Diciembre de 2002 -
Enero de 2003
Venezuela: Entre el Sueño del Futuro y el
Lastre del Pasado
Con el presente número, Cuestiones de América inicia una aproximación a distintos procesos
cardinales que hoy dan vida a lo que alguien podría definir como un nuevo
escenario latinoamericano y más en general interamericano. En efecto, como se
sabe y lo hemos acotado varias veces desde estas páginas, las circunstancias en
los últimos treinta años cambian aceleradamente en nuestro continente, aunque
más allá de lo propiamente “estructural” en donde muchos hicieron relevante la
esencia de la transformación globalizadora. En verdad, independientemente de
los ajustes económicos o financieros del sistema dominante, un nuevo panorama
social, político e inclusive cultural, comienza a surgir en América Latina, que
da cuenta de una dimensión antes poco conocida.
Algunos haciéndose eco de lo que ideólogos bien pagados del
neoliberalismo imaginaron, concebían esta insólita situación como la puerta de
entrada a un mundo de bienestar, después del tránsito a la civilidad en países
cuya vida era ordenada antaño por la fuerza de las bayonetas; propiamente un tránsito
a la democracia como signo fundamental de la época. En esencia sin embargo,
el cambio vivido desde entonces trasciende hasta la propia búsqueda de una
democracia formal, pues resulta de nuevos contenidos que no resuelven desde
luego muchos de los graves problemas de las realidades nacionales, pero abren
caminos novedosos para intentar solventarlos. Venezuela y su proceso es, háyase
querido o no, un buen ejemplo de ello. Independientemente de gustos o
disgustos, posturas o visiones, apoyos o detractores, por delante de la
participación conciente de los liderazgos y sus opuestos, la llamada
“revolución bolivariana” pone de nuevo en América los puntos sobre la ies.
Desde que en 1999 el nuevo presidente Hugo Chávez convoca a un
referéndum a fin de conformar una Asamblea Constituyente y promueve una nueva
Constitución Nacional, no hace más que abrir en el país una puerta por donde
pueda avanzar el incontenible caudal atascado por muchos años, de un pueblo con
larga historia de legítimas aspiraciones de independencia, soberanía y granpatriotismo,
donde el ideal del Libertador Bolívar muchas décadas obstruido espera ansioso
irrumpir fuertemente en la historia. Aquí se inicia una etapa inédita en la
historia de Venezuela, esperable en un continente que día con día se nutre de
otros signos no contemplados antes en estas dimensiones, como la rebeldía india
que hoy se expresa desde la montaña zapatista hasta la escena boliviana o la
nueva presidencia a la cual llega uno de sus aliados en Ecuador, como el
elaborado y prometedor trabajo de masas que paso a paso logra imponer a un
nuevo gobernante pobre que desde ahora dirige a un país de pobres en Brasil,
como esa sociedad civil que rompe con los partidos políticos tradicionales y
pretende irrumpir en Argentina o en Uruguay, para darle un giro también a una
historia de ignominia y desesperanza.
Es en este entorno en el cual los venezolanos intentan comprender
hoy su crisis y su historia, repleta ésta muchas veces de complacencia ante el
extranjero, de complicidad en el saqueo al país, de ingenuidad y escasa visión
ante los grandes problemas nacionales. Y es aquí donde, sin más, enfrentado
como lo dice un autor, a un pueblo que rompió el cerco mediático para elegir
dos veces con una fuerte mayoría, a Hugo Chávez Frías como presidente de la
República, el verdadero poder de nuestras sociedades decide aprovechando la
mentalidad acomodaticia de algunas capas medias, abrir un frente de guerra
antichavista, que pretende denunciar “los excesos autocráticos” del nuevo
gobierno, ante la mirada recelosa del policía del mundo.
Con un golpe de Estado ya frustrado en su haber, el futuro soñado
no resulta nada fácil de alcanzar en Venezuela. Las voces por la paz en contra
la violencia y por más democracia se multiplican, en un entorno todavía
enrarecido que puede derivar de nuevo en circunstancia no deseables para el
país. Para algunos, a pesar de la oposición e incluso por su propia torpe
actuación, el proceso político bolivariano se ha venido consolidando a pasos
agigantados, la revolución avanza e inclusive se profundiza; para otros, lo más
deseable sería que el proceso avanzara hacia una nueva y efectiva participación
popular, más allá de las adhesiones meramente electorales. Así, lo cierto es
que la gente es quien tiene la última palabra, pues sólo la conciencia popular
del proceso y la organización desde abajo garantizaría un entorno en el cual se
irían imponiendo vez a vez nuevos patrones y formas de comportamiento que
podrían definir una renovada cultura en busca de entender mejor sus circunstancias
y participar más en su definición, una nueva conciencia que en forma muchas
veces intuitiva pero no menos importante, abarque los más amplios espectros del
complejo social y cultural.
Lo que pase en Venezuela sólo el tiempo podrá decirlo. En tanto,
presentamos aquí, para conocimiento de nuestros lectores, lo que un grupo
plural de intelectuales, pensadores, académicos, políticos y gente preocupada
por ese país y por su historia tiene que decir. Son estos, autores en su
mayoría venezolanos (que son quienes mejor pueden hablar de su proceso), un
buen ejemplo de lo que hoy se viene considerando en torno a la situación
venezolana. Lo que más se advierte en cada uno, así se hallen en posiciones distintas,
es un compromiso hasta militante por ayudar a definir esa historia, en lo que
cada quien considera debiera ser el mañana en ese país. Una patria que, como
decimos nosotros, se debate hoy entre el sueño del futuro y el lastre del
pasado.
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América Nº 11
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