Estrategia de seguridad nacional de los
Estados Unidos de América *
Las
grandes luchas del siglo XX entre la libertad y el totalitarismo terminaron con
una victoria decisiva de las fuerzas de la libertad —y en un solo modelo sostenible
de éxito nacional: libertad, democracia y libre empresa. En el siglo XXI,
solamente aquellas naciones que comparten el compromiso de proteger los
derechos humanos fundamentales y de garantizar la libertad política y económica
podrán desatar el potencial de sus pueblos y asegurar su prosperidad futura. En
todas partes los pueblos desean hablar libremente; elegir a quienes los
gobernarán; practicar la religión que desean; educar a sus hijos e hijas;
poseer propiedades; y disfrutar de los beneficios de su trabajo. Estos valores
de la libertad son justos y perdurables para toda persona, en cualquier
sociedad —y el deber de proteger estos valores de sus enemigos es la vocación
común de las gentes amantes de la libertad en todo el mundo y de cualquier edad.
Hoy,
Estados Unidos disfruta de una posición de fuerza militar sin paralelo y de
gran influencia económica y política. De acuerdo con nuestro pasado y a
nuestros principios, no utilizamos nuestra fuerza para obtener ventajas
unilaterales. En cambio, buscamos crear un equilibrio de fuerzas que favorezca
la libertad humana: condiciones en que todas las naciones y sociedades puedan
elegir por sí mismas las recompensas y los retos de la libertad política y
económica. En un mundo a salvo de peligros, la gente estará en condiciones de
mejorar sus propias vidas. Defenderemos la paz al luchar contra los terroristas
y los tiranos. Preservaremos la paz al crear buenas relaciones entre las
grandes potencias. Extenderemos la paz al fomentar sociedades libres y abiertas
en cada continente.
Defender
a nuestra nación de sus enemigos es el primer compromiso fundamental del
gobierno federal. Hoy, ese cometido ha cambiado drásticamente. En el pasado,
nuestros enemigos necesitaban tener grandes ejércitos y grandes capacidades
industriales para poner en peligro a Norteamérica. Ahora, redes oscuras de
individuos pueden traer gran caos y sufrimiento a nuestras costas por menos de
lo que cuesta comprar un solo tanque. Los terroristas están organizados para
penetrar las sociedades abiertas y tornar contra nosotros el poder de la
tecnología moderna.
Para
derrotar esta amenaza debemos utilizar cada herramienta de nuestro arsenal: el
poderío militar, la defensa mejorada de nuestro territorio nacional, la
aplicación de la ley, la recopilación de inteligencia, y gestiones vigorosas
para cortarles el financiamiento a los terroristas. La guerra contra el
terrorismo de alcance global es una empresa mundial de duración incierta.
Estados Unidos ayudará a aquellos países que necesitan de nuestra ayuda para
combatir el terrorismo. Y Estados Unidos hará responsables a aquellos países
comprometidos con el terrorismo, incluso aquellos que dan refugio a terroristas
—porque los aliados del terrorismo son enemigos de la civilización. Estados
Unidos y los países que cooperan con nosotros no deben permitirles a los
terroristas establecer nuevas bases de operaciones. Juntos, procuraremos
denegarles refugio, dondequiera que lo busquen.
El
peligro más grave que encara nuestra nación está en la encrucijada del
radicalismo y la tecnología. Nuestros enemigos declararon abiertamente que
procuran armas de destrucción en masa, y hay pruebas que indican que lo están
haciendo con determinación. Estados Unidos no permitirá que estas gestiones
tengan éxito. Construiremos defensas contra misiles balísticos y otros medios
de transporte. Cooperaremos con otros países para denegar, contener y
restringir los esfuerzos de nuestros enemigos para adquirir tecnologías
peligrosas. Y, como una cuestión de sentido común y de autodefensa, Estados
Unidos actuará contra esas amenazas en surgimiento antes de que éstas terminen
de formarse. No podemos defender a Norteamérica y a nuestros aliados esperando
que todo saldrá bien. Por lo tanto, debemos estar preparados para frustrar los
planes de nuestros enemigos, al utilizar la mejor inteligencia y al proceder
con deliberación. La historia juzgará severamente a aquellos que vieron venir
este peligro pero no actuaron. En el nuevo mundo en que hemos entrado, el único
camino hacia la paz y la seguridad es el de la acción.
Al
defender la paz, aprovecharemos también una oportunidad histórica para
preservar la paz. Hoy, la comunidad internacional tiene la mejor oportunidad
que se ha presentado después del nacimiento del estado nación en el siglo XVII,
para crear un mundo en el que las grandes potencias compiten en paz en lugar de
prepararse continuamente para la guerra. Hoy, las grandes potencias del mundo
nos encontramos en el mismo lado —unidos por los peligros comunes de la
violencia y el caos terroristas. Estados Unidos se basará en estos intereses
comunes para promover la seguridad mundial. Estamos unidos también en forma
creciente por valores comunes. Rusia está en medio de una transición llena de
esperanza, en busca de su futuro democrático, y es un socio en la guerra contra
el terrorismo. Los dirigentes chinos van descubriendo que la libertad económica
es la única fuente de la riqueza nacional. Con el tiempo, verán que la libertad
social y política es la única fuente de la grandeza nacional. Estados Unidos
alentará el adelanto de la democracia y la apertura económica en ambos países,
porque ellas son los mejores cimientos de la estabilidad interna y el orden
internacional. Resistiremos vigorosamente toda agresión de otras potencias —si
bien acogeremos con beneplácito su búsqueda pacífica de prosperidad, comercio y
adelanto cultural.
Por
último, Estados Unidos aprovechará este momento de oportunidad para extender
los beneficios de la libertad al mundo entero. Trabajaremos activamente para
llevar la esperanza de democracia, desarrollo, mercados libres y libre comercio
a todos los rincones del mundo. Lo acaecido el 11 de septiembre de 2001 nos
enseñó que estados débiles, como Afganistán, pueden representar un peligro tan
grande para nuestros intereses nacionales como los estados poderosos. La
pobreza no hace que los pobres se conviertan en terroristas y asesinos. Pero la
pobreza, las instituciones débiles y la corrupción pueden hacer que los estados
débiles sean vulnerables a las redes de terroristas y a los carteles
narcotraficantes dentro de sus fronteras.
Estados
Unidos apoyará a cualquier país que esté resuelto a crear un futuro mejor al
buscar las recompensas de la libertad para su pueblo. El libre comercio y los
mercados libres han demostrado su capacidad de levantar a sociedades enteras
fuera de la pobreza por lo tanto, Estados Unidos colaborará con países
individuales, con regiones enteras y con toda la comunidad del comercio mundial
para crear un mundo que comercie en libertad y, por lo tanto, crezca en
prosperidad. Estados Unidos, por medio de la Cuenta del Reto del Nuevo Milenio,
proveerá una mayor asistencia al desarrollo a aquellos países que gobiernan con
justicia, invierten en sus pueblos y estimulan la libertad económica. Continuaremos
también encabezando los esfuerzos para reducir en el mundo el número terrible
de víctimas del VIH/SIDA y otras enfermedades contagiosas.
Al
crear un equilibrio de poder que favorece a la libertad, Estados Unidos se guía
por la convicción de que todas las naciones tienen responsabilidades
importantes. Las naciones que disfrutan de libertad deben combatir activamente
al terrorismo. Las naciones que dependen de la estabilidad internacional deben
ayudar a impedir la propagación de las armas de destrucción en masa. Las
naciones que procuran obtener ayuda internacional se deben gobernar a sí mismas
sabiamente, para que la ayuda se gaste apropiadamente. Para que la libertad
prospere, se debe esperar y exigir la rendición de cuentas.
Nos
guía también la convicción de que ninguna nación puede por sí sola crear un
mundo mejor, más seguro. Las alianzas y las instituciones multilaterales pueden
multiplicar la fuerza de las naciones amantes de la libertad. Estados Unidos
está comprometido con instituciones perdurables como las Naciones Unidas, la
Organización Mundial del Comercio, la Organización de los Estados Americanos,
la OTAN, así como con otras alianzas de
larga data. Las coaliciones de naciones dispuestas a participar pueden aumentar
estas instituciones permanentes. En todos los casos, deben tomarse en serio las
obligaciones internacionales. No se las debe asumir simbólicamente con el fin
de obtener apoyo para un ideal, sin promover su realización.
La
libertad es una demanda no negociable de la dignidad humana; el derecho natural
de toda persona —en cualquier civilización. A través de la historia, la
libertad se ha visto amenazada por la guerra y el terrorismo; ha sido desafiada
por las voluntades conflictivas de estados poderosos y los propósitos malvados
de tiranos; y ha sido puesta a prueba por la pobreza y las enfermedades que se
propagan. Hoy, la humanidad tiene en sus manos la oportunidad para hacer que la
libertad triunfe sobre todos estos enemigos. Estados Unidos acoge con
beneplácito nuestra responsabilidad de encabezar esta gran misión.
George
W. Bush
LA
CASA BLANCA, 17 de septiembre de 2002
I.
Panorama General de la Estrategia Internacional de Estados Unidos
«La
causa de nuestra nación ha sido siempre más grande que la defensa de nuestra
nación. Luchamos, como lucharemos siempre, por una paz justa una paz que
favorezca a la libertad. Defenderemos la paz de las amenazas de terroristas y
tiranos. Preservaremos la paz al crear buenas relaciones entre las grandes potencias.
Y propagaremos la paz al alentar a las sociedades libres y abiertas de todos
los continentes».
Presidente
Bush, West Point, Nueva York, 1º de junio de 2002
Estados
Unidos posee en el mundo poder e influencia sin precedentes —y sin igual. Esta
posición, sostenida por la fe en los principios de libertad y por el valor de
una sociedad libre, viene acompañada de responsabilidades, obligaciones y
oportunidades sin precedentes. Se debe usar la gran fuerza de esta nación para
promover un equilibrio de poder que favorezca la libertad.
Durante
la mayor parte del siglo XX, el mundo estuvo dividido por una gran lucha de
ideas: las ideas destructivas del totalitarismo versus la libertad y la
igualdad.
Esa
gran lucha ha terminado. Las ideas militantes de clase, nación, raza, que
prometieron una utopía y resultaron en miseria han sido derrotadas y refutadas.
Estados Unidos se ve ahora amenazado ahora no tanto por estados conquistadores
como por estados fallidos. Nos amenazan menos las flotas y los ejércitos que las
tecnologías catastróficas en manos de unos pocos amargados. Debemos eliminar
estas amenazas a nuestra nación, a nuestros aliados y amigos.
Este
es también un momento de oportunidad para Estados Unidos. Actuaremos para
convertir este momento de influencia en décadas de paz, prosperidad y libertad.
La estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos se basará en un
internacionalismo inconfundiblemente norteamericano que refleje la unión de
nuestros valores y nuestros intereses nacionales. La meta de esta estrategia es
ayudar a que el mundo no sea solamente más seguro sino también mejor. Nuestras
metas en el camino hacia el progreso son claras: libertad política y económica,
relaciones pacíficas con otros países y respeto a la dignidad humana.
Este
no es solamente el camino de Estados Unidos. Está abierto a todos. Para
alcanzar estas metas, Estados Unidos:
se
erigirá en paladín de los anhelos de dignidad humana;
fortalecerá
las alianzas para derrotar el terrorismo mundial y actuará para prevenir los
ataques contra nosotros y nuestros amigos;
colaborará
con otros para resolver conflictos regionales;
impedirá
que nuestros enemigos nos amenacen a nosotros, a nuestros aliados y a nuestros
amigos con armas de destrucción en masa;
suscitará
una nueva era de crecimiento económico mundial por medio de los mercados libres
y el libre comercio;
expandirá el círculo del desarrollo al abrir las sociedades y crear la infraestructura de la democracia;
desarrollará
programas para una acción cooperativa con otros centros principales de poder
mundial; y
transformará
las instituciones de seguridad nacional de Estados Unidos para enfrentar los
retos y aprovechar las oportunidades del siglo XXI.
* Venezuela
Analítica, Martes 17 de septiembre de 2002.
Cuestiones de América Nº 12, Diciembre de 2002 -Enero de 2003
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