Cuestiones
de América
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¿Es así como van a mandar? Del
despelote de La Pelota al Carlotazo Por Mariana Hernández Viernes 12 de julio de 2002
PeroAyer se evidenció algo que se venía comentando desde hace ya tiempo: la falta de unidad de la oposición. Pero ayer se reveló de modo patente hasta para los que no quieren ver el fenómeno, en dos momentos.
Supongo que fue el mismo grupo de desviados que en el
Allí se pudo ver a Ángela Zago, junto con los esbirros frustrados de Primero Justicia, alguno que otro de la CTV y no sé quién más porque tampoco es que me dedico a reconocer gente de esa, allá Roland Carreño, agitando a una multitud ya de por sí bastante epiléptica ella. Finalmente los comandantes militares de La Carlota los recibieron y declinaron cortesmente lo que por su lado Elías Santana temía: una instigación a los soldados a alzarse en armas, como ya ocurrió el 11 de Abril, esta vez usando un traqueteante “Manifiesto de la rebelión constitucional”. Leonardo Pizani denuncia a “gente [de oposición] que tiene una agenda de guerra”, a quienes llamó a enfrentar decididamente. ¿Habrá un vídeo de los comandantes de la base aérea con los adalides de la oposición? Debe ser entretenido. Hasta más que esos programas de cámara escondida. Pero Santana y otros de la Coordinadora Democrática se deslindaron de los radicales golpistas de La Carlota. Nada menos que Alfredo Peña y Rafael Marín se deslindaron también, mira tú. De todos modos Alfredo Peña acordonó la autopista con la Policía Metropolitana para asegurar que los marchistas golpistas llegaran a La Carlota sin novedad, quién sabe con qué plan que tal vez no se les dio y por eso a Peña le convino llamar más tarde a los manifestantes a desalojar la autopista, pues, razonaba Peña, con razón, que el derecho al libre tránsito de los antichavistas no puede ejercerse a costa del derecho al libre tránsito de los viandantes que iban por la autopista. ¿Por qué le convino a Peña tener la razón esta vez? Mal pensada que soy. Será por la manipulación que nos hicieron el 11-A (vide ¿Quién los mató?).¿Será por cosas así que siempre le tuve ojeriza a ese señor, sobre todo cuando era chavista, tan furibundo y tramposo como ahora es antichavista?
Propongo llamarlos golpistas y demócratas. Lo malo es que estos demócratas de la oposición están más cerca de los golpistas que de los demócratas del chavismo o de los simples demócratas independientes. Tampoco dejaron marchar a Miquilena, el neoopositor. ¿Y qué creía y quería él? ¿Que la oposición lo iba a recbir con un whiskicito? Es la soledad del traidor, pues no lo quieren ni el traicionado ni el beneficiario de la traición, que sabe que si traicionó al otro lo puede traicionar a él también. Venir a salir con eso después de viejo. ¿Cómo no se dio cuenta desde un principio? ¿Tanto así ha cambiado Chávez? Yo lo veo igualito. Tanto nadar para venir a ahogarse en la orilla. Años y años de militancia de izquierda para terminar su carrera cuadrándose con un golpe de ultraderecha el 11 de Abril y ahora con una marcha que perseguía el mismo objetivo. Pero eso es tema para otro artículo: los despechados del chavismo (vide “Los ex hombres del Presidente”). La falta de tantánComo las canciones, las marchas del gobierno tienen tantán, esto es, un discurso de Chávez al final. La gente siente que ya se acabó y se va para su casa de lo más entusiasmada y con la moral altísima, que para eso son esos actos políticos. Pero la oposición no tiene tantán, porque cada vez que un dirigente de oposición arenga a la multitud, por lo menos doscientos otros se quedan refunfuñando por los rincones. Llámase dirigente de oposición a todo aquel que pretende serlo. Mucho cacique y poco indio. Los gringos tienen una palabra para eso: one-upmanship, que la utiliza hoy por cierto el sitio chavista en inglés Venezuela’s Electronic News. Algo así como ‘autobombo’, como la autoproclamación de Carmona. Me imagino la rabieta que se cogió Rafael Marín, entre muchos, cuando vio a Julio Borges, al esbirro Leopoldo López y a Liliana Hernández, entre otros de Primero Justicia, arengando a las masas enardecidas en La Carlota. La misma que debe haberse cogido Rafael Poleo cuando vio a Carmona en Fuerte Tiuna después de que Carmona le dijo que se iba a descansar. La corte de los milagros, la noche de los pícaros. Estaban allí vociferando, elegidos por ellos mismos y no por un acuerdo previo. Ese acuerdo previo de la Coordinadora Democrática era precisamente no terminar en un mitin como el 15 de junio en la Av. Bolívar, sino disolverse anticlimáticamente en la Plaza Morelos.
Pero no, también Ángela Zago estaba declarando a la pata la llana para los medios golpistas, luego de parlamentar con los jefes militares y entregarles un manifiesto insurreccional. Por eso la Coordinadora Democrática decidió que no hubiera discursos finales, no fuera a ser que pasase lo del 15 de junio, cuando no hablaron todos los que consideraban que tenían derecho a tal. Cada orador habló uno o dos minutos y al final Orlando Urdaneta se sacó de la manga un decreto que ahora nadie sabe quién redactó (¿los mismos perínclitos y preclaros jurisconsultos del Resplandeciente Decreto de Carmona? ¿Los mismos del deslumbrante “Manifiesto de la rebelión constitucional”?). Esta vez los esbirros frustrados de Primero Justicia les colearon la parada. Y tan decenticos que se ven. Del agua mansa líbreme Dios, etc.
Por todo eso y más no hay tantán. Entonces los marchistas se quedan como capilla sin santo, sin final, sin culminación. Por eso buscaron hacer algo, como irse a La Carlota a tirar una parada, a ver qué salía, en donde por cierto de nuevo salió un documento que nadie sabe quién redactó y que irritó a los demócratas de la oposición. Santana decía que no era aceptable que los civiles pidiéramos a los militares que nos resolvieran nuestros problemas. Tiene razón. Aunque sé que lo hace porque temía que lo dejaran fuera del negocio que pensaba que se estaba cocinando en La Carlota, en donde quién sabe qué se estaba fraguando y no se les dio a los golpistas. Porque: ¿sabe algo más Santana que no explicitó en su declaración? No me atrevo a insinuar nada, sólo que como él está más cerca, tal vez sepa algo más que yo. Es sólo una preguntica, pero da cosquillitas, ¿no? Algo sabía también el gobierno, que se trajo a unos paracaidistas de Maracay, para que lo libraran de todo mal, no fuera a ser que algún uniformado se volviera loquito como el 11-A. Hay que saber ganar
Ante todo esto, ¿qué hace el gobierno? En lugar de argumentar, para impedir la llegada a Miraflores, que en la oposición hay grupos de empecinados que no garantizan el carácter respetuoso de la marcha, como en efecto lo demostraron los apelotonados de la Pelota y los desviados de La Carlota, se sacaron de la manga un decreto inmobiliario nada menos que de Carlos Andrés Pérez, que prohíbe a los extranjeros comprar propiedades cerca de Miraflores y llegarle a cierta distancia en plan de manifestación. El gobierno dice ahora que había una agenda golpista, cosa que, dados los antecedentes de abril y las maniobras de La Carlota, no me atrevo a dudar. Bueno, era cuestión entonces de delatar la conspiración. A menos que no tuvieran certeza de la agenda golpista, lo que extraña, porque la oposición conspira a cielo abierto. O que no fuera prudente delatarla. Qué sabe uno de esos intríngulis de cuerpos de seguridad. Con ese decreto antidemocrático crearon un campo de fuerza, como en La guerra de las galaxias. Y luego sale Diosdado Cabello diciendo que fueron 160.000 personas nada más. Las cuentas del Gran Capitán, porque me gustaría verlo aplicando los mismos criterios científicos de metros cuadrados a la manifestación enorme y chavista del 29 de junio. Rafael Marín dice que en la Av. Bolívar sólo caben 130.000 personas. En fin. Estoy en tratativas para crear una empresa auditora y certificadora de concentraciones y marchas. Advierto que voy a cobrar carísimo. Eso nos enseña que no sólo hay que saber perder; también hay que saber ganar. Esta semana el gobierno tuvo dos triunfos porque la oposición se reveló a las claras como lo que es: intransigente e incoherente. Intransigente porque ahora resulta que acusa hasta a Jimmy Carter de chavista sólo porque, ¡horror!, ese insensato los invitó a dialogar. ¡Dialogar! ¡Habrase visto! ¿Por quién los tomó el tal Carter ese? ¿Por demócratas acaso? ¿Qué se ha creído el señor Carter ese? ¿Quién ese ese señor Carter, que se permitió decir que los medios son de oposición y no un ejemplo de imparcialidad de talla internacional? Con razón ya los medios comenzaron a satanizarlo. Lo último que dijeron los medios para embadurnar a Carter es que su gente estaba observando la marcha desde la sede del Ministerio del Interior y Justicia en Carmelitas. Lo vengo diciendo: Carter no sólo es fidelista sino chavista. Es más, el tal Otto Reich ese que anda de lo más amistoso con Chávez me está resultando medio sospechosón. Por algo Chávez lo citó extensamente en su Aló, Presidente el domingo, porque dizque apoya la democracia y Chávez dizque le cree. No se olviden de que Reich es cubano. De repente es un agente de Fidel. No es paranoia, pero de repente hasta el mismísimo Bush es chavista. ¿Por qué dejó que Chávez regresara y no invadió para complacer a Ángela Zago? Bush es chavista, después no me digan que no lo advertí. Fíjense cómo revocó la visa de Carmona Estanga. Incoherente porque ahora no tienen un solo frente sino por lo menos dos. Tal vez más. Si es que no se desbarata en mil grupúsculos. Ahora sabemos que no todos los dirigentes opositores son iguales, pues son unos peores que los otros. Yo que creía que era la izquierda la que se dividía. Leonardo Carvajal andaba ya desde hacía días en desacuerdo con marchar hasta Miraflores. ¿Otro disidente del golpismo? Estamos, pues, ante una oposición insurreccional, por un lado, y una oposición democrática, por el otro. Ambas son radicales y catastrofistas porque no se conforman con menos que salir de Chávez, quien, dado el apoyo decidido que tiene en densos sectores populares, no saldrá del gobierno sino a través de una catástrofe que ojalá no provoque un tendal de cadáveres. Habrá que ver qué partido toman los medios en este pleito de la oposición. Si toman partido por los golpistas, que es lo más probable, pronto veremos a Marín, a Santana y a Pizani acusados de chavistas, cobardes, corruptos y hasta asesinos, cuando no comunistas y maricones, porque los medios, entre otras cosas, no se andan con medias tintas. Ayer Calixto Ortega, otro moderado, esta vez del gobierno, decía que había demócratas tanto en el gobierno como en la oposición. Ese es el camino: una convergencia de demócratas de ambos bandos. Y por último cabe la pregunta: ¿es así como piensa gobernar la oposición si llega a salir de Chávez? ¿Con esa falta de unidad de criterios? ¿Con esa intransigencia delirantemente arrogante que le impide aceptar la mediación hasta de Carter? ¿Con esas picardías urdidas en conciliábulos y restauranes de lujo? ¿No están conspirando descaradamente unos contra otros como ahora hacen contra Chávez y hasta más que contra Chávez? ¿Con la misma nocturnidad? ¿Haciéndose toda clase de maldades como las que se hicieron durante los días de la monarquía de Carmona? Con razón pasaron por la dictadura de opereta del 12 al 13 de abril. Por eso no logran salir de Chávez, porque no saben responder qué es lo que van a hacer con el país, es decir, con todos nosotros, si logran salir de Chávez. Aunque no necesitan responder lo que van a hacer después de Chávez, pues ya lo sabemos luego de 40 años de gobiernos adecos, copeyanos, sindicaleros y —¡jajá!— empresariales. Y gracias al 12 y 13 de Abril. Puedes reproducir este texto donde quieras y enviarlo a quien quieras siempre que lo hagas sin introducirle alteraciones. |
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Cuestiones de América Nº 12,
Diciembre de 2002 -Enero de 2003
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