Escritor y profesor de Historia del pensamiento
político en la Facultad de Economía de la Universidad Central de Venezuela,
marxista independiente, Britto García apoya la gestión de Chávez y afirma, al
mismo tiempo, que “sería muy deseable que el proceso en mi país avanzara hacia
una nueva y efectiva participación popular, que fuera más allá de las
adhesiones electorales”. Propuesta lo entrevistó en Córdoba, durante el
Encuentro del Congreso Bolivariano
- ¿Cuál es su visión del proceso encabezado por el presidente Chávez?
- Lo veo como la única referencia, como un punto creíble de poder
después de la implosión del sistema bipartidista y populista que tuvimos en
Venezuela durante unos cuarenta años. Este es un fenómeno que se ha producido
en casi toda América Latina. Lo partidos populistas que tuvieron el poder
durante décadas, al entregarse al neoliberalismo, comenzaron a aplicar una
serie de medidas profundamente represivas contra el bienestar social de las
poblaciones, que les quitaron credibilidad. Y esos partidos, tanto por eso como
por su corrupción interna, perdieron toda posibilidad real de convocar a las
masas y de hacerse agentes de sus aspiraciones. Cuando ese proceso le toca a los
partidos venezolanos Chávez se vuelve un punto de referencia creíble. Un
movimiento militar que fue fallido como golpe de Estado se convierte en el
punto de concentración de las esperanzas de las masas. Si ese movimiento
hubiera estallado en 1975 cuando existía la bonanza económica del petróleo, a
su líder no lo habrían mandado a la cárcel sino al manicomio; todo el mundo se
hubiera reído de él. Pero en un momento en el que Venezuela encuentra que los
partidos están deslegitimados por su inmensa corrupción, porque en 1983 colapsa
el sistema económico y porque en 1989 ejecutan una masacre de una semana
continua contra el pueblo venezolano -el Caracazo-, en ese momento, el Chavez
derrotado, prisionero político, que dice yo asumo la responsabilidad de este movimiento,
se convierte en el vehículo de esperanzas del pueblo venezolano. Más que por la
acción de él, por el tremendo fracaso de las organizaciones anteriores y de los
planes neoliberales que intentaron aplicar. Por otro lado, Chávez centra su
oferta política en varios puntos esenciales: no a la privatización de la
empresa estatal del petróleo de la que depende toda la economía venezolana; no
a la privatización de la educación, que es la única vía hacia la ascensión
social en una Venezuela donde el nivel de pobreza anda en el 80 por ciento; no
a la privatización de la seguridad social, que en un pueblo tan pauperizado es
esencial para la subsistencia; y la defensa inflexible de la soberanía nacional
como la prohibición del vuelo de los aviones de los EE.UU. sobre el territorio
nacional. Ese conjunto de cosas configuran una nueva actitud. Hay que decir que
esa actitud no ha llegado a una ruptura total ni directa, se siguen ejecutando
los acuerdos de la carta de intención, se sigue pagando la deuda pública, han
habido tratados y normas que le dan grandes ventajas al capital trasnacional,
pero habría que ver en el proceso cómo se balancean estos factores. En todo
caso, en el poco tiempo que tiene, el régimen ha tenido una serie de aciertos
frente a una política de sobreventa de petróleo que iba a terminar literalmente
en un efecto de dumping. Por otro lado, después de décadas en las que los
venezolanos nos vimos enfrentados a inflaciones de tres dígitos, en este año la
inflación ha llegado nada más a ocho puntos hasta hoy (noviembre). Este
conjunto de cosas hacen creíble que el régimen pueda estabilizarse y pueda
tomar una serie de medidas muy positivas a favor de la población. Y quizá, en
el futuro, endurecer su posición frente a las aspiraciones de las trasnacionales.
- ¿Y en relación con el Plan Colombia?
- Esa es otra de las cosas sumamente importantes. Chávez se ha negado
absolutamente a ser un instrumento de EE.UU. en lo relativo al Plan Colombia.
Yo diría que el plan maestro de los EE.UU. es que la guerra de Colombia se la
peleemos a ellos, por una parte, los venezolanos, los ecuatorianos y otras
naciones limítrofes. Como sucedió con Nicaragua que entre Honduras, El Salvador
y Costa Rica formaron un cerco contra Nicaragua. No habría mayor crimen que las
naciones hermanas de Colombia interviniéramos en ese problema que les compete
esencialmente a los colombianos. Por otra parte, significaría nuestra
destrucción, sería sacrificar una o dos generaciones de venezolanos y dejar el
país devastado.
- Además de la participación en el aspecto electoral, ¿cómo se expresa
hoy el protagonismo del movimiento popular?
- Primero hay que decir que la carrera política de Chávez se debe
absolutamente al voto popular, aunque la prensa nacional e internacional lo
siguen acusando de golpista. Pero esa fue solo una primera fase. Ha ganado no
una, sino seis elecciones consecutivas. Y eso muestra una gran adhesión del
pueblo hacia su figura y un poco hacia su proyecto político. Uno de los
problemas básicos que le quedan a Chávez es establecer de verdad estructuras
orgánicas para la participación popular. Claro que es un tiempo muy breve para
que eso suceda. Pero creo que falta una estructuración orgánica de estas
correas de transmisión con las masas. Lo que hay hasta el presente es una gran
adhesión sentimental y emocional del pueblo hacia Chávez, hacia su proyecto.
Pero sería muy deseable que esto avanzara hacia una nueva y efectiva
participación popular, que pasaran más allá de las adhesiones electorales. El
pueblo tiende a simplificar en una persona y en su grupo un proyecto, pero
pueden venir tiempos muy difíciles, y sería bueno que eso cristalizara en una
ideología y en una organización institucionalizada que permitiera una
participación muy efectiva de las masas más allá de la simple adhesión
electoral.
- ¿Qué lugar ocupan los intelectuales en este camino?
- Lamentablemente, durante cuarenta años de populismo se instalaron unos
mecanismos de corrupción de los intelectuales, a través de organismos
culturales, los cuales subsidiaron a las intelectualidad. Esto me parece
positivo, uno de los mejores usos que se puede dar al dinero público es ayudar
a la cultura, pero en muchos casos los subsidiaron simplemente para que no
crearan nada, para que se callaran. Eso tuvo un efecto corruptor. Mucha de la
intelectualidad venezolana optó por una ética del no compromiso, por una
creación alambicada, que no tiene nada que ver con el país, o simplemente vivir
de venderle al sistema el prestigio que ganaron enfrentándolo hace tres o
cuatro décadas. Esto ha hecho que en el frente, Chávez cuente, en realidad, con
pocas adhesiones decididas. Una de las pocas ha sido la mía, y desde un punto
de vista de absoluta independencia sin tener que formar parte de las
estructuras ni tener ningún cargo. Pero gran parte de los intelectuales o son
nostálgicos de las prebendas, las becas y los subsidios que les dieron los
anteriores gobiernos, o decididamente se han ido con los medios de comunicación
que combaten a Chávez. Es más, muchos de ellos, que en 40 años no se ocuparon
de la realidad del país, ahora andan enfurecidos denunciando cada problema que
hay, como si ese problema hubiera surgido a partir de que Chávez tomó el poder.
Antes pecaron por omisión y ahora por exceso. En todo caso, es otro de los
problemas que hay que resolver y espero que tenga una evolución positiva, no
necesariamente porque los intelectuales se tengan que hacer partidarios de
Chávez sino porque creo que deben volver la mirada hacia el país, observarlo
desde el punto de vista de una profunda crítica y una profunda autocrítica
hacia ellos mismos. Si tienen algo que criticar ahora, ¿por qué no critican
también su silencio de décadas? Debería empezar por ahí la crítica antes de
empezar por el examen de la situación externa.
* Tomado de: http://www.nuestrapropuesta.org.ar/anteriores/521/24.htm
Cuestiones de América Nº 12, Diciembre de 2002
-Enero de 2003
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