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Cuestiones de América

 

Presionar a la prensa

Lydia Sargent *

 

Lo único que me pareció sorprendente del tratamiento por parte de los medios convencionales de las manifestaciones contra la guerra en todo el mundo el 15 de febrero fue que tuvo una cobertura más positiva de lo normal. Algunas de las noticias en realidad informaban algo de las posiciones detrás de las protestas y mostraban cierto respeto por la gente que había participado.

Ya sé que eso no es decir mucho, pero tener fotos en portada con titulares “Millones se manifiestan contra la guerra” (Boston Globe, 16-2-2003) y “Desde Melbourne hasta Nueva York, gritos por la paz: protesta inmensa y de amplio alcance contra la guerra en Irak” (New York Times, 16-2-2003) casi hacían parecer contrarios a la guerra a los medios, comparada con la escasa y hostil cobertura de los últimos años. Independientemente de sus gustos, era difícil ignorar a más de diez millones de personas manifestándose en todo el mundo.

Por supuesto también vi tres horas de noticias sobre las manifestaciones de Nueva York transmitidas por la cadena por satélite World Link, producidas por una coalición de grupos de prensa como WBAI, Pacifica, Free Speech TV, Working Assets Radio, y más. Amy Goodman, del programa “Democracy Now”, entre otros, presentó el programa. La retransmisión estuvo muy bien hecha e incluyó muchos de los discursos y entrevistas con una amplia y variada sección de gente (feministas, activistas sindicales, etc.), demostrando que podemos hacerlo mucho mejor.

No hay duda que el 15 de febrero fue un día importante. Mostró al mundo, quizá aún más que las acciones contra la globalización capitalista, que hay un movimiento de movimientos internacional, y que trabaja solidariamente.

Dicho esto, no obstante, hay dos cosas que me preocupan. Primero, mucha de la gente entrevistada en la manifestación de Nueva York expresaba el sentimiento que “ahora el gobierno tendrá que escuchar y detendrá la guerra” (extrañamente, en una especie de disfunción lógica, la mayoría de gente entrevistada también indicaba que creían que la guerra en Irak era inevitable).

Una dinámica similar ocurrió durante las manifestaciones contra la guerra del Vietnam. La gente empezó a creer, contra todas las evidencias, que una o dos o tres grandes manifestaciones harían que las elites dejaran de seguir su agenda militarista y detendrían la guerra. ¿Qué ocurrió entonces, cuando esos masivos eventos no lo consiguieron? Los subidones emocionales de después de la manifestación se convertían en fatalismo resignado en cuestión de semanas.

En vez de darse cuenta que se iba progresando, la gente se impacientaba de no haber llegado a la meta. Lo mismo puede ocurrir ahora: el gobierno soporta la presión, las manifestaciones se hacen más pequeñas y más aisladas, los medios las tratan peor, y se acabó. La alternativa, por supuesto, es que los activistas tengan un enfoque más paciente y más a largo plazo.

Segundo, manifestarse contra esta guerra concreta, e incluso detener esta guerra, sin construir un movimiento duradero, no cambiará la dinámica imperialista ni a las instituciones imperialistas que, sin duda, provocarán más guerras. No cambiará un sistema económico que hace la guerra a una inmensa porción del mundo. Nuestros movimientos deben hacerse más diversos, más profundos y más persistentes.

Pero además de manifestaciones y conferencias, las protestas deben hacerse más variadas, más creativas, más militantes y deben causar más revuelo. Deben ocurrir a todos los niveles de la sociedad.

Si los estudiantes hacen huelga el 5 de marzo, si cientos de miles de mujeres unen sus manos en la capital para protestar contra la guerra y abogar por la paz el 8 de marzo, si los profesores empiezan a hablar sobre la guerra y sobre las razones reales por las que los EE.UU. quieren ir a la guerra, si los sacerdotes hacen sermones contra la guerra, si los grupos comunitarios se unen, si las ciudades aprueban resoluciones a favor de la paz y presionan a los gobiernos estatal y federal, si se montan campañas de recogida de firmas, si los sindicatos hacen huelga contra la guerra y por la paz y la justicia (como ya amenazan en Inglaterra, Irlanda, Australia y muchos otros países), entonces habrá un clima de descontento social que puede impedir que un gobierno militarista lleve a cabo sus planes.

Pero hay algo más que debe ocurrir. Debemos ir contra los medios. Durante años los activistas han criticado y se han quejado de los medios de masas. A pesar de esas críticas, muchos parecen sorprendidos, incluso molestos, por la forma en que tratan nuestras propuestas y nuestros eventos esos mismos medios (que hemos estado describiendo durante años como incapaces, ideológica e institucionalmente, de dar a nuestro bando ningún tipo de legitimidad o credibilidad, y mucho menos darle espacio), como si no nos creyéramos nuestro propio análisis.

A veces olvidamos que el papel de los medios masivos (cuando no tienen que informar a las elites) es, citando a Chomsky, “mantener a la masa en su sitio. Asegurarse de que seamos átomos de consumo, herramientas obedientes de producción, aislados unos de otros, ignorantes de cualquier concepción de una vida humana decente. Debemos ser espectadores de un sistema político dirigido por políticos elitistas que se culpan unos a otros, y a nosotros, de que las cosas no funcionen.”

Curiosamente, dado nuestro análisis de cómo los medios existen para obtener beneficios vendiendo una audiencia a los anunciantes, de cómo replica e incorpora los valores y estructuras de control empresarial en sus propias operaciones, y de cómo es propiedad de y sirve a, las mismas élites que representan Bush, Cheney, Rumsfeld, Rice y Powell, nuestro activismo contra los medios se ha limitado a menudo a criticar a esos medios, junto con intentos de conseguir 20 segundos de atención en las grandes cadenas, como si eso fuera a solucionar el problema.

Otros han ido creando medios “alternativos” o “independientes” (no necesariamente radicales) e intentan desesperadamente distribuirlos con poco dinero, en una sociedad donde los métodos de distribución están bajo los mismos controles que los propios medios de comunicación. Muchos de estos intentos han tenido un éxito increíble (dadas las posibilidades), pero muchos más han cerrado por falta de recursos o por agotamiento. Los que han sobrevivido se mantienen a pequeña escala, y sólo los puede encontrar la gente que los va a buscar, lo cual, irónicamente, ocurre más a menudo durante una crisis o una guerra.

Así que es el momento de dirigir una mayor parte de nuestras protestas contra los medios. Lo que queremos es que los medios de masas incluyan programación de paz y justicia, preparada por el movimiento por la paz y la justicia, en sus informes diarios. Si no aceptan esta petición, hacemos piquetes en sus oficinas, las ocupamos si es necesario, y los paramos.

¿Se puede saber cuál es la maldita justificación para su existencia? No hay ninguna razón ética, moral o humanitaria para que sigan dándonos estimaciones de víctimas (de 500 a 1.000.000) como si hablaran del tiempo, o para que debatan tranquilamente si asesinar al jefe de estado de un país soberano y luego hagan una encuesta sobre ello, por Dios. O para que actúen como si paz y justicia fueran conceptos raros, idiosincráticos, que no pueden acabar de entender. Y, por cierto, para facilidad de organización a nivel local, hay representantes de los medios en todas partes, en todas las ciudades, en todos los pueblos, en todos los campus universitarios, en cualquier sitio.

Durante la invasión estadounidense de Irak en 1991, unos cincuenta activistas locales, muchos de ellos involucrados en medios de comunicación, nos juntamos para formar el BMA, Boston Media Action (Acción de Medios en Boston). Según las habilidades y gustos de las personas involucradas, decidimos trabajar en tres frentes:

1 - “Extender la verdad” a través de una agresiva campaña de posters y panfletos por toda la zona, combinado con intentos intensificados de diseminar medios alternativos

2 - Un Monitor de Medios que examinara los medios locales de prensa, radio y televisión y produjera informes periódicos para distribuir a los activistas

3 - Una campaña “Presiona a la prensa” para asegurar que los informes y análisis de activistas y escritores del movimiento por la paz y la justicia apareciera regularmente en los medios locales.

La campaña “Presiona a la prensa”

En enero de 1991, la campaña Presiona a la prensa del BMA empezó con un seminario sobre la verdad detrás de la propaganda y las verdaderas razones por las que EE.UU. iba a la guerra. El evento, al que asistieron 500 activistas, fue grabado con el objetivo de presentarse a las estaciones públicas locales de radio y televisión, así como un periódico cultural local, para pedir dos horas semanales para presentar material preparado por el BMA. Al mismo tiempo hicimos circular una declaración “Presiona a la prensa” para que firmara la gente, y luego enviar esas firmas a los directores de las estaciones junto con las cintas. La declaración incluía lo siguiente:

“Dado que los medios masivos se niegan a permitir que se presenten visiones alternativas de las motivaciones de los EE.UU. en Oriente Medio, como por ejemplo: que se ha buscado la guerra para convertir a EE.UU. en el policía mundial, pagando la factura el pueblo norteamericano o cualquier otro país al que le podamos pasársela; que se deja de lado el deseo de la opinión pública por la paz (el llamado síndrome de Vietnam); que se legitimizan futuras guerras de intervención estadounidenses; que se minan las demandas para una redistribución de los ingresos para educación, vivienda y la mejora general de los ciudadanos norteamericanos; y que se mantiene la dominación estadounidense sobre el petróleo y el precio de éste como medio de control económico internacional,

Es por tanto justo y adecuado que los activistas por la paz y la justicia tengan una presencia en los medios masivos de radio, televisión y prensa, que incluya discusiones de la paz, el anti-militarismo, la conversión religiosa, temas de justicia, presentando visiones críticas de la política del gobierno, que cuestione la moralidad de la guerra, la dominación y el imperio, así como otras relaciones inhumanas que favorecen a los ricos y poderosos, y que presenten una visión y una moralidad alternativas que puedan servir mejor a las comunidades que lo necesitan, y a todos”.

Enviamos miles de declaraciones firmadas, junto con los videos de prueba, a la radio y televisión pública locales, usándolos como medios de presión. También organizamos una conferencia de un día para juntar material y presentar la verdad. Después de cierto tiempo, si no obteníamos respuesta, estábamos preparados para hacer piquetes contra los medios. Si eso no tenía efecto, pasaríamos a la desobediencia civil, seguido por ocupaciones. Pero la máquina militar de los EE.UU. había aniquilado a Irak para cuando habíamos pasado el primer escalón, y no pudimos continuar la campaña.

Es el momento de empezar una nueva campaña para Presionar a la Prensa, esta vez de forma nacional e internacional, además de continuar creando y distribuyendo nuestros propios medios. Debería ser un esfuerzo estratégico a largo plazo, enfocado en cambiar las instituciones represoras que son los medios actualmente, de la misma forma que luchamos por cambiar gobiernos e instituciones financieras. Esta campaña debería ir también contra las empresas de distribución de los medios, que aseguran que nuestras opiniones por la paz y la justicia no lleguen a las librerías, quiscos, televisiones y radios.

La campaña no puede esperar. Después de la “guerra del Golfo” de 1991, TV Guide reveló que la mayor parte de la cobertura sobre la guerra en televisión fue producida por una compañía de relaciones públicas, que vendía la guerra al pueblo nortemericano. ¿Por qué, cuando salió esa noticia, no nos lanzamos a ocupar o cerrar todas y cada una de las instituciones de medios de comunicación en los EE.UU.?

Como no contestamos entonces, ahora lo siguen haciendo, vendiendo la guerra como si fuera una excitante serie de televisión (“La hora de la verdad con Saddam”), vendiendo miedo, vendiendo el imperialismo estadounidense como nuestro deber patriótico, incluso mostrándolo como una victoria para el feminismo (junto con comentarios sobre la moda en uniformes) porque “con la guerra preparándose, [las mujeres] están más cerca del combate que nunca” (New York Times, 16-2-2003). Empecemos una campaña para Presionar a la Prensa porque la prensa está para informarnos, no para alienarnos.

* Z Net, 24 de febrero de 2003. Traducido por Alfred Sola y revisado por Manuel Cubero.

 

 

 

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