Héctor Magaña Vargas *
La acepción de
la democracia como el ejercicio del poder del pueblo y la decisión de imponer
por medio del voto universal y directo a sus gobernantes es una realidad en
Venezuela, el pueblo se manifestó por medio del ejercicio de la democracia
representativa. Sin embargo algunos sectores de la sociedad venezolana
(bastante minoritarios por cierto) tratan de derrocar al presidente electo Hugo
Chávez con acciones anticonstitucionales.
Desgraciadamente
estos grupos inconformes han generado tal conflicto por su afán de imponer a
otro presidente por las vías no legales, que una vez más el pueblo ha
contribuido con los muertos.
El intento de
golpe de Estado para derrocar a Chávez únicamente logró desnudar las verdaderas
intenciones políticas y económicas de estos grupos: imponer a un presidente
ilegitimo, recibir el apoyo de los Estados Unidos para controlar el petróleo
venezolano en su afán de reiniciar la guerra en el Golfo Pérsico, cambiar la
geopolítica en la región y tener a un gobernante dócil a los intereses de la
Casa Blanca.
Está claro
que la política exterior de Hugo Chávez no le es favorable a los planes
intervencionistas de Bush y ahora con el triunfo de Luis Ignacio “Lula” da
Silva en Brasil, se espera que la región empiece a definir una política
exterior más independiente y soberana.
El pueblo de
Venezuela está dispuesto a ejercer la otra acepción de la democracia; la
democracia participativa, es decir, la acción de la participación ciudadana en
la vida política nacional.
Cuando se nos
había dicho que los latinoamericanos no estábamos preparados para la
democracia, que deberíamos seguir los lineamientos de los organismos
internacionales como el FMI, el Banco Mundial, la OTAN, surge un movimiento del
pueblo en los círculos bolivarianos, las organizaciones de los barrios, el
parlamento firme en respetar la legalidad y el presidente Chávez haciendo
cumplir la constitución.
Los pueblos
latinoamericanos ya maduramos, no estamos dispuestos a dejarnos engañar con
falsas promesas, nuestra fe es inquebrantable en seguir aprendiendo las
lecciones de la democracia participativa. Aprender a tomar decisiones, a
decidir por si mismos el rumbo del país, a involucrarse en los grandes
problemas de la sociedad y sobre todo a ser propositivos. Esta ha sido la gran
lección que nos ha dado gran parte del pueblo venezolano, no se ha dejado
engañar con toda la parafernalia de los medios al interior y al exterior de
Venezuela.
Ha hecho
válido este derecho y se ha manifestado de diferentes maneras para defender a su
presidente y sobre todo la legalidad constitucional.
Jóvenes y
ancianos, hombres y mujeres han cerrado filas para frenar los embates de la
llamada coordinadora opositora quien busca por medio de acciones violentas y
anticonstitucionales derrocar al gobierno de Hugo Chávez.
Los métodos
que han utilizado estos grupos que se oponen a la democracia venezolana han
sido de lo más grotesco; atentados con bombas en la estación de Globovisión,
manipulación de imágenes en TV sobre los acontecimientos del 11 de abril,
manejando una cortina negra digitalizada para impedir ver a quienes disparaban
desde el puente, el embate de grupos empresariales organizados en la
FEDECAMARAS, despido de periodistas que no están dispuestos a manchar su labor
profesional para escribir por consigna o mandato supremo, las marchas de
protesta en automóviles con banderitas, el intento de golpe de Estado de
parte de una fracción de militares auspiciados directamente por la embajada de
los Estados Unidos, llamados a una huelga general que nunca ha fructificado, la
organización de un referéndum para juntar firmas y exigir la renuncia del Hugo
Chávez, ha sido un fracaso total, empezaron falsificando firmas y la mentira
sigue siendo el común denominador de esta oposición.
Los medios,
principalmente algunos sectores de la prensa escrita y la televisión, saben
perfectamente que la información es poder, que el control de los medios por los
grupos económicos identificados por el sector oligárquico de la burguesía
venezolana tiene sus fines bien definidos; derrocar al gobierno a toda costa.
Precisamente esto me recuerda el mismo papel que han jugado otros grandes
empresarios de la comunicación en América Latina, un caso ejemplar fue el
magnate de la TV en México el Sr. Emilio Azcárraga Milmo, uno de los hombres
más ricos del mundo con una fortuna de 4 a 5 mil millones de dólares, este
señor hizo lo mismo que estos empresarios de la TV venezolana, declararse
opositor a cualquier movimiento emancipador, es más el propio Sr. Azcárraga de
México dijo que era un fiel soldado del partido en el poder que dominó a México
por más de 70 años. En Venezuela algunos medios han tenido el triste papel de
oponerse a la democracia y caer en la ilegalidad al manipular a la población
que ya empezó a darse cuenta de las mentiras y ha creado un frente que denuncia
y se manifiesta como una masa critica.
¿Hasta dónde
están dispuestos a los sectores ultra conservadores a llegar para imponer sus
mentiras y derrocar al gobierno constitucionalmente electo?
¿Se han dado
cuenta que están provocando una lucha fratricida en donde se puede generar una
guerra civil entre las distintas fuerzas políticas?
¿Los Estados
Unidos seguirán empeñados en apoyar los intentos de golpe militar por un sector
de la milicia venezolana con el costo político que esto implica y sobre todo
con una gran mayoría de la población que apoya al presidente constitucional?
¿Seguirán
empecinados en apoyar la desestabilización del pueblo venezolano como lo
intentaron con Cuba al instalar desde Miami la radiodifusora José Martí y
trasmitir noticias para generar un supuesto caos en la población y provocar la
caída del gobierno cubano, como sí les funcionó en el caso de Panamá al grado
tal que el señor Endara terminara tomando posesión en una base naval de los
Estados Unidos.
La siguiente
declaración del gobierno de los Estados Unidos nos lleva a reflexionar
precisamente la lectura entre líneas de su comunicado, a desentrañar lo que se
dice, la forma en que se dice y sobre todo, el significado de su declaración,
veamos:
“La Embajada desea aclarar categóricamente
que el gobierno de los Estados Unidos rechaza los actos ilegales, dirigidos
contra personas o propiedades, que buscan alterar el orden constitucional ya
sea para derrocar al gobierno o para mantenerlo en el poder. Los Estados
Unidos, particularmente, se opone al uso de la violencia o a las amenazas de su
uso para alcanzar tal fin. Aun cuando apoyamos enérgicamente la libertad de
expresión como uno de los principios fundamentales de la democracia, llamamos a
todas las partes a que hagan uso de esta libertad de una manera responsable y
ética y a que se abstengan de incitar a la violencia para provocar una ruptura
del orden constitucional del país. El gobierno de los Estados Unidos tomará
todas las acciones permitidas por las leyes de los EE.UU. contra cualquier
persona que participe en acciones ilegales y/o violentas con el propósito de
derrocar o preservar el actual gobierno de Venezuela.
“La Embajada
exhorta a todas las partes a respetar la Carta Democrática de la OEA y renueva
su llamado a todos los venezolanos, independientemente de su parcialidad
política, a apoyar los esfuerzos de la OEA, del PNUD y del Centro Carter,
conocido como el Grupo de Trabajo Tripartito (GTT), para iniciar un verdadero
diálogo. El GTT puede facilitar el proceso de diálogo al reunir a las partes en
conflicto en la mesa de negociaciones. A fin de cuentas, depende de los propios
venezolanos trabajar conjuntamente para encontrar una solución pacífica,
constitucional y democrática a la crisis política actual.”
Tampoco
creemos en las declaraciones de la embajada de los Estados Unidos en el sentido
de respetar la democracia en Venezuela, desgraciadamente sus hechos han
demostrado todo lo contrario. La guerra encubierta, el apoyo a grupos opositores,
y sobre todo las acciones de la CIA, no dejan duda de que el discurso es sólo
una cortina de humo para hacernos creer que dice la verdad, sin embargo,
seguimos al pendiente de que no se inmiscuya en los asuntos internos de otras
naciones y sobre todo, respete la soberanía y autodeterminación de los pueblos.
Nos sorprende que ante el fracaso de la huelga general y todos los demás mecanismos que han intentado para terminar con la democracia venezolana, siguen empecinados en utilizar cualquier mecanismo fuera de la legalidad. Los atentados seguramente continuarán y las mentiras de los medios cada vez serán más inoperantes. Entonces, ¿qué le queda a la oposición?
¿Seguirán
ahogando la economía para propiciar la agudización de las contradicciones y
justificar sus acciones?
La historia
nos ha enseñado que nada de esto funcionará para frenar el movimiento
bolivariano, que los atentados seguramente seguirán y podrán utilizar cualquier
mecanismo ilegal para justificar sus acciones, pero los pueblos latinoamericanos
estamos hermanados en seguir de cerca lo que sucede todos los días en
Venezuela.
* Director de Relaciones de Cuestiones de
América.
Cuestiones de América Nº 12,
Diciembre de 2002 -Enero de 2003
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