Antonio Guillermo García Danglades *
En la madrugada del pasado
Lunes 3 de Junio en Barbados, quedó trazado el cambio de la política exterior
norteamericana hacia Venezuela. El “pacto” Chaderton-Powell con el que
Venezuela se compromete a “resolver la crisis política en el marco de la
democracia”, aprobar la Convención contra el terrorismo y reafirmar su papel
como fuente confiable de suministro de petróleo, puso un alto al descarado
apoyo de Estados Unidos a los sectores golpistas de Venezuela, quienes de
acuerdo a innumerables reportes de The New York Times, Washington
Post y The Guardian, habrían recibido aportes importantes de la
National Endowment for Democracy, agencia que recibe fondos del congreso
norteamericano.
De acuerdo a declaraciones
ofrecidas por Wayne Madsen, ex-agente de la marina norteamericana al diario The
Guardian de Londres el pasado 28 de Abril, “Estados Unidos había estado
considerando un golpe para derrocar al presidente de Venezuela desde hace mas
de un año.” (Reilly, 2002) Asimismo, el periodista norteamericano Greg Palast
revela en un articulo publicado por el mismo The Guardian el pasado 1ro.
de Mayo, que el secretario general de la OPEP, Ali Rodríguez, notificó a Hugo
Chávez sobre la posibilidad de un golpe de Estado ante un eventual embargo
petrolero contra Estados Unidos promovido por Libia e Irak. Según el analista
Christopher Reilly (2002), la administración Bush estaba nerviosa por una
posible crisis petrolera como resultado del supuesto embargo; y Chávez,
conociendo de antemano la delicada situación, anuncia públicamente que
Venezuela no se uniría a un nuevo embargo, con la esperanza de aplacar los
ánimos adversos de la administración Bush y de esta manera convencerlos de
cancelar el golpe.
Según The Guardian,
para el momento del golpe, Estados Unidos ya había entregado cerca de un millón
de dólares en ayuda a organizaciones norteamericanas y Venezolanas que se
oponen a Chávez y entre las cuales se encuentra la CTV y el Instituto
Internacional Republicano que recibió 340 mil dólares. (The New York Times,
25 de Abril de 2002) Estos fondos eran canalizados a través de la National
Endowment for Democracy, la misma que en 1984 corrió con los gastos del
candidato a la presidencia Panamá que respaldaba el narcotraficante Manuel
Antonio Noriega. (Reilly, 2002)
El fracaso del golpe de Estado en Venezuela dejó en evidencia el mal manejo de la política exterior norteamericana que pretendía reeditar las perversas maniobras políticas de la Guerra Fría. En un contexto internacional donde la democracia occidental se impone como el paradigma político hegemónico, Estados Unidos necesitaba enmendar el “error” que ha sido objeto de duras criticas en todo el mundo para continuar manteniendo su presencia en la región.
En este contexto se produce
la reunión entre los cancilleres Roy Chaderton y Collin Powell que establece
los parámetros que guiaran el futuro de las relaciones bilaterales. La
experiencia diplomática y profesionalismo de Chaderton, aunado a sus
convicciones y principios democráticos fue un aval para Estados Unidos, quien
retira su propuesta de intervenir a Venezuela a través de la “mediación
internacional” que eventualmente exigiría la renuncia de Chávez y la
realización de nuevas elecciones. Por su parte, el gobierno nacional se
comprometió a lograr la estabilización política que garantizara el suministro
de petróleo a Estados Unidos en un escenario internacional sumamente explosivo
y en el que ya es inminente una intervención militar en Irak con el respaldo de
Inglaterra, la indeferencia de las Naciones Unidas y el rechazo del mundo
árabe.
Sin embargo, la oposición
en Venezuela no termina de comprender la magnitud del acuerdo y del cambio en
la política exterior norteamericana. La histeria antichavista se ha impuesto
sobre cualquier posición moderada para condenar la resolución tomada por la OEA
en la que se reconoce la “grave alteración del orden constitucional y ruptura
de la democracia… y la iniciativa del Gobierno de Venezuela a convocar un
diálogo nacional”; y rechazar el proceso de dialogo ofrecido de manera abierta
y desinteresada por el ex presidente Carter. Por si fuera poco, la oposición
golpista pretendió nuevamente tomar por asalto la democracia venezolana y la
estabilidad política cuando el pasado 11 de Julio propuso desconocer el orden
institucional, la desobediencia civil, el caos, la anarquía y la intolerancia.
Ante semejante desparpajo,
el secretario adjunto de Estados Unidos para América Latina, Otto Reich, -el
mismo cubano-americano de derecha que fue reseñado por sus relaciones con
Oliver North en el caso Irán-contra y que inmediatamente después del reciente
golpe sentencio que el derrocamiento de Chávez no era antidemocrático, que el
presidente era “responsable por sus actos” y que apoyaría al gobierno golpista
de Carmona- le dio un “jalón de orejas” a la oposición radical para “unirse al
diálogo convocado por Chávez [a fin de] fortalecer las instituciones
democráticas” y encontrar la necesaria estabilidad política.
Es entonces cuando el
gobierno de Estados Unidos decide abrir en Venezuela una Oficina de Iniciativas
de Transición (OTI por sus siglas en ingles), la cual fue creada en 1994 por la
Agencia Internacional para el Desarrollo bajo la administración Clinton con la
misión de avanzar en paz y democracia en países que presenten serios
conflictos. La “asistencia humanitaria” que también ha sido implementada en
Colombia, Guatemala, Haití, Honduras y Perú de manera unilateral y sin aplicar
ningún mecanismo de consulta previa, pretende descifrar la raíz de las causas
de conflicto, resolver problemas urgentes y promover el desarrollo sustentable
a través de la asistencia a programas comunitarios que promuevan la
participación política a nivel local. Asimismo, la OTI espera contribuir a la
paz y la reconciliación, la lucha contra la corrupción, fortalecimiento de la
sociedad civil, dialogo, y educación sobre derechos humanos, aun cuando no
cuente con el respaldo interno y de las comunidades que garanticen el éxito de
tan ambicioso proyecto.
Ante la inconsistencia y
ambigüedad de su propósito, esta agencia gubernamental intenta explicar que la
palabra “transición” debe ser interpretada en su acepción de post-Guerra Fría
que la identifica más con un viraje hacia la reconciliación y reconstrucción
nacional que con un cambio de gobierno. Según la OTI, “transición” se refiere
al “periodo después que termina la confrontación o donde se han realizado
elecciones y los actores nacionales e internacionales trabajan juntos para
reconstruir la sociedad, iniciar la vida económica, y el avance del desarrollo
político... y en países donde la violencia no ha aparecido “pero existen altas
posibilidades de prevenir el conflicto y expandir la participación política.”
Sin embargo, tal y como lo manifiesta el canciller Venezolano, “transición” es
la palabra código para quienes en Venezuela “aspiran a una solución no
democrática”, por lo que el gobierno norteamericano “gentilmente” cedió a
cambiarle el nombre, mas no la misión y objeto de la oficina.
El carácter “humanitario” y
a la vez contradictorio de la OTI, o como ahora la quieran llamar, resulta
revelador. Las intervenciones humanitarias de Estados Unidos han sido dirigidas
en gran parte por administraciones del partido demócrata. En ellas, los
“valores occidentales” como acción política prevalece por encima del pragmático
“interés nacional” que siempre ha identificado a la gestión republicana. En
este sentido, la decisión de instalar una OTI en Venezuela puede ser entendida
como una respuesta al estrepitoso fracaso del golpe del 11-A, y que a su vez
garantiza la presencia hegemónica de Estados Unidos en la región.
Este viraje de la política
exterior norteamericana puede ser explicado a través del concepto de “hegemonía
cultural” del brillante pensador y filosofo italiano Antonio Gramsci, que
sostiene que los grupos dominantes de la sociedad mantienen su dominio al
asegurar el “consentimiento espontáneo” de los grupos subordinados a través de
la construcción negociada de consenso político e ideológico. Gramsci
argumentaba que este “consenso” podría ser pacífico o violento, o bien una
combinación de la fuerza física con la coerción inducida intelectual, moral y
culturalmente. (Strinati, 1995 en Stillo, 1999)
En este sentido, podríamos
afirmar que la implantación de una oficina gubernamental norteamericana no es
mas que un instrumento político que promueve la concepción liberal de la
política y la economía como un factor natural de la sociedad, facilitando así
el proceso de homogenización de la cultura de acuerdo a los intereses
norteamericanos. La “hegemonía cultural” será inducida en Venezuela para
intentar desmantelar el proyecto bolivariano de desarrollo cuyo carácter
solidario y humano, nacionalista y popular, amenaza con extenderse en la región
suramericana desafiando el avance hegemónico de Estados Unidos.
Referencias:
“Barbados: Largo diálogo impidió una resolución
condenatoria contra Chávez.” Últimas Noticias, 4 de Junio de 2002.
Palast,
Greg (2002): “Warning to Venezuelan leader” BBC Newsnight, May 13, 2002
Reilly, Christopher (2002): “Atando Cabos se descubre
a los terroristas del 12 de Abril.” YellowTimes.org, 2 de Junio de 2002
Strinati,
D. (1995) “An Introduction to Theories of Popular Culture” in Stillo M. (1999)
“Antonio Gramsci” in Theory, Gender and Indentity Resources.
USAID
web site: http://www.usaid.gov/hum_response/oti
* Antonio Guillermo García Danglades es egresado de la
Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Central de
Venezuela, Magmaster en Relaciones Internacionales, en la rama del
Desarrollo, egresado de la Escuela Norman Patterson de Asuntos Internacionales
en la Universidad de Carleton, Ottawa, Canadá, y candidato a Magmaster en
Gerencia de Proyectos en la Universidad de Quebec en Hull, Canadá. Además cuenta
con un Diploma en Ciencias de la Computación en Hayward, California, ha
realizado cursos de especialización en lenguajes de 4ta generación en la
Universidad de Berkeley, California, y posee una vasta experiencia en el área
de la tecnología de información y comunicación. Además de colaborar con
artículos de opinión para el diario El
Nacional de Venezuela y ofrecer servicios de consultoría en el área de
Relaciones Internacionales, se desempeña actualmente como Desarrollador de
Software para la Fuerza Airea de Canadá en Ottawa. Correo del autor: agd67@hotmail.com
Cuestiones de América Nº 12, Diciembre de 2002
-Enero de 2003
Regresar a la Página Principal de Cuestiones de
América...