Cuestiones de América

 

¿Agonía o Alumbramiento de la Justicia en Venezuela? *

Hernán López-Garay **

 

Algunos afirman que la Justicia está agonizando pues dicen que el proyecto de país que busca lograr un orden social más justo en Venezuela está seriamente amenazado. 

Yo por el contrario quisiera afirmar hoy en esta plaza, haciendo uso público de la razón, que debemos ser optimistas pues lejos de estar muriendo la Justicia en Venezuela está más bien naciendo. Claro está, como todo alumbramiento, este de la justicia no será menos doloroso y cargado de incertidumbre pues puede fracasar.  En efecto,  no es la primera vez que la justicia intenta nacer en nuestra tierra. No es tampoco la primera vez que Venezuela y sus hijos ilustres tienen el privilegio de ser escogidos por la historia para que sean cuna de la justicia y centro de irradiación de su luz a toda América. Aquel otro 22 de junio de 1826, que hoy aquí conmemoramos, el Congreso Anfictiónico de Panamá, impulsado por el Libertador Simón Bolívar buscaba no otra cosa que invocar y materializar el alumbramiento de la Justicia no sólo para Venezuela sino para toda la América. Sabemos que el congreso fracasó y  el advenimiento de la justicia tuvo que esperar. Sabemos que el congreso fue saboteado por Inglaterra y los Estados Unidos conjuntamente con varias  familias acomodadas y poderosas de las nacientes repúblicas americanas. Desde entonces los empeños de estas mismas fuerzas por impedir que la justicia venga a acompañarnos y nos brinde la gracia de poderla cuidar y amar, han sido hasta ahora lamentablemente  exitosos.

Entonces, ¿qué me hace hoy ser tan optimista? Hay varias razones para ello. Una es la simple creencia de que la enloquecida y brutal oposición que estamos observando en Venezuela al proyecto de justicia social que lidera el actual gobierno sólo puede darse sobre la base de que ese proyecto este agarrando una fuerza tal que realmente represente una verdadera amenaza para el orden dominante. La Reacción es de la misma magnitud que la Acción. El peor enemigo de la injusticia es la justicia. Pero sólo la real posibilidad de la venida de la justicia puede a la vez atemorizar y enfurecer a la injusticia.

Mi optimismo radica entonces en que en los últimos tres años hemos visto como nunca manifestarse en Venezuela actos de injusticia desconcertantes para la razón y para el corazón de millones de venezolanos. Hemos visto, por ejemplo,  unos medios de comunicación que distorsionan continuamente la información, que mienten descaradamente, que manipulan y conspiran abiertamente para tumbar un régimen democrático legítimo. Lo injusto es que lo hacen impunemente. Más bien vemos que gozan de una libertad de expresión absoluta, algo nunca antes visto en Venezuela ni en otros países democráticos, incluyendo los Estados Unidos. Injusticia aún mayor es que al gobierno venezolano se le  condene en el exterior porque dizque ataca a los medios y restringe la libertad de expresión. Increíble. Parece cosa de locos. Ante todo esto la razón y el corazón gritan al unísono: Que injusticia!!!!!!

Hemos visto una oposición política totalmente irracional y brutal, conspirar abiertamente para derrocar al gobierno, lanzar el 11 de abril a venezolanos contra venezolanos, y luego de la matanza de la que como mínimo son corresponsables, salir a decir que la culpa no fue de ellos sino del “asesino” Chávez. Y hasta el momento no sólo no han sido juzgados por sus actos abiertamente criminales sino que además ahora se pasean libremente por el mundo representando a Venezuela y nuevamente conspirando con gobiernos extranjeros para dar el siguiente golpe (que ahora llaman institucional!!). Ante esto la razón y el corazón gritan al unísono: Que injusticia!!!

Razón y corazón se desgarran aún más cuando piensan y sienten que la mayor de las injusticias se está fraguando, la de desconocer definitivamente la voluntad de un pueblo, manifestada democráticamente en por los menos 6 elecciones en los últimos 3 años. Los agentes de esta injusticia, los mismos del golpe del 11 de abril, los herederos históricos de los saboteadores del Congreso Anfictiónico, el grupo minoritario que ha mantenido precisamente el orden social desigual que la mayoría de los venezolanos queremos cambiar, cuentan además hoy, como ayer,  con el apoyo del gobierno más poderoso económica y militarmente hablando, el mismo que es agente principal del nuevo orden mundial, paradigma de injusticia en el mundo. Qué injusticia gritan la razón y el corazón!!!!!

Más como lo hemos afirmado, este panorama debe movernos al optimismo, pues entre más fuerte sea la injusticia más se hará posible la aparición de la justicia. Otra causa de optimismo es la siguiente. Así como no es posible percibir el negro sin un fondo blanco de contraste, difícilmente podríamos llamar un orden social  injusto si no tuviésemos como contraste un cierto sentido de lo justo. Esto quiere decir que en la medida en que más y más venezolanos percibamos que vivimos en un estado de injusticia, por fuerza algún sentido de lo justo estará comenzando a aflorar en nuestra razón y nuestro corazón. Y la necesidad de clarificar el punto de referencia de lo justo encontrará un terreno más fértil. Al principio quizás sólo nos embargue un profundo sentido de injusticia, sin saber qué es realmente lo justo. Pero poco a poco se irá produciendo un despertar de conciencias, velas encendidas que encenderán otras velas, velas que no estarán allí llorando la muerte de la justicia sino su alumbramiento.

¿Y qué cara parece tener esa justicia naciente, esa justicia que el “partero” Simón Bolívar con tanto esfuerzo quería ayudar a nacer en América, esa que desde el siglo XIX quiere vivir entre nosotros y no ha podido?

El único intento contemporáneo serio en Venezuela, no sólo por articular algunos de sus rasgos sino además por preparar definitivamente el terreno de su alumbramiento ha sido el realizado en la CONSTITUCION DE LA REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA.

En efecto, el proyecto de país contenido en esa constitución y que el gobierno del presidente Chávez lidera tiene por norte el más obvio y noble de los objetivos que una sociedad debe buscar conseguir, a saber, el de construir una nación donde la justicia pueda tener una verdadera oportunidad de brillar y al mismo tiempo ir de la mano con los más desfavorecidos.

¿Qué clase de justicia es esta, nunca vista en nuestra tierra? dirán los aquí presentes. El premio Nobel de literatura y luchador social José Saramago lo expresó claramente en su discurso ante el Foro Mundial Social, el pasado mes de febrero: No estamos hablando, dice Saramago, de “la  [justicia] que se envuelve en túnicas de teatro y nos confunde con flores de vana retórica judicial, no [de] la que permitió que le vendasen los ojos y maleasen las pesas de la balanza, no la de la espada que siempre corta más hacia un lado que hacia otro, sino una justicia pedestre, una justicia compañera cotidiana de los hombres, una justicia para lo cual lo justo sería el sinónimo más exacto y riguroso de lo ético, una justicia que llegase a ser tan indispensable para la felicidad del espíritu como indispensable para la vida es el alimento del cuerpo.” Más adelante Saramago afirma que  “...para esa justicia  disponemos ya de un código de aplicación práctica al alcance de cualquier comprensión, y que ese código se encuentra consignado desde hace cincuenta años en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.”

Pues bien, en Venezuela estamos en sintonía con esta propuesta de Saramago pues como Uds. saben, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela está profundamente inspirada en los Derechos Humanos. Esto es fruto del actual gobierno y su intención –como hemos podido comprobarlo con leyes como la ley de tierras, de pesca, de seguridad social– es la de dar vida a dichos derechos universales. Son estos esfuerzos innegables que el gobierno actual muestra porque la constitución no se quede en letra muerta lo que lo diferencia de cualquier otro gobierno anterior, los cuales fueron movidos por agendas y proyectos egoístas contrarios al espíritu de los derechos universales del hombre, aunque la constitución vigente en esos gobiernos albergase en su letra el espíritu de justicia antes mencionado. 

Hay otro aspecto importante de esta Constitución que quiero resaltar. Se ha intentado captar el contenido de esos derechos a través de un espíritu bolivariano. Y con este acto, que puede parecer insignificante para los enemigos del proyecto de país bolivariano, hemos retomado el hilo de nuestra historia. Es decir, hemos podido volver a insertarnos en nuestro cauce histórico. Sin esa inspiración bolivariana esos derechos humanos no son otra cosa que una lista de derechos del individuo (que no de la humanidad) y un arma de manipulación que usan las potencias militares de la actualidad. En efecto, como lo hemos visto tantas veces en la Naciones Unidas, la OEA y otros organismos que se suponen defensores de los derechos humanos, esa declaración y esos derechos han sido una y mil veces violados y prostituidos por los poderosos de este mundo. Más lamentable aún es el hecho de que esos usos malsanos, conjuntamente con ciertos hechos históricos, les han ido cambiando el sentido original y los han ido convirtiendo en una especie de loa al individualismo y a la falta de fraternidad y solidaridad humanas.

La importancia entonces de que la Declaración de los Derechos Humanos haya sido filtrada por el ideario bolivariano reside en que las distorsiones mencionadas son corregidas. ¿Qué visión movía entonces al Libertador y los congresistas anfictiónicos? Para ellos, el derecho fundamental que subyacía a todos los demás era el del derecho que todo ser humano tiene por igual a ser LIBRE. Cuidar, proteger y permitir su plena realización era el deber de todo gobierno. Y para lograr esto era necesario que las repúblicas americanas se unieran y protegieran mutuamente contra fuerzas que ya se comenzaban a perfilar como contrarias a todo este proyecto de justicia solidaria.

Entendemos mejor esta visión si recordamos que para Bolívar y los ilustrados americanos del siglo XIX, la libertad que querían defender no era la que hoy entendemos y que está más cerca del libertinaje. Libre quería decir aprender a guiar nuestras acciones por medio de la razón y no por el impulso de las pasiones como el odio, el desprecio por la dignidad del otro, y la soberbia. Y la guía ética fundamental que la razón les revelaba a los ilustrados no era otra que el  IMPERATIVO DE SOLIDARIDAD: “Que la norma que guíe siempre tu acción contemple el deber de respetar la dignidad del otro como un imperativo primario, independientemente de los objetivos particulares que se persigan.”  Es decir, el deber fundamental de todo ciudadano, sin distingos de ninguna especie, es el de ser solidario en la preservación de la dignidad del otro. En este imperativo se condensa la esencia de la justicia ilustrada.

Y es esta noción de justicia ilustrada la que sembró el Libertador en nuestro suelo pero que no pudo ver florecer. No obstante nuestra constitución actual la ha heredado y su latencia se ha despertado con el experimento de país democrático que desde hace tres años se lleva a cabo en Venezuela. En este sentido el pueblo venezolano es el heredero histórico del proyecto bolivariano. Porque lo llevamos en los genes históricos es que experimentamos profundo malestar cada vez que observamos el ataque ciego y malsano contra el proyecto de país que actualmente está en marcha.

Ante estos ataques la razón y el corazón se preguntan: ¿Qué idea de justicia pueden ofrecer los que la han mancillado por tantos años? ¿Cuál es su proyecto de país alternativo y por qué este que ha elegido y refrendado varias veces el pueblo en las urnas no es bueno? ¿Con qué moral reclaman el poder estos que no sólo no tienen un proyecto alterno de orden social más justo sino que además han demostrado ampliamente su incapacidad e injusticia para gobernar? 

A diferencia del siglo XIX y buena parte del XX, hoy parece embargar a nuestro pueblo una mayor conciencia no sólo del estado de injusticia en que vivimos sino también mayor claridad de aquello en lo que podría consistir esa justicia que insinúa su próxima venida. No obstante, los enemigos históricos de esta justicia y del orden bueno que ella ordena tal vez se salgan una vez más con la suya. Sin embargo, esa será una victoria pírrica porque su atropello tan sólo logrará hacer resaltar con más fuerza el reclamo por su advenimiento. Por tanto, celebremos pues, a pesar del dolor que aún nos acompaña de los aciagos sucesos del 11,12,13 y 14 de abril y de los posibles que nos esperan en los días porvenir, por el advenimiento cada vez más inminente de la justicia. Y recordemos que en la medida en que ella haga su aparición en las mentes y corazones de más y más venezolanos, las transformaciones sociales necesarias para poder lograr un orden más justo serán cada vez más indetenibles.

Venezuela parece destinada históricamente a ser la cuna y el hogar de crianza de la justicia en nuestra América contemporánea. Nos toca a nosotros el pueblo venezolano la misión de intentar hacer esto posible.

Gracias.

* Palabras pronunciadas en la Plaza de Las Heroínas de la ciudad de Mérida, Venezuela, el día 22 de Junio del 2002 conmemorando una fecha más del Congreso Anfictiónico de Panamá convocado por Bolívar en 1826.

** Hernán López-Garay, Santafé de Bogotá. Ingeniero Eléctrico en Sistemas de Control por la Universidad de Los Andes; M.Sc. en "Systems Engineering" de Case Institute of Technology, Cleveland, Ohio; M.A. en "Systems in Management" de la University of Lancaster, Inglaterra; Ph.D. en "Systems Theory, Planning and Management" de la Wharton School, University of Pennsylvania, Philadelphia. Profesor Titular de la Universidad de Los Andes, Mérida; miembro del Consejo del Centro de Investigaciones en Sistemología Interpretativa de la Universidad de Los Andes (CSI), Mérida, Venezuela; coordinador del Doctorado y Maestría conjunto con la Universidad de Hull, Postgrado en Sistemología Interpretativa, Universidad de Los Andes, Mérida; miembro Consejo Directivo del Programa de Doctorado de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Los Andes, Mérida; Investigador Visitante Instituto Andino de Sistemas, Lima, Perú; Profesor Visitante University of Umeå, Departamento de Informatica, Suecia; Investigador Visitante, Centre for Systems Studies, University of Hull. 1993; Profesor Visitante University of St. Andrews, Department of Management; Profesor Visitante University of Lancaster, Department of Behaviour in Organisations. Representante (no permamente) por Venezuela a la Academia de Profesores para la Paz Mundial (Professors World Peace Academy). Becario Fulbright, 1971-1973. Muestra de publicaciones: Fuenmayor, R. y Lopez-Garay, H. "The Scene for Interpretive Systemology". Systems Practice , 4(5); 1991. pp. 401-418. López-Garay, H. and Suárez R.T. "The holistic sense of prison phenomena in Venezuela (III): The unity of the research." Systems Practice and Action Research, 12(1), 1999. López-Garay, H., "Interpretive Systemology and Systems Practice", Systems Practice and Action Research, 12(1), 1999, pp. 3-14. López-Garay, H. and Sotaquirá, R. "After Justice: On the Conditions of Possibility of Justice in the Present"; in Synergy Matters: Working with Systems in the 21st Century, edited by Castell, Gregory, Hindle, James and Ragsdell, Kluwer Academic/Plenum Publishers, Hardbound, ISBN 0-306-46186-2, June 1999, pp. 672, New York. Correo del autor: hlopezg@ula.ve

 

 

  

Cuestiones de América Nº 12, Diciembre de 2002 -Enero de 2003

 

 

 

 

 

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