Cuestiones de América

 

Política y construcción mediática de los acontecimientos

                                         Venezuela: La Realidad Está en Otra Parte      

 

Pedro Reygadas *

 

Una noche nos fuimos a dormir con una Venezuela dirigida por el militar Hugo Chávez, en medio de una efervescencia de cambios sociales que apuntaban al beneficio popular y nacional, con el apoyo masivo y el soporte de milicias bolivarianas. Al día siguiente nos despertamos con imágenes en todos los noticieros donde nos anunciaban el cambio de nombre de la República, los soldados perseguían a los chavistas -convertidos en asesinos que disparaban a la multitud- y la historia volvía atrás por el arte caótico de la insurrección. Como en una cámara oscura, la realidad había sido invertida en un instante. La ideología de los medios nos hacía ver el mundo cabeza abajo. Solo que la terca realidad se enderezó; al final, vivimos en días vertiginosos el primer caso en la historia latinoamericana en que un golpe derechista es revertido. Sin embargo, todavía no acaban sus consecuencias ni tampoco la lucha de imágenes por reconstruir la realidad venezolana a favor del cambio o del regreso al pasado.

Hugo Chávez no fue derrocado sólo por un golpe de empresarios, de los organismos de inteligencia de E.U., de grupos militares, de sindicatos aburguesados, de intereses petroleros y de capas descontentas de la población por las reformas neobolivarianas; cayó también por un golpe de imágenes, por la reconstrucción mediática de la realidad. Tratamos ese hecho en el número de abril de Cuestiones de América. Hoy queremos recuperar la historia, insistir sobre la trascendencia de este aspecto para pensar la democracia y la justicia social en el siglo XXI, porque cada día se busca destruir con imágenes y comentarios las posibilidades de la realidad venezolana en particular y americana en general. La batalla se da mediante operaciones estratégicas y puntuales como la del golpe antichavista o a través de golpes constantes, cotidianos, incesantes que tornan la mentira en verdad por la terca repetición, que construyen historias cuya realidad reside en su persistencia mediática.

Hoy la verdad tiene límites claros fijados por la globalización de la sociedad de la información y la imagen. Y uno se pregunta, en este mundo unificado, virtual, audiovisual, ¿dónde está la realidad? ¿Puede avanzar la democracia en un mundo mediatizado? ¿Cómo evitar la perversión de la imaginación por el servicio al poder? ¿Cómo luchar desde los medios? ¿Tiene sentido pensar hoy una política sin pensar en los medios? ¿Qué puede más, la verdad o el rating? ¿Cómo empezó todo esto?

De los medios a la realidad

En aquel número de abril recordábamos que Venezuela es un caso singular y el más importante ejemplo americano del peso que cobra la televisión en la política. En los años del presidente Carlos Andrés Pérez una telenovela empezó a hacer tambalear su cuestionado gobierno con el aumento de cada punto del rating. El melodrama introducía cada día una escena en donde los personajes de la ficción hablaban de los sucesos de la realidad dados a conocer en el periódico de la mañana. El efecto fue demoledor; toda la población se pegó al televisor para ver el fin de la historia y el último capítulo rebasó todas las expectativas: Carlos Andrés Pérez cayó, en la realidad. La frontera entre imagen y realidad se difumina. La división entre rating y popularidad es una tela desleída.

Los medios actuales -fusión de informática, telefonía y medios masivos- son el más claro caso de las inoperantes divisiones entre “estructura” y “superestructura”, entre “economía” y “política”, entre “producción” y “reproducción”. Los medios son parte clave de la economía, de la producción y la estructura del capital financiero mundial y americano: desde Microsoft hasta TV Azteca, Televisa, O’Globo y Teléfonos de México. A la vez, son el corazón de la superestructura, de la política y de la reproducción ideológica y cultural del imperialismo contemporáneo que va de Hollywood a los noticieros de CNN  y a la información en la red electrónica. Los medios son parte de la realidad y de su interpretación. Tanto su producción como su reproducción afectan la vida toda de cada país y del mundo. La visión de los medios no sólo interpreta, también transforma la realidad, tiene un efecto radical sobre ella.

Los medios desarrollan las ficciones guerreras e individualistas, los mundos virtuales donde se venden las ilusiones con las cuales crecen los niños cuidados por la niñera electrónica, llámese televisión o computadora; es el mejor mundo posible para el desarrollo de la economía virtual, del complejo militar industrial y de la competencia que rige el movimiento del capital en escape perpetuo de la crisis que la mueve debido al conflicto entre la apropiación privada de la riqueza y la producción social de la misma.

La ficción no es inocente. La ficción es parte del mundo. La ficción cambia el mundo.

De la realidad a los medios

Los medios han estado antes, durante y después del golpe contra el régimen de Chávez. Sobre su participación en el golpe escribíamos:

“Difundieron una visión de la realidad venezolana encaminada no a informar a la población sino a derrocar al presidente, obligándolo así a prohibir la transmisión y a hacerlo aparecer como un dictador y violador de la libertad de expresión, que en realidad era una manipulación de la libertad y de la expresión. Al declararse la crisis, CNN -cadena estadounidense- cumplió el papel de presentar al mundo la versión antichavista de los acontecimientos... La difusión en los medios de un llamado y movilización por la huelga general cada diez minutos hizo que una huelga fallida se convirtiera en un triunfo en la virtualidad televisiva y electrónica. Los intereses privados y minoritarios del capital, los manejos cupulares aparecieron a la luz de los medios como la gran movilización obrera contra el gobierno de Chávez... Los medios no son informadores sino deformadores y actores participantes. Sirva de muestra un botón más. En los intercambios de disparos en Caracas, la capital venezolana, la mayor parte de los muertos eran chavistas, no antichavistas. Los disparos provenían en ocasiones, efectivamente, de milicias bolivarianas –las cuales, además, están en ocasiones infiltradas por la derecha y los E.U.- pero también de un grupo ultrarradical que nada tiene que ver con Chávez y de la policía de Caracas que, casualmente, es antichavista...”

Hoy sabemos que en el montaje de las imágenes de los disparos durante le golpe, las cadenas cambiaron los espacios y los ejes para construir hechos que no sucedieron. Los balazos reales no iban dirigidos contra los hombres que nos muestra el montaje. Esta es una práctica corriente. Tras el infausto 11 de septiembre del 2001, las cadenas televisivas mostraron, al menos en América Latina, imágenes de supuesto júbilo palestino por los acontecimientos; las imágenes, en realidad, provenían del stock de la celebración de la Intifada. No importa ya cuál sea la realidad, los medios construyen la que les resulte conveniente.

Los medios producen el mundo en donde los capitales deben poder moverse en un instante: permiten conocer la realidad a lo largo y ancho del globo, intercambiar impresiones, mover los capitales, todo en cuestión de segundos. Al mismo tiempo, reproducen la ideología que es operante para el sistema mundo dominado por el capital financiero global, por un minúsculo número de trasnacionales y de estados centrales. Su mundo no es el mundo real, es el mundo que buscan construir para su beneficio. En tal sentido, la enseñanza en la escuela básica y media de la crítica de los medios es fundamental para la liberación popular. La crítica mediática audiovisual es hoy tan importante como la alfabetización, porque la población vive mucho más tiempo entre imágenes y electrónica que entre letras, libros y diarios.

La génesis de la creación de la realidad por los medios

Los medios, la computadora y la Internet forman parte del núcleo financiero del capital trasnacional y del núcleo cultural e ideológico del siglo XXI. En lo ideal se puede especular, en la realidad actual y del futuro inmediato, no pueden pensarse la economía, la política, la ideología y la cultura sin ellos.

La guerra de las Malvinas se dio en buena parte en la esfera de la información. Los acontecimientos de la confrontación fueron construidos por la inteligencia militar británica. En el Golfo Pérsico, la construcción de los sucesos y los ocultamientos fueron totalmente deliberados, formaron parte de la estrategia militar. En la Guerra de Chiapas en México, en 1994, la batalla se libró más en los medios y la Internet que en los campos de conflicto. Hoy los medios son la continuación de la guerra, son parte de la guerra.

En la política de los golpes de Estado y asonadas, la prensa y el radio siempre jugaron un papel clave. Baste recordar el papel de la prensa en el derrocamiento de Allende en 1973 y, en sentido inverso, la reconstrucción de la realidad desde la izquierda por el equipo de cine de La Batalla de Chile, que fue capaz de indagar más hondo en la realidad que los propios científicos sociales. En México, Televisión Azteca intentó derrocar al gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas en la Ciudad de México. En Venezuela, el golpe fue de los medios. Es claro, pues, que independientemente de nuestro gusto, los medios son parte de la realidad y crean una realidad más o menos ficcional que tiene un efecto discursivo y material sobre la vida política para provocar su mantenimiento o cambio.

En las elecciones, la imagen es central. Para la derecha lo es desde hace décadas. Casi no hay país moderno en donde los debates mediáticos no sean un hecho decisivo de las elecciones presidenciales. El movimiento popular también sabe ya aprovechar el fenómeno: lo hizo en la campaña del No, para tirar a Pinochet en Chile; lo hizo en Bolivia para construir una alternativa popular a partir de la radio; lo hizo en México para llevar a Cárdenas a la gubernatura de la capital en 1997.

Los medios se fundan en el glamour y el carisma, el rating y la popularidad. Lo que no se mueve en ese mundo es invisible. Los medios producen un efecto de “visibilidad”. Un líder como Marcos en Chiapas se vuelve protagónico en cuestión de semanas porque los medios lo “inmortalizan”, en cambio, los indios siguen siendo invisibles. Son invisibles los cambios contra el sistema-mundo imperial en Vietnam, Cuba y Venezuela, y seguramente también serán invisibles las transformaciones en el Brasil de Lula. Son invisibles las producciones de neoesclavos en Canadá, Estados Unidos y China. Los medios no son medios para mirar la realidad, son medios para protegerla de las miradas indiscretas, para mantener el mundo lo mejor posible para la reproducción trasnacional.

En esta guerra es necesario marcar una y otra vez la paradoja: la información es hoy instantánea pero no es información verdadera; la comunicación es hoy global pero los pueblos no pueden comunicarse; hoy todo puede verse para que lo principal resulte invisible. El control y manipulación de los noticieros hace que la invención de la realidad transforme la realidad para conservarla. Los medios son el moderno Gatopardo: todo es visto para que nada pueda mirarse. Cambiar esto es parte de la batalla perpetua por la generación de medios populares y civiles alternativos, así como de la transformación de los grandes medios cuyo problema no es su existencia, sino su uso para beneficio privado, la ausencia en ellos de criterios del bien y la verdad.

Los medios desde la democracia popular

En el mundo antiguo la familia era un eje del dominio esclavista. En la Edad Media, la Iglesia era centro de la economía y la ideología. En el capitalismo emergente, la escuela fue el núcleo aglutinador de la nueva visión tecnocientífica del mundo. Hoy los medios son el corazón del sistema imperial globalizado, son un eje de la economía, el centro de la ideología, herramienta clave de la política. No se pueden poner en un segundo plano. Urgen medidas y políticas comunes del movimiento popular de América en torno a los medios. Desde Cuestiones de América quisiera promover por ello siete puntos para la agenda de lucha del movimiento popular en América con relación a los medios:

1.     Establecer límites legales a la propiedad privada de los medios. No puede permanecer sólo y concentrado en manos privadas un servicio que afecta de manera radical la vida pública. No puede, por ningún motivo, entregarse a un solo dueño real o encubierto, más de un canal de televisión de cobertura nacional, ni cadenas de radio o prensa, ni servicios de telefonía que permitan la desestabilización de una región o país.

2.     Los movimientos civiles y populares deben tener garantizado su acceso a la radio y la televisión por los más diversos mecanismos. Es necesario poner fin a la apropiación privada y estatal exclusiva de la radio y la televisión para permitir e impulsar la ciudadanización de los medios.

3.     Debe reavivarse y actualizarse la lucha por “el derecho a la información”, para incluir en el centro el papel de la Internet, la televisión y la radio.

4.     Todo partido político debe tener acceso a los medios en condiciones de equidad en las batallas electorales.

5.     Debe promoverse un “código internacional de ética mediática”, en defensa de la verdad y el bienestar colectivo, el cual ha de enseñarse en todas las escuelas de periodismo, comunicación y computación a lo largo y ancho del mundo.

6.     Colocar en el centro del programa inmediato de lucha popular la transformación radical de los medios, desde la programación infantil hasta la regulación de la publicidad nociva, la regulación de la violencia, la garantía del acceso ciudadano, los derechos de réplica, la producción alternativa y la denuncia de la manipulación.

7.     Pugnar por la enseñanza escolar básica de la crítica a los medios.

La batalla de Venezuela está vinculada a los medios y la pongo hoy en el centro en este número, porque nunca peor que ahora se va a presentar la batalla ideológica mediática. El capital y la ultraderecha cocinan ya nuevos golpes contra el emergente eje popular Brasil-Venezuela-Ecuador-Cuba. No podemos permitir que otra vez los medios nos construyan la realidad para su beneficio destruyendo la realidad de la esperanza en América.

* Editor de Cuestiones de América.

 

 

  

Cuestiones de América Nº 12, Diciembre de 2002 -Enero de 2003

 

 

 

 

 

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