Cuestiones de América

 

Pobreza y Crecimiento Económico

Luis Zambrano Sequín

Borradores de Trabajo del Proyecto

La Pobreza en Venezuela. Causas y Posibles Soluciones

No. 2 - Febrero 1998

 

Presentación del Proyecto

En 1996, un grupo de personas convocadas por la Asociación de Universidades Jesuíticas de América Latina (AUSJAL) se reunión en Caracas para discutir un proyecto embrionario de investigación sobre la pobreza en el subdesarrollo con una perspectiva Latinoamérica. A raíz de esa discusión el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello presentó un proyecto de investigación para el caso venezolano.

Este proyecto se planteo como un conjunto de investigaciones parciales cuyo objetivo general es la identificación de los obstáculos (o causas) que impiden que los grupos sociales que calificarían como pobres dejen de serlo. Las causas u obstáculos para la superación de la pobreza se enmarcan en lo que el proyecto de investigación delimita como:

·Determinantes Socio-culurales

·Determinantes Económicos y, los

·Determinantes Político-Institucionales

Cada uno de estos determinantes de la pobreza corresponden a una diferenciación analítica del problema y se enmarca en lo que son los campos o disciplinas para el estudio de la sociedad, las cuales, para los efectos del estudio propuesto, representan investigaciones parciales del proyecto global de carácter multidisciplinario .

La aspiración es que el encuentro de los distintos abordajes del problema permita la construcción de una perspectiva global sobre la pobreza en Venezuela, la cual se alimente de los resultados que vallan arrogando las distintas investigaciones parciales y su lectura permanente a partir de la confrontación con teorías agregadas sobre el tema de la pobreza.

Este esfuerzo de largo plazo, residenciado en la UCAB a través de su Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, sólo ha sido posible gracias al auspicio de la Asociación Civil para la Superación de la Pobreza y el Subdesarrollo, organización que nuclea a un conjunto de empresas y personas, las cuales además de ser el soporte financiero al proyecto, velan por que los estudios tengan aplicación práctica y sean fuente de inspiración para las acciones públicas del Estado y la sociedad civil venezolana.

El Autor

Luis Zambrano Sequín es venezolano, economista de la Universidad Central de Venezuela y con estudios de post-grado en la Universidad de Illinois. Es profesor de macroeconomía en la UCAB y UCV, dirigió el Departamento de Investigaciones Económicas de la UCAB y coordinó el área económica del presente proyecto. En la actualidad goza de un permiso por parte de la UCAB para desempeñarse como sub-director de la Oficina de Asesoría Económica del Congreso Nacional.


 

Contenido

Contenido.............................................................................................. 0

1. Introducción.................................................................................... 2

2. América Latina: pobreza y desigualdad................................................. 2

1.1. Evolución de la pobreza y la indigencia....................................................... 2

1.2. Evolución de la pobreza y la indigencia en las principales.................................. 4

economías de la Región.............................................................................. 4

1.3. Perfil de la pobreza.............................................................................. 8

2. Crecimiento económico, pobreza y distribución del ingreso.................... 8

2.1. Crecimiento económico y nivel de pobreza................................................... 8

2.2. Distribución de ingreso y crecimiento económico.......................................... 11

2.3. Volatilidad, pobreza y.......................................................................... 11

distribución........................................................................................... 11

2.4. Rigidez del mercado laboral................................................................... 11

2.5. Rigidez del mercado........................................................................... 12

crediticio............................................................................................. 12

2.6. Modelo de crecimiento........................................................................ 12

económico, pobreza y distribución................................................................ 12

3. Reformas económicas, pobreza y distribución del ingreso..................... 13

3.1. Reforma comercial............................................................................. 16

3.2. Reforma fiscal.................................................................................. 16

3.3. Reforma financiera............................................................................ 16

3.4. Reforma laboral................................................................................ 16

3.5. Privatización.................................................................................... 16

3.6. Apertura y exportación de recursos naturales.............................................. 17

Conclusiones..................................................................................... 17

Referencias Bibliográficas................................................................... 22

 


1. Introducción

  Durante la última década el tema de la pobreza ha adquirido una nueva dimensión en América Latina, tanto en la agenda de la investigación académica como en la de la política económica.

Los estudios recientes sobre el tema apuntan a una serie de conclusiones que han ganado un creciente consenso. Entre estas podrían destacarse las siguientes:

-      la desigual distribución del ingreso y la pobreza son más causas que consecuencia del crecimiento económico.

-      el progreso en la reducción de la pobreza ha sido acompañado por un empeoramiento en la desigualdad.

-      los canales a través de los cuales la desigualdad en la distribución del ingreso afecta el crecimiento económico están asociados a sus efectos sobre: la estabilidad política y económica, los déficit fiscales, la debilidad de los mercados financieros y la escasa inversión en capital humano.

-      la estabilización económica de la Región ha contribuido a la reducción de la desigualdad pero el deterioro del capital humano ha más que compensado este logro.

-      la lenta reducción de la pobreza se explica por la desigualdad en la posesión de los activos. Los pobres carecen de acceso a los activos necesarios para incrementar su productividad y sus ingresos.

-      los factores claves para reducir la pobreza están asociados a: la consolidación de los derechos de propiedad, el acceso al sistema legal y al crédito, y la institucionalización de un sistema competitivo justo.

  Este trabajo trata sobre los aspectos involucrados en estas conclusiones. En la primera parte del documento se muestra la magnitud y evolución del problema de la pobreza y la desigualdad en América Latina. En la segunda sección se presentan las principales hipótesis por medio de las cuales se pretende explicar la relación observada entre el crecimiento económico, la pobreza y la distribución. En la tercera parte, la atención se concentra en las implicaciones que sobre el tema de la pobreza y la distribución del ingreso han tenido las reformas estructurales que han caracterizado la década de los años noventa en la mayor parte de los países Latinoamericanos. Finalmente se sintetizan las conclusiones más relevantes.

2. América Latina: pobreza y desigualdad.

1.1. Evolución de la pobreza y la indigencia.

  En los últimos quince años la evolución económica de América Latina puede dividirse en dos grandes períodos: la crisis de la deuda externa, que dominó la mayor parte de los años ochenta, y las reformas estructurales que han caracterizado a la mayoría de los países de la Región desde finales de los ochenta hasta los actuales momentos.

  Durante el periodo de la crisis de la deuda, también conocido como la década perdida, el deterioro de las condiciones sociales en Latinoamérica fue impre-sionante. La evolución de la pobreza puede dar claro testimonio de ello. Como se muestra en el Cuadro N° 1, la población pobre se incrementó en 61,3 millones de personas, de las cuales casi 60 millones se concentraron en los espacios urbanos, siendo la mitad de ellos no sólo pobres sino indigentes. Es decir, a final de la crisis de la deuda, en América Latina 92 millones de personas devengaban un ingreso que ni siquiera alcanzaba para adquirir una canasta básica. De estos 92 millones de personas, la tercera parte se generó en los seis años que , en promedio, duró la crisis.

 


 


 


  Si bien América Latina retomó la senda del crecimiento económico en los noventa, la pobreza ha seguido creciendo aunque a tasas menos aceleradas. En efecto, a pesar de que la economía de la Región se incrementó a una tasa promedio de más de 3%, los pobres se incrementaron a una tasa promedio anual de 1,5% entre 1990 y 1994.

  Es de notar, simultáneamente, que  la pobreza y la indigencia se han transformado en un fenómeno esencialmente urbano. Este incremento notable de la pobreza urbana esta asociado tanto a las altas tasas de migración desde las áreas rurales a las ciudades, a los efectos de la profunda recesión de los ochenta, el sesgo excluyente del modelo de crecimiento y la incapacidad financiera y administrativa en las ciudades receptoras que han hecho colapsar los servicios públicos básicos.

  A pesar de esta alta concentración de la pobreza en las ciudades, no se debe ocultar el hecho de que la población más pobre sigue viviendo en el campo (Cuadro N°2). En este sentido, y contrario a la opinión generalizada, puede afirmarse que las zonas urbanas, comparadas con las rurales, ofrecen más oportunidades de empleo mejor remunerado y que la urbanización, en cierta medida, ha contribuido a aminorar la gravedad del problema de la pobreza.



Por otra parte, hay evidencias sólidas de que el efecto de reducción de la pobreza producido por el crecimiento económico ha sido contrarrestado, en parte, por un empeoramiento paralelo  en la distribución de la riqueza (Bénabou, 1996).

Tal y como se muestra en el Gráfico N°1, América Latina destaca como la Región de mayor desigualdad en el mundo, bastante distante incluso de Africa y los países del Asia del Sur. Esta conclusión es aún más firme si se tiene en cuenta la diferencia en el tamaño de las economías. La mala distribución en los activos, la inflación sostenida y elevada, la alta volatilidad de las economías y los shocks externos adversos severos y recurrentes, característicos de los ochenta profundizaron la ya tradicional mala distribución de la riqueza y el ingreso en Latinoamérica.

 



1.2. Evolución de la pobreza y la indigencia en las principales

economías de la Región.

En el Gráfico N° 2 se puede observar con claridad el deterioro en el nivel de vida que significó la década de los ochenta en las principales economías de la Región. A excepción de Colombia, un país de reformas graduales y continuas pero de un relativamente bajo ingreso, en todos estos países se deterioró el ingreso per capita durante el periodo de la crisis de la deuda externa. Chile, la nación que comenzó más tempranamente su profundo proceso de reformas estructurales empezó a recuperarse a mediados de los ochenta y su economía se ha expandido rápidamente en los noventa. Argentina y Brasil, comenzaron sus reformas a comienzos de los noventa retomando el crecimiento pero todavía no han recuperado los niveles de ingreso per capita que tenían antes al comenzar la crisis. En México el ingreso por habitante se ha deteriorado progresivamente, aunque se ha reducido ostensiblemente la tasa de deterioro, aún considerando los efectos negativos del “efecto tequila”.

El caso de Venezuela es, sin lugar a dudas, el más notable. El ingreso per capita se ha reducido notablemente, casi mil dólares ó un 28%. La reversión de las reformas económicas, la crisis en su sistema financiero y la inestabilidad político institucional que han afectado a esta economía son factores que, naturalmente, han contribuido a este resultado. Factores que, por cierto, no pudieron ser contrarrestados por un relativo buen desenvolvimiento del mercado petrolero.



 

La pobreza, como ya se ha mencionado, no está determinada sólo por el nivel de actividad económica y el crecimiento demográfico. La distribución de ingresos, aspecto ligado a la naturaleza del crecimiento y a factores político-institucionales, puede complementar o contrarrestar los efectos del crecimiento económico y demográfico.

    En el Gráfico N° 3 se puede notar como, simultáneamente al deterioro de la actividad económica de los ochenta, la distribución del ingreso se hizo más regresiva. Tan solo Colombia mostró un mejoramiento distributivo, aunque desde unos de los niveles de desigualdad más altos del Continente. Chile, prácticamente mantuvo sus niveles de desigualdad constantes durante los últimos quince años.


 


  En forma similar, los años noventa se caracterizaron, en general, por reducciones en los niveles de desigualdad, aunque no se logra retornar a los valores que se tenían a finales de los setenta. Venezuela y Colombia aparecen como dos importantes excepciones, aunque por razones muy diferentes: en el caso de Colombia por los efectos fuertemente regresivos de las reformas económicas, especialmente, la reforma comercial. En cuanto a Venezuela, por el mal diseño de su política económica y la inestabilidad a la que ha estado sometida por los shocks externos e internos.

  Ante estos acontecimientos relacionados con el crecimiento económico y la desigualdad, no son sorprendentes los resultados en materia de pobreza para los países que aquí se están analizando. Los niveles de pobreza, a excepción de Chile, son mayores hoy que en relación a los que se tenían hace quince años. En aquellos países dónde las reformas económicas han sido adelantadas con firmeza la pobreza se ha reducido, pero no lo suficiente cómo para avanzar más allá de lo que ya se había logrado con el modelo de sustitución de importaciones (ver Cuadro N° 3).



1.3. Perfil de la pobreza.

  La condición de pobreza, como es sabido, no se distribuye uniformemente entre los principales grupos poblacionales. En América Latina los grupos particularmente vulnerables son: las mujeres, especialmente las solteras que son cabezas de familia, los niños y adolescentes (ver Cuadro N° 4), los incapacitados, los viejos y los indígenas.

  Los hogares pobres son siempre más numerosos, y con una alta proporción de miembros económicamente dependientes: niños y ancianos. La decisión de tener muchos hijos, como sucesivos trabajos han mostrado (Banco Mundial, 1990), más que ser una consecuencia de un bajo nivel educativo y cultural, sería más bien el resultado de una conducta sensata ante el fenómeno de la pobreza. La mano de obra infantil y el rol de las familias numerosas como mecanismo institucional para reducir los costos individuales asociados a la seguridad social, son poderosas razones para explicar las aptitudes de los pobres ante la natalidad y el agrupamiento en familias relativamente grandes.

  Uno de los problemas que se ha ido agravando al incrementarse la tasa de urbanización ha sido, justamente, el de la desintegración de la unidad familiar multigeneracional, lo que ha convertido a la población anciana en un grupo particularmente vulnerable. Este problema no parece tener solución en el contexto de los nuevos mecanismos que se están diseñando en la Región en sustitución de los regímenes tradicionales de seguridad social.

  En todos los países de la Región las mujeres tienden a ser más pobres que los hombres. Las razones de ello tienen que ver con: la menor tasa de alfabetización femenina, los obstáculos culturales, legales y sociales derivados de una larga tradición discriminatoria y los menores salarios que se les pagan. La presencia cada vez mayor de mujeres solteras como cabeza de familia (ver Cuadro N° 5) esta agravando la situación de pobreza con una alta incidencia sobre niños y adolescentes.

  La existencia de niños como parte de la fuerza de trabajo es una característica resaltante en América Latina, tanto en los espacios urbanos como rurales. Este fenómeno explica el bajo nivel de escolaridad entre los niños pobres. El impresionante deterioro de la calidad de la educación primaria en los países de la Región no ha hecho sino incrementar la deserción escolar, dado el bajo retorno que tiene para las familias de bajos recursos (Birdsall y Londoño, 1997).

  Tal y como puede observarse en el Cuadro N° 6, para una muestra de países de la Región, la brecha en el grado de escolaridad de los niños de las familias pobres con relación a las no pobres es muy significativa. Hay países que son excepciones, como son los casos de Chile y Uruguay, pero lo típico en Latinoamérica es que difícilmente un niño de una familia pobre finalice la educación primaria.



2. Crecimiento económico, pobreza y distribución del ingreso.

Uno de los aspectos en los que se hace recientemente énfasis, en la literatura sobre el crecimiento económico, es la distinción entre nivel de pobreza y desigualdad en la distribución del ingreso. Diferenciar estos dos aspectos es fundamental a los efectos de definir los objetivos e instrumentos de la política económica.

2.1. Crecimiento económico y nivel de pobreza.

La reducción de la pobreza no debe ser sólo una intención ética. La existencia de importantes núcleos de pobreza constituye un profundo obstáculo que imposibilita el crecimiento económico sostenido e impide la construcción y consolidación de regímenes donde imperen las libertades democráticas.

La pobreza es la principal causa de una baja calidad de vida que impide el funcionamiento eficiente de las familias, el sistema escolar y el resto de las instituciones encargadas de la socialización de los niños y adolescentes y con ello enfrentar problemas como la violencia, la drogadicción y la acumulación del capital social requerido para poder sostener e incrementar la riqueza de un país.

Los elevados niveles de pobreza impiden el desarrollo de las economías externas vinculadas a la educación y la salud públicas. En los últimos veinte años, los nuevos desarrollos en la teorías endógenas del crecimiento económico han enfatizado la idea del capital humano como una inversión y no un gasto y la acumulación de este tipo de capital como un elemento crítico para explicar el comportamiento de las diferentes economías. Una economía más flexible, requisito para el éxito en un mercado cada vez más globalizado, exige una población bien dotada de capital humano.

2.2. Distribución de ingreso y crecimiento económico. 

La causalidad entre crecimiento económico y mejoras en la distribución del ingreso ha sido sólidamente establecida por la investigación académica y empírica. En general, se asume que las políticas económicas dirigidas a crear un ambiente macroeconómico estable, que promueva la inversión y el crecimiento, terminarán haciendo a la distribución del ingreso menos desigual[1] y reduciendo el nivel de pobreza (Sarel, 1997).

    Una mejor distribución del ingreso y de la riqueza no sólo debe considerarse como un objetivo que se justifique por razones morales, sino que también debe tomársele en cuenta como un importante instrumento de política a través del cual se puede afectar el crecimiento económico en forma permanente. En este sentido, hay una relación de causalidad que va de la distribución al crecimiento.

    En general, una mejor distribución del ingreso esta asociada a una mayor capacitación que facilita la adopción de nuevas ideas, nuevas tecnologías y la capacidad de adaptación de la sociedad a un ambiente económico cada vez más volátil e incierto. Así mismo, es posible afirmar que a mayor desigualdad, la elasticidad de la reducción de la pobreza al crecimiento económico se hace menor.

    El grado de respuesta del ingreso de la población pobre al crecimiento económico es, definitivamente, mayor que la unidad; esto confirma la ya mencionada correlación positiva entre crecimiento y reducción de pobreza. Sin embargo, la desigualdad en la distribución actúa como un elemento que opera en la dirección opuesta. En un país con una peor distribución del ingreso y de los activos, el esfuerzo en crecimiento económico para lograr una reducción equivalente de la pobreza debe ser substancialmente mayor (Banco Mundial, 1990).

    Investigaciones recientes han concluido que, dada la actual distribución del ingreso en América Latina, la tasa de crecimiento económico promedio debería duplicarse (de 3,2% a 6%) para apenas reducir el número de personas viviendo en pobreza absoluta (Burki y Perry, 1997). Mantener sostenidamente tasas de crecimiento superiores a 5% es, definitivamente, una tarea difícil; por ello, se hace necesario progresar rápidamente en los aspectos redistributivos si la reducción de la pobreza ha de ser un objetivo prioritario.

    Existen varios canales por medio de los cuales la distribución del ingreso puede afectar al crecimiento económico. En primer lugar, una distribución del ingreso y la riqueza muy regresiva es una de las causas del descontento social que genera un clima de inestabilidad política y con ello eleva la incertidumbre que reduce la inversión y por tanto el crecimiento de la economía. Por otro lado, una muy desigual distribución crea las condiciones para que la tasa de tributación que grava la actividad económica se fije muy por encima del óptimo, desestimulando la inversión, el consumo y finalmente el crecimiento a largo plazo (Alesina, Roubini, Ozler y Swagel, 1992).

    La relevancia de los aspectos distributivos como factor de generación de crecimiento económico, ha sido resaltada en las investigaciones orientadas a explicar la muy diferente evolución de la pobreza en los países asiáticos y latinoamericanos (Bidsall y Londoño, 1997). En general se concluye que en las economías asiáticas, al tener una mejor distribución del ingreso, los pobres tienen un mayor acceso a los activos que son necesarios para mejorar la productividad y el ingreso. Los pobres, sin la posesión de los activos adecuados, no pueden aprovechar las oportunidades que brinda el modelo de crecimiento que se pretende seguir, máxime cuando éste está sesgado hacia el uso de recursos factoriales muy específicos.

2.3. Volatilidad, pobreza y

distribución.

La economía de la Región sigue desenvolviéndose en un ambiente sumamente vulnerable. La severidad y frecuencia de los shocks externos, el hecho de que la estabilidad macroeconómica haya dependido en buena medida de la generación de importantes déficits en cuenta corriente, acompañados de déficit fiscales crónicos, que han sido financiados con capitales externos volátiles, han generado ciclos de crecimiento muy cortos de expansión y ajustes. Esto ha provocado que la recuperación del crecimiento económico en Latinoamérica se haya producido en un ambiente considerablemente inestable, especialmente en aquellas economías que aún siguen dependiendo de sus exportaciones de materias primas.

    Los pobres, al carecer de bienes y capital humano y físico, son los más vulnerables al ser los menos capaces de protegerse en situaciones imprevistas. Al carecer de activos no sólo no pueden protegerse de la inestabilidad sino que  tampoco disponen de la flexibilidad para adaptarse a una situación cambiante.

    Adicionalmente, los pobres son siempre los más afectados por las políticas de estabilización y ajustes. Los cambios en los precios relativos asociados, por ejemplo, a los shocks en los términos de intercambio y las políticas de ajustes que los siguen se mueven en contra de los salarios y empleos peor calificados y , en general contra el uso de la mano de obra. Las devaluaciones, aunque pueden favorecer temporalmente a los trabajadores de las empresas exportadoras, terminan afectando significativamente a los consumidores urbanos de menor nivel de ingreso.

    Los severos shocks en los términos de intercambio y la volatilidad del tipo de cambio real han tenido efectos adversos significativos sobre los sectores de más bajos ingresos.

La inflación asociada a estas perturbaciones ha agravado, a su vez, los problemas distributivos. Reducir la inflación es, consensualmente, un objetivo intermedio deseable si se desea reducir los niveles de pobreza a largo plazo. Sin embargo las políticas de estabilización también tienen implicaciones distributivas adversas, y es un punto de discusión hasta dónde las medidas de ajuste compensan los beneficios de una mayor estabilidad de precios. La reducción de la inflación supone, normalmente, una reducción del gasto público incluyendo las transferencias y las erogaciones en los programas y servicios sociales. Aún no hay respuestas conclusivas sobre estos asuntos, pero es claro que si la estabilización no está acompañada por un rápido crecimiento económico, las ganancias en términos de ingreso y distribución hacia los sectores más vulnerables serán insignificantes e incluso puede no haberlas (Sarel, 1997).

2.4. Rigidez del mercado laboral.

    El mercado de trabajo en América Latina está claramente segmentado entre trabajadores formales e informales. Los trabajadores formales devengan mayores salarios, tienen una mayor productividad, están cubiertos por los sistemas de seguridad social, los protegen los sindicatos y tienen trabajos más permanentes.

    Un problema estructural radica en la lenta evolución de la demanda de trabajadores en el sector formal. La tasa de crecimiento de este tipo de trabajadores se ha estancado en muchos de los países de la Región o evoluciona a tasas que están muy por debajo de la tasa de crecimiento de la fuerza de trabajo (Burki y Perry, 1997). La Organización Internacional del Trabajo estima que de cada diez nuevos puestos de trabajo en Latinoamérica, al menos ocho pertenecen al sector informal de la economía.

    La exclusión progresiva del trabajo, inherente al patrón de crecimiento de los sectores modernos y formales de la economía, esta relacionada con la rigidez del mercado laboral que aqueja a todos los países latinoamericanos. El alto grado de rigidez en este mercado se explica, entre otras cosas, por:

-         una alta protección del empleo en los sectores formales, mediante la elevación de los costos a las empresas que desean ajustar la demanda laboral,

-         importantes impuestos a las nominas, que han encarecido notablemente el empleo directo por parte de las empresas,

-         procesos de fijación de salarios que no están asociados a la evolución de la productividad ni de la competitividad de las empresas,

-         costosos mecanismos para la resolución de los conflictos laborales,

-         severas limitaciones para desarrollar la contratación temporal de mano de obra.

    En casi todos los países se están tomando acciones que apuntan a reformar los mercados laborales con vistas a hacerlos más flexibles, superando los problemas señalados. La conflictividad social que han generado estas reformas han hecho retrasar considerablemente el avance hacia mercados laborales más eficientes.

    El problema de la exclusión de los pobres enfrenta otras restricciones adicionales. El nuevo patrón de desarrollo que está surgiendo en América Latina está sesgado hacia la demanda de trabajadores calificados, lo que plantea el problema de la dotación de activos en manos de la población de más bajos recursos. El estar saludable y educado es una condición necesaria para poder tomar ventajas de las oportunidades que ofrece el crecimiento. No puede aspirarse a una reducción de la desigualdad si el capital humano está, como ya se ha mencionado, mal distribuido.

    Las restricciones al acceso a la educación y la salud, junto con la pésima calidad de los servicios que se entregan a los pobres, no hace sino agravar los problemas de exclusión inherentes al patrón de crecimiento. Con un sector educativo público donde la mitad de los que inician la escuela primaria nunca la terminarán, y los que lo hacen están muy mal dotados en relación a lo que reciben quienes no son pobres, será muy difícil cambiar las tendencias en relación al crecimiento del empleo informal.

2.5. Rigidez del mercado

crediticio.

A las rigideces del mercado laboral hay que agregar las del mercado crediticio que terminan discriminando en contra de los sectores más pobres. Las restricciones de acceso al crédito profundizan el carácter excluyente del patrón de crecimiento.

    Incluso un incremento en la dotación de capital humano de los pobres no resuelve el problema de la exclusión de los mercados financieros. Dadas las características institucionales y reglamentarias del sistema financiero y el hecho de que el capital humano no puede ser apropiado, las instituciones financieras no pueden utilizar este capital como colateral de los prestamos. Aunque los retornos de la inversión en salud y educación sean muy altos, los pobres se ven afectados por fuertes restricciones de liquidez que limitan sus posibilidades para aprovechar las oportunidades que surgen con las reformas.

    Adicionalmente al problema de los colaterales, los costos de prestar recursos a los pobres son substancialmente altos. La alta dispersión de los agentes, especialmente en las áreas agrícolas, la escasez de información sobre la reputación de los deudores, los mayores riesgos de los sectores donde se desempeñan los pobres y la pequeña escala de los prestamos supone que, dada la actual organización del sistema financiero, prestar a los que menos tienen, aún con amplias garantías, implica altos costos en la prestación de los servicios. Esto significa, en el mejor de los casos, tasas de interés sustancialmente altas en términos reales.

Estas circunstancias imponen la necesaria presencia del Estado como ente canalizador de recursos financieros hacia estos sectores que el mercado naturalmente tiende a excluir. Debe acotarse, sin embargo, que la manera tradicional como esta asistencia se ha prestado (entes financieros especializados de carácter público, corporaciones de desarrollo, fijación de tasas de interés preferenciales, crédito dirigido etc.) ha sido extremadamente ineficiente requiriéndose modificaciones profundas en el diseño institucional público y privado que mejore la focalización, reduzca los costos y aumente los coeficientes de recuperación de los recursos utilizados. Respuestas específicas a estos requerimientos aún están en fase embrionaria, algunas experiencias en países centroamericanos parecieran ofrecer esperanzas de encontrar soluciones efectivas (Banco Mundial, 1997 y Burki y Perry, 1997)

2.6. Modelo de crecimiento

económico, pobreza y distribución.

El patrón de distribución del ingreso, si bien es muy importante, no es el único factor que determina la correlación entre el crecimiento económico y la evolución de la pobreza. Otros factores claves son:

-         la naturaleza y calidad del modelo de crecimiento,

-         la capacidad de sostener el nivel de actividad, aspecto que esta asociado a la calidad de la gestión macroeconómica,