Ángel Cristóbal Colmenares E. *
En
estos tres años se ha popularizado el término “sociedad civil”, con
interpretaciones interesadas y al cual los medios de difusión masiva se han
dado a la nada inocente tarea de referir como símbolo de organización y
expresión de un sector muy reducido de la sociedad, que en Caracas --por
ejemplo-- se ubica hacia lugares como la urbanización “Altamira”. Y como
contraposición señalan a los habitantes de las zonas populares, quienes somos
calificados de turbas, hordas, tierrúos, malandros, desadaptados, maleantes y
cualquier otro término que sirva para indicar minusvalía social, que marque la
diferencia de clases.
Para
completar el cuadro manipulador e inductor de consensos, esas interpretaciones
interesadas tratan de hacer ver que la aparición de esa “sociedad civil” es
consecuencia de una reciente división de los venezolanos a causa del “discurso
violento de Chávez”.
Comencemos
entonces por definir qué es sociedad civil. “Supóngase etapas particulares del
desarrollo de la producción, del comercio y del consumo, y se tendrá un orden
social correspondiente, una correspondiente organización de la familia y de las
jerarquías y clases: en una palabra, una correspondiente sociedad civil” (carta
de Carlos Marx a P. V. Annekov, 1846); o: “… es preciso hacer constar que en la
noción general de Estado entran elementos que deben ser referidos a la sociedad
civil (se podría señalar al respecto que Estado = sociedad política + sociedad
civil, vale decir, hegemonía revestida de coerción)” [Antonio Gramsci, Notas
sobre Maquiavelo]
La
sociedad civil concreta, no la ideal que pretenden fabricar ahora, es pues un
conglomerado humano dividido en clases sociales producto de un determinado modo
de producción y que en Venezuela, para no ir más lejos, viene siendo conocido
desde hace por lo menos ochenta años con sus características propias y sus
resultados de generación de pobreza y desigualdad.
La
sociedad civil es el terreno en el cual se desarrolla la lucha de clases en la
sociedad capitalista y no una organización de la cual un grupo de personas más
o menos poderosas se hace propietario, y comprenderlo y asumirlo es tarea de
todos los ciudadanos a fin de no permitir que mediante campañas atosigantes de
medios que no comunican sino difunden e imponen criterios (recordemos las
discusiones acerca de los aparatos ideológicos del Estado) se siga falsificando
la realidad.
Comprenderlo
nos ayuda a ver que esos grupos con pretensión de ser los dueños de la sociedad
civil tienen vínculos con los sectores dominantes en Venezuela y más allá de
sus fronteras. Y es una guía para identificar los intereses que defienden y las
razones por las cuales lo hacen, pues debemos recordar que no todos los
elementos de esos grupos pertenecen a los sectores dominantes pero les sirven
(las clases dominantes son también dirigentes, construyen consensos, por ello
devienen hegemónicas) concientemente y una de sus más importantes tareas es
hacer creer que los intereses de sus patronos son “los de la sociedad”.
Y para ejemplificar nos remontamos a los años setenta:
“El
costo social de la crisis implicaba también una mayor desigualdad de la
distribución del ingreso entre capitalistas y asalariados, por causa de la
espiral inflacionaria que, conforme a la teoría sociológica de la inflación,
resultaba de la confrontación entre aquéllos y éstos con el fin de lograr una
mayor participación relativa en la renta nacional, pero que a ciencia cierta,
según estadísticas oficiales, sólo beneficiaba a los primeros en detrimento de
los segundos, puesto que los saltos sucesivos del nivel general de precios no
contrarrestados por incrementos proporcionales de la remuneración del trabajo
constituían un proceso de confiscación de los salarios monetarios que operaba
como un formidable surtidor de la acumulación de capital. Los datos ilustran
claramente la asimetría social que ocasionaba el componente inflacionario de la
crisis. En efecto, la participación de las remuneraciones salariales en el
ingreso nacional disminuyó en promedio de 49,6% en 1969-1973 a 43,7% en
1974-1978, mientras la participación de la retribución del capital aumentó de
50,4% en aquél lapso a 56,3% en este último, lo que significa que la mayor
expansión económica durante el período de Pérez se tradujo en un reparto del
ingreso aún más regresivo que el del quinquenio precedente, porque la política
económica del régimen perecista auspició un proceso de acumulación basado en
las ganancias exorbitantes del capital y facilitó relativamente poco la
participación de los trabajadores en los beneficios del crecimiento”.
Es
una cita de “LOS EXTRAVÍOS DEL PODER - Euforia y Crisis del Populismo en
Venezuela”, Héctor Malavé Mata, UCV, 1987, y ante ese cuadro, ¿dónde estaban
los medios, los partidos, la Iglesia, la “sociedad civil”, los militares “preocupados”
y la CTV que no denunciaban (y menos aún combatían) esa injusticia atroz que
remachaba la miseria de la mayoría y profundizaba división y odio en la
sociedad?
Pues
alegres, indiferentes, robustos y por supuesto cobrando las utilidades que tal
estado de cosas les garantizaba en ese ambiente “democrático”, de “paz social”
y de gran fedecamaradería. Y debemos tener claro que bajo la situación que hoy
vivimos, dentro de un régimen capitalista, con la misma estructura estatal, la
sola enunciación del programa social, político y económico que propone la
Constitución Nacional es ya una cierta amenaza a los intereses de eso que en la
cita del profesor Malavé Mata es nombrado como “el capital”, concepto que
parece un fantasma inasible pero que constituye una realidad con nombres y
apellidos, cuyo voraz y obsceno apetito ha sido puesto a dieta por una nueva
correlación de fuerzas.
Esa
es la razón de tanta mentira, tanta conspiración, tanta amenaza de terrorismo,
tanto movimiento que busca volver a esos sus felices tiempos de ingresos
recesivos para los sectores dominados de la sociedad desigual. Por eso gritan
que hoy la sociedad está dividida sin hablar de ese reciente y por ellos
añorado ayer.
Por
cierto, ¿leerían aquel libro escrito en 1973 por el jesuita Antonio Pérez
Esclarín, “La Gente vive en el Este”?
* Red Bolivariana, 25 de Julio de 2002.
Cuestiones de
América Nº 12, Diciembre de 2002 -Enero de 2003
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