En el bando de los vencedores
Mickey Z *
El mes
pasado, dentro del contexto de los crímenes de guerra que Estados Unidos y el
Reino Unido preparan contra Irak, escribí un artículo acerca del 58 aniversario
del bombardeo anglo-estadounidense de Dresden el 13 y 14 de febrero de 1945.
Este mes [marzo] marca también el aniversario de otra fecha macabra, para
recordarnos hasta dónde está dispuesto a llegar Estados Unidos desde que, hace
58 años, el general Curtis LeMay, al mando del vigésimo primer Comando de
Bombardeo estadounidense, llevó su infierno particular a la guerra del
Pacífico.
En línea con
la idea propuesta por el general George C. Marshall, en 1941, de quemar las
zonas más pobres de las ciudades japonesas, la noche del 9 al 10 de marzo de
1945 los bombarderos del general LeMay atacaron Tokio. Lanzaron 1.665 toneladas
de bombas incendiarias sobre barrios de edificios de madera densamente
habitados. LeMay mencionó después que habían mezclado algunos explosivos con
las bombas incendiarias para desmoralizar a los bomberos (96 camiones de
bomberos quedaron destruidos por el fuego y 88 bomberos resultaron muertos).
Un médico
japonés recordaba más tarde los "innumerables cuerpos" que
aparecieron flotando en el río Sumida. Los cadáveres estaban "negros como
carbón" y no era posible distinguir a qué sexo pertenecían. Se calcula que
el número total de muertos aquella noche fue alrededor de 85.000. 40.000
personas resultaron heridas y un millón se quedaron sin hogar. Este no fue más
que el primero de los ataques de una campaña de bombardeos incendiarios en los
que se arrojaron 97 toneladas de bombas por kilómetro cuadrado y se destruyó el
40% de la superficie de las 66 ciudades incluidas en la "lista de la muerte"
(entre ellas Hiroshima y Nagasaki). El 87% del área bombardeada era
residencial.
Se cree que
el número de personas muertas en los incendios en el transcurso de 6 horas fue
el más alto jamás registrado hasta la fecha. En la "zona cero" la
temperatura alcanzaba 980 grados centígrados. Las llamas del infierno
resultante eran visibles desde una distancia de 320 kilómetros. La intensidad
del calor hacía hervir y desbordar el agua de los canales, derretía el metal y
provocaba la combustión espontánea de cuerpos humanos.
Para el mes
de mayo de 1945, el 75 por ciento de las bombas arrojadas sobre Japón eran
bombas incendiarias. La campaña del general LeMay, animada por organizaciones
como la revista Time (según la cual "con la debida técnica incendiara, las
ciudades japonesas arderán como hojarasca"), mató aproximadamente a
672.000 personas.
Por el otro
lado, Radio Tokio describía las tácticas de LeMay como " bombardeos de
masacre" y la prensa japonesa declaraba que con los ataques incendiarios
"los Estados Unidos han revelado la brutalidad de su carácter... Fue un
intento de matanza colectiva de mujeres y niños... Un acto tanto más
despreciable dadas las pretensiones estadounidenses, repetidas constantemente a
bombo y platillo, acerca de su propia humanidad e idealismo... Nadie espera que
una guerra no sea brutal, pero los estadounidenses parecen particularmente
dedicados a convertirla, de manera sistemática e innecesaria, en un horror
generalizado para víctimas inocentes".
Lejos de
negar tal extremo, un portavoz de la Quinta Fuerza Aérea estadounidense
catalogó a "toda la población japonesa [como] objetivo militar
legítimo". El coronel Harry F. Cunningham explicó la política
estadounidense en términos que no dejaban lugar a dudas: "Nosotros, los
militares, no nos andamos con miramientos ni vamos por ahí haciendo excursiones
dominicales de catequesis. Estamos haciendo la Guerra y la estamos haciendo con
toda la fuerza de que disponemos, para salvar vidas estadounidenses, acortar la
agonía que representa la Guerra y tratar de conseguir una Paz duradera. Tenemos
la intención de buscar y destruir a nuestros enemigos dondequiera que se
encuentren, tanto ellos como ellas, lo antes posible y cuantos más mejor. Para
nosotros, EN JAPÓN NO HAY CIVILES."
En la mañana
del 6 de agosto de 1945, antes de que se divulgara la noticia sobre Hiroshima,
el titular de portada del diario "Atlanta Constitution" decía:
"580 BOMBARDEROS B-29 LLUEVEN FUEGO SOBRE OTRAS CUATRO CIUDADES DE LA
LISTA DE LA MUERTE. De forma un tanto irónica, el éxito de los bombardeos
incendiarios de LeMay había eliminado a Tokio de la lista de posibles objetivos
de la bomba atómica. Ya no quedaba nada que bombardear.
Más tarde,
entre 1961 y 1965, cuando LeMay fue jefe del estado mayor de la Fuerza Aérea
estadounidense, se hizo célebre al declarar su deseo de "bombardear
[Vietnam del Norte] hasta hacerlo regresar a la Edad de Piedra". LeMay fue
también el candidato a vicepresidente durante la campaña presidencial de George
Wallace en 1968.
En respuesta
a una pregunta acerca de su papel en los bombardeos de Tokio, LeMay comentó:
"Supongo que, si hubiéramos perdido la guerra, me habrían juzgado como
criminal de guerra. Afortunadamente estábamos en el bando de los
vencedores."
* ZNet,
5 de marzo de 2003 Traducido por Francisco González y revisado por J. Alkorta
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