Cuestiones de América

 

Septiembre Negro: La Dictadura de la Violencia

Guillermo García Ponce *

 

Septiembre pasó con más penas que glorias para la recurrente conspiración. El agrupamiento golpista había anunciado el mes de septiembre para reeditar el 11 de abril. Las agudas brechas abiertas en sus filas y el acelerado deterioro de sus aliados más extremistas quebrantaron el propósito.

Pero, no se trata solamente de una debilidad física. Es cierto que los golpistas acusan un evidente desgaste producto de la ausencia de liderazgo, de los conflictos personalistas y las apetencias hegemónicas, pero más allá, existe un hecho que explica el fracaso del septiembre negro y después explicará el por qué no se pudo tampoco en octubre ni en noviembre.

El agrupamiento golpista no es una alternativa para la Venezuela de hoy, menos lo será para la Venezuela de mañana, de octubre o del 2003. Los golpistas no tienen presente ni futuro porque carecen de un verdadero programa para el desarrollo democrático y soberano de nuestro país, están lejos de la justicia social que exige el pueblo venezolano. El agrupamiento golpista es un almácigo de odios y revanchismos, dominado por la obsesión de lograr la renuncia del Presidente Chávez a toda costa y por cualquier medio. Padece de ausencia de soluciones y propuestas capaces de asegurar la paz, la libertad y la prosperidad del país. El agrupamiento golpista no es más democracia ni más seguridad ni más progreso. Todo lo contrario, es la dictadura de los privilegios y de los poderosos en el marco de un profundo odio social.

¿Qué fue septiembre negro sino una programación de paros fuera de la ley, de obstrucción ilegal y violenta del tráfico, de venenosa campaña de prensa, de calumnias contra diputados, de asesinatos de dirigentes a sedes militares de incitaciones al golpe de Estado, de activa producción de rumores y fantasmas, de manipulaciones para afectar la economía nacional, de rechazo a las invitaciones al diálogo y de convocatoria a la guerra civil? Odio, sólo odio. No hubo ninguna gestión a favor de la paz y de la convivencia democrática. Ninguna propuesta por la estabilidad institucional y consolidar la soberanía e independencia nacionales.

¿Puede ser de otra manera? No, porque el agrupamiento golpista es una confusa y abigarrada alianza de odios y apetencias de revancha. No hay sitio para una política alternativa, elaborada con criterio de grandeza nacional y fundamentada en los intereses de Venezuela. Detrás del superficial discurso democrático no es necesario hacer mucho esfuerzo para descubrir la rabia por la pérdida del privilegio social y político, el rencor contra el pueblo mestizo y pobre, la desbordada frustración por las derrotas sufridas en manos de Chávez.

La política de odio se alimenta de un hecho evidente. Chávez provocó un profundo desajuste en la estructura social de dominación establecida por una clase dirigente cuya única ley es el acaparamiento de las riquezas del país y la exclusión del pueblo.

Los golpistas aspiran a retroceder la historia. Su odio es por la perspectiva de una nueva estructura social basada en la justicia. Sólo pueden ofrecer a Venezuela la dictadura de la violencia.

* Correos para la Emancipación, Año IV, Número 168, 30 de septiembre de 2002.

 

 

  

Cuestiones de América Nº 12, Diciembre de 2002 -Enero de 2003

 

 

 

 

 

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