Guillermo García Ponce *
Los
papeles de la conspiración, capturados en los allanamientos practicados por los
servicios de inteligencia, han venido a comprobar lo que ya los mismos
golpistas gritaban a todo pulmón.
Bajo la batuta de los viejos partidos, el plan es derrocar al gobierno del
Presidente Chávez, abolir la Constitución democrática e imponer un gobierno
represivo y sectario mediante el asalto al poder a mano armada.
A
pesar del ingrato recuerdo de cuarenta años con toda su carga de despilfarro,
corrupción, violencia, componendas e inmoralidad, los viejos partidos han
logrado imponerse sobre el resto de oposición. Los papeles de la conspiración
demuestran con absoluta transparencia que detrás de los llamamientos a marchas
y huelgas está el manejo oscuro del golpe de Estado. Por eso, Acción
Democrática y Copei se han negado sistemáticamente a identificarse con
cualquier propuesta distinta a la demencial estrategia del asalto armado a
Miraflores.
Cuando
el 11 de abril numerosas personas fueron a la emboscada urdida por los
golpistas, donde francotiradores pagados por la provocación política los
esperaban para disparar a matar y dar un pretexto a la aventura militar,
ignoraban que era manipulados por los viejos partidos para destruir las
instituciones electas legítima, constitucional y democráticamente.
Ahora
nadie podrá decir que fue engañado. Los hechos demuestran que la vieja política
anda en los mismos trajines golpistas porque no puede asumir la vía electoral y
democrática. Se la niega la ausencia de respaldo en el seno del pueblo. Con el
apoyo de los enclaves sociales de la pequeña burguesía en el este de Caracas,
solo le quedan el golpe de Estado, el atajo violento y la intervención
extranjera para intentar capturar el poder a fin de regresar a los privilegios
disfrutados en cuarenta años de holgado monopolio bipartidista.
La
conspiración del 11 de abril no fue la última. Tampoco lo será la de octubre.
La experiencia históricas enseña que todo proceso revolucionario que se
proponga cambiar la vieja estructura social dominada por la injusticia, la
pobreza y la dependencia deberá librar una lucha prolongada y enfrentar
enemigos implacables si aspira a la victoria final. En las condiciones
venezolanas, bajo el peso de una herencia cultural de atraso y subordinación;
de una economía petrolera dependiente, castigada además por una voraz deuda
externa; en el marco un Estado profundamente infiltrado por los trepadores y la
"quinta columna", no será nunca extraña la recurrencia del golpismo
como tendencia dominante de la contrarrevolución.
Afortunadamente,
por instinto de clase, por el impulso del ansia secular de justicia, la
revolución bolivariana se sembró hondamente en la carne y alma del pueblo. Esa
condición la hace invencible y lo será cada día más en la medida que gane en
conciencia, unidad y organización. El pueblo derrotó al golpismo el 11 de abril
y lo volverá a derrotar de nuevo no solo porque tiene superioridad de fuerza en
el terreno popular y militar sino también porque tiene superioridad moral sobre
sus enemigos. La causa del pueblo bolivariano es una causa justa.
* Correos para la
Emancipación, Año IV, Número 170, 10 de octubre de 2002.
Cuestiones de
América Nš 12, Diciembre de 2002 -Enero de 2003
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