“Irak hoy, Cuba mañana”
Angel Guerra Cabrera *
El sueño
dorado de la contrarrevolución (anti)cubana ha sido siempre que una intervención
militar estadunidense acabe con el régimen revolucionario, objetivo que no
podría lograr por sí misma dada su insignificancia política en la isla. De allí
su histórica predilección por las acciones terroristas, idóneas para fabricar
un grave incidente entre Washington y La Habana que conduzca a ese escenario.
Ello explica su esmero en el fraude electoral en Florida, que encumbró en la
Casa Blanca a un sujeto con el que tiene la mayor afinidad ideológica,
procedente de una familia -o mejor, famiglia-, a la que está sólidamente unida
por inconfesables vínculos conspirativos, políticos y de negocios desde que
George Bush padre fuera director de la CIA.
El hecho
subió al infinito la deuda de los Bush con la famiglia de Miami, que después
del 11 de septiembre vio el camino expedito para montar provocaciones contra
Cuba desde Estados Unidos. Parecía acercarse la realización de su sueño. De
modo que personajes como John Bolton - partícipe del fraude electoral- y Otto
Reich, a los que colocó en posiciones estratégicas en el actual equipo de
política exterior de Washington, se emplearon a fondo en acusar a la isla de
todo lo que pudiera llevar a la anhelada intervención militar, desde la
producción de armas de destrucción masiva hasta supuestos vínculos con Bin
Laden, acusaciones insostenibles y el algunos casos desmentidas por políticos
estadunidenses como el ex presidente James Carter e incluso el secretario de
Estado Collin Powell.
Pero pronto
vinieron muy buenas noticias de Washington con el anuncio por Bush de la
doctrina de “guerra preventiva” y los preparativos para agredir a Irak,
justificados con cualquier patraña y principalmente invocando el derecho de
Estados Unidos a producir el “regime change” donde y cuando lo estime
pertinente. ¿
Por qué no en Cuba?, que después de todo aparece en todas las listas
inquisidoras del departamento de Estado, entre ellas la de países que auspician
el terrorismo y, por supuesto, la de violadores sistemáticos de los derechos
humanos.
Hete aquí que
la mafia de Miami, a la cabeza de una turba movilizada el domingo pasado en
apoyo a la intervención contra Bagdag, enarbolaba esta consigna: “Irak hoy,
Cuba mañana”. Cuatro palabras que revelan exactamente el propósito que rige hoy
sus acciones, así como las de sus satélites en la isla, ya sea que se disfracen
de periodistas independientes o de defensores de los derechos humanos. El
asunto no merecería comentario alguno si no fuera por la extraordinaria
influencia que ejerce el grupo terrorista de Miami en la definición de la
agenda política de Washington hacia la isla. Y ¡qué casualidad!, desde hace unos meses se ha
incrementado exponencialmente la labor subversiva de la Oficina de Intereses de
Estados Unidos en La Habana, los trajines y declaraciones descaradamente
hostiles al sistema social de la isla de su nuevo jefe James Cason y sus
reuniones con los impropiamente llamados disidentes, que tienen su centro de
operaciones en esa oficina. Al mismo tiempo, los cinco cubanos prisioneros en
Estados Unidos, acusados infundadamente de espionaje en una corte de Miami,
como demostró fehacientemente la defensa, han sido objeto de nuevo de groseras
violaciones de sus derechos procesales, puestos un mes en confinamiento
solitario sin ninguna justificación y, como colofón, en las últimos dos semanas
dos aviones cubanos han sido secuestrados y obligados a mano armada a volar a
Florida.
Todo esto
cuando se coce un bodrio anticubano en la Comisión de Derechos Humanos de la
ONU -incapaz de señalar a los autores del baño de sangre del pueblo iraquí-,
con el evidente propósito de perpetuar el bloqueo y aplicar la misma receta en
Cuba más adelante. Estos hechos no son fortuitos y responden a la complicidad
de círculos de la administración de Bush con la mafia de Miami, decidida a
pescar en río revuelto.
El gobierno
cubano ha hecho gala en estas circunstancias de paciencia, prudencia y
tolerancia. ¿
Qué se le pide además? ¿Qué
se cruce de brazos frente a quienes fomentan ante sus ojos la intervención
militar yanqui? Uno puede explicarse de personas ignorantes o mal informadas
que no comprendan el derecho, y el deber, de La Habana de poner coto a esa
ignominia. Pero no de leídos y escribidos, conocedores de historia y de lo que
puede costar la indulgencia ante los nazis, antes de Berlín, ahora de Washington.
* Rebelión,
3 de abril del 2003.
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