México y EU después de Saddam
John Bailey *
Estados
Unidos ha empezado el invierno de su descontento. El conflicto en Irak no es
más que una batalla de la larga guerra contra el terrorismo. Una de las muchas bajas
provocadas por la guerra fue haber detenido el avance que se observaba y que
crecía en las relaciones México-Estados Unidos hasta antes de los atentados
terroristas del 11 de septiembre. Ahora la relación sufre tensiones y
conflictos. Esto debe recordarnos que no hay nada inevitable en la marcha hacia
la integración de Norteamérica.
Sin embargo,
incluso en medio de las tensiones, se dieron algunos pasos positivos. El
acuerdo llamado de “Fronteras Inteligentes” es una iniciativa útil para ayudar
a equilibrar las prioridades comerciales y de seguridad que a veces se
contraponen.
¿Qué
podemos esperar de la relación bilateral una vez que Saddam sea derrocado? Creo
que la administración Bush buscará activamente reconciliarse con sus numerosos
críticos, incluyendo a aquellos dentro del gobierno de Fox. Los temores de que
Bush busque revanchas o ajustes de cuentas no tienen fundamento. Pero incluso
mientras busca la reconciliación, la administración Bush tendrá poco tiempo
para dedicarlo a la relación, la cual no puede competir con otros desafíos
urgentes. Las prioridades serán diseñar un plan para atender el conflicto
israelí-palestino, la reconstrucción de Irak, los problemas de proliferación
nuclear y la guerra contra el terrorismo.
Sospecho que
la administración Fox dará la bienvenida a una reconciliación. Pero la realidad
a corto plazo es que la opinión pública mexicana se opone firmemente a la
política estadounidense en Irak. Me pregunto si las elecciones legislativas de
julio y la tentación de obtener un “premio por nacionalismo”, o el temor de
parecer “suave ante los gringos”, podrían llevar al gobierno de Fox a asumir
una posición pública reservada hacia Estados Unidos. Una relación fría será de
poca ayuda para atender los grandes asuntos que vendrán en el futuro.
Migración
y $ seguridad
En el
contexto bilateral posterior a Saddam los dos asuntos prioritarios son
migración y seguridad. México busca alguna clase de regularización de la
situación legal de los mexicanos indocumentados en Estados Unidos, así como un
mayor flujo de migración legal. Estados Unidos busca una cooperación amplia en
materia de seguridad. México ha logrado bastantes avances en seguridad sin
recibir prácticamente nada a cambio. Pienso que México seguirá obteniendo poco
o nada en cuestión migratoria en el futuro a corto plazo. Existen por lo menos
tres razones. Primero, el gobierno de Estados Unidos no tiene tiempo para
dedicarlo al muy complicado asunto de la migración. Segundo, la migración es
vista actualmente a través del cristal de la seguridad. Tercero, la creación
del Departamento de Seguridad Interior, donde se atenderán los asuntos
migratorios, implica integrar 22 agencias gubernamentales y 180 mil empleados
federales. Esto consume energía política y recursos que son limitados, además
de crear incertidumbre acerca de las políticas.
Una vez que
el Departamento de Seguridad Interior esté “en pie” como dicen ellos, y
comience a operar, lo más probable es que se abra una fase más difícil de la
relación bilateral. Como la migración es vista desde la perspectiva de la
seguridad, la prioridad no es la regularización, sino la detección y el
registro de unos siete millones de residentes indocumentados, de los cuales 60%
procede de México.
Ciertamente
no espero que la detección y el registro se lleve a cabo a través de la policía
o con métodos abiertamente coercitivos. En vez de ello, como resultado del Acta
Patriot lo más probable es que veremos la integración progresiva de una red de
bases de datos que incluya información sobre educación, bancos, transacciones
con tarjetas de crédito, tratamientos médicos, seguridad social, seguros,
permisos de manejar y similares. Cada vez será más difícil permanecer
completamente invisible en este contexto.
Lo
interesante aquí, y que es algo de lo que nadie parece estar hablando, es si la
detección y el registro se combinarán con alguna forma de regularización. Ese
es un problema muy difícil. La expulsión de los indocumentados provocaría un
caos inimaginable en la sociedad y la economía estadounidenses, así como en las
de muchos otros países.
Pero la
percepción que tienen muchos políticos de la amnistía a los inmigrantes
decretada en 1986 es que ésta en realidad alentó oleadas de inmigración ilegal.
Hasta ahora, los políticos estadounidenses han evadido el asunto con “parches”
de política específicos como una cláusula temporal para ilegales salvadoreños,
así como con una deliberada inacción. Virtualmente nadie en Washington quiere
hablar acerca de este enorme e inevitable asunto.
Opciones
de seguridad regional
México será
sede de la Conferencia sobre Seguridad Hemisférica de la OEA del 6 al 8 de
mayo. La idea básica es que el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca
(TIAR), el llamado Tratado de Río de 1947, es una reliquia de la Guerra Fría que
necesita modernizarse.
Durante los
últimos años, varios grupos de trabajo de la OEA han estado analizando
propuestas de nuevas instituciones y conceptos de seguridad. La fecha de la
conferencia se estableció antes del conflicto en Irak, pero lo más probable es
que coincida con la fase inmediata posterior a la caída de Saddam. Es posible
que el manejo de percepciones y realidades sea un poco delicado.
No he
examinado la agenda, pero uno esperaría que una conferencia sobre seguridad en
el continente aborde asuntos fundamentales como, por ejemplo, las definiciones
de seguridad nacional y pública. La definición estadounidense es muy estrecha.
La seguridad se centra en el combate al terrorismo y a las amenazas violentas
contra las personas o que socaven claramente instituciones clave del Estado.
La visión de
la mayoría de los miembros de la OEA, incluyendo México, tiende a ser más
amplia. Cierto, la seguridad involucra una política antiterrorista y contra
acciones violentas, pero también los problemas de pobreza, desigualdad y
subdesarrollo. Históricamente, Estados Unidos se ha mostrado renuente a
vincular aspectos económicos y sociales con la seguridad.
Tan
importante como el contenido será el tono de la conferencia. ¿Se convertirá en un foro en el que las
políticas antiterroristas de Estados Unidos y sus acciones en Irak serán
criticadas? Difícilmente las profundas convicciones de muchos países de las
Américas dejarán de ser expresadas de alguna manera.
¿Quién
representará a Estados Unidos? ¿Será
un funcionario de primer nivel como el secretario de Estado, Colin Powell, o el
de Defensa, Donald Rumsfeld? En ese caso, ¿qué tipo de protestas públicas tendrán lugar
contra su visita? ¿O
enviará a un subsecretario de segundo nivel? Si es así, ¿será considerado como un desaire? ¿La actitud de Estados Unidos será de
reconciliación constructiva, con ideas creativas y sustanciales, o de una
cordialidad ceremonial?
Forzosamente,
el papel de México en la conferencia será delicado y complicado. La
administración Fox tomó la iniciativa de retirarse del TIAR, así que uno
esperaría que su administración presente ideas interesantes sobre nuevas
políticas e instituciones. Podemos suponer que las ideas reflejarán una amplia
estrategia diplomática.
Aunque
probablemente existen muchas opciones, puedo ver por lo menos dos estrategias
básicas: regionalismo abierto o equilibrio estratégico. El regionalismo abierto
pertenece a la línea de pensamiento del “NAFTA-plus”. Significa que México
orienta su política hacia una cooperación más estrecha con Canadá y Estados
Unidos y luego usa su posición en Norteamérica para redefinir su postura hacia
el resto de la región.
El equilibrio
estratégico se aproxima más a la “vía francesa”, que trata de construir
alianzas para limitar el poder hegemónico de Estados Unidos. México, incluso
más que la misma Francia, ha tratado desde hace mucho tiempo de crear
contrapesos a su gran dependencia de Estados Unidos, así que el surgimiento de
nuevas instituciones regionales podría brindarle la oportunidad de aliarse con
potencias regionales como Brasil para reducir la influencia estadounidense en
la región.
Entonces,
puede esperarse que en estos días se estén llevando a cabo importantes
conversaciones en la Secretaría de Relaciones Exteriores y en Los Pinos, así
como con los líderes más importantes del Congreso. A diferencia de las
instituciones políticas y de seguridad creadas en los albores de la Guerra
Fría, a finales de los años 40, esta vez las naciones latinoamericanas parecen
estar asumiendo el liderazgo, aunque sólo sea por una coincidencia fortuita de
acontecimientos. En mi opinión, estamos entrando a una nueva guerra fría del
antiterrorismo, y el liderazgo de México en la conferencia hemisférica adquiere
por lo tanto una importancia adicional.
* El
Universal, 10 de abril de 2003. John Bailey es profesor de Ciencias
Políticas y Relaciones Exteriores en la Universidad Georgetown y fue coeditor,
junto con Jorge Chabat, del libro “Crimen transnacional y seguridad pública;
retos para México y Estados Unidos”, que acaba de ser publicado por la
editorial Plaza y Janes.
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