Indicios de otra guerra
Ana María Salazar *
DESPUÉS de
tres semanas de haberse iniciado la guerra, George W. Bush está a punto de
anunciar la victoria militar en Irak. Al presidente estadounidense le urge declarar
un cese al fuego por dos razones: estamos en la antesala de la Semana Mayor, y
la ya cuestionada imagen de Estados Unidos se vería aún más vapuleada en el
mundo cristiano si el ejército estadounidense se dedicara a atacar civiles
inocentes durante la Semana Santa. Por otra parte, la caída tan estrepitosa de
la economía estadounidense requiere de atención urgente. Los mercados están
esperando con ansiedad que se confirme el fin de la guerra, lo cual se
entendería como una normalización del contexto internacional que permitirá que
los inversionistas empiecen a recuperar la confianza en los mercados. Por estas
razones, el anuncio del triunfo de Estados Unidos podría conocerse estos días.
Así, la Semana Santa se iniciaría con una prospectiva de paz, además de que los
mercados repuntarían a partir del lunes.
¿Cómo
puede Bush declarar la victoria cuando continúa el ejército de la coalición
enfrentando el fuego de una resistencia iraquí que no les permite movilizarse
sin correr peligro, además de que todavía no se sabe el paradero de su objetivo
principal: Saddam Hussein? Pero a George Bush le interesa cantar victoria
pronto, porque se le hace tarde para las elecciones del 2004.
Desde la
campaña de Afganistán, Estados Unidos redefinió el concepto de victoria como
una acción militar rápida y exitosa para en el corto plazo establecer un
gobierno interino, aun cuando no se tenga asegurado completamente el
territorio. Después de tantos meses de que “culminó” la guerra en Afganistán,
aún continúan los enfrentamientos esporádicos, y continuarán en tanto existan
afganos que no acepten la intervención extranjera; el gobierno afgano apenas se
sostiene y la situación humanitaria es bastante crítica. Y lo que es más
evidente: Estados Unidos no pudo encontrar a Osama bin Laden, por quien
invadieron ese país. Pero lentamente Estados Unidos continúa con sus
intenciones de cimentar un gobierno democrático al modo del mundo “civilizado”.
Y esas son sus intenciones en Irak. Con esto el prestigio de Bush en Estados
Unidos subirá hasta las nubes y casi casi tiene asegurada su reelección,
siempre y cuando la economía estadounidense se recupere.
Pero existe
la interrogante sobre si Estados Unidos está dispuesto a mantener la presencia
en Afganistán e Irak que se requiere para asegurar la transición y no tirar la
toalla prematuramente.
Los eventos
de ayer se pueden interpretar como una batalla ganada, pero no la culminación
de la guerra. Irak fue una más de las muchas batallas que tendrán que enfrentar
los estadounidenses durante los siguientes años. La nueva doctrina de seguridad
estadounidense contempla tomar acciones preventivas (léase acciones militares)
contra los países o grupos de personas que representen una amenaza. Esto
significa que, en los siguientes años, vamos a ver este tipo de guerras
estratégicas rápidas en las que Estados Unidos primero pega y después hace
preguntas.
En los
últimos años hemos visto surgir una definición de soberanía nueva y
controvertida, que establece las razones por las que Estados Unidos o hasta un
ejército multinacional avalado por Naciones Unidas, podría intervenir
militarmente en un país determinado. Un gobierno soberano podrá ser derrocado y
removido mediante el uso de la fuerza: 1) Si permite que grupos de terroristas
se refugien en su país, o por no ejercer el control en su territorio y dejar
que los grupos terroristas se desempeñen sin obstáculos. 2) Si desarrolla la
capacidad de producir armas de destrucción masiva, y no le rinde cuentas a
nadie sobre estas armas, ni se somete a convenios internacionales o si amenaza
la seguridad nacional de una potencia y sus aliados. 3) Si permite a los grupos
terroristas el acceso a las armas de destrucción masiva o a la tecnología para
producirlas, y no se somete a las precisiones internacionales. 4) Si mata o
asesina en masa a sus ciudadanos.
En el pasado,
Naciones Unidas y la comunidad internacional ha intervenido en un Estado (por
ejemplo, el ataque a Afganistán en 2001 o a Irak en 1991) o ha avalado el uso
de la fuerza para remover un gobierno despótico o tiránico, por asesinar a su
pueblo (por ejemplo Ruanda). Pero a diferencia del pasado, en la decisión de
invadir o de remover gobiernos Estados Unidos lo hará “preventivamente”, sin
mucho debate o consideración y con apoyo de algunos países aliados y no de las
Naciones Unidas. Es importante subrayar esto porque ya se ven indicios de la
siguiente parte de la agenda bélica de Estados Unidos: Corea del Norte. El día
de ayer empezaron las discusiones en el Consejo de Seguridad sobre la capacidad
nuclear de los norcoreanos y ya dos miembros permanentes del Consejo Rusia y
China subrayaron sus diferencias con Estados Unidos. No nos debería sorprender
una acción militar en contra los norcoreanos en los siguientes meses, sobre
todo en septiembre u octubre. Después de eso los norcoreanos podrán respirar
aliviados, ya que ningún presidente que se quiera reelegir se lanzaría a la
guerra durante un año electoral. ¡Viva la democracia!
* El
Universal, 11 de abril de 2003. Correo de la
autora: salazaropina@aol.com
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