Cuestiones
de América
Un socialismo primitivo
Fernando Martínez Heredia
*
Yo no he sido experto en autobiografías, pero
uno en Brasil siempre tiene emociones nuevas, de manera que he tenido la suerte
de coincidir con la experiencia de la que voy hablar. En la vida, uno nace en
algún momento, y por lo tanto uno puede tener un conjunto grande de vivencias;
pero no voy a hablar de ellas sino de los análisis acerca de ellas. Soy abogado
– por cierto con perdón de los abogados presentes – porque un abogado puede ser
de izquierda aunque se dedique al derecho. He sido profesor de filosofía, lo
cual me permite darme cuenta de los poco que sabe uno. Y también me han sacado
de más de un lugar, lo cual es muy conveniente para los revolucionarios, porque
los mantiene muy en forma. Por lo demás, tengo la condición de fundador del PC
cubano, porque he estado metido en ese rollo desde que era adolescente. Y
trabajo como investigador social, que es la fórmula que he encontrado, dado que
he tenido que estudiar economía – los economistas son peligrosos- y hacer
investigaciones sociológicas.
A mí me toca hablar
del socialismo cubano, y yo empiezo aprovechando a Luis Branbatti, puesto que
se trata de una experiencia que ha puesto en práctica el socialismo durante muy
largo tiempo. O sea, ya tenemos como 40 años en esto. Y por lo tanto, acumulando
tanto experiencias prácticas como teoría, que me parece que pudieran ser
útiles. Yo voy a tratar de referirme a los rasgos, a los análisis de la
cuestión y no tanto a los datos. Yo sé que los datos sobre Cuba siempre son
necesarios porque la gran prensa no suele ser amiga nuestra. Pero he traído una
ponencia que está a disposición, que se llama “Sociedad, transición y
socialismo en Cuba”, que es bastante larga y tiene muchos datos además de mis
opiniones. Ahora quisiera insistir en cuestiones que me relacionan con lo que
se ha estado debatiendo hoy.
El socialismo
cubano, ante todo, no ha sido derrotado. Resulta, por tanto, una demostración.
Aunque es posible encontrar demostraciones muy importantes en los derrotados
también. Pero ésta es una demostración diferente. Pienso que es una fuente
importante para la teoría, no es usual. El pensamiento cubano no es consumido,
por lo general, ni siquiera en América Latina, nuestra región cultural de
referencia. Se supone que somos o muy buenos o muy malos, depende de las
pasiones, pero lo que pensamos no suele ser utilizado. Lo que se piensa sobre
nosotros, muchas veces sí y otras no, pero hay cosas importantes de gente de
otros países acerca de Cuba.
Cuba ha estado, y
sigue estando, en la encrucijada de las regiones grandes del mundo – Europa y
los EEUU –, y también por su iniciativa se ha metido en regiones de las cuales
el capitalismo actual ha hecho sus riquezas aplastándolas, como es el caso de
África. También Cuba ha estado en el centro de las ideologías importantes de
nuestro tiempo: del liberalismo, del socialismo, del nacionalismo. Y de los
grandes eventos, de los grandes sucesos, de los tiempos aquellos de las crisis
de los misiles, del 62, hasta la caída del muro de Berlín, como hasta la
actualidad. Pero eso yo me permito decir que Cuba es un laboratorio social
extraordinario que tenemos en América Latina. Fue la primera revolución
socialista autóctona que sucedió en Occidente. Por esto quisiera destacar sus
rasgos principales. Primero, una revolución socialista de liberación nacional.
Casi nadie la llama así, y yo sí. En Cuba, la Nación surgió de revoluciones
políticas populares, con un inmenso contenido social. A partir de 59 se realizó
el sueño y los proyectos de casi un siglo de estas luchas, de las cuales viene
la nacionalidad cubana y sus símbolos. Y esta lucha pudo triunfar porque unió
los sueños y los proyectos de justicia social con los de liberación nacional. O
sea, la Nación se sintió libre a partir de que la gente humilde peleó por ella.
La gente sintió que la Nación no era el enemigo de ellos, sino que era lo que
ellos necesitaban. Esto es dificilísimo. En muchos pueblos latinoamericanos
siguen luchando, a veces, de una manera desesperada o angustiosa por unir esto
que es tan importante, y a la vez tan poco apreciado muchas veces por el
pensamiento que viene de los países desarrollados. Entre otras cosas, porque en
esos países desarrollados, la cuestión no tiene de ninguna manera el mismo
sentido que para nosotros. Es uno de los problemas gravísimos el de la
universalización del socialismo, por ejemplo.
La Nación es para
nosotros un angustia, siempre. Cuando oigo decir que se van a acabar los
estados nación, lo que van a haber son regiones económicas, me parece que si no
fuera trágico sería risible. Nunca sueñan con que se van a acabar los EEUU, ni
Alemania ni Francia. Siempre piensan que los que se van a acabar son otros.
Entonces, este tipo de revolución exige la redistribución de las riquezas junto
a la afirmación de la Nación. Eso sucedió en Cuba. El respeto a la dignidad
humana y el triunfo de la igualdad entre los sectores, las razas, etc. Tiene
que ser una tendencia, si no, no es. Este tipo de revolución es portadora de
las reivindicaciones de los humildes, que son los oprimidos y los humillados. Esto
es libertad más justicia social. Es también la base, pienso, para entender
cuando se hable de la democracia en Cuba.
La violencia en
Cuba para la revolución fue una necesidad, como pienso que es en todas partes.
Cuando se trata de revolucionarios, cuando se ama la vida no se puede querer la
violencia. Y esta necesidad, sin embargo, nos sirvió al inicio para un aspecto
que es principal: el cambio de las personas a partir de la actividad de cambio
de sí mismos. Eso que es tan importante, que es el centro de los cambios
posibles. Esto tuvo que ser así, fue una forma de avanzar en el cambio de la
gente, el cambio de sí mismos, de las personas, que es tan importante, que no
podía venir por el crecimiento de la calificación de los obreros, por la alta
tecnología de las fábricas, etc. Y tenía que venir de todas maneras. También
sirvió para legitimar al nuevo poder, como símbolo de la nueva sociedad.
Otro aspecto que me
interesa señalar, aunque sea sólo un vez – porque tendría que estarlo señalando
siempre – , la revolución sirvió para romper los límites de lo posible. La
ruptura de los límites de lo posible implica que los oprimidos, los humillados,
la gente subordinada, se vuelve capaz de hacer lo que desgraciadamente a veces
se supone por casi todos que no es posible hacer. En Cuba, como en cualquier
país – no es que ningún pueblo sea mejor que otro – ha habido que hacer eso
varias veces. Y cuando uno piensa que ya no hay que hacerlo más, de pronto se
presenta la necesidad. Entonces a mí no me gusta dar consejos, pero si fuera a
hacer sugerencias, yo sugeriría que hay que aprender a romper con lo posible y
empezar a hacer lo imposible, al menos para ir entrenándose, porque después hay
que seguir haciéndolo.
Antiimperialista,
es otra característica del socialismo cubano. No todos los socialismos han sido
antiimperialistas. Es internacionalista también. No todos los socialismos han
sido internacionalistas. Entre nosotros era imprescindible, por la alianza de
la clase burguesa de Cuba con los EEUU, por el régimen neocolonial
norteamericano que imperaba en Cuba, y también por la centralización progresiva
del sistema del capitalismo desarrollado. Esta creciente mundialización, a
nosotros y a todos, nos va presentando nuevas situaciones, nuevos retos, en
casi todos los problemas importantes.
Esta mañana se
debatió sobre el carácter de las revoluciones en el siglo 20, y ya no voy a
explicar mi posición. Creo que lo bueno de esto es que van a seguir
celebrándose seminarios y ustedes van a discutir todas estas cosas. La revolución
cubana tuvo que ser una revolución socialista. La opción socialista resultó la
acertada, y la única eficaz. Este tipo de revolución permitió unir al pueblo
cubano y desarrollar las capacidades de la gente y el crecimiento de la
conciencia, hasta el punto que el presente se convirtiera en cambios y el
futuro se convirtiera en proyectos. Esta experiencia en un país pequeño,
demasiado cercano a EEUU, neocolonizado, con una sociedad capitalista
consumista, compleja, con bastante desarrollo de la política y las ideologías –
incluidas las democráticas – hizo que también se nos viera como una excepción.
Es muy extraña la historia de esta teoría del marxismo en gran parte del siglo
XX que se ha visto obligada a considerar excepciones a las revoluciones cuando deberían
ser la regla para la teoría.
A nosotros nos
inventaron una etapa democrático burguesa. Yo a la revolución la viví primero y
la estudié después, pero les puedo asegurar que no la hubo. Sin embargo, como después
era necesario que cupiéramos en la camisa de fuerza de lo que se había
convertido la teoría, inventaron que en Cuba durante un poco menos de dos años
hubo una etapa democrático burguesa. Pero como los líderes y los protagonistas
eran las mismas personas, era muy ofensivo llamarles burgueses y que después
fueran proletarios, entonces les pusieron “populares, antiimperialistas y
agrarios”.
Yo digo esto
autocríticamente, porque en mi país, esas dos etapas se han convertido durante
muchos años en la fórmula oficial, a pesar de que los dirigentes de la
revolución nunca le hicieron caso. Esto significa que tenemos que tener muy en
cuenta que no se trata sólo de hablar del socialismo real, sino que
probablemente hay algunas cuestiones más profundas – que yo no puedo tratar
aquí – detrás de esta reproducción de formas parciales de liberación que se
producen en los procesos socialistas. Y algo peor, incluso, de reproducción de
formas de dominación, y de inexistencia dentro de la teoría al menos de una
teoría de la dominación durante la transformación socialista, que nos haría más
capaces de entender cómo trabajar con una dialéctica como la que a partir de la
creatividad era obligatoria en Cuba. Y ahí está el pensamiento de Che Guevara,
que me permito al menos pedir que se vuelva a leer El socialismo y el hombre en
Cuba. El internacionalismo cubano tuvo que ver muchísimo con la situación, pero
también se convirtió en una conducta, y en una conducta masiva. Nosotros no
tuvimos Aeroflot para ir a Angola, nosotros tuvimos que ir a Angola en aviones
Britania británicos, que ya estaban dados de baja de todos los aeropuertos del
mundo desde 1970. Porque el internacionalismo cubano en Angola fue
independiente, como lo ha sido el internacionalismo cubano siempre.
Esto quiere decir
que 2.100 murieron en Angola y no podían devolver sus cadáveres a Cuba, a sus
familias, porque no había dinero para traerlos. Sólo pudieron venir después, en
pequeñas cajitas. Del mismo modo que nosotros, para que esos aviones volaran,
tuvimos que vender nuestro ron durante años a la Gran Bretaña. Y de la misma
manera, le vendimos todas las langostas a Francia, para tener una buena
termoeléctrica automatizada. Décadas después de que se hablara de la
electrificación.
Entonces, insisto
en que las prácticas y la concientización sistemáticas han sido principales en
la formación de una nueva cultura socialista. A la vez tengo que decir que se
trata de un largo proceso de cambios, que es mejor darse cuenta de que no puede
terminar nunca. O sea, no tiene una meta fijada; es un proceso de cambio que no
puede terminar nunca a escala del país. Porque además, mientras no sean
factibles altos grados de liberación a escala de la humanidad, no se liberará
del todo ningún país. No es posible construir el socialismo en una sola isla.
Lo que sí es posible, como pedía el Che, es “salir desde el primer día hacia el
comunismo, aunque pasemos toda la vida tratando de construir el socialismo”. O
como decía Fidel al presentar primer comité central del PCC, hace 35 años: “una
construcción paralela del socialismo y el comunismo”. O como decían los
editoriales del diario Granma en febrero del 67, “se puede salir hacia el
socialismo y no llegar”. Por tanto, hay que tener una lucha muy profunda para
la formación de una nueva cultura. Y también para las transformaciones, una y
otra vez, de la propia cultura que llamamos socialista. Si no se revoluciona
una y otra vez no se es capaz de seguir avanzando.
Cuba produjo,
entonces, una manera de vivir, también, diferente. Es algo fundamental para que
se pueda hablar de socialismo. El pueblo entero se apoderó de su país, incluso
le perdió el respeto a la propiedad privada. Esto es, se apoderó del fruto de
su trabajo durante generaciones, y lo hizo de manera organizada. Aunque a la
vez era una orgía de actividad interminable, y una fiesta.
Esta unión del
aspecto libertario y el aspecto del poder, es característica de todas las
revoluciones profundas. En Cuba duró mucho tiempo, mucho más de lo usual. Y
también ha quedado como una herencia muy valiosa para nosotros. Lo esencial de
los logros materiales de la revolución es que ellos se sistematizaron después.
O sea, se volvió un sistema de distribución de la riqueza. Y también, pasaron
de ser derechos adquiridos a convertirse en costumbres. Sería absurdo pensar
que la economía cubana no ha funcionado. Nadie puede tener tanta salud, y tanta
educación, y tanta inversión en investigación científica sin economía. Pero no
tengo tiempo de hablar de ella. De modo que quiero agregar que esta distribución
sistemática de la riqueza está en la base social, que le da fuerza al poder
político cubano actual, y que le da legitimidad, y que también le fija sus
obligaciones. Y que se hayan convertido en costumbres estos éxitos que no
partieron de donaciones sino de participación, da algo que va mucho más allá de
la política. Es la generalización de actitudes nuevas, como ha sido la
existente en Cuba durante décadas, en la relación entre el deseo de consumir y
el apoyo a todas las políticas económicas. Es muy interesante. En la actualidad
esto tiene también un inmenso valor, porque asistimos en Cuba a una tremenda
lucha de valores. Pacífica, eso sí, y está es otra de las experiencias del
socialismo cubano, que es que ha sido un régimen pacífico a diferencia – y lo digo
con dolor, no con alegría – de otros tantos donde se reprimió a muchos de los
revolucionarios. Esto ha sido ausente en la revolución cubana, desde hace casi
cuatro décadas.
Por esto es que
digo que ha habido un lucha de valores pacífica, pero tremenda, porque ahí se
está escenificando hoy el encuentro entre el capitalismo y el socialismo. Como
ya todo es a escala mundial, ahí tenemos nosotros la supuesta globalización
inevitable, la ideología de los lenguajes, que quieren que nos rindamos a base
de palabras y de expectativas por la TV, con los valores de la nueva manera de
vivir y los valores de una nueva acumulación cultural e histórica. Entonces, en
Cuba se está produciendo hoy un proceso que vuelve a ser interesantísimo para
las experiencias del socialismo. Cuba fue una herejía en los 60. Después tuvo
que volver a ser una herejía en la segunda mitad de los 80. Y nos quedamos casi
sin ninguna Iglesia de la cual ser herejes. Pero aquí estamos, entonces, en
espera del crecimiento de estas luchas que ahora son muchísimo más complicadas
que cuando yo era jovencito, cuando nosotros al menos con cierta simpleza
veíamos la lucha final, para después enterarnos de que era interminable. Ahora
vemos la lucha compleja. Y pienso que va a ser muy interesante, con lo que se
va a lograr en el siglo XXI con la lucha anticapitalista, que Cuba, que no ha
querido ser nunca un país “respetable” – como le piden a la gente de izquierda,
que llegue a ser respetable dejando de ser de izquierda –, sino algo mejor, un
país revolucionario. Que llegue a ser Cuba, cuando se vean las experiencias del
socialismo, considerado con razón como un socialismo primitivo. Muchas gracias.
* III Foro Social Mundial; Mesa: Orden
mundial democrático, lucha contra la guerra y por la paz.
Cuestiones
de América Nº 13, Febrero - Marzo de 2003
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