Cuestiones de América

 

Tercer Foro Social Mundial
Estampas del encuentro

Cecilia González *

 

Una Mafalda brasileña; el lingüista Noam Chomsky; el presidente de Brasil Luiz Inacio Lula da Silva; el actor norteamericano Danny Glover; la bióloga Aleida Guevara, hija del Che; el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel; y los teólogos de la liberación Leonardo Boff y Frei Betto estuvieron entre los más de 100 mil visitantes (incluidos 4 mil 96 periodistas) de todos los continentes que participaron en el Tercer Foro Social Mundial, que se celebró en Porto Alegre, Brasil, del 23 al 28 de enero. Si bien la amenaza de guerra marcó el encuentro de este año y no hubo personaje, conferencia, panel o mesa que no se pronunciara por la paz, se trató todo tipo de temas: desde la lucha contra el sida, pasando por el Area de Libre Comercio de las Américas, hasta la deuda ecológica del Norte con el Sur

 

PORTO ALEGRE, BRASIL.– En su calidad de jefe de los Trabajadores de Bagdad, una de las más poderosas organizaciones sindicales de Irak, Nama Kit Ibrahim sabe que la oposición a la guerra que Estados Unidos prepara en contra de su país es uno de los ejes del Tercer Foro Social Mundial y viene para buscar aliados en la sociedad civil de todo el mundo.

“En Occidente nunca se escucha nuestra voz, la de los que vivimos en los países que Estados Unidos dice que son enemigos”, dice en un balbuceante español mientras espera el arribo del presidente Luiz Inacio Lula da Silva al Anfiteatro Por-do-Sol de esta sureña ciudad brasileña. “Venimos a conversar con todo el mundo para oponernos a la guerra, a las cosas malas que Estados Unidos quiere hacer; es una advertencia porque hoy quiere atacar a Irak, pero después va a querer atacar a Brasil, a España, a Jordania... a quien se deje”.

Nama es parte de la delegación de ocho iraquíes que acudió al foro y cuya presencia fue ovacionada apenas se mencionó. La amenaza de guerra marca el encuentro de este año y no hay personaje, conferencia, panel o mesa que no se pronuncie por la paz. Sin soltar su bandera nacional que ondea con el viento portoalegrense, el dirigente sindical también habla sobre la necesidad de evitar la guerra, aunque deja en claro que los iraquíes no tienen miedo.

“Defenderemos al país como hombres”, advierte con una sonrisa, “claro que no queremos un conflicto, pero si Estados Unidos ataca, como quiere, no va a escuchar a nadie y vamos a tener que defendernos, no confiamos en que ese país escuche las protestas en su contra y pare las armas”.

Quienes sí muestran mayor optimismo en detener la guerra son las organizaciones sociales estadunidenses. “Parar este afán bélico de (George W.) Bush ya es parte de una lucha internacional; en Estados Unidos es un movimiento revolucionario porque ya no queremos crear más enemigos alrededor del mundo, es una presión contra el gobierno que no se veía desde la guerra de Vietnam”, dice Kevin Danaher, representante de la organización Global Exchange, de San Francisco. Encabeza la conferencia Voces de Estados Unidos contra la guerra y el imperialismo, que se realiza en un abarrotado teatro de la Universidad de Porto Alegre, con un público ávido de conocer a los pacifistas estadunidenses. “El problema es que Bush quiere su propia guerra también por motivos personales, porque si su padre hizo la suya (la guerra del Golfo), ¿él por qué no? No podemos permitir eso”, explica Danaher.

La izquierda continental

La guerra es el tema del foro, otros son los personajes.

Acompañado por la mayoría de su gabinete, Lula da Silva juega por primera vez el papel de presidente de Brasil en Porto Alegre, después de haber sido uno de sus principales promotores desde el campo de la lucha civil los dos años pasados. Y explica por qué va a Davos, al Foro Económico Mundial (el Foro Social Mundial comenzó hace tres años como una alternativa a las reuniones en Davos):

“Sé de la esperanza que los socialistas del mundo entero tienen en nuestro gobierno... voy a Davos a decir que no es posible continuar con un orden económico en donde pocos pueden comer cinco veces al día y muchos pasan cinco días sin comer”, dice, y cumple, pues eso mismo es lo que dirá un par de días después en Suiza. Aquí improvisa durante 40 minutos. Camina de un lado a otro del Por-do-sol mientras 80 mil personas de 150 nacionalidades reunidas en Porto Alegre corean bajo los inclementes rayos del sol su incondicionalidad al líder obrero que personifica el lema del foro, pues con su histórico triunfo electoral ha comprobado que otro mundo es posible.

Pero si Lula es la esperanza de la izquierda, Hugo Chávez encarna la resistencia.

Por eso, el presidente venezolano también se hace presente en Porto Alegre el mismo día que Lula está en Davos. Desde diciembre el venezolano enfrenta la crisis más prolongada de su gobierno por la huelga de producción petrolera y acude a la ciudad brasileña a recibir una masiva muestra de apoyo a la permanencia de su gobierno.

Se ve sereno. Hasta sonriente. Chávez convoca a una conferencia de prensa en la Asamblea Legislativa y palomea a los medios para elegir quién quiere que le pregunte. Coquetea con el foro, después de que su presencia ha sido impugnada por algunos organizadores.

“El Foro Social Mundial es el evento político más importante del mundo... el sistema de comercio internacional es injusto... mientras en Davos reina el neoliberalismo aquí se pugna por el neohumanismo”, dice. Y lanza mensajes: “Espero que quienes en Brasil y en Ecuador se oponen a los cambios no sigan el ejemplo de Venezuela y entiendan que una revolución pacífica con un cambio estructurado también les conviene a ellos”.

Otro político latinoamericano, símbolo de la lucha de la izquierda en el continente, es anunciado en Porto Alegre. Es el boliviano Evo Morales, el líder cocalero, hoy diputado nacional, que el año pasado estuvo a punto de sumarse a la oleada de dirigentes antineoliberales que han arribado al poder en sus países, tal y como lo hizo Lucio Gutiérrez en Ecuador.

Se espera su participación en la conferencia ¿Cómo enfrentar al Imperio?, en la que compartirá escenario con el lingüista estadunidense Noam Chomsky en el penúltimo día del foro. Sin embargo, la crisis social que estalló desde hace dos semanas en Bolivia por las protestas de los campesinos que reclaman el libre cultivo de coca y los jubilados que exigen la actualización de sus pensiones lo mantiene detenido en un país militarizado por el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, el presidente que en sólo cinco meses de gestión suma ya 25 civiles muertos en protestas sociales.

Mafalda y compañía

Qué mejor foro que Porto Alegre para que aparezca una Mafalda en versión brasileña. Se llama Laura y con sólo seis años va andando los cuatro kilómetros de la multitudinaria marcha que inaugura el Foro Social Mundial. Carga un mundo sobre su pecho atravesado con el lema “amor y paz”, un dibujo que ella misma trazó y con el que se resume el espíritu de Porto Alegre. Bien que sabe por qué viene. “No me gustan las noticias que veo, siempre hablan de guerra y de muertos y me asusta”, dice, en tanto posa para las decenas de fotógrafos que se lo piden.

Atrás viene Patricia Oliveira. Es parte de la comitiva que alza pancartas que proclaman que “el Islam es la solución”, porque, según explica, sólo a través de esta religión el mundo conocerá la paz. Banderas iraquíes asoman por encima de la muchedumbre que se ha dado cita en el Mercado Central. Pedro Campos, dirigente de la Unión Nacional de Estudiantes de Brasil, porta una de ellas y confía en que la sociedad mundial impedirá la guerra de Bush.

La comitiva palestina se cubre con su propia bandera. Sin soltarla, los hermanos Mohamad y Mazen cuentan que hace una década sus padres encontraron en Brasil refugio a la interminable guerra de Medio Oriente. Ambos apuestan por un arreglo pacífico con los judíos. “Los dos pueblos tendrán que hablar un día sin armas de por medio”, sueña Mohamad.

Es apenas la marcha inicial del foro, pero ya muestra el mosaico de exigencias que se debatirán en los mil 250 actos que habrá durante los seis días que dura el encuentro y que se plasman en las miles de invitaciones que tapizan las 25 sedes dispersas en una ciudad en la que se ejerce el presupuesto participativo, es decir, en donde sus habitantes deciden en qué se debe gastar el dinero público.

Los temas son interminables y para todos los gustos: la discriminación de homosexuales, negros, indios y mujeres; el cese del bloqueo a Cuba; el rechazo al Area de Libre Comercio de las Américas; la intensificación de la lucha contra el sida; la liberación del Sahara, de Palestina y del Kurdistán; los refugiados; los organismos genéticamente modificados; la deuda ecológica del Norte con el Sur; la rebelión en Bolivia; actos de solidaridad con Venezuela; la intervención estadunidense en Colombia...

Tarea imposible es la de descifrar el oleaje de siglas de organizaciones sociales de todo el mundo que invaden la ciudad brasileña. En una misma hora, pero en lugares diferentes, las Madres de la Plaza de Mayo organizan un foro sobre derechos humanos, en tanto que la española Red Mujer y Hábitat participa en la mesa de Integración para la Paz; o la salvadoreña Amigos de la Tierra, que debate sobre el pleno acceso al agua, la comida y la tierra, en tanto que la organización canadiense Social Watch presenta un informe para demostrar que las vacas europeas reciben más subsidios que los pobres de América Latina.

En todas las sedes, desde la Pontificia Universidad Católica, el Gigantinho, el Campemento de la Juventud (donde 25 mil personas duermen en casas de campaña) o el Jardín Botánico, se cruzan los 100 mil visitantes de todos los continentes que han venido a Porto Alegre para organizar la lucha mundial contra las desigualdades y a escuchar lo mismo al actor norteamericano Danny Glover, que a la hija del Che, la bióloga Aleida Guevara; al Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel; o a los brasileños teólogos de la liberación Leonardo Boff y Frei Betto.

El foro es un éxito, definen los organizadores, y el interés internacional que va creciendo se refleja, según el director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, en el número de periodistas acreditados: 4 mil 96, cifra nada desdeñable, tomando en cuenta que uno de los eventos mediáticos más exitosos, las olimpiadas, registra en promedio a 5 mil.

Rumbo a Cancún

La próxima cita de los que luchan contra la globalización empresarial será en el caribe mexicano, y aprovechan el Foro de Porto Alegre para planear cómo le van a hacer para hacerse presentes y alzar la voz durante la quinta Conferencia Ministerial que la Organización Mundial de Comercio (OMC) realizará en Cancún del 10 al 14 de septiembre.

“Las acciones claves son de aquí a julio”, convoca Lori Wallach, de la organización estadunidense Public Citizen, “contamos sólo con 233 días para detener en Cancún la expansión de la OMC, la principal máquina de la globalización corporativa”.

Aquí andan también los mexicanos Héctor de la Cueva con las infaltables Ana Colchero y Nuria Fernández, actriz e integrante de la Red de la Sociedad Civil, respectivamente; Laura Frade, de la campaña Multilaterales en la Mira de las Mujeres, y Adelfo Regino, el combativo dirigente indígena que reta incluso al idolatrado presidente brasileño. “Yo quisiera saber qué hará Lula frente a las demandas de los más de 200 pueblos indígenas de Brasil, porque hasta ahora el gobierno ha sido racista y discriminatorio”, dice en la conferencia de prensa que convoca la delegación mexicana y que es acompañada por una veintena de periodistas. Todo un logro de convocatoria, tomando en cuenta que, salvo Masiosare, no hay medios mexicanos de comunicación presentes.

Hacia un foro de toda la sociedad

El foro también tiene sus estrellas.

Los auditorios abarrotados son la prueba de ello y el primero que padece falta de espacio para sus admiradores es el fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado, quien ante las 2 mil personas que copan el auditorio de la Pontificia Universidad Católica muestra una selección de imágenes sobre el abandono del campo en el mundo. Chiapas aparece por ahí. Una anotación especial hace el artista: “Cuando yo comencé a sacar fotos (en 1971, en Africa) nadie hablaba de la globalización, pero sin saberlo yo ya estaba fotografiando sus consecuencias”.

Hay quienes rompen récords. El Gimnasio Gigantinho tiene capacidad para 15 mil personas y todos sus espacios son ocupados ante la conjunción de la presencia del escritor Eduardo Galeano; el teólogo Leonardo Boff; la hindú Raha Kumar, dirigente de la ONG Gandhi Ashram; y el sociólogo suizo Jean Ziegler en la conferencia Paz y valores. Galeano es ovacionado cuando resume su ponencia con una propuesta: “Dejar de decir yo para decir nosotros”.

Y, ¿qué decir de Noam Chomsky? El acérrimo crítico del imperialismo y la globalización visita un asentamiento del Movimiento de los Sin Tierra, definida por el intelectual norteamericano como el movimiento social más importante del mundo. Come con ellos. Siembra un árbol. A paso lento y con una tímida sonrisa dibujada de manera permanente en su rostro, Chomsky aprovecha todas sus presentaciones para dejar en claro que el Foro Social Mundial es el máximo evento de la izquierda mundial y que avanza con más firmeza que el Foro Económico de Davos. “El año pasado el Foro Económico estaba muy optimista, pero hoy su tema es la recuperación de la confianza de los ciudadanos; en cambio el tema del Foro Social es la esperanza. Si analizamos los dos foros vemos que éste crece en optimismo y el otro en desesperación, eso debe alentarnos”, dice, poco antes de lanzar una convocatoria final: “Ojalá que el Foro Social no sea sólo un espacio para los excluidos de la sociedad, sino simplemente para la sociedad en general”. Eso ya se verá en la cita del próximo año, en la India.

* Masiosare N° 267, 2 de febrero de 2003.

 

 

  

Cuestiones de América Nº 13, Febrero - Marzo de 2003

 

 

 

 

 

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