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Cuestiones de América

 

La Ocupación de Irak por el Ejército de Estados Unidos

Jesús Hernández Garibay *

 

La ocupación de Irak representa un triunfo momentáneo de Estados Unidos; de hecho, la decisión de George W. Bush de llevar adelante la Operación Libertad, a pesar de la oposición mundial, sin apoyo concertado de la ONU y con una ficticia “coalición” militar (su ejército secundado por las fuerzas armadas británicas y algunos soldados australianos), responde más que a la ceguera, necedad o cinismo de la Casa Blanca, a la desesperación del imperio de los grandes negocios para contrarrestar el grave deterioro del mercado mundial y el particular papel que los intereses estadounidenses juegan en ello. Con una potencia económica mundial en declive y la cada día más grave situación de desempleo, hambre y pobreza en el mundo, la invasión norteamericana amenaza en el mejor de los casos, con desequilibrar el orden internacional y debilitar a mediano plazo los Estados-nacionales.

 

Luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, salvo por el relativamente corto periodo en que Estados Unidos se empeña en la batalla para derrocar al régimen talibán e imponer al nuevo gobierno afgano de Helmuth Karzai, a lo largo del último año y medio el mundo vivió presa de las intenciones anunciadas por Bush desde su campaña presidencial, de llevar adelante una nueva ofensiva en contra del régimen de Saddam Hussein. Lejana la guerra del Golfo en la que éste mantiene su liderato en Irak a pesar de los planes de Bush padre para deponer al gobernante iraquí, a lo largo del 2002 Washington sube el tono de la amenaza de iniciar un ataque a dicho régimen con el más poderoso ejército del planeta; en igual número de ocasiones sin embargo, la Casa Blanca hubo de posponer sus pretensiones ante los múltiples obstáculos que se le presentaron.

Un recuento de tales obstáculos deja ver el amplio espectro de circunstancias ajenas a la bravucona facundia del presidente Bush: desde el desconocimiento de la escena internacional de lo que fue acusado el novel presidente, a quien incluso algunos no le concedían estatura de liderazgo nacional, hasta los ataques del 11 de septiembre que alteraron las prioridades de Washington; desde el desgaste de las tropas estadounidenses luego de la guerra en Afganistán, hasta la necesidad de ampliar su rango de acción hacia nuevos países como Omán, Indonesia o Filipinas; desde la ausencia de un significativo aliado político-militar que —a la manera del Comando del Norte en Afganistán— pudiera convertirse en cabeza de playa para el derrocamiento de Hussein, hasta la falta de convencimiento de la oposición kurda y chiíta a una acción militar para resolver el asunto de la democracia en Irak; desde el agravamiento del conflicto palestino-israelí y fisuras en las alianzas con el mundo árabe, hasta la creciente conciencia antibélica en el mundo y la duda de importantes países en la ONU sobre una medida de fuerza como solución al desarme de un país.

Por estos como por otros motivos sobre todo en los últimos meses antes del ataque creció igual la expectativa del comienzo de las hostilidades, como en la misma proporción los pronósticos fallidos respecto a los acontecimientos inmediatos. Un arduo debate en el seno del Consejo de Seguridad, en el que la retórica y desesperación de la administración estadounidense para lograr un nuevo proyecto de resolución tropieza con la amenaza de veto de Francia o Rusia a fin de evitarlo, es el marco de los informes presentados por el equipo de inspectores de la ONU sobre las multicitadas armas de destrucción masiva en supuesta posesión de Hussein[1]. En tres ocasiones esos informes otorgan al Consejo los argumentos para mantener en la congeladora las ansias bélicas de los halcones[2]. Y a pesar de las presiones diplomáticas ejercidas por la Casa Blanca, EU no pudo iniciar antes la guerra de ocupación, dando la impresión por momentos de que había sido posible por fin amarrar las manos al imperio.

Dentro del Consejo de Seguridad el papel cumplido por el gobierno francés fue excepcionalmente importante y el apoyo a esa posición por los de Rusia, China y Alemania también fundamental. No sólo por razones pacifistas resultado de la presión social o los nuevos vientos culturales, sino a la vez por los intereses económicos implicados en ello, las cuatro naciones lograron contener en el terreno de la diplomacia la pretensión de Washington de “arrasar” antes a Irak[3]. A la vez, la lucha por un genuino multilateralismo en el seno de la ONU, que diera lugar a las aspiraciones de antaño contenidas por lograr que el organismo cumpla eficazmente con un verdadero papel en el equilibrio mundial de fuerzas, se convirtió en medio del debate en torno a Irak en punto nodal del escenario mundial.

Aun con su importancia, sin embargo, lo sucedido ahí no es el elemento determinante en este nuevo capítulo de la historia. Al final EU decide pasar por encima de la Carta de la ONU y llevar adelante una invasión que busca el golpe de Estado y no el desarme de Saddam Hussein. Empero, por razón de las múltiples contradicciones que genera una creciente conciencia acerca de todas las implicaciones de la guerra, esa decisión se toma en medio de un amplio movimiento antibélico, más significativo y temprano que el que se logró al calor de la guerra de Vietnam; esto es así, porque hoy el momento es distinto al de años anteriores en que Washington pudo tomar decisiones unilaterales sin demasiados costos en su contra. Por el contrario, en el fondo de la situación actual se trasluce la evolución que ha sufrido el mundo y no precisamente en el sentido de la propaganda neoliberal que se revelara a inicios de los noventa. Por mucho que hoy no se note, la transformación incide también contra del sistema y sus rapacerías. Trataré aquí de destacar elementos en torno a ello, que intentan explicar el contexto en el que se inicia la invasión, tanto como los alcances y límites del triunfo militar logrado por el imperio en Irak.

Una Máquina que Comienza a Desafinar

En noviembre de 2000 todo era desesperanza, no sólo en el equipo de campaña de George W. Bush sino también en muchos de sus más comprometidos simpatizantes. A punto de perder la silla presidencial y ya no poder ser considerado George Bush II[4] como “el hombre más poderoso del planeta”, aquél a quien podía confiársele ahora un papel central en reencauzar al país a la senda de respeto mundial que había perdido a manos de latosos liberales incluyendo a un mustio conquistador de becarias, pusiéronse a funcionar los mecanismos necesarios para garantizar el triunfo electoral a cualquier costo.

Los entretelones del sistema se movieron y así el demócrata Al Gore, quien estaba predestinado por los preocupantemente escasos pero mayoritarios votos de la tramoya cuatrianual para alcanzar la presidencia, tuvo que renunciar finalmente a sus aspiraciones electorales, ante el empuje y enjundia de las fracciones ultraderechistas del Partido Republicano que no quisieron dejar pasar la oportunidad, tal vez única, de lograr no sólo por la vía del tamal o el ratón loco, sino del solitario voto de un juez de la Suprema Corte, la ansiada victoria[5]. El preciado fruto presidencial, que tantas veces en el pasado sirvió para dar coherencia a las intervenciones abiertas o encubiertas del representante por antonomasia del capitalismo en el mundo, quedó en manos de halcones entrelazados con algunos de los negocios más rentables del mundo.

Desde un punto de vista estratégico sin embargo, la preocupación de estos no era solamente la mejor posición para encauzar al mundo en beneficio de las empresas en las cuales ellos mismos están vinculados y lograr ganancias en el afán ambicioso de las grandes fortunas[6]. Más allá de ello, la inquietud era a la vez responder al desenvolvimiento actual del mercado, que luego de tres lustros de políticas neoliberales no logra despuntar y mantener el crecimiento en el orden global. Y que poco a poco se enfrenta a una multiplicidad de contradicciones que le permiten intuir la decadencia y el enfrentamiento con nuevas y peligrosas fuerzas sociales en el mundo. Ante estas circunstancias que hablan de un otoño en el empuje del “mejor de los mundos posible”, resultaba imprescindible para ellos un nuevo siglo en el que Norteamérica reafirme su liderazgo, con base en un poderoso aparato político-militar, mayor al de décadas anteriores[7].

El mundo de nuestros días es uno tan complejo que, como se ha dicho, es imposible que pueda ser resuelto por una sola nación. Como advierte el escenario internacional, los problemas se multiplican en distintas direcciones, las soluciones a algunos de estos se alcanzan en la medida en que gobiernos y esfuerzos organizados comienzan a comprenderlos y toman medidas para mitigarlos; no obstante, otros se agravan a pesar del deseo en contrario[8]. Las expresiones de fragilidad en los mercados aparecen y repercuten a nivel mundial. Un amago de crisis multinacional asoma en el horizonte en la forma del efecto que produce Taiwán, luego la samba, el tequila, el tango, etc.; pero sus verdaderos alcances no se exhiben sino hasta cuando alcanzan a un país específico como Argentina, donde provoca en 2001 un naufragio nacional no resuelto hasta ahora. Las viejas recetas funcionan menos y no se encuentran con facilidad las nuevas[9].

La esperanza de que los “cambios estructurales” de los noventa darían lugar a una nueva era mundial, tuvo sus alcances y limitaciones. El sueño de la bonanza que se prometiera una vez enterrado el demonio tentador del socialismo real, se tornó en dulce despertar para quienes sí lograron un pedazo del pastel globalizador, pero amargo para el resto de la gente. El saldo de esos cambios dio cuenta en el final del siglo del peso global de las intenciones, tanto como de sus dramáticas consecuencias. El funcionamiento del mercado dejó ver que lo que evolucionaba bajo el paraguas globalizador no era tanto el contenido de la historia, cuanto sus formas. Pero en la naturaleza de la crisis también se descubrió que más allá del agotamiento de un modelo depredador acariciado por agiotistas intereses, iniciaba la decadencia del mundo liberal, aquél que vivió su infancia en Europa, que emigró para solazarse de su pujante juventud en los Estados Unidos y que viaja ahora por el resto del mundo en una deslucida madurez, lo mismo noble que abyecta, donde la caída de sus hojas da cuenta de sus achaques.

Después de los años dorados en que culminan los setenta, sigue un periodo de atonía en el desenvolvimiento capitalista que deriva en la llamada crisis de la deuda. Sometidas a la permanente competencia nacional y mundial, la creciente problemática de las empresas para cristalizar el beneficio comienza a ser mayor, a pesar de su desenvolvimiento, lo que obliga a buscar contrarrestar las dificultades de un mercado trasnacional cerrado a mayores oportunidades de negocios, sobre todo por parte de grandes corporaciones que ven en las restricciones nacionales un motivo de estancamiento. A principios de los noventa se inicia un nuevo auge en la mayor internacionalización de los capitales, que requiere de abrir las economías nacionales a la competencia internacional, como garantía de una mayor expansión y la búsqueda de más atractivas inversiones[10].

Luego de un tiempo en que en medio de una burbuja especulativa que pretende estar bien sustentada en la nueva economía punto com, comienzan a advertirse más las fallas de fondo del libre mercado, el capital se acepta fiera competencia como reconocido capitalismo salvaje que obliga a los más aptos a mantenerse a cualquier costo dentro de la carrera. Por obvias razones, en esa competencia se subrayan disparidades que abren oportunidades, pero para quienes ya están ventajosamente ubicados en el mercado, mientras se agotan rápidamente para los que no lo están o para quienes menos relacionados están con los primeros[11]. Y lo que de conjunto se observa es un mayor cansancio del sistema que no se compadece con las intenciones de renovación del mismo, pues comienza a padecer más el agotamiento de mecanismos que antes le permitían solventar las dificultades.

Como resultado, hoy el mundo en general y Estados Unidos en particular  se enfrentan a una crisis que se advierte más grave en la medida en que se delimita; y por su importancia, los problemas que sufre este país son más alarmantes que los del resto del planeta: el dólar estadounidense se mantiene estancado en los mercados de divisas, sobre todo por el desalentador panorama de su economía; el índice de confianza de sus consumidores continúa cayendo a su más bajo nivel desde 1993, lo que descubre la ruina de un mecanismo crediticio piedra de  toque en los últimos veinte años; hoy aunque la economía avance, la población duda en endeudarse más ante la inestabilidad laboral; incluso lo que en el fondo exhibe la última edición del ranking de las personas más adineradas del mundo elaborada por la revista Forbes, no es sólo el cambio de manos en las grandes fortunas del mundo, sino a la vez el grave quebranto de las ganancias en los grandes negocios.

La decisión del gobierno de Bush de llevar a cabo una guerra de ocupación a pesar de los altos costos económicos y políticos adyacentes, responde así a la gravedad de esa crisis y la necesidad de avanzar hacia una zona que cumple un papel central en un escenario económico en el que tanto la nueva Unión Europea como Rusia y China ponen natural atención creciente, como perspectiva de sus propios intereses económicos; supone a la vez que una “guerra preventiva”, con un ataque relámpago que permita sustituir al régimen iraquí por uno que garantice el posicionamiento de Estados Unidos en esa zona estratégica, podrá iniciar el camino para resolver el severo desajuste nacional y mundial en favor de los intereses norteamericanos, lo que daría lugar a una nueva era de “bonanza” internacional bajo la conducción corporativa más eficaz de los mercados.

Los Saldos Pendientes del Imperio

Teodoro Roosevelt, el hábil operador del Big Stick y presidente de Estados Unidos de 1901 a 1909, acuñaba el término American Century para  sustentar el papel de Norteamérica como líder mundial y dar aliento a grandes corporaciones en todo el orbe, lo que permitió a EU activar su predominio durante el siglo XX; al menos hasta ahora en que con mayor fuerza que antes nuevas condiciones enredan poco a poco la intención y los sueños imperiales. Estos cambios dejan ver una diversidad de hechos en el escenario mundial que comienza a prefigurarse para los próximos decenios, en un curso internacional dinámico y cambiante, complejo y a la vez contradictorio[12].

A inicios de su segundo año de gobierno, contando con la alta popularidad alcanzada luego del fatídico 11 de septiembre que le permitía alborozarse en la retórica antiterrorista y las miras guerreristas, en su discurso sobre El Estado de la Unión del 30 de enero de 2002, George W. Bush indicaba que “la guerra apenas comienza”, pues “el mundo civilizado enfrenta peligros sin precedentes...”[13] Hijo de sempiterno fundamentalista, en alusión al eje Alemania-Italia-Japón durante la Segunda Guerra Mundial acusaba Bush Jr. en ese discurso a Irak, Irán y Corea del Norte de constituir un “eje de la maldad”, concitando con esa expresión el entusiasta apoyo de los halcones a nuevas intervenciones militares[14]. Independientemente de Irán en cuyo haber se encuentra el hondo deseo de venganza del imperio por el trato recibido en los años de la guerra fría, a los otros dos restantes países ha apuntado la mira inmediata de Estados Unidos.

En cuanto a Irak, desde que asume la presidencia Bush anuncia su intención de avanzar contra Hussein y si no lo concretó antes de ahora es por las razones expuestas. Pero a pesar de los obstáculos, la maquinaria propagandista prepara el camino, en espera del momento oportuno. Al amparo de dicha propaganda, como lo es Fidel Castro, Muammar al-Gaddafi, Kim Jong Il y otros, Saddam Hussein también resultó un demonio[15] que desde el final de la guerra del Golfo y sin haberlo podido derrocar George Bush Sr., voceros, políticos y “expertos” estadounidenses gritaban su deseo de “eliminar”[16]. Al respecto bien vale recordar una parte no dicha de la historia que más ubica a Saddam como déspota tirano: durante la guerra del Golfo Bush padre instó a los kurdos a levantarse contra Hussein y prometió ayudarles, pero cuando los kurdos se alzaron, EU se hizo el sordo pues temía que la desintegración de Irak perjudicara sus intereses regionales a largo plazo; así, las tropas norteamericanas se cruzaron de brazos cuando Irak aplastaba la rebelión[17].

Arabia Saudita, país desértico con grandes depósitos de petróleo y una monarquía que ocupa la mayor parte de la península de Arabia, era en ese entonces como lo fue hasta el 2002 el principal aliado de EU en el mundo árabe[18]. La industria petrolera saudí fue fundada en 1938 por la Arabian-American Oil Company (Aramco), originalmente propiedad de cuatro compañías estadounidenses[19]. En junio de 1951, Arabia Saudita consintió el uso de la base aérea de Dhahran por parte de Estados Unidos en agradecimiento por la ayuda técnica prestada[20]. Ampliamente apoyada esta monarquía saudí por las sucesivas administraciones norteamericanas, hoy el gobierno de George W. Bush modifica su percepción y perspectivas de asociación con la misma. Ya desgastado ese reinado, la Casa Blanca busca ahora con el triunfo en Irak también “cambiar el mapa de la región entera” y de paso apuntalar a Israel, su principal aliado en el Medio Oriente[21].

Pero más allá de los intereses regionales, la ocupación de Irak forma parte de una amplia estrategia que busca garantizar una Norteamérica fuerte y preparada para eventuales y más grandes conflictos de nivel mundial. Al respecto no está de más recordar el documento titulado “Panorama General de la Estrategia Internacional de Estados Unidos de América”, enviado por la Casa Blanca al Congreso a mediados de 2002[22], en el que se advierte a EU como un “poder supremo” que no tolerará desafíos a su ventaja de poder; establece a la vez de manera explícita su derecho de intervenir en cualquier parte del mundo con ataques “preventivos” y justifica esto en defensa de “la libertad”, el libre mercado y la propiedad privada[23]. Así, lo que en el fondo el mando norteamericano pretende con la “liberación de Irak” es ampliar su preparación para una eventual guerra sistémica global sustentada en la vieja idea del mismo Roosevelt, quien desde 1904 indicaba la conveniencia de actuar como un “poder policiaco internacional”, para revertir cualquier peligro al imperio de las corporaciones.

Pero por otro lado, lo que Bush no puede dejar de tener en mente, es responder a las necesidades concretas de esas corporaciones en el “mundo de los negocios”, un hambriento animal que busca inmisericorde nuevos caminos para continuar su fatal depredación de todo el que se deje. Porque, ¿cual puede ser la razón del tan grande interés en lo que a final de cuentas es un pequeño país del Tercer Mundo como Irak, que lo único que posee es arena y petróleo? Justamente, petróleo..., que se encuentra hoy en el centro de todo, pues quien tenga el control de los recursos petroleros de Irak puede cambiar, o por lo menos condicionar, la economía mundial; y un nuevo gobierno iraquí más proclive a Norteamérica es un jugoso negocio[24]. Aunque por ahora, el problema de ello no son sólo las eventuales consecuencias sistémicas, sino las consecuencias inmediatas de tal acción.

En efecto, ya “liberado” Irak del régimen de Hussein, la región se encuentra ante el siguiente nada poco complicado panorama: la perspectiva de los vecinos inmediatos Irán y Siria cambian, al contar Estados Unidos con una base militar de operaciones justo a las puertas de esos dos países del desagrado de la Casa Blanca; contrariamente a lo que desearía, con su acción EU fortalece en el norte de Irak las contradicciones entre Irán y Turquía, por efecto de la vieja demanda de las tribus del Kurdistán de un estado kurdo; la ocupación va a promover en forma inevitable expresiones nacionalistas y movilizaciones populares entre la sociedad iraquí, lo que no podrá ser aceptado por EU que resolverá el hecho de manera autoritaria; lo que es más, Washington no podrá aceptar ninguna oposición que pretenda la autodeterminación en contra de sus planes de supeditación político-militar de la región; es de esperar que esto provoque una reacción en cadena, con los 150 millones de árabes y mil millones de musulmanes para quienes tal hecho será interpretado como un atentado a su seguridad y su idiosincrasia.

Junto con todo ello, la misma circunstancia de que el comando mayor de Hussein y el grueso del ejército iraquí perdedor, en su repliegue sugiera la posibilidad del inicio de una guerra prolongada de liberación nacional, obligará a las tropas de la alianza angloamericana a permanecer un largo tiempo en Irak. Todo lo cual hace temer una puerta abierta a nuevas conflagraciones regionales y por supuesto al mayor deterioro de la seguridad internacional[25].

El Quinto Poder y los Cambios en la Conciencia Mundial

Como se advierte en el entorno a la invasión, la conciencia antibélica creció significativamente en distintos lugares del mundo y en forma destacada en los propios Estados Unidos. Con base en ella se han llevado a cabo expresiones sectoriales y multitudinarias por ejemplo en Europa, donde alcanzaron grandes números en Madrid o en Florencia. A lo largo del año anterior y del presente se desarrollaron actividades de este espontáneo movimiento en foros, marchas y manifiestos. El 18 de enero último, junto a una jornada que alcanzó los 200 mil participantes en la capital estadounidense, se exhibieron inconformidades también en 45 estados y unas 200 ciudades más de la Unión Americana, para exigir No a la guerra y No más sangre por petróleo[26]. El Foro Social Mundial que se llevó a cabo por tercera ocasión en la ciudad brasileña de Porto Alegre a finales de enero, incluyó en su agenda el tema: “Orden mundial democrático, combate a la militarización y promoción de la paz”. Tanto ahí como en otros casos, estas expresiones globales dejan ver la importancia de detener guerras en cuyo trasfondo se entiende que no hay sino negocios y más hambre en el mundo[27].

Si hay algo que caracteriza a la época actual, todos coincidimos, es que se viven importantes cambios en el planeta. Desde luego no los cambios que desde inicios de la década pasada pretendidamente comenzaba a vivir el mundo, de tránsito a las puertas luminosas de la democracia y la prosperidad[28]. Más allá de la apertura de los mercados de la que se han seguido beneficiando sobre todo las grandes corporaciones, los cambios que otros advertimos tienen que ver con las amplias posibilidades sí, que ha abierto la mundialización progresiva, con el uso de nuevas tecnologías en la mayor interdependencia de nuestras sociedades, con el acercamiento de los pueblos y el mayor entendimiento de sus problemas, con la apreciación de las diversidades y la mejor comprensión de nuestras diferencias, rubros en que hace falta un abismo completo por cruzar, pero donde la percepción de lo social comienza a repercutir en la soberbia individualista procurada por la libre concurrencia.

De manera particular, es en la voluntad por entender mejor los obstáculos y comenzar a ensayar nuevos caminos para intentar resolver viejas trabas, pero sobre todo en el deseo ciudadano de participar más activamente en la solución de grandes problemas que antaño se suponía, debían concernir sólo a gobiernos o liderazgos, donde el cambio se observa mayor de un tiempo para acá. Organizarse más y movilizarse de nuevas maneras, aun en medio de sendas limitaciones y groseros errores, comienza a ser un signo de esta época en que la presencia activa de la gente define frescos rumbos de la política[29]. Es este tal vez el más significativo hecho que, en un amplio sentido cultural y social, se advierte en distintas esferas del actuar humano del nuevo siglo, en el arte, la cotidianeidad o la política[30]. Es por ello que nunca como ahora el planeta entero ha debatido tan amplia, aun cuando todavía insuficientemente, el tema de las disputas bélicas y sus implicaciones. Ni siquiera la propia ONU, que ha pasado por momentos harto complicados en su historia, había sido tan tomada en cuenta para intentar prevenir lo inevitable[31]. Nunca tampoco había logrado atraer tanto la atención del orbe como en el caso actual de Irak.

Hoy como resultado de esas tendencias que se afirman, los tiempos cambian y lo que suceda por ello en el seno de ese importante organismo mundial, en el entorno y luego de la ocupación, habrá determinado para muchos años hacia adelante el surgimiento de un nuevo y verdadero multilateralismo, cuya vigencia podría comenzar a dar salida a las intenciones pospuestas tantas veces de paz con justicia social en el orbe[32]. Pero suceda lo que suceda, después de la decisión tomada por Washington de invadir Irak el mundo habrá cambiado todavía más, porque la gente demuestra estar más preocupada por ser parte del debate y sobre todo, anteponerse como solución fundamental a las intenciones de seguir destruyendo el planeta..., o comenzar a reconstruirlo [33].

El mundo entero estuvo en vilo por meses, esperando el inicio dramático de esta guerra promovida por un país pretendidamente “civilizador”. Pero aunque la nueva invasión a una nación tercermundista deja ver que las cosas no han cambiado mucho en este mar de lágrimas, pues adicionalmente a dicho evento graves problemas del mundo continúan vigentes[34], lo cierto es que las dificultades que el presidente Bush afrontó para ello, fueron mayores que las que tuvo su padre cuando decretó el inicio de la Guerra del Golfo más de diez años antes: una más severa crisis económica y un más deteriorado consumo, una problemática nacional enredada en la corrupción privada y la inseguridad interna, hechos que han impedido el consenso total nacional[35]; a la vez, un mundo distinto que entiende de una manera más clara el quid de los grandes negocios embrollados con las decisiones de Estado[36].

La llamada guerra global contra el terror es un factor que, como se preveía luego de septiembre de 2001, vincula diversos acontecimientos en todo el planeta; pero adicionalmente a ello, la problemática misma del sistema, con la imposibilidad de que el libre mercado dé respuesta satisfactoria a los grandes inconvenientes de nuestro tiempo, poco a poco establece los condicionantes de lo que es un momento clave para el desenvolvimiento futuro de la década. Aquello que se había pensado hace diez años como final de la guerra fría, si bien bajo nuevas circunstancias, reverdece en la retórica presidencial del eje de la maldad, aumento del espionaje mundial, planes para asesinar a líderes del mundo y hasta la posibilidad del uso de las armas nucleares[37].

Pero a la vez, nuevos gobiernos en Brasil y Ecuador, discordantes con la tendencia prevaleciente por décadas en América Latina, inician en este año su gestión y crean expectativas en el contexto de una complicada pero a la vez promisoria revolución bolivariana en Venezuela, por la indefinida pero atendible movilización ciudadana argentina, por el ascenso de pueblos indios en Bolivia y México, o hasta por la defensa digna en medio de la incomprensión y del boicot, de una revolución por el pueblo cubano. Vientos que convidan a inéditos caminos en el encuentro de un mañana siempre pospuesto para las grandes mayorías. En el entorno Estados Unidos, poderosa nación que como algún periódico sudamericano calificara, transita ahora “en busca de la locomotora perdida...”, por la recesión y el desempleo, el desaliento, la desconfianza y el desconcierto, y comenzar a sufrir los apuros de su propia dinámica, frente a un mundo cambiante que le depara retos antes impensables a su petulancia.

Precisamente porque esa poderosa nación se prepara pues, para cumplir su papel histórico de enfrentar militarmente retos aun más desafiantes a su status quo, es que el creciente malestar de la gente va a mostrarse en diferentes circunstancias, bajo distintas formas, y pero siempre en respuesta a las insatisfacciones que el capitalismo le deja hasta ahorahoy. Ya el Informe de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT-ONU) de 1998-99 advertía cómo jamás había sido tan alta la cifra de trabajadores desempleados y subempleados en todo el mundo, y manifestaba su temor de que aumentara en varios millones más en los siguientes años[38]. Al final del siglo XX, unos mil millones —un tercio de la población activa del mundo— estaban desempleados o subempleados; de esa cifra unos 150 millones se encontraban desempleados, buscaban trabajo o estaban en disposición de trabajar. Tan sólo por efecto de la crisis asiática de 1998 el total de desempleados se había incrementado en 10 millones de trabajadores; además,Así, b entre 750 y 900 millones de personas estaban subempleados [39].

ajo un imperialismo que llama a la democracia como el mejor de los mundos y la enreda con sus mezquinos intereses, el ejemplo que da al mundo EUA Estados Unidos en sus acciones pretensiones de superpolicía es justo la de violar de la ley al antojo de cada quien; lo que debilita el Estado de Derecho y provee suficientes a la vez razones suficientes a diversos movimientos sociales independientes que de tiempo atrás se mantienen y desarrollan en países varios a pesar de los intentos por encauzarlos bajo la tutela del Estado, para sostener impulsar más su desazón ante ese establishment[40]. Lo que inevitablemente y más temprano que tarde, se convertirá en un clima de ingobernabilidad que afecta más y más a los Estados-nacionales, al crear climas de ingobernabilidad, creciendo inspirados en el hambre, la incapacidad para solventar la pobreza, el descaro y la codicia[41].

Son estos los límites del triunfo que en Irak alcanza por ahora Estados Unidos, democracia de veleta apuntalada a sangre y fuego que cada vez tendrá que enfrentar más sus intereses ante un poder que sin duda es al que más teme y que, según se advierte, será cada vez más fuerte. Un poder al que le esperan difíciles días, desde luego, pero el único que podría encontrar una firme salida a ese aciago escenario: el poder de la gente. Pero no de cualquier gente, sino de manera específica la que ha sido bautizada por un periodista francés como un quinto poder: la gente permanentemente vigilante y movilizada, racionalmente organizada y participativa, “cuya misión será oponerse a los grandes poderes opresores incluyendo los medios”[42], único actor quien podría ante el rompimiento del orden mundial, las limitaciones del libre mercado y la virtual inutilidad de instituciones como la ONU en decisiones fundamentales que afectan a la humanidad, avanzar con más fuerza en la exploración de otro mundo más acorde con sus aspiraciones y sus necesidades, por momentos desestabilizado, pero cuya activa intervención conciente mediará cada día más en las trascendentes decisiones planetarias de estos años, que podrán influirán en el curso futuro de la historia...

México D.F., Abril de 2003.

 

 

 



* Psicólogo y sociólogo, miembro de la Asociación por la Unidad de Nuestra América y director de Cuestiones de América (www.cuestiones.ws).

[1] Una Comisión internacional en busca de armas de destrucción masiva representa un hecho inédito en la historia mundial, pues no existe un caso previo en el que un ejército completo de científicos (un total de 260 personas de 60 países, unas 300 inspecciones en 230 sitios distintos del territorio iraquí durante los dos primeros meses de búsqueda) haya acudido a un país determinado con la tarea de hurgar en busca de un potencial peligro para la humanidad. El primer informe de los inspectores presentado al Consejo de Seguridad de la ONU, indicaba en su último párrafo: “Tenemos ahora un aparato que nos permite enviar múltiples equipos de inspección todos los días a lo largo de Irak, por aire o por tierra” (ver Executive Chairman of UNMOVIC, Dr. Hans Blix, “An Update On Inspection”, The Security Council, UN, 27 January 2003). No obstante, sus resultados fueron siempre desfavorables a las miras belicistas de Washington, pues les dejó en la difícil postura de tener que asumir de manera unilateral, por fuera del Consejo de Seguridad, el ataque a Bagdad, en momentos en que las encuestas aceptaban el inicio de una contienda armada, pero únicamente bajo la decisión de la ONU. Así, la labor de los inspectores de armas fue un obstáculo más en el cúmulo de los inconvenientes que impidieron iniciar antes la acariciada invasión.

[2] En varias ocasiones durante este tiempo la retórica de Bush fustiga al organismo multinacional, al que recusa por no cumplir —conforme a su visión— los propósitos para los que fue creado de otorgar seguridad al mundo, ante un nuevo atentado a la “libertad”.

[3] En apoyo a las mismas, a favor de una salida pacífica al conflicto, se pronunciaron también otros países como los que forman el Movimiento de Países No Alineados o la Liga Arabe. Lo que, sin embargo, no resultan todavía claras son las razones por las que aquellos países europeos adoptan la postura que exhiben en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, de oposición a EU. Pero es de esperarse que en ese entonces haya sido también “el mundo de los negocios” el que definiera tales posiciones, como después de la invasión estos mismos intereses comienzan a definir el contradictorio realineamiento de la Unión Europea a las intenciones de reposicionamiento mundial de Washington, un aliado todavía imprescindible para muchos capitales.

[4] Hijo de un ex-presidente que conoció a fondo las entrañas del sistema desde su jefatura en la CIA, con los más rentables petroleros negocios familiares. Ver  Colhoun, Jack, “The Family That Preys Together”, Covert Action Quarterly, Nº 41, Summer, 1992.

[5] El sufragio de la Florida, bastión de algunos de esos derechistas sectores, con toda fortuna en las manos del hermano Jeb, fue decisivo en el eventual triunfo del ex-gobernador de Texas; y la historia se escribe en la forma en que hoy se conoce. Ver Reygadas, Pedro, “La Premiación de George W. Bush”, en Cuestiones de América Nº 1, Enero de 2001.

[6] Un estudio del Center for Public Integrity revela que de los 30 miembros de la Junta de Política de Defensa que asesora al jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, al menos nueve tienen vínculos con megaempresas del ramo que obtuvieron contratos por más de 76 mil millones de dólares en 2001 y 2002. Entre ellas figuran Rand Corporation, Boeing, el gigante Northtrop Grumman, Philip Morris Companies, Locked Martin, Allen Hamilton y otras menores. El subsecretario de Defensa Douglas Feith, ex funcionario de Reagan, selecciona a los miembros de la Junta, que finalmente aprueba el subsecretario Richard Perle, que la presidió hasta el 27 de marzo, cuando renunció porque se hizo público que percibía comisiones por cada contrato del Departamento de Defensa que lograba para ciertas transnacionales (otros ejemplos en Gelman, Juan, “Cifras”, en Página/12, 13 de abril de 2003).

[7] Si hay un hecho altamente significativo resultado del 11 de septiembre, es el ascenso y poderío que alcanzan los más reaccionarios sectores en la escena política norteamericana. Aquellos halcones que por muchos años insistieron en lo deleznable del rumbo demócrata y liberal a que distintos presidentes estadounidenses llevaban al país, que se quejaron de Eisenhower “por haber entregado Cuba”, de Johnson por haber “empantanado la guerra de Vietnam”, que reivindicaron a Nixon y a Reagan como fieles representantes de la “Fuerza Número Dos”, principal bastión de un ramplón anticomunismo que llamaba a modificar el rumbo “izquierdizante” de algunos gobiernos estadounidenses y a construir así un largo ciclo de dominio norteamericano en el mundo, hoy con la guerra global contra el terror se les presenta esa bella oportunidad.

[8] Por momentos se vislumbra una esperanza en la medida en que la racionalidad en el funcionamiento del sistema comienza a descubrirse, pero a la vez se produce desaliento cuando deja de funcionar como reloj el mecanismo.

[9] En 1986, el Instituto de Economía Internacional, con sede en Washington, recogió en un libro las discusiones realizadas al inicio de esa década en la capital estadounidense, las cuales concluyeron que la crisis de la deuda que azotaba a la región sólo podía ser superada si las economías se abrían, se reducía la presencia del Estado y se delegaban las decisiones de política económica a las leyes del libre mercado. Uno de los autores de ese libro, titulado Recobrando el crecimiento económico en Latinoamérica (John Williamson, profesor del Instituto de Economía Internacional), reapareció en la 44 Asamblea de gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), realizada en Milán a mediados de marzo pasado, para presentar un nuevo trabajo, Después del Consenso de Washington: reinicio del crecimiento económico y las reformas en América Latina, en el que recomiendan “una segunda generación de reformas”, no para corregir el rumbo de las anteriores, sino para profundizarlas (ver nota de Roberto González Amador, en La Jornada, 26 de marzo de 2003).

[10] La globalización que abarca las áreas productivas, comerciales y particularmente financieras, un hecho gradual desde décadas anteriores pero nunca tan trascendente como ahora, comienza a lograr un ritmo sin precedente, máxime en la medida en que varios gobiernos aceptan desregular los antes protegidos mercados nacionales y permitir el acceso de inversiones en todos los sectores de la economía.

[11] Habida cuenta del riesgo de la anarquía, la intención en esta nueva etapa es la de respetar las reglas del Estado de Derecho, cada vez más atendidas aunque no fáciles de aplicar; así, la búsqueda del respeto a un juego democrático se entremezcla con la violación a dichas normas.

[12] La crisis del sistema en EU deja ver la existencia de factores no coyunturales sino duraderos, que merman las posibilidades de recuperación en este y otros países, especialmente los del sur; pero a la vez profundos cambios que se avecinan en los mercados del mundo, con la más dinámica participación de naciones como China, Rusia, India o la Unión Europea. Pero a la vez, una Norteamérica deseosa de prolongar su Siglo Americano por todos los medios, que intenta mantener el control, el cual no es fácil retener en los mismos términos que en el pasado, por causa de una sociedad más abierta y menos ingenua, un planeta más ciudadano y conciente de sus necesidades.

[13] El inicio de esa guerra global contra el terror costaba entonces ya unos mil millones de dólares al mes; pero eran esos, tiempos de dulce venganza en los que hasta la oposición demócrata aplaudía y, aunque rotulaba a su presidente como amigo de corruptas corporaciones tipo Enron, al final aceptaba que en la economía el presidente iba “por buen camino...”

[14] ¿Por qué el presidente Bush señalaba específicamente a estos tres países como un “eje de la maldad”? Sencillamente, por las cuentas pendientes que quedaron en el Siglo Americano: en 1948 se proclama en el norte de la península la República Democrática Popular de Corea, pero una coalición liderada por EU impide en 1950 que se independice todo el país, provocando una guerra que termina en 1954 sin haber podido eliminar al régimen socialista de Corea del Norte; en 1978 se produce en Irán una revolución islámica que acaba con las estrechas relaciones del país con EU, en 1979 la embajada en Teherán es asaltada por militantes que toman rehenes y en enero de 1981 se cierra la embajada y la principal estación de la CIA en Asia; la guerra del Golfo que obliga en 1990 al gobierno iraquí a replegarse de Kuwait, resulta desastrosa para Irak, pero no evita que Saddam Hussein continúe en el poder, 600 mil kurdos se refugian en el norte de Irak y tropas de EU y Gran Bretaña protegen desde entonces a sus aliados, que fundan un asistido miniEstado en espera de la caída de Bagdad. Protegen además junto a los chiítas en el sur, el codiciado petróleo que en esa zona prolifera a flor de tierra.

[15] Harry Summers, un coronel retirado del ejército de los Estados Unidos, recordaba a propósito de la guerra contra Irak, que a lo largo de la historia su país ha tenido una larga lista de enemigos declarados, que por lo general son individuos. “Eso ayuda decía el ex-coronel a explicar las cosas al pueblo norteamericano. Siempre es más fácil librar una guerra si uno proclama (como villano) a un demonio para hacer sentir que uno no mata a seres humanos, sino que mata al demonio”.

[16] La CIA llevó a cabo campañas de millones de dólares dentro de Irak para desestabilizar y abatir a Saddam; según su lógica, las sanciones económicas y los bombardeos causantes del sufrimiento de su pueblo, voltearían a la opinión pública en su contra.

[17] Específicamente en mayo de 1991, Bush firmó una orden secreta para que la CIA “creara las condiciones para retirar” a Hussein. La CIA formó un “grupo de oposición” con los grupos armados kurdos y otras organizaciones: el Congreso Nacional Iraquí (CNI), que estableció su base de operaciones en la zona de exclusión que prohíbe los vuelos de aviones iraquíes. Pensando que tenía todo el respaldo de EU, el CNI preparó una ofensiva en 1995; Masud Barzani, dirigente del Partido Democrático Kurdo (PDK) participaría en la ofensiva. Barzani llevaba años colaborando con la CIA, que le aseguró que tendrían apoyo, pero el día de la ofensiva ésta cambió su decisión y la ofensiva fracasó. Al fracasar, perdieron la ciudad de Arbil ante la Unión Patriótica de Kurdistán (UPC), que recibió ayuda de Irán. Para recuperarla, Barzani acudió a Saddam Hussein. Nervioso por la presencia iraní, cuyo régimen había ya librado una guerra con Irak de 1980 a 1988, Hussein despachó tropas para recuperar Arbil. En la cruel toma de la ciudad murieron militantes y partidarios de la UPC. Bush recuerda la toma de Arbil como una de las atrocidades de Hussein. Lo cierto es que dicha toma resultó de la petición de un grupo vinculado con la CIA, al propio Saddam, a sabiendas de que éste había ya utilizado armas químicas para someter a las guerrillas turcas aliadas a Irán en el final de esa guerra. EU aprovecharon el ataque a Arbil para bombardear el sur de Irak; no fue un ataque de respaldo a los kurdos, sino para proteger “la seguridad y estabilidad regional y el despacho de petróleo al mundo”. Así, como en otras ocasiones, la política de la Casa Blanca fue también aquí una de doble moral, que llamaba a combatir “el mal” en beneficio de la democracia, mientras pugnaba por sus propios intereses.

[18] Sus reservas superan los 250 mil millones de barriles; la producción anual a principios de los noventa era de 3 mil millones, pero creció después de que Irak invadiera Kuwait en 1990. En la actualidad, Arabia Saudita es el primer productor y exportador mundial de crudo.

[19] La dinastía saudí, cuyo rey es considerado “custodio de las santas mezquitas” de La Meca y Medina, ha dominado el país por siglos. El poder del rey está sustentado en poderosas familias y en los dirigentes religiosos del país. Arabia Saudita no tiene división de poderes ni partidos políticos y sus leyes son emitidas por el monarca y sus ministros; en 1992 el rey Fahd ibn 'Abd al-'Aziz estableció la Shura, un consejo consultivo sin capacidad legislativa, formado por noventa miembros elegidos por el rey y sus asesores. Esta secta fundamentalista de los wahhabíes que Occidente bien podría denominar “antidemocrática”, ha sido uno de los principales aliados de los Estados Unidos en la zona desde mediados del siglo XX. Ver Ver Garavini di Turno, Sadio, “La Fragilidad ‘Desestabilizante’ del Régimen Saudita”, Venezuela Analítica, 26 de octubre de 2001.

[20] Habiéndoles vendido sistemas aerotransportados de detección y control (AWACS), desde el final de la guerra contra Irak EU mantuvieron en ese territorio su más importante base del Medio Oriente y Asia Central, con un total de medio millón de soldados, hecho bien consentido por el rey Fahd, pero crecientemente repudiado por su pueblo. Mientras abría el país a las fuerzas estadounidenses, Fahd también aumentó su propias fuerzas militares; luego de la derrota iraquí, en medio de exigencias para crear un gobierno elegido democráticamente, anunció planes para su consejo consultivo al tiempo que trabajaba para neutralizar a la oposición.

[21] En los meses posteriores al 11 de septiembre funcionarios estadounidenses acusaron inclusive al príncipe saudita Abdalá de “apoyo al terrorismo”, lo cual no fue propiamente un desliz diplomático pues, como se sabe, Osama Bin Laden como varios de los que formaron los comandos del 11 de septiembre, provenían del reino saudí. Ahora, a través de la invasión, Washington pretende debilitar a esa realeza para seguir contando por muchos años más con la codiciada fuente del oro negro. El problema es que en el entorno del debilitamiento político regional de Israel y las crecientes contradicciones internacionales también inevitablemente afectará al equilibrio geoestratégico de la zona.

[22] Y probablemente elaborado por Paul Wolfowitz, principal ideólogo en función de los halcones, aunque no principal responsable de los cambios políticos de EU (ver Bonasso, Miguel, “El poder detrás del trono”, Página/12, Buenos Aires, 25 de marzo de 2003).

[23] “Panorama General de la Estrategia Internacional de Estados Unidos de América”, Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos; septiembre de 2002. El documento indica con precisión el sustento ideológico para intentar resolver de una buena vez los saldos pendientes del imperio, al decir: La “gran lucha de las ideas destructivas del totalitarismo versus la libertad y la igualdad... ha terminado. Las ideas militantes de clase, nación, raza, que prometieron una utopía y resultaron en miseria han sido derrotadas y refutadas. Estados Unidos se ve ahora amenazado ahora no tanto por estados conquistadores como por estados fallidos. Nos amenazan menos las flotas y los ejércitos que las tecnologías catastróficas en manos de unos pocos amargados...” (ibidem).

[24] Aunque no el primero que se ha hecho en ese país, bajo la doble moral de EU; hace tiempo Saddam Hussein no era “un loco” o “un bruto” ni para el vicepresidente Dick Cheney quien hacía negocios armamentistas con él, y ni siquiera para George Bush padre, quien antes de declarar su Tormenta del Desierto también los tenía. Ver Nimmo Kurt, “Bush padre: Odiando a Sadam y vendiéndole armas”, Counterpunch, 19 de septiembre de 2002.

[25] Es conocida la declaración del presidente de Egipto Hosni Mubarak, hecha en El Cairo al fragor de la batalla por Bagdad en el sentido de que la “liberación” de Irak crearía ya no a uno sino “a cien Bin Laden” (ver prensa internacional, 1° de abril de 2003). Lo que desde luego, como un costo inmediato implicaría un incremento del terrorismo en contra de intereses norteamericanos, frente al virtual debilitamiento de la coalición mundial lograda luego de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001.

[26] Varios centenares de miles de personas se manifestaron a la vez en las cinco principales ciudades de Canadá, así como en países de Europa, Africa, Asia y América como Alemania, Austria, Bélgica, Egipto, España, Indonesia, Italia, Japón, el Reino Unido, Rusia, Argentina y México, entre otros. Las demostraciones en EU han sido coordinadas por la Coalición Actúen Ahora para Detener la Guerra y Finalizar el Racismo (ANSWER), Unidos por la Paz y otros 200 grupos políticos, religiosos, no gubernamentales, estudiantiles y sindicales. Organizaciones como No en Nuestro Nombre, que agrupa a más de 30 mil destacados estadounidenses intelectuales, políticos, artistas y científicos, han impugnado las posiciones de Washington mediante un manifiesto que, entre otras cosas afirma: “Nosotros creemos que las personas y las naciones tienen derecho a determinar su propio destino, libres de cualquier coerción militar de las grandes potencias... En nuestro nombre el Gobierno ha desencadenado una oleada de represión... Esta es nuestra respuesta: nos negamos a que hable en nombre de todos los estadounidenses. No entregaremos nuestras conciencias a cambio de una huera promesa de seguridad. Decimos NO en NUESTRO nombre...” (ver “No, En Nuestro Nombre, Llamamiento de intelectuales y artistas estadounidenses contra la guerra”, revista Unidad Regional, Imágenes de Nuestra América N° 13, AUNA México, enero-abril de 2003, p. 8).

[27] El 15 de febrero último el Foro Social Mundial demostró una nada soslayable capacidad de concertación y movilización, al lograr la participación de entre 10 y 30 millones de personas a nivel mundial en contra de la entonces eventual guerra.

[28] Diez años bastaron para hacer ver que no era tan sencillo, como para pensar que se había alcanzado ya el “fin de la historia” y se abría entonces un periodo inmejorable para subirnos a la locomotora de la globalización, aprovechar las oportunidades que según esto, nos llevaría a disfrutar de las mieles de un mercado desregulado.

[29] Un solo ejemplo, entre cientos: el reciente 3 de marzo, artistas alrededor del planeta levantaron su voz colectiva en contra de los preparativos para la guerra contra Irak, realizando un evento de Teatro Global para la paz con lecturas de la comedia griega de Aristófanes “Lysistrata” en muchas ciudades del mundo, según esto para hacerle saber a la administración Bush que estaban en contra de esa guerra. Ver también Jim Cason y David Brooks,Rechazan más de 5 mil poetas de EU la guerra contra Irak”, La Jornada, 13 de febrero de 2003.

[30] Y es a la vez, junto a la imposibilidad del sistema de reformarse a grado tal de poder resolver graves problemas de nuestro tiempo como el desempleo y la miseria, el verdadero fiel de la balanza que comienza a mostrarse desde hace algunos años con un mayor peso, que vez a vez determinará con mayor fuerza los alcances y las limitaciones de cada una de las decisiones que a nivel nacional o mundial tomen los gobiernos de este mundo o los intereses a los que sirvan.

[31] Como cuando el surgimiento de la guerra fría a partir de 1946, la Guerra de Corea a principios de los cincuenta, la crisis de Suez en 1956, el proceso de descolonización del Africa también desde esos años, la larga disputa en el Medio Oriente, el conflicto de Chipre en los sesenta, la guerra del 91 en el Pérsico y hasta el más reciente bombardeo a Yugoslavia.

[32] Muchas veces en el pasado, sobre todo a partir de los años cincuenta cuando los más noveles miembros descolonizados se incorporan, fue vista la ONU como una verdadera oportunidad de mantener en el mundo un equilibrio real de fuerzas y una posibilidad para mantener el respeto entre las naciones. Muchas veces también y sobre todo a partir de los ochenta, esta pretensión fue frustrada cuando se le comenzó a orillar por medio incluso del chantaje financiero aplicado en primer lugar por el gobierno estadounidense, a responder a los dictados del interés unilateral y siempre bélico de Estados Unidos; varios Secretarios Generales de dicho organismo fueron incluso calificados de títeres de la Casa Blanca y la ONU fue perdiendo credibilidad como un órgano multilateral de concertación.

[33] Más allá de la supuesta “guerra de las civilizaciones”, es sobre todo esta creciente conciencia histórica en el mundo la principal razón de las preocupaciones de un país que ha tomado en sus manos la defensa a sangre y fuego del mercado, y es esta contradicción la que en los años por venir operará como centro de las nuevas acciones y reacciones bélicas en el mundo.

[34] El conflicto árabe-israelí se mantiene con la desgarradora cuota de sangre vertida, se han adicionado nuevos atentados a la vida en los ataques terroristas de Al Qaeda, ETA y otros grupos fundamentalistas, se mantienen conflictos como la guerra interna en Colombia, entre fuerzas golpistas y constitucionales en Venezuela, continúan las divergencias políticas en Haití, mientras siguen sin resolverse viejos capítulos como el de los pueblos indios con el gobierno mexicano, el del pueblo serbio con el gobierno ruso, el de los cachemires con los gobiernos hindú y paquistaní, el desprecio a los inmigrantes en Europa y los Estados Unidos, además de la insistencia de los halcones a modificar el mundo a su antojo.

[35] Por razones de esa falta de consenso nacional es que, justificada en el chovinismo, para lograr sus propósitos esos halcones tuvieron que llevar a cabo una guerra de silenciamiento de la crítica en EU. Dicha ofensiva llamaba a un incondicional patriotismo que confiara en la política del presidente Bush. “Nosotros nos ocuparemos del eje del mal”, decía la propaganda al ciudadano medio; “tú ocúpate de la disidencia en casa”, tú “vigila a tus vecinos...”, tú “recuerda que el patriotismo requiere de una Obediencia Ciega...” Bajo la máxima de que una nueva guerra contra Irak “seguramente levantará al país de la recesión...”, la campaña indicaba con énfasis: “Patriotismo quiere decir no preguntar...” Específicamente a la intelectualidad que despertaba y elevaba el clamor del !No en Nuestro Nombre! a la guerra, la campaña le decía: “Tu Pluma... Un arma del enemigo?”, y respondía: “No, si la crítica que haces a George Bush, la diriges a TI MISMO!” A la vez, acotaba palabras que acompañan la imagen de un soldado en plena acción: “Invierte en la invasión. Reelige a George W. Bush…” Ver Livergood, Norman D., “Brainwashing America”, Hermes Press, Noviembre de 2002.

[36] Por encima de los problemas acotados, otros nuevos hechos también se han revelado que dejan ver un dinámico proceso cambiante hacia un nuevo escenario mundial que comienza a prefigurarse. Un mayor equilibrio de algunos mercados frente a un sensible declive de los Estados Unidos, avances parlamentarios de fuerzas no pronorteamericanas en distintos lugares del mundo, significativos cambios electorales en América del Sur, la imposibilidad de acabar por medio de las armas a fuerzas opositoras en Palestina, Colombia, España, Irlanda, son sólo algunos ejemplos de ello.

[37] Nuevas y viejas alianzas buscan apuntalarse en distintas regiones por los Estados Unidos, desde Asía hasta Europa, a fin de concentrar más un predominio en aras de vigorizar un poder mundial único, pero ahora bajo las necesidades de un imperfecto mercado que no alcanza a responder a las expectativas no sólo de la gente, sino hasta de los grandes negocios. Negocios que preocupados también por el declinante consumo, se entreveran más con las decisiones de los Estados, en una época donde los fundamentalismos avivan inéditos desafíos.

[38] Al final del siglo XX, unos mil millones —un tercio de la población activa del mundo— estaban desempleados o subempleados; de esa cifra unos 150 millones se encontraban desempleados, buscaban trabajo o estaban en disposición de trabajar, mientras entre 750 y 900 millones de personas estaban subempleados. Tan sólo por efecto de la crisis asiática de 1998 el total de desempleados se había incrementado en 10 millones de trabajadores. Oficina Internacional del Trabajo - OIT, “De mal en peor”, artículo basado en el Informe sobre el Empleo en el Mundo 1998-1999. Empleabilidad y mundialización: papel fundamental de la formación; en Trabajo Nº 27, Revista de la Organización Internacional del Trabajo, Ginebra, diciembre de 1998. A pesar del relativo crecimiento económico que hacía concebir la esperanza de un aumento generalizado del empleo, sólo Estados Unidos y en menor medida la Unión Europea lograban en ese periodo cierta reducción del desempleo, mientras que en el resto del mundo el flagelo persistía, con la afección mayor a jóvenes, trabajadores de edad, con menos calificación, discapacitados, minorías étnicas y especialmente mujeres en todas las categorías. Ahora, ya entrado el nuevo siglo y ante las dificultades que vive también EU, el problema se agrava para todos.

Oficina Internacional del Trabajo - OIT (1998), “De mal en peor”, artículo basado en el Informe sobre el Empleo en el Mundo 1998-1999. Empleabilidad y mundialización: papel fundamental de la formación; en Trabajo Nº 27, Revista de la Organización Internacional del Trabajo, Ginebra, diciembre de 1998.

[40] Dice Noam Chomsky en una entrevista el 23 de diciembre de 1996: “Las perspectivas de libertad y justicia no tienen límites. Me acuerdo de un bonito eslogan del movimiento de los trabajadores rurales de Brasil...: dicen que deben expandir el piso de la jaula hasta el día en que puedan romper los barrotes. A veces, incluso se requiere defender la jaula contra depredadores externos en ocasiones peores: por ejemplo, defender hoy en día el poder estatal ilegítimo contra una tiranía depredadora de los Estados Unidos; algo que debería ser obvio para cualquier persona comprometida...” (Lane, Tom, “Noam Chomsky on Anarchism”, Znet, 23 de diciembre de 1996). En otra entrevista reciente, Chomsky opina de la invasión a Irak: “Yo creo que los superhalcones están en lo cierto. Habrá un ataque devastador y la sociedad se derrumbará. Lo que pase después en Irak no lo sabe nadie. Ni lo que puede suceder en otros sitios, incluido aquí en EU...” (“Acción, no especulación”, entrevista de Cynthia Peters a Noam Chomsky, 9 de marzo de 2003; en Cuestiones de América N° 14, http://www.cuestiones.ws/). Nuestros gobernantes —dice David Edwards— han reaccionado como si inclinarse ante una abrumadora opinión pública fuera sólo una opción más. Pero todos han visto que todo el mundo se opone a una guerra cínica, motivada por la codicia. Todo el mundo se alzará por lo tanto en armas -figurativamente en el interior, pero literalmente en el exterior- si se considera que el cinismo y la codicia triunfan tan implacablemente sobre la razón y la opinión del pueblo. Cualesquiera beneficios que la conspiración de Bush se imagina que puede lograr mediante la guerra serán más que compensados por la inevitable reacción violenta que se producirá si la desatan. Ya ha habido mucha violencia y trastornos en un mundo en el que el asesinato por beneficios ha sido en cierto grado ocultado por una capa de bondad -¿cuánto costará la paz en un mundo en el que el asesinato por beneficios es evidente, descarado, miserablemente desvergonzado...?” (“Desobediencia civil”, en ibidem).

[41] El gobierno estadounidense piensa que la precaria situación que se vive podría restablecerse sobre nuevas y más eficaces bases de apoyo a distintos países. Al respecto, en marzo de 2002 el presidente Bush presentaba una iniciativa para el desarrollo mediante lo que denomina la Cuenta del Reto del Milenio (CRM). Esta cuenta CRM incrementaría la asistencia básica de Estados Unidos al desarrollo en 50% durante los tres años siguientes. El financiamiento total de la CRM resultaría en el aumento anual de 5 mil millones de dólares en la asistencia para el Año Fiscal 2006 en relación al nivel actual. Las concesiones bajo la CRM se utilizarían para ayudar a los países pobres a estimular el crecimiento económico y atraer la inversión necesaria para financiar su propio futuro. El problema de fondo sin embargo, es que dicha ayuda se condicionaría a ser otorgada sólo “a aquellos países que gobiernen con justicia, inviertan en su pueblo y abran sus economías a las empresas y la iniciativa empresarial...” Esto es, solamente a  aquellos gobiernos quienes impulsaran el libre mercado, entelequia que viene demostrando con creces ser una de las principales limitaciones para la solución de los grandes problemas del sistema en los actuales tiempos.

[42] Ver reporte de Mariela Martínez y Mariana Lettis acerca de la conferencia sobre Medios y Globalización de Ignacio Ramonet al Foro Social Mundial; “La Asamblea de la Humanidad”, III Ciranda Internacional da Informação Independente, FSM, 26 de enero de 2003. Ver también Tamayo, Eduardo, “Vigilar a los vigilantes”, en ALAI, 27 de enero de 2003 y Vázquez Montalbán, Manuel, “Napalm y quinto poder”, en La Jornada, 2 de marzo de 2003.







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