Cuestiones
de América
III
Foro Social Mundial: La hora de las estrategias
Raúl
Zibechi *
La tercera edición del Foro
Social impone una parada para hacer balance. Los éxitos cosechados y el
reconocimiento alcanzado ponen al movimiento ante nuevos desafíos; se abre una gama
de estrategias que ponen a prueba el camino recorrido.
Porto Alegre derrotó a Davos.
Esa puede ser, en apretadísima
síntesis, la conclusión más importante de la tercera edición del Foro Social
Mundial. La alegría, el entusiasmo y la masividad del encuentro de Porto
Alegre, al que acudieron cien mil personas que participaron en mil 700 talleres
y decenas de otros eventos, la capacidad de articular propuestas en los más
variados temas, la amplísima red de alianzas y la expectativa generada,
contrastan con la soledad, el escandaloso derroche de dinero y la escasa
imaginación que sobrevolaron al Foro Económico Mundial reunido en la localidad
suiza, donde cada participante debió abonar 30 mil dólares para tener derecho a
codearse con la elite de los poderosos.
Bastaba ver cómo los treinta
mil acampantes en el Campamento de la Juventud se las arreglaron con la escasez
(de agua, de servicios de recogida de basura, de transporte, de seguridad y,
sobre todo, de sombra) y la improvisación, sin perder el ánimo y manteniendo un
clima de relacionamiento fraterno, para comprender que, efectivamente, otro
mundo está naciendo en las extrañas de éste.
Pero fue la reacción ante un
incidente menor, en el estadio cerrado del Inter, llamado Gigantinho, lo que
marca las diferencias. Mientras una panelista leía su informe, ante diez mil
personas sofocadas por el calor, un robusto moreno la emprendió a golpes contra
aparatos que estaban en el escenario, destruyéndolos con una furia imparable.
El hombre portaba un cartel en el que explicaba que necesitaba un tratamiento
médico al que no tenía acceso; pero su agresividad era incontenible y su tamaño
hacía que entre varios miembros de la seguridad no pudieran frenarlo.
Finalmente lo calmaron, pero no a golpes como es habitual; lo tomaron con
fuerza, le hablaron, le acariciaron la cabeza, lo calmaron. Una mujer se
acercó, lo abrazó, rezó mirándolo a los ojos. La multitud permaneció en
silencio, esperando que volviera la calma. No hubo violencia; la gente no lo
habría permitido.
Brasil, Brasil
Sin embargo, el comienzo del
Foro fue caótico. Recién al tercer día se distribuyeron los programas con todas
las conferencias y talleres, lo que contribuyó a crear confusión y desasosiego
entre los desconcertados participantes. El Comité Internacional, órgano que
toma las decisiones y está integrado por unas ochenta personas que representan
Organizaciones No Gubernamentales (ONGs), grupos de diverso tipo y movimientos
sociales, estuvo enfrascado en un agrio debate sobre cuál será la sede del IV Foro.
La propuesta que obtuvo mayor respaldo fue la hacerlo en India. Se acordó
incluso no atar la realización de los foros, como hasta ahora, a la fecha del
Foro de Davos. Sin embargo, la delegación hindú expresó sus dudas en cuanto a
la capacidad para organizar un evento de esa magnitud. Pero la causa de que el
debate se alargara más de lo previsto, fue el empeño de algunas delegaciones
-en particular la cubana- para que el evento permaneciera en Porto Alegre.
Según todas las versiones, el debate tuvo momentos de aspereza que dejaron mal
sabor entre los miembros del organismo y retrasaron algunas tareas
organizativas.
Pero fue el triunfo de Lula y
el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) el verdadero telón de fondo
del Foro y de los temas que dominaron buena parte de los debates. Lula se
presentó, sin corbata, en el anfiteatro de Por do Sol al atardecer del viernes
24, donde lo esperaba una inmensa multitud. Estuvo dos veces al borde de las
lágrimas. Buena parte de su notable discurso la dedicó a asegurar que no va a
cambiar sus sueños, que sigue empeñado en hacer la reforma agraria, en reformar
la escuela pública y la salud y que sigue soñando con “una sociedad más justa,
solidaria y fraterna”.
Explicó largamente los porqués
de su viaje al Foro de Davos. Dijo que es presidente de la octava potencia
industrial mundial, que cuando comenzó su militancia como dirigente sindical
esa actividad estaba reglamentada por un código de carácter mussoliniano y, sin
embargo, en poco tiempo pudieron darle la vuelta y crear sindicatos clasistas.
Fue claro: “Diré en Davos lo mismo que aquí, que es necesario un nuevo orden
económico mundial”. Por otro lado, Lula realizó un análisis certero de la
relación entre ambos foros y dijo que desde que surgió Porto Alegre “Davos ya
no tiene la fuerza que tenía antes” y que ahora se ven obligados a debatir
temas sociales. Finalizó llamando a los asistentes, que no dejaban de
ovacionarlo, a no desistir porque “en tres años construyeron lo más maravilloso
que hizo la sociedad civil mundial” y aseguró que el Foro de Porto Alegre “va a
cambiar la historia de la humanidad”.
Lula emergió del Foro como un
dirigente creíble, más allá de los respaldos políticos que suscite. Lula cree
en lo que hace y dice lo que piensa; y eso está en la base de su credibilidad.
Otra cosa son los análisis. El sociólogo Emir Sader, cercano al Movimiento Sin
Tierra (MST), apuntó que Lula reafirmó sus principios, pidió tiempo y se
preguntó, con cierta ironía, si cree que podrá llegar a cambiar el Foro de
Davos como cambió la realidad sindical de Brasil.
Dos días después, en Davos,
Lula recibió el aplauso de un público muy diferente: la elite económica del
mundo. “Quiero invitar a todos los que aquí se encuentran, en esta montaña
mágica de Davos, a mirar el mundo con otros ojos”, dijo el presidente de
Brasil, quien de alguna manera se propuso como puente entre ambos foros. Habló
como el mandatario del país más industrializado del Sur y su principal
propuesta fue la creación de un fondo internacional para el combate a la
miseria y el hambre en el Tercer Mundo, constituido por los países del G-7 y
estimulado por los grandes inversores internacionales.
Movimientos e instituciones
El debate sobre las relaciones
entre los movimientos sociales y las instituciones y los Estados, atraviesa en
estos momentos al activismo de todo el mundo. Más cuando en Brasil todos se
preguntan qué pasos dará el principal movimiento social del planeta, los sin
tierra, ante el gobierno petista.
Dirigentes del MST aceptaron
que existe una tregua con el gobierno de Lula, que se extenderá por lo menos
durante seis meses. Pero eso no quiere decir que estén desmovilizados, sino
fortaleciendo los aspectos organizativos y de formación de sus militantes.
En todo caso, el debate ocupó
espacios centrales del Foro. Uno de los más significativos transcurrió en el
Gigantinho ante unas ocho mil personas. Participaron el presidente del PT, José
Genoino, la ministra de Relaciones Exteriores de Canadá, Louise Beaudoin, la
comunista chilena Gladys Marín y el dirigente del partido italiano Refundación
Comunista, Fausto Bertinotti. Por el lado de los movimientos intervino el sin
tierra Gilmar Mauro, la militante de base francesa Layla Dakhli y el dirigente
sindical sudafricano Willy Madisha.
El italiano realizó un prolijo
y pormenorizado análisis de la mundialización en curso, destacó cómo la
economía devora la política y eso conduce a una crisis de la democracia. Dijo
que está naciendo un movimiento asentado en el contrapoder y la
autoorganización, lo que revela un buen conocimiento de las organizaciones de
base, ya que buena parte de los activistas de su partido participan en el grupo
Los Desobedientes, el más potente colectivo social europeo. Finalizó llamando a
no dividir al movimiento, ya que apuntó que su fortaleza nace de su carácter
“unitario y radical”, que considera aspectos esenciales para reconstruir las
democracias. La francesa Dakhli replicó llamando la atención sobre la
diversidad, ya que considera que la unidad por sí sola puede conducir al
monolitismo que termina por alejar a los jóvenes de la acción política y
social. Como ejemplo, señaló que uno de cada tres europeos no acuden a las
urnas, en particular los más jóvenes, como expresión de rechazo al dominio de
las elites políticas y la dificultad para que las diversas expresiones de la
sociedad encuentren su reflejo en la escena oficial. Y puso el dedo en la llaga
al señalar que “la diversidad debería modificar la forma actual de los
partidos, no sólo su contenido” o sea, su discurso.
Pero fue el sudafricano,
dirigente de la central sindical Cosatu, quien analizó la experiencia de
convivencia entre los movimientos y un gobierno progresista y popular como el
del Congreso Nacional Africano (CNA). “Cuando el CNA llegó al gobierno había en
mi país fuertes movimientos sociales contra el apartheid. Pensamos que el
futuro sería fácil, ya que ahora contaríamos con un gobierno amigo. Nos
equivocamos”, dijo amargamente. Pero Madisha tuvo la virtud de no poner las
culpas fuera, como es habitual. O sea, no incriminó al gobierno sino que hizo
hincapié en los errores propios.
Destacó que, efectivamente, el
CNA pasó de ser un gran partido que movilizaba millones de personas a
convertirse en un partido tradicional en el que se evaporó el entusiasmo. “Lo
esencial de nuestros errores es que esperábamos que el Estado resolviera los
problemas”. Además, muchos movimientos -como el suyo- tuvieron dirigentes en
cargos públicos, con lo que se debilitaron. Recién ahora, luego de un lustro,
emergen nuevos movimientos contra las privatizaciones y vinculados al problema
del sida, como rechazo al conservadurismo gubernamental. Como síntesis, dijo
que fue un error fortalecer el Estado sacrificando a los movimientos y concluyó
apuntando tres grandes problemas: “Cuando la izquierda llega al gobierno, los
movimientos se debilitan y son menos representativos, nuestros dirigentes
suelen ser capaces y el Estado requiere esa capacidad pero la burocracia
estatal divide y margina a los movimientos. Pero lo peor, es que confiamos
demasiado en las relaciones personales con los estadistas y no creamos formas e
instituciones sociales nuevas. Ahora sabemos que los movimientos no pueden
detenerse cuando la izquierda llega al gobierno, que las relaciones con la
izquierda en el poder pueden empeorar y que no podemos detenernos ni un día”.
Estrategias
Susan George, vicepresidenta de
ATTAC-Francia, señaló que el primer Foro se dedicó al análisis de la situación
mundial, que el segundo enarboló alternativas para cambiar el mundo y que el tercero
debía abordar las estrategias para acceder al cambio. Partiendo del repudio
común y generalizado a la guerra, al Alca y a la mundialización neoliberal, los
congregados en Porto Alegre tuvieron sin embargo dificultades a la hora de
acordar esas estrategias.
Ciertamente, como señaló el
lingüista Noam Chomsky, escuchado casi religosametne por más de 20 mil personas
en la mayor conferencia del evento, el martes 27, “estamos en un momento
histórico del mundo, en el que conviven peligros y esperanzas”. Entre las
primeras, dijo que la más grave es que por primera vez en la historia “el
Estado más poderoso declaró que quiere dominar el mundo por la fuerza” y que
esa doctrina “nunca antes había sido declarada de esa forma tan soberbia”,
salvo por regímenes como el nazi. Hasta ahí llegan, sin embargo, los acuerdos.
Y es que el éxito del Foro
Social Mundial es también su prisión. En primer lugar, porque no puede haber
una estrategia, sino múltiples. Hay quienes creen que el objetivo es empujar
para que ganen las elecciones, en cada país, las fuerzas progresistas y de
izquierda; otros apuestan a ganar fuerza para negociar o conversar con los
poderosos agendas y ayudas de diverso tipo; otros más apuestas a la
movilización intensa para crear una nueva correlación de fuerzas y los hay que
se concentran en el trabajo a escala local y micro para producir pequeños
resultados concretos. Probablemente, todas esas formas de acción -y tantas
otras que resulta imposible abarcar- sean las que, combinadas de mil formas,
estén cambiando algunas cosas de este mundo. Pero lo que resulta imposible es
conjuntarlas en una sola y única estrategia. Ello impulsó al Comité
Internacional a no elaborar un documento único final, para no coartar la
diversidad.
Una segunda serie de problemas radica
en qué esperar del Foro. Hay desde quienes sostienen que debe ser una “usina de
ideas” a los que pretenden mantenerlo como un amplio espacio de coordinación y
encuentro, flexible y no resolutivo, donde los más variados movimientos puedan
coincidir, intercambiar y luego seguir cada uno por su carril. En el otro
extremo, existe la pretensión de dotarlo de mayor organicidad, de una suerte de
estructura más o menos sólida con objetivos más o menos definidos, pero que
necesariamente deberían pasar por alguna forma de negociación o diálogo con las
autoridades nacionales o internacionales.
Una tercera serie de problemas
estaría en lo que, siguiendo la intervención de Susan George, podría
calificarse como la cuestión de las elites. En efecto, en los Foros se dan cita
apenas una mínima parte de los militantes, aquellos que tienen recursos y
posibilidades como para acudir a esas citas. Son las “clases medias” o las
elites según George, las que pueden influir en el curso de estos
acontecimientos.
Esta cuestión se convierte en
algo realmente serio, y preocupante, sobre todo para movimientos sociales y
sindicales que ven cómo un puñado de grandes ONGs, sobre todo europeas o
“transnacionales”, tienen una elevada presencia en los organismos de decisión.
Algunas de ellas tres años atrás no estuvieron en Porto Alegre sino en Davos,
espacio que abandonaron para ocupar un lugar destacado en el Foro Social
Mundial. Esta presencia no sólo viene creciendo desde la primera edición del
Foro, sino que todo indica que seguirá fortaleciéndose. La realización del
próximo Foro en India hará casi imposible que muchos movimientos de base puedan
acudir. Además, y este dato resulta clave, la tendencia al diálogo entre ambos
foros (el Económico de Davos y el Social), ofrece renovadas posibilidades a
esas “clases medias” sobre representadas en los megaeventos.
El MST, y la organización Via
Campesina que integra, parece ser muy consciente de estas dificultades y
problemas que aquejan al llamado “movimiento de movimientos”. De hecho, los sin
tierra casi no acuden al Comité Internacional y como en cada edición del Foro
hacen rancho aparte. En esta ocasión ese espacio fue el gimnasio Teosurinha,
donde realizaron todo un foro paralelo, en el que sobresalió la disciplina, el
orden y la combatividad. Los campesinos escucharon y vivaron largamente a
representantes de Cuba, a Hebe de Bonafini, a Frei Betto, a delegados
palestinos y de otros pueblos en lucha. El MST es la faceta de lucha y
movilización del Foro: la bandera roja flameando, el puño en alto y los acordes
de la Internacional.
En el cierre del Foro, Chomsky
debía hablar del tema “Cómo enfrentar al Imperio”. Fue claro y conciso:
“Creando un mundo muy diferente. El MST es el movimiento más importante del
mundo y lo es porque es capaz de construir la esperanza”, y llamó a los
presentes a trabajar como lo hace Vía campesina, la articulación mundial de 74
movimientos rurales de base de 80 países.
El lingüista no hace mítines,
no sabe o no quiere hacer discursos. Habla pausado, desgrana argumentos. Dijo
que lo fundamental hoy es defender la vida, porque no está claro que la especie
humana pueda sobrevivir a la guerra y la destrucción; dijo que si no
conseguimos que los agresores de Irak paguen un costo político volverán a hacer
nuevas guerras y dijo, sobre todo, que ya no hay margen para guerras largas
como la de Vietnam, porque “los movimientos sociales han jugado un papel
civilizador de las sociedades”.
No sólo habló. El domingo 26
pasó el día en el campamento 30 de Mayo, cerca de Porto Alegre, en la localidad
de Charqueadas, donde viven 46 familias del MST. El asentamiento de 850
hectáreas es una “agrovila” modelo del movimiento. Chomsky, de 74 años, llegó
hasta allí luego de 30 horas de vuelo y compartió con otros dos mil sin tierra
una jornada destinada a conseguir que la Unesco declare las semillas como
patrimonio de la humanidad. Conversó con los campesinos, almorzó con ellos y
dijo, como repitió luego en el Gigantinho, que estamos ante un “final de época”
que definió como el fin del capitalismo. Agregó que “hay esperanzas, pero
tenemos un largo y duro camino por delante”.
* ALAI, 29 de
enero de 2003.
Cuestiones de
América Nº 13, Febrero - Marzo de 2003
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