Cuestiones de
América
Neoliberalismo de guerra
y pensamiento crítico
Pablo González Casanova *
Al pueblo y al gobierno de Cuba, líderes mundiales de la
lucha
por la democracia, la liberación y el socialismo.
Creo,
como Bourdieu, que uno de los retos más importantes del pensamiento crítico
consiste en revelar los mecanismos de censura invisible que se ejercen día a
día para impedir que se construyan a tiempo los análisis de las estrategias
colectivas. Denunciar esos mecanismos, en una reflexión seria que permita a un
gran número de gentes convertirse en una verdadera fuerza social, ha sido y es
el objetivo unificador de la crítica a la globalización neoliberal.
Si
desde 1980 y aun antes el pensamiento crítico hizo un claro diagnóstico de los
inmensos males que el neoliberalismo acarrearía a la humanidad, hoy pueden
comprobarse nuestras tesis una a una, mientras las de los neoliberales,
monetaristas, modernizadores y globalizadores han sido disconfirmadas en su
totalidad. Para darse cuenta de eso no se necesita ser experto, ni el problema
y sus soluciones son meramente académicos. El problema para los neoliberales es
que ya nadie les cree. El problema para los globalizadores neoliberales es que
han perdido credibilidad, respetabilidad y capacidad de gobernar a sus propias
poblaciones y al mundo sin ejercer todo tipo de violencias conceptuales,
verbales y físicas. El reto del pensamiento crítico consiste en denunciar los nuevos
mecanismos de la censura invisible que la guerra contra el terrorismo ejerce
sobre la propia población estadunidense, no se diga ya sobre el resto del mundo
para el que se ha creado un “departamento de mentiras”. No bastará, sin
embargo, con denunciar las mentiras abiertamente mentirosas, o las verdades a
medias, o las mistificaciones y mitos humanitarios, o las políticas pobristas,
que ocultan los proyectos en marcha para continuar con las mismas políticas
neoliberales sistemáticamente de-predadoras y empobrecedoras, expansionistas y
privatizadoras.
Los
retos del pensamiento crítico tienen que orientarse hacia algunas reflexiones
fundamentales que permitan encontrar respuestas teóricas y prácticas lo más
aproximadas que sea posible para alcanzar el éxito de los nuevos movimientos
democráticos, socialistas y liberadores. Con la definición o redefinición de
estos objetivos, y de las experiencias históricas para alcanzarlos, se
precisarán también las causas y factores que determinaron y determinan la grave
situación actual que vive el mundo, así como las características de los
peligros que lo amenazan en el terreno de las injusticias sociales crecientes,
de las políticas autoritarias y totalitarias que tienden a agudizarse, de las
políticas de destrucción del medio ambiente que continúan sin el menor viso de
que los gobiernos del mundo las impidan, y de las políticas de guerra
generalizada, incontrolable en su magnitud autodestructiva dada la
proliferación de armas nucleares y bioquímicas, y los odios y rencores que los
bombardeos a los pueblos tienden a encender. Analizar la falta de respeto al
derecho ajeno en todo el mundo y sus gravísimas consecuencias para la paz
mundial y para la sobrevivencia de la especie humana es un problema tan
importante como la construcción dialéctica de las alternativas para que otro
mundo sea posible, para que un orbe sin guerra sea posible, esto es, un mundo
en el que tienda a prevalecer la paz con justicia y libertad para todas las
civilizaciones y los habitantes del planeta. El problema práctico de la paz con
justicia y democracia es uno de los grandes retos de pensamiento crítico, tal
vez sea el principal.
Ante
los probables fracasos de las reformas y las insurrecciones armadas, los
pueblos, los trabajadores y los ciudadanos tienden a luchar sobre todo por la
construcción de alternativas democráticas, eventualmente liberadoras y
socialistas, en que se dé prioridad a la lucha por la opinión pública (Noam
Chomsky), a la pedagogía de los pueblos y de las colectividades (discípulos de
Paulo Freire), bajo la perspectiva creciente de buscar “la convergencia en la
diversidad” (Samir Amin) con una nueva cultura del pensar-hacer a la que
caractericen el pluralismo religioso, teórico e ideológico; la creatividad y
efectividad en la vida y en la acción; el aprendizaje de cómo se toman
decisiones en un gobierno democrático participativo y representativo, empezando
por la distribución de recursos escasos (Partido de los Trabajadores y
movimiento popular brasileño); el respeto a la dignidad y la autonomía de
personas y colectividades; la defensa simultánea de lo particular y lo
universal; el respeto a las diferencias de culturas y civilizaciones, a las
diferencias de género, de razas y de inclinaciones sexuales, y a las semejanzas
en la defensa de la naturaleza, de la vida, de la democracia, de la justicia
social y de los derechos humanos, como ha precisado y practicado de manera
notable el Movimiento Zapatista en México.
Emir
Sader alguna vez se refirió al “debilitamiento del pensamiento teórico en
América Latina”. Su observación era válida y en parte lo sigue siendo para el
pensamiento académico, el de los partidos políticos y el de los organismos
internacionales que en una época anterior fueron capaces de generar teoría. En
realidad la generación de teoría del nuevo pensamiento crítico se ha desplazado
desde finales del siglo XX a los nuevos movimientos sociales. Es en ellos y en
la unión más reciente de muchos de ellos con los viejos movimientos sociales de
trabajadores y campesinos y con los intelectuales donde se encuentra el centro
de la reflexión teórico-política de nuestro tiempo. En los nuevos-viejos
movimientos sociales aparece un extraordinario intelectual colectivo cuya
unidad incluye la diversidad, con ricos lenguajes, con formas de expresión
clara y creadora, a la vez racional y emocional, discursiva y vital, simbólica
y no simbólica.
El
proyecto alternativo se inserta en una de las dos grandes revoluciones que Immanuel
Wallerstein señaló: la primera fue en 1848 y contribuyó a la crítica del
movimiento revolucionario iniciado en l789, la segunda en l968 y contribuyó a
la crítica del movimiento revolucionario que comenzó en l9l7. La revolución del
68 planteó el nacimiento de una nueva izquierda. Las metas de la misma dieron
creciente importancia a la democracia con pluralismo y poder de los pueblos, de
los trabajadores y de los ciudadanos. En el año 1959 triunfó la revolución
cubana, que es pionera de una nueva lucha histórica por la liberación nacional,
el socialismo y la democracia participativa. Sólo a partir de esta revolución,
cuyo icono es el retrato del Che, se comprenden cabalmente los nuevos
movimientos sociales por una alternativa mundial. En 1996 los pueblos indígenas
de México, encabezados por los zapatistas, enriquecieron notablemente el
proyecto y abrieron las nuevas luchas contra el neoliberalismo y por la
humanidad.
El
pensamiento crítico no deja de trabajar en la academia, en el partido, en el
sindicato, en las instituciones o asociaciones de investigación-docencia; pero
tiene que profundizar su diálogo con los nuevos movimientos sociales donde
trabajan-piensan-aprenden-enseñan muchos intelectuales salidos de las aulas y
los institutos de educación superior, y también de las filas de “los
excluidos”, “los discriminados” y “los marginados”. Con ellos, “el pensamiento
crítico” tiene que establecer redes y coordinaciones respetuosas de las
autonomías de sus respectivos participantes. Sólo así contribuirá a esclarecer
los retos que plantean a las nuevas luchas los fracasos y los triunfos
anteriores de las luchas por la libertad, la democracia y el socialismo. El
pensamiento crítico tiene también como un reto muy importante precisar los
grandes cambios que han restructurado y redefinido a las luchas por la
socialdemocracia, la liberación nacional y el socialismo. Entre esos cambios
tendrá que dar especial atención a la revolución tecnocientífica iniciada en la
Segunda Guerra Mundial y a la forma en que las categorías sociales han sido
restructuradas para que la lucha de clases más violenta no se dé en los nichos
de las megaempresas, y para que la lucha contra el imperialismo olvide todas
las luchas anteriores por la independencia y la liberación nacional.
En
el nuevo horizonte ha aparecido como objetivo universal el de la democracia con
justicia y con independencia. La categoría de la democracia no oculta la del
socialismo, ni ésta la de aquélla. La categoría del imperio no oculta la del
imperialismo, ni ésta el surgimiento de un imperio global (Atilio Borón, Daniel
Bensaid). La actual comprensión del mundo implica profundizar en una lucha de
clases negociada y reprimida, y en un imperio que se hace de muchos imperios y
organismos financieros mundiales, y que habiendo postulado hace dos décadas una
ideología neoliberal de paz y democracia, hoy la sustituye por un
neoliberalismo de guerra fundamentalista, colonialista e imperialista con el
que defiende su invariable decisión de seguir la misma política de empobrecimiento
y saqueo del mundo. Es necesario aclarar a ese respecto que la globalización
neoliberal realmente existente no sólo encubre un “mercantilismo de las
megaempresas”, como dice con agudeza Noam Chomsky, sino un “imperialismo
colectivo”, como afirma con razón Samir Amin.
El
nuevo pensamiento crítico tiene que asumir como problema teórico central el de
las alternativas (François Houtart), y el de un conocimiento científico y
humanístico en que los objetos de conocimiento son sujetos de conocimiento y en
que el pensar-hacer colectivo requiere atender problemas de traducción,
inclusión, comunicación (Boaventura de Souza Santos). El nuevo pensamiento
crítico tiene que enfrentar al elitismo cosificador que unido a la
“colonialidad” como intelecto mutilado impide, en todo lo que puede, la
liberación del poder colonial que se inserta a lo largo y lo ancho de los
espacios y los tiempos del capitalismo (Aníbal Quijano).
La
lucha contra “la verdad única” del imperialismo (Atilio Borón), así como la
lucha contra los mitos y mentiras del neoliberalismo globalizador,
mercantilista e individualista serán tanto más efectivas cuanto demos al
“sentido de la vida no individualista” una importancia primordial en la
educación y la investigación (Edgardo Lander). Con ese fin debemos
constituirnos no sólo en herederos y activistas del humanismo de origen
religioso que se expresa en la teología de la liberación y en el pensamiento
posconciliar (Leonardo Boff, Frei Betto), ni sólo en herederos del mundo
político e ideológico que respeta la cultura laica y las creencias de los
demás, sino en “una izquierda que continúe recuperando a la izquierda” y
recreándola (Luis Hernández Navarro).
La
lucha actual se centra en algo muy nuevo que “va en serio”: en un “mandar
obedeciendo” que con la construcción universal de las autonomías y de la
dignidad como política, y como moral, impulsan desde México los zapatistas. La
lucha “consistirá en mucho más que derrocar a un partido político” o “acabar
con una ortodoxia económica” (Noemi Klein). Implicará conocer y desestructurar
las contradicciones propias de la lucha de clases así como encauzar las
contradicciones internas de las fuerzas liberadoras con soluciones pacíficas,
humanistas y solidarias (Martha Harnecker). A la lógica del pensamiento crítico
se añadirá la lógica de la construcción de alternativas. Estas serán, en la
teoría y en los actos, móviles, mutantes, constructoras de fuerzas sociales que
se propongan objetivos a corto plazo y que hagan posible alcanzar otros a
mediano y largo plazo.
Un
reto más es inminente: si el neoliberalismo de paz ha sido derrotado, muy
pronto lo será el neoliberalismo de guerra que hace de la incertidumbre humana
su victoria principal. Las fuerzas que le pongan el alto serán necesariamente
las que luchen por un proyecto humano. Que triunfe la humanidad y la vida
constituirá el gran reto del futuro inmediato. Para asumirlo tendrá que
señalarse una y otra vez que la “hegemonía estadunidense en la globalización
neoliberal es fundamental” (Emir Sader), y que para resolver los problemas que
plantea el Consenso de Washington será indispensable el apoyo del pueblo, de
los trabajadores y de los ciudadanos de Estados Unidos, víctimas privilegiadas
de una “mitología política de la contención” que constituye la “censura
in-visible” más peligrosa para los estadunidenses y para la humanidad pues ésta
ne-cesita contar con ellos para que otro mundo sea posible.
En
una sabia perspectiva histórica y práctica, Immanuel Wallerstein indica dos
problemas inaplazables a investigar por el pensamiento crítico: ¿Cuáles van a
ser las debilidades del capitalismo en el futuro inmediato?, y ¿cómo se empieza
a delinear un orden mundial alternativo? Ambos planteamientos tendrán que
enfrentarse, como teoría y experiencia, desde lo local hasta lo global
empezando por detener el neoliberalismo de guerra como neoliberalismo y como
guerra.
Pero
en términos generales se pueden plantear algunas hipótesis que parecen
evidentes: entre las debilidades principales del capitalismo destacan cinco en el
futuro inmediato: 1°. El neoliberalismo de guerra se enfrenta a las
limitaciones de una “nueva guerra” que no permite realizar grandes gastos e
inversiones militares y armamentistas capaces de reactivar la economía. En caso
de que los límites de la “nueva guerra” se desborden se plantea el peligro
conocido de una “guerra de destrucción mutua”. 2° La posibilidad de guerra
nuclear y bioquímica aumenta cada vez más con las amenazas de unos gobiernos a
otros, con la proliferación de armas nucleares y bacteriológicas y con los
rencores crecientes de países con una antigua cultura imperial, como los del
Islam, Rusia, China o India, que están siendo constantemente humillados. 3°.
Las luchas que cada día se agudizan por los mercados y por los recursos escasos
hacen improbable que la alianza de la “triada” o del Grupo de los Siete
mantenga bajo control sus propios conflictos internos. La crisis del “imperio
colectivo” parece incontrolable. 4° El desplome económico de países de la
periferia mundial, como Argentina, así como la pérdida cada vez mayor de
derechos sociales y laborales por los habitantes de la periferia y por los del
propio mundo industrializado, no sólo tiende a disminuir la legitimidad de los
regímenes políticos y sus líderes sino la del sistema social mismo. 5° La
crisis de las mentiras neoliberales y de la democracia-de-pocos- para
pocos-con-pocos muy probablemente derivará en ideologías políticas cínicamente
excluyentes y represivas características, de un nuevo tipo de colonialismo
global y de fascismo neoliberal. Su brutalidad cínica determinará una creciente
rebelión existencial en la mayoría de la humanidad amenazada.
En
cuanto al orden mundial alternativo, puede ser estudiado y construido como un
mundo emergente. Su curso no sólo de-pende de las fuerzas dominantes sino de
las emergentes. Su estudio y construcción comprenderá a las nuevas políticas
del neoliberalismo de guerra y a las nuevas políticas de las fuerzas
antisistémicas en gestación. Si la humanidad se encuentra al borde del caos, y
de una tragedia de la especie humana, hechos comprobables bajo cualquier
hipótesis o modelo de simulación, resulta evidente que es muy difícil delinear
un orden mundial alternativo en términos de desarrollo probable, o en términos
de los marcos actuales de “lo posible”.
El
lema de que “otro mundo es posible” tiene en realidad varios significados:
sirve para no caer en el conformismo, pues éste contribuiría a darnos por
derrotados de antemano. Pero que “otro mundo sea posible” no puede ocultarnos
los obstáculos a que cualquier proyecto alternativo se enfrenta. La superación
de esas dificultades dependerá de la forma en que evolucionen los movimientos
antisistémicos y de las políticas que sigan para aumentar su fuerza.
Afortunadamente,
los movimientos sociales de finales del siglo XX y principios del XXI registran
nuevas prácticas y estrategias para construir una alternativa soberana,
democrática y socialista. En medio de grandes variaciones ideológicas y
culturales, sociales y políticas, se empeñan en la construcción, organización,
información y articulación de los antiguos y los nuevos movimientos de pueblos,
trabajadores y ciudadanos. Construyen redes y organizaciones para la
resistencia y para un cambio en la correlación de fuerzas que, entre
turbulencias, permita imponer la transición sistémica. La convergencia de sus
luchas por la liberación, por la democracia y por el socialismo puede
convertirse en un poderoso “atractor” que imponga la paz y construya la
transición.
* La Jornada, México,
13 de septiembre de 2002.
Cuestiones de
América Nº 11, Octubre-Noviembre de 2002
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