Cuestiones de
América
Los
reales ganadores de la muerte
Osvaldo Bayer *
El 14 de agosto de 1927, la Justicia de
Estados Unidos hacía cumplir la condena de pena de muerte por la silla eléctrica
de dos inocentes: Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti. La ira de los pueblos fue
incontenible. En la Argentina, una bomba bien colocada hizo volar por el aire a
más de quinientos metros la estatua de Washington, en los bosques de Palermo.
Medio siglo después, las autoridades norteamericanas pedían disculpas por la
irreparable injusticia hecha para con esos dos luchadores del pueblo, I am
sorry.
Claro, el atentado contra la estatua de Washington
fue explicado por la izquierda: era la consecuencia directa, cuando se ejerce
violencia de arriba siempre se producirá la respuesta de abajo.
¿Qué pasó aquí, en la Argentina, cuando
llegó la noticia del atentado terrorista contra las Torres Gemelas? Después de
la desorientación general y de ponerse el gobierno de De la Rúa a total
disposición de las autoridades norteamericanas, de ofrecerle hasta soldados,
comenzaron los ritos obligados de misas y funciones religiosas por las
víctimas, los actos de desagravio por la mayoría de las asociaciones civiles,
clases especiales en las escuelas, discursos amenazantes unos y otros
patéticos. Y por supuesto la consiguiente discusión entre los intelectuales.
Fue la presidenta de Madres, Hebe de Bonafini, la primera en expresar su júbilo
por la derrota de los todopoderosos dueños de Estados Unidos, y fue David Viñas
el que más se definió defendiendo el acto aparentemente venido de los cielos
talibanes.
En general, la mayoría de los intelectuales
argentinos repudiaron el acto terrorista e hicieron llegar sus condolencias al
pueblo norteamericano.
Me tocó a mí en ese entonces advertir a la
izquierda que el gobierno talibán se trataba de una fuerza de extrema derecha
donde los ciudadanos de Afganistán, principalmente las mujeres, no gozaban de
ningún derecho a la libertad y la dignidad. Escribí que es como si hubiésemos
saludado la voladura de la torre de Londres o de la Cámara de los Comunes por
un cohete de Hitler, en aquellos tiempos en los que todavía Gran Bretaña era el
país imperial por excelencia. Pero que eso sí, no nos debíamos conformar con
las condolencias por las víctimas sino invitar al pueblo norteamericano a ser
más protagonista, es decir, a actuar para terminar con la política agresiva del
Estado norteamericano como lo había demostrado en la guerra del Golfo y sus
consecuencias, segura causa del atentado terrorista talibán. Era hora ya, y
justo en este caso en que los norteamericanos pasaban a ser víctimas propias de
su política imperialista, de parar y comenzar una época de paz que llevara una
vida digna a todos los pueblos de la Tierra. Desgraciadamente, pasó todo lo
contrario y después de los atentados el apoyo a Bush subió hasta el 90 por
ciento entre los estadounidenses. Ese deber del pueblo norteamericano de
hacerse protagonista de una política de paz vale hoy más que nunca en las
puertas de la nueva guerra contra Irak. Ya no lo apoya el noventa por ciento,
pero obedientes mandarán a morir a sus hijos a Irak junto con sus bombardeos
devastadores y criminales.
Lo que el gobierno argentino hizo hace justo
un año fue, como siempre, anodino y con ansias de ser el mejor servidor. Con
voz muy emocionada, De la Rúa prometió soldados argentinos, en lo que fue
respaldado por Alfonsín y especialmente por los justicialistas. Dio un poco de
vergüenza a todos aquellos que recordaban la política anticubana del gobierno
argentino.
Ha pasado un año y el bloque del primer
mundo muestra profundas grietas en cuanto al lanzamiento de una nueva guerra.
Después de la experiencia de Afganistán, Alemania –por ejemplo– ha hecho la
experiencia de cómo las tropas americanas se manejan por su cuenta, bombardean
de improviso los lugares elegidos por ellos y consideran a las otras tropas
aliadas como una especie de aliados por obediencia debida.
La verdadera síntesis del drama de las
torres gemelas está en una noticia difundida por todas las agencias del orbe a
las dos semanas del ataque a las Torres Gemelas: “Empresas militares ganaron
hasta el 36 por ciento. Fue por la suba de las acciones en Wall Street. Son las
compañías que fabrican aviones, misiles y accesorios para la guerra. También se
beneficiaron las firmas de biotecnología, ante un eventual ataque con armas
químicas”.
Por allí habría que comenzar la
investigación.
* Página/12,
Buenos Aires, 11 de Septiembre de 2002.
Cuestiones de
América Nº 11, Octubre-Noviembre de 2002
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