Cuestiones
de América
Porto
Alegre, Davos y la globalización
Leonardo
Boff *
Los pueblos de Porto Alegre y
los pueblos de Davos-Nueva York se baten por la globalización. ¿Cuál
globalización? Los poderosos, y por eso son poderosos, se apropiaron de la
palabra globalización y le impusieron una significación que sirve a sus
intereses. Es el proceso mundial de homogeneización del modo de producción
capitalista, de globalización de los mercados y de las transacciones
financieras, del entrelazamiento de las redes de comunicación y del control
mundial de las imágenes y de las informaciones. La lógica que la preside es la
competición de todos contra todos. Aquí reside el drama bien formulado por el
genetista francés Albert Jaquard: “El propósito de una sociedad es el
intercambio. Una sociedad cuyo motor es la competición, es una sociedad que me
propone el suicidio. Si me pongo en competición con el otro, no puedo
intercambiar con él, debo eliminarlo, destruirlo”.
Pues es exactamente eso que
está ocurriendo con la globalización propuesta por el pueblo de Davos-Nueva
York. O usted está en el mercado competitivo, vence y existe. O usted es
derrotado, desiste e inexiste. Entre las víctimas de esta lógica se encuentra
casi la mitad de la humanidad, condenada a la impiedad de la exclusión y de
falta de cualquier sustentabilidad. ¿Puede ser humano un proyecto global que
elimina a los humanos o los hace puro carbón, recordando al nostálgico Darcy
Ribeiro, para la máquina productivista? Frente a esa crueldad, gana dignidad
ética la alternativa propuesta por el pueblo de Porto Alegre. Ella niega ese
tipo tiranosáurico de globalización. Propone otra globalización que pasa por la
solidaridad a partir de abajo, por la mundialización de los derechos humanos,
por la socialización de la democracia como valor universal, por el control
social de los capitales especulativos, pasa, además, por la aplicación en todas
las economías de la tasa Tobin, por la creación de instancias de gobernabilidad
mundial, por la universalización del cuidado para con la Tierra y los
ecosistemas y por la valorización de la dimensión espiritual del ser humano y
del universo. Ese pueblo de Porto Alegre se hace así el guardián de la
humanidad mínima. Afirma la posibilidad real de vivir juntos como humanos y nos
muestra cómo debemos pasar de una conciencia de nación y de clase a una
conciencia de especie y de planeta Tierra. Solamente ese tipo de globalización
construye la Tierra como Casa Común de los humanos y de toda la comunidad de
vida.
Esa propuesta de globalización
se adecua a lo que hay de más contemporáneo en el pensamiento que se orienta
por el nuevo paradigma científico. Pues ve la globalización como una nueva
etapa de la Tierra y de la Humanidad. Los pueblos estaban en diáspora por los
continentes y enraizados en sus Estados-naciones. Ahora comienzan a moverse y a
encontrarse en un único lugar, la Tierra como Casa Común. Y no tenemos otra.
Ya en 1993 escribía
proféticamente Teilhard de Chardin: “La edad de las naciones ya pasó. Si no
queremos morir, es la hora de sacudir los viejos prejuicios y de construir la
Tierra”. Queremos construir la Tierra prolongando el dinamismo que la está
forjando hace miles de millones de años. En efecto, somos fruto de un proceso
evolucionario de 15 mil millones de años, proceso único, complejo,
contradictorio (caótico y armónico) y complementario que entrelaza todos los
seres en tramas de relaciones, fuera de las cuales nadie existe. La manecilla
del tiempo irreversible va mostrando una dirección: la emergencia de órdenes
cada vez más complejas, autoorganizadas, interiorizadas y convergentes de vida
y de creatividad. Tierra y Humanidad forman una única entidad, exactamente como
los astronautas testimonian cuando ven la Tierra de fuera de la Tierra. El ser
humano es a la Tierra que en un momento de su evolución comenzó asentir, a
pensar, a amar y a venerar. Es por eso que hombre viene de humus, tierra
fecunda. Ahora estamos elaborando esa conciencia terrenal y planetaria.
Esa comprensión nos suministra
la base experimental y científica para entender la actual globalización en
curso. Ella es un momento avanzado de un proceso anterior y mayor de
convergencia de energías, dinamismos e intencionalidades que están actuando
desde el comienzo de la cosmogénesis y de la biogénesis. La globalización crea
las condiciones para un salto cualitativo de la antropogénesis: la irrupción de
aquello que Teilhard de Chardin llamó noosfera: la creación de una nueva
armonía entre los humanos en la cual técnica y poesía, producción y
espiritualidad, corazón y pensamiento encuentran una nueva sintonía más alta y
más sinfónica.
El mérito del pueblo de
Davos-Nueva York fue el de haber creado las condiciones materiales para ese
salto. Pero él mismo no saltó. El mérito del pueblo de Porto Alegre fue el de
haber mostrado sus posibilidades y ensayado los primeros movimientos para ese
salto. Y el salto, finalmente, vendrá porque él representa lo que debe ser. Y
lo que debe ser tiene fuerza.
* Teólogo y escritor brasileño, autor de La nueva era: la
civilización planetaria. Rebelión, 24 de
enero del 2003.
Cuestiones de
América Nº 13, Febrero - Marzo de 2003
Regresar a la Página Principal
de Cuestiones de América...