Algunas
claves para intentar entender
Ángeles
Maestro *
No es fácil tratar de
encontrar, en medio de la angustia, instrumentos de análisis que permitan
explicar la catástrofe humana, material y moral que se está desarrollando cada
día en Iraq. Hasta el lenguaje parece una abstracción frívola ante las
dimensiones de la tragedia. Se sienten, con Blas de Otero, heridas de muerte,
las palabras.
Y, sin embargo ahora que
las expectativas de futuro se parecen a la peor pesadilla para el pueblo iraquí
y también para los demás pueblo del mundo, es más necesario que nunca plantear
algunas claves para saber qué es lo que se hunde y por dónde apunta lo que
nace. Cuatro de ellas podrían ser las siguientes:
* El derrumbamiento del
orden mundial construido después de la II Guerra Mundial no afecta sólo a las
relaciones internacionales. Tiene carácter general, se manifiesta en todos los
planos de la actividad social, desde las relaciones laborales a las libertades
públicas, y condensa su sentido en la guerra global y permanente.
Si en la historia cualquier
avance en el proceso de humanización ha sido el fruto doloroso de la lucha de
los pueblos, el vertiginoso retroceso hacia la barbarie al que asistimos es el
resultado de la amortización de los pasos de gigante que supusieron la
Revolución de 1917, la derrota del fascismo en 1945 y la ruptura del yugo
colonial en gran parte del planeta.
* La gran derrota que ha
hecho posible la liquidación de conquistas sociales y el estallido de todo el
sistema regulador de las relaciones entre estados basado en el derecho
internacional, se ha producido en buena parte del mundo - y desde luego en
Europa - en condiciones de “paz social”.
La enorme debilidad de la
respuesta, comparada con la envergadura de las agresiones, sólo se explica por
la asunción de principios y valores de la clase dominante por las clases
subalternas y la aceptación de “la única política posible”. Para este proceso
la clave de bóveda ha sido la cooptación de los núcleos dirigentes de la
inmensa mayoría de la izquierda política y sindical.
* En estas circunstancias,
que acreditan la profunda deslegitimación del sistema político ante la
evidencia de su vaciamiento de contenido democrático, asistimos en los últimos
años al fortalecimiento, extensión y coordinación de los movimientos de lucha y
resistencia popular a escala mundial. El movimiento de movimientos surge y se
organiza al margen de las estructuras tradicionales, provoca nuevas formas de
unidad que resquebrajan el consenso y replantea con fuerza el conflicto social.
El movimiento se enfrenta
al mismo tiempo al neoliberalismo y a la guerra desde el cuestionamiento
radical del sistema, otro capitalismo es imposible. Con respecto a agresiones
militares anteriores como Iraq (1991) e incluso Yugoslavia o Afganistán, en que
el rechazo a la guerra fue minoritario y desde posiciones básicamente éticas,
la respuesta internacional a la invasión de Iraq ha adquirido dimensiones
diferentes, cuantitativa y cualitativamente. Precisamente su masividad sin
precedentes descansa sobre el reconocimiento del vínculo inseparable entre los
grandes procesos económicos mundiales y la situación de guerra permanente,
desenmascarando el discurso de las “intervenciones humanitarias” para
“implantar la democracia y la libertad”. El no a la guerra se enuncia, sin
“peros” y sin condiciones.
* La forma en la que el
Trío de las Azores ha conducido los preparativos de la guerra contra Iraq no ha
hecho más que confirmar la ilegalidad de un ataque militar que la opinión
pública mayoritaria siempre consideró injusto e inmoral. Las instituciones de
la ONU, ya gravemente hipotecadas por la reforma de la OTAN y las
intervenciones contra Yugoslavia y Afganistán, están liquidadas.
El mundo sabía que la
invasión estaba decidida porque respondía a objetivos de control energético y
reordenamiento geoestratégico de toda la zona. Pero algo nuevo está apareciendo
ante nuestros ojos. Algo que los pueblos árabes sabían y que explica el doble
rasero en la exigencia del cumplimiento de las resoluciones del Consejo de
Seguridad, los bombardeos cotidianos durante estos doce años, las zonas de
exclusión aérea y la escisión del kurdistán iraquí, la farsa de las
inspecciones, y tantas otras vulneraciones flagrantes de la legalidad internacional
que fuerzas políticas, estados e instituciones - incluidas los que hoy claman
contra la guerra - han contemplado en silencio. Guerra y embargo a Iraq fueron,
desde 1990 hasta hoy, instrumentos complementarios para lograr quebrar la
voluntad de resistencia del pueblo iraquí en defensa, no de un régimen, sino de
su dignidad y soberanía nacional. Más aún, con la destrucción de Iraq se
liquidaría, junto con Palestina, el principal símbolo de la identidad e
independencia de los pueblos árabes, sojuzgada, mediante una represión feroz,
por regímenes lacayos de EE.UU. e Israel.
La heroica lucha de un
pueblo exhausto y desarmado por doce años de embargo, bombardeos e inspecciones
que planta cara al imperialismo encarnado en la potencia mundial que supera a todo
el resto del mundo junto en arsenales de destrucción, ha cambiado el escenario
de la guerra. Los enfrentamientos van a durar mientras exista la menor
posibilidad de resistir. El pueblo palestino ha mostrado el camino y miles de
ciudadanos árabes atraviesan el desierto para unirse al pueblo iraquí. El
intento de utilizar a Sadam Husein como espantajo para evitar la solidaridad
árabe no ha funcionado; la gente sabe que no es la supervivencia del gobierno -
con el que están o no de acuerdo - lo que está en juego, sino la inserción de
Iraq y de todo Oriente Próximo, aunque sea reducido a ruinas, en el orden
imperial anglosajón encarnado en la zona por el estado de Israel.
Históricamente, la
legitimidad de las causas no las acreditan sentencias judiciales, sino los
pueblos que resisten. Ésa es la mecha del polvorín con el que no contaban los
tres de las Azores. El pueblo iraquí aguanta con los dientes apretados la
masacre cotidiana sin que mengüe su determinación de luchar mientras quede
aliento. Muchas cosas se están desvelando en poco tiempo. ¿Cuánto tardaremos
aún en añadir a los lemas contra la guerra y la globalización, la solidaridad
con la resistencia del pueblo de Iraq, en el convencimiento de que junto a él
se juega nuestro futuro?
* Rebelión,
Madrid 2 de abril de 2003
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