Cuestiones
de América
Las transversalidades del FSM
Irene
León *
Coherente con los nuevos
parámetros que el mismo ha sentado, al reavivar la idea de que “Otro Mundo es
posible”, el Foro Social Mundial ha adoptado los ejes transversales de género y
diversidad en su proceso, abriendo así todo un universo para el desarrollo de
estrategias, propuestas, análisis políticos y prácticas de largo alcance.
Las implicaciones de este
compromiso revisten en si mismas una revolución, pues están relacionadas con una
refundamentación de todas las perspectivas sociopolíticas, culturales,
económicas, para visualizarlas desde un enfoque inclusivo, contrario al
paradigma dominante que ha tendido a ubicar al centro de prácticas y teorías el
referente masculino y blanco, universalizándolo.
Al colocar estos ejes
transversales, el Foro Social Mundial, plantea el doble reto de, por un lado,
romper con las visiones y prácticas andro y etnocentristas, para transitar
hacia éticas inclusivas en todos los sentidos, y por otro, llamar a los
movimientos dichos específicos a ampliar su campo de acción y propuesta, para
incluir el conjunto de problemáticas sociales en sus enfoques.
Asunto que, tratándose del
principal espacio de articulación de los movimientos sociales y de desarrollo
de alternativas a la globalización neoliberal, se transcribe en un impulso para
que el conjunto de movimientos sociales, evolucionen hacia el desarrollo de
estas visiones en el tratamiento de sus problemáticas particulares, y de todos
los temas inherentes al desarrollo de alternativas a la globalización
neoliberal.
El concepto género, acuñado por
las feministas el pasado siglo, está relacionado con la puesta en evidencia de
relaciones de poder y desigualdad estructural entre los sexos, cuyas
manifestaciones alcanzan todas las esferas de la vida social y privada, a tal
punto que su erradicación es parte de los compromisos éticos impostergables de
las sociedades y, más aún, de los movimientos comprometidos con el desarrollo
de alternativas.
Por su parte, la propuesta de
diversidad y pluralidad ha sido planteada por múltiples sectores involucrados
en la lucha por la erradicación de todas las formas de discriminación, entre
ellos el movimiento indígena, como una alternativa y ética para un convivir
humano de paz.
Hasta aquí, por diversas
circunstancias inherentes a las realidades discriminatorias, el enfoque de
género ha sido percibido como algo de mujeres y el de diversidad como un asunto
de los grupos calificados de minoritarios y, aunque los movimientos dedicados a
estas causas han producido análisis y propuestas de orden integral, pocas veces
estos asuntos han llegado a ser parte nodal de los procesos amplios.
Mientras tanto, las
organizaciones de discriminados/as, en la mayoría de los casos, han escogido
sus propios caminos y estrategias de lucha, muchas veces en condiciones de
aislamiento con relación a otros movimientos y actores. Indígenas,
afrodescendientes, mujeres, personas discriminadas por su orientación sexual, y
otras, han construido sus movimientos haciendo de cada causa singular su
universo de acción, en casos, con poca interacción entre ellos mismos. A la
vez, quienes se reivindican de causas dichas generales han hecho poco caso a
estos procesos.
Por eso, la aplicación de estos
ejes transversales en un espacio de la magnitud del FSM, abre un espacio no
solo para el dialogo y la interacción, sino para la construcción de un nuevo
colectivo social, que de hacer concretos estos propósitos, conducirá al
desarrollo de alternativas reales al mundo excluyente y discriminatorio actual.
Pues la transversalidad implica desde la participación abierta y plural a los
procesos y toma de decisiones, hasta la puesta en marcha de una visión que
incluya las cosmovisiones y perspectivas de los/as discriminados/as.
El significado de este proceso
en un contexto de incremento de la exclusión social, que resulta del
afianzamiento de la globalización neoliberal, es uno de coherencia y
corresponsabilidad para quienes reivindican el cambio social, pues, a estas
alturas, el entendimiento de las causas y efectos de las múltiples formas de
discriminación, es ineludible incluso para la comprensión de la geopolítica
global, la macroeconomía, la rearticulación de lo social, y los cambios
culturales.
¿Cómo enfocar, por ejemplo,
problemáticas tales como las migraciones o la pobreza, sin poner en perspectiva
su configuración étnica y de género? ¿Cómo plantear la vigencia de los derechos
humanos y de la ciudadanía plena, si en las propias dinámicas sociales
subsisten rezagos de racismo, homofóbia, o sexismo? ¿Cómo plantear un mundo
diferente si este no se visualiza como inclusivo?
Por eso el reto planteado al
conjunto por el Foro Social Mundial es uno de avances colectivos, que permitirá
el surgimiento de nuevas dinámicas sociales y de nuevos planteamientos
políticos, que coloquen como sujeto de los cambios y de construcción de la
igualdad a todas y todos, y que al hacerlo genere discursos y prácticas
incluyentes, al fin portadoras de valores forjadores de humanidad.
Con estas motivaciones,
importantes redes y articulaciones de mujeres, como lo son la Marcha Mundial de
Mujeres, REMTE, la Articulación de Mujeres de la CLOC/Vía Campesina, el Dialogo
Sur/Sur GLBT, y otras, están desplegando importantes iniciativas para levantar
estos temas en el Foro de Porto Alegre (enero 2003), entre las cuales figura el
Seminario: “Género, diversidad y pluralismo: Estrategias frente a la
globalización”, que se propone justamente a formular estrategias concretas para
afianzar el enfoque de género y diversidad en el proceso del Foro.
* ALAI,
20 de enero de 2003.
Cuestiones de
América Nº 13, Febrero - Marzo de 2003
Regresar a la Página Principal
de Cuestiones de América...