Cuestiones de
América
Simón Alberto Consalvi *
La
inquietud por la situación de Venezuela y por los presagios trágicos que se
vislumbran en el horizonte, no se limita al hemisferio. La Unión Europea alertó
a los venezolanos, también lo hizo Amnistía Internacional; asimismo, e
individualmente, no pocos países han expresado sus aprensiones. Es cierto:
estamos al borde del abismo, y aun cuando la cuestión concierne
fundamentalmente a los venezolanos, y somos los venezolanos los llamados a
resolver nuestras querellas de manera civilizada, no parece que las condiciones
imperantes lo propicien.
El
Presidente de la República está cada vez más incapacitado para gobernar, ha
perdido el control del país, mientras salta de una ceremonia de juramentación a
otra, de estudiantes bolivarianos a obreros bolivarianos a militares
bolivarianos a capitalistas bolivarianos a buhoneros bolivarianos, en un
carrusel demencial que lo aleja cada vez más de la realidad. No tiene sino un
grito de guerra que ofrecerle a los venezolanos. No existe el Estado de
derecho. La economía cae por un tobogán. Las FAN están en vísperas de
destrucción. Crecen el desempleo y la pobreza, mientras los epígonos de la
revolución se obstinan en aplicar su proyecto contra viento y marea. En una
palabra, un país al borde del abismo, pero con capacidad para conjurarlo.
El
secretario general de la OEA vino a Caracas unos días después del 11 de abril.
Su primer viaje fue de enorme importancia: suscitó expectativas obvias. Gaviria
regresó a los seis meses de aquellos sucesos; su visita pudo haber sido para él
un ejercicio personal de asombro, pero no de frustración, al comprobar que la
crisis venezolana se había agudizado, pero en nombre de la cultura democrática,
frente a los anacronismos de la autocracia. Un pueblo para admirar.
El
tercer viaje de Gaviria no podrá parecerse ni al primero ni al segundo. En el
primero fue inducido a creer en la buena fe del Presidente de la República y
sus propósitos de enmienda. En el segundo percibió los antagonismos
irreductibles, y, como hombre de Estado que es, ex Presidente de Colombia, con
una admirable experiencia en solución de conflictos, Gaviria debe comprender
que frente a la crisis venezolana tiene un papel crítico que asumir.
En
abril presentó un Informe a los cancilleres donde demostró una aguda percepción
de los sucesos y de sus causas. Sugirió pasos prudentes para la superación de
la crisis y la reconciliación de los venezolanos. Sus palabras, sin embargo,
cayeron en el vacío de la intransigencia. ¿Qué informó Gaviria a la Asamblea
General en su periodo extraordinario, el 18 de abril? Al hacer un recuento de
los hechos, consideró discreto advertir que la presentación sucinta de los
sucesos del 11 de abril y su prolongación hasta el 13, no podía interpretarse
de ninguna manera "como una justificación de la alteración del orden
constitucional".
Gaviria
situó los hechos en su contexto, e inició su análisis reconociendo la coyuntura
difícil por la cual atravesaban las instituciones en Venezuela, y juzgó
oportuno, como dijo, "mirar aspectos de la vida institucional del país en
relación con disposiciones de la Carta Democrática". Veamos lo que le
informó a los cancilleres reunidos en Washington, y midamos las distancias
entre las promesas de entonces y las penosas realidades del octubre en que
andamos.
El
secretario general habló así: "El Presidente de la Republica en todas sus
alocuciones ha hablado de reflexionar, de rectificar, de enmendar. Aseguró
"que no habría ánimos revanchistas, ni persecuciones, ni abusos". Ha
dicho que lo ocurrido representa una "inmensa lección"; "que se
debe hacer una profunda reflexión"; que hay que actuar ahora con
"calma y cordura"; que es necesario "corregir lo que sea
necesario corregir"; "restablecer el dialogo". Habló también de
la "unidad respetando las diferencias" y señaló que, como un primer
paso, convocaría el Consejo Federal de Gobierno para que sirva de epicentro
para el diálogo con todos los sectores y para alcanzar el mayor consenso
posible en materia económica, social y política". Sin duda, el Chávez post
11 de abril fue un Chávez casi san Francisco de Asís, compartiendo el pan con
el hermano lobo. Todo una imagen para la exportación, de la cual se hizo eco,
con razón, el secretario general de la OEA. Los cancilleres debieron sentirse
conmovidos ante la tolerancia y el espíritu beatífico asumidos por el
Presidente de Venezuela.
Gaviria
formuló otra observación ante los cancilleres que conviene confrontar con lo
ocurrido en Venezuela, desde entonces hasta ahora. Veamos: "Quiero
igualmente señalar una práctica peligrosa de deliberación en las Fuerzas
Armadas, que determina que muchos protagonistas de la vida pública vivan
atentos a lo que los oficiales de las distintas armas opinan del acontecer
político, incluidas las ordenes de su Comandante en Jefe, el Presidente
Constitucional de la República". ¿Cesó el arrepentido Presidente en su
manipulación de las FAN, su uso indebido, y en la persecución a los altos
oficiales? Gaviria lo sabe: no. Tuvo también presentes las aprensiones
reinantes en Venezuela, que "en particular expresan inquietudes sobre la
separación e independencia de los poderes públicos y la falta de
contrapesos..." O, sea, los fundamentos del Estado de derecho.
El
secretario general hizo esta observación capital: "Es muy importante para
la democracia venezolana que la investigación sobre el desenlace trágico de las
manifestaciones del 11 de abril se realice de manera que sus conclusiones sean
aceptadas por todos, y que los responsables reciban todo el peso de la ley. Lo
que señalo no debería interpretarse como un menoscabo de los poderes
legítimamente constituidos". Ahora podrá comprobar que la investigación de
aquellos crímenes cayó en la impunidad revolucionaria, y que lo más probable
sea su remisión final al Tribunal Penal Internacional.
"Esta
misión, (expresó), recibió numerosas quejas sobre la responsabilidad en estos
hechos de los círculos bolivarianos, grupos de ciudadanos u organizaciones de
base que apoyan el proyecto político del Presidente. Muchos sectores los
responsabilizan de violaciones a los derechos humanos, de actos de intimidación
y de saqueos". ¿Fueron desarmados, acaso?
Para
el registro de los sucesos de abril y de las lágrimas de cocodrillo que los
embalsamaron, documentos como el Informe de Gaviria son de sumo interés. Al
regresar a Venezuela, el secretario general deberá comprender que no puede ser
ajeno al desenlace de una crisis que afecta a toda la región. Quieran los
dioses que no lo aturda la burundanga de Miraflores.
* Visión Venezolana, 15 de
octubre de 2002. Esta nota fue escrita antes de que el secretario general
suspendiera su viaje a Caracas, previsto para el lunes, 14 de octubre, y antes
también de que el Presidente del Perú, Alejandro Toledo, anunciara ese mismo
día, ante el Consejo de las Américas en Florida, que le había solicitado a los
cancilleres andinos formalizar una solicitud ante la OEA para analizar la
situación venezolana, dentro del contexto de la Carta Democrática
Interamericana.
Cuestiones de
América Nº 12, Diciembre de 2002 -Enero de 2003
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