Estado global más antiguo de la historia, “
Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Díos”--- los “daños
colaterales”, aunque se produzcan entre bebés en un hospital de maternidad, no
tienen más importancia para la cruzada de Irak, que una pequeña lluvia en la
fiesta bacanal. Porque, además de no causar daño a los invitados principales,
sino solo a la chusma del Tercer Mundo que no cuenta, es tan natural como la
lluvia y, por lo tanto, inevitable.
Donald
Rumsfeld, el pontifex maximus, el sumo sacerdote del petróleo y de la fiesta
orgiástica, nos aleccionó oportunamente sobre el tema. Muertos civiles y por “fuego
amigo” ha habido en todas las guerras de la historia, pontifica. Entonces, ¿ por qué molestarse de algo, que no se puede
cambiar? “Pequeñas inconveniencias no deben perturbar una gran fiesta”, decía
Vladimir I. Lenin, refiriéndose al cinismo de esos políticos de la burguesía
mundial. Paradojas de la existencia humana, diría el señoriíto intelectual del
poder. Tuvimos que quemar al “indio”, para salvar su alma del diablo,
profesaban otros destacados miembros de la histórica hermandad del orgasmo
colateral, o también, our boys en Vietnam, que tuvieron que “destruir el pueblo,
para salvarlo del Vietcong”.
Naturalezas
robustas, tan robustas o más que la del médico alemán que hacía su “trabajo” en
el campo de concentración en Auschwitz. Después de cada ardua jornada de matar,
tuvo que relajarse en la noche, decía, tocando música clásica en el piano.
* Rebelión,
5 de abril de 2003.
Cuestiones
de América Nº 14, Abril - Mayo de 2003
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