Cuestiones de América
Un año de guerra, muerte y
recuerdos trágicos
Jim Cason y David
Brooks *
Un año después: guerra
permanente declarada contra
“los malos”, miles de muertos más, miles de detenidos, miles de millones de
dólares dedicados a guerras y defensa de la patria, incertidumbre, inseguridad,
recuerdos trágicos, y limitación de la libertad en nombre de la defensa de la
libertad.
Un año después, no se sabe
exactamente quién fue el responsable de los ataques “terroristas” (tanto los
del 11 de septiembre como los perpetrados con carbunco), ni dónde están, ni
cuándo empezó todo esto y menos cuándo acabará.
La respuesta del gobierno
estadunidense a los atentados en Nueva York y Washington hace hoy un año fue
inequívoca. Esa noche el presidente George W. Bush declaró que los responsables
eran gente “que odia nuestras libertades”. Nueve días después, Bush anunció la
guerra contra Osama Bin Laden y su organización Al Qaeda y demandó al régimen
talibán de Afganistán que entregara al “terrorista” saudita o “compartir su
destino”. Esta, declaró el jefe de la Casa Blanca, es una guerra para defender
“la civilización”.
En su ponencia ante el pleno
del Congreso el 20 de septiembre, Bush afirmó que el mundo estaba dividido en
dos: “O están con nosotros, o están con los terroristas. De este día en
adelante, cualquier nación que siga albergando o apoyando al terrorismo será
considerada por Estados Unidos como un régimen hostil”.
Poco después cumplió con su
amenaza. El 7 de octubre, Bush lanzó formalmente la guerra contra el régimen
talibán y Al Qaeda. Agentes de la CIA y tropas de las Fuerzas Especiales ya
habían comenzado operaciones clandestinas en Afganistán, pero las primeras
campañas de bombardeo aéreo marcaron el principio formal del conflicto bélico.
Mientras las bombas caían en
Afganistán, en Estados Unidos comenzó el primer ataque bioquímico. El 13 de
octubre se informó que cartas contaminadas con carbunco habían sido enviadas a
varios medios masivos de comunicación. Un empleado de un periódico tabloide en
Florida había muerto a causa de la enfermedad y el 15 de ese mes un empleado en
la oficina del líder de la mayoría demócrata del Senado, Tom Daschle, abrió un
sobre lleno de ántrax, lo que causó pánico y la clausura de toda la legislatura
federal durante días.
Al mismo tiempo, el gobierno de
Bush lanzaba la operación de seguridad doméstica más grande de la historia de
Estados Unidos. Para prevenir más ataques, se inició la más masiva
reorganización de las estructuras de seguridad nacionales en más de 50 años,
creando una nueva entidad burocrática dentro del gobierno encargada de la
“seguridad de la patria”, que contará con unos 200 mil empleados y tendrá un
presupuesto anual de 38 mil millones de dólares.
A su vez, el Congreso aprobó
una nueva legislación que otorgó al gobierno poderes extraordinarios para
intervenir teléfonos, hacer cateos secretos y detener a personas sin cargos
formales por periodos más extensos. El Pentágono también anunció la formación
de tribunales militares con el poder de enjuiciar y condenar a muerte a los
“enemigos de la patria”.
El gobierno de Bush advirtió a
los medios, a universidades y al público en general que esto era el inicio de
un periodo de guerra indefinido y que todos tendrían que actuar con cautela ?o
sea disciplinarse y limitar la plena libertad de expresión.
Un año después, el saldo de
estas acciones son tema de un intenso debate dentro y fuera de este país. Bush
insiste en que los “terroristas” están huyendo y que una coalición
internacional de más de 60 países se ha unido en la gran defensa del mundo
civilizado contra “el mal”. Pero no todos están de acuerdo. Aquí un breve
balance de los hechos del ultimo año.
La guerra, hasta la fecha
La campaña militar en
Afganistán es el esfuerzo militar estadunidense de más duración desde Vietnam.
Más de 7 mil 800 tropas han sido desplazadas a ese país asiático y más de 60
mil están desplegadas en esa región del mundo (sin contar las fuerzas de la CIA
y de Fuerzas Especiales y miles más enviadas por diversas agencias del gobierno
de Estados Unidos a la región).
Más de 80 mil tropas de la
reserva de la Guardia Nacional fueron activadas para participar en la guerra
contra el “terrorismo” y miles de agentes de la DEA, Aduanas y otras agencias
federales han sido reasignados a tareas vinculadas con esta guerra.
Millones de toneladas de bombas
se han tirado sobre Afganistán y se han invertido miles de millones de dólares
en la campaña para capturar a Bin Laden y destruir su red. Tropas de Fuerzas
Especiales se han desplegado en más de 80 países y la CIA ha obtenido
autorización especial para asesinar a terroristas identificados por sus agentes.
El Congreso suspendió las restricciones que obligaban a los altos funcionarios
de la CIA a considerar el historial de derechos humanos de personal antes de
recibir un empleo en la agencia.
Los resultados
Afganistán ya era un país
destruido antes de la guerra, por lo que un alto funcionario comentó que ahora
se le ha bombardeado hasta regresarlo “a la Edad de Piedra”. El Pentágono se
niega a ofrecer cifras sobre las bajas que ha sufrido el talibán y Al Qaeda,
pero algunas fuentes gubernamentales calculan que han muerto unos 2 mil 500
combatientes enemigos.
Los cálculos sobre bajas
civiles son igualmente no confiables, pero periodistas y algunas organizaciones
de derechos humanos han indicado que hay por lo menos 800 civiles muertos y tal
vez hasta 3 mil 500 han sido asesinados. Hasta ahora, han perecido 37 soldados
estadunidenses, la mayoría en accidentes.
El Pentágono ha detenido a 2
mil 700 personas en diversas partes del mundo, sospechosas de tener vínculos
con Al Qaeda, y unos 600 de estos fueron trasladados a prisiones militares en
Guantánamo, Cuba. Dos acusados de ser “combatientes enemigos” y que también son
ciudadanos estadunidenses, están detenidos en cárceles militares en Estados
Unidos.
El régimen talibán fue
derrocado y sustituido por un gobierno de coalición controlado en gran parte
por los mismos caciques que mandaban en Afganistán durante los tiempos del
talibán, pero supuestamente subordinados al líder y aliado estadunidense Hamid
Karzai. Pero el poder de Karzai es tan tenue, y su base de apoyo dentro de su
país tan limitada, que actualmente debe ser protegido por tropas estadunidenses
de Fuerzas Especiales.
¿Y Bin Laden?
En julio, el secretario de
Defensa, Donald Rumsfeld, informó al Congreso que “o está vivo y en Afganistán
o en otro lugar, o está muerto”. Esta semana CNN ofreció las opiniones de
diversos analistas sobre la guerra contra Bin Laden y la televisora concluyó:
“Los expertos están de acuerdo: Bin Laden está muerto o vivo”. Analistas de
inteligencia estadunidense comentaron al Washington Post a fines de
agosto que creían que Bin Laden estaba vivo en la frontera entre Afganistán y
Pakistán, viajando por caballo con un pequeño grupo en noches nubladas cuando
los aviones espía no lo podrían detectar.
Las filas de Bin Laden en
Afganistán han sido reducidas, sin duda. Pero un analista de inteligencia
estadunidense estimó en julio que el bombardeo de Afganistán probablemente
incrementó la amenaza de Al Qaeda. Estados Unidos no ha logrado arrestar a gran
parte del liderazgo de esta red, la cual ahora está más difundida por el
planeta y el ataque y sus secuelas probablemente han nutrido a grupos parecidos
en otras partes.
La revista Time calcula
que hay unos 100 mil egresados de los campos de capacitación de Al Qaeda y que
viven en diversas partes del mundo, preparando los próximos atentados.
La región al borde del caos
Oriente Cercano, como señala
Immanuel Wallerstein en estas páginas, es más inestable hoy que antes del 11 de
septiembre. El líder militar de Pakistán pierde apoyo interno frente a
extremistas islámicos aliados con el talibán y se ha visto obligado a declarar
lo que en los hechos es un estado de sitio.
Las tensiones entre Estados
Unidos y Arabia Saudita, el país que brinda una cuarta parte del petróleo
importado de Estados Unidos, crecen cada día. Y el conflicto entre Israel y
Palestina parece alejarse cada día más de una solución.
Y después de todo, ¿dónde están
los responsables del 11 de septiembre?
A fines de agosto, Robert
Mueller, jefe del FBI, reconoció ante el Congreso que Estados Unidos no conoce
con certeza las identidades de todos los involucrados en la organización y
coordinación de los atentados del 11 de septiembre. Este país, dijo, “cree
ahora que el complot del 11 de septiembre fue diseñado en Afganistán pero
implementado y financiado en otros lugares”.
“Y eso ¿qué significa?”, se
pregunta Noam Chomsky en una entrevista con La Jornada. “Significa que
ocho meses después del atentado aún no saben quién lo perpetró. Creen que el
complot podría haberse pensado en Afganistán, pero eso es todo. Y sobre esa
base bombardearon Afganistán.”
Mientras, el curso de la
política exterior que ha promovido a lo largo de este año la Casa Blanca ha sido
calificado por un alto funcionario del gobierno de Bill Clinton de
“internacionalismo precipitado”. Morton Halperin, quien encabezó la oficina de
planeación de políticas en el Departamento de Estado, dijo a este diario: “Yo
creo que esta es una nueva doctrina y es muy peligrosa”. Para él, dividir el
mundo entre países que obedecerán a Estados Unidos y todos los demás sólo
generará más inseguridad en todas partes.
La guerra en casa
En este país, el frente interno
de la “guerra contra el terrorismo” ha producido la detención de por lo menos
mil 500 personas, la mayoría de las cuales no han sido presentadas en una
audiencia judicial formal. Cientos fueron detenidas y acusadas de violaciones
menores de las leyes de inmigración, y cientos más fueron detenidas durante
meses bajo la condición de “testigos materiales” de supuestas actividades
“terroristas”.
“Unos mil 200 no ciudadanos han
sido detenidos en secreto y encarcelados en la investigación del 11 de
septiembre”, explicó Human Rights Watch al resumir estas acciones. “Poniendo de
cabeza la suposición de inocencia, el Departamento de Justicia mantuvo a 752 en
detención hasta que decidió que no tenían vínculos o conocimiento del
terrorismo... Finalmente, la mayoría fueron expulsados de Estados Unidos.”
Este año, una corte federal de
apelaciones también falló contra el esfuerzo del gobierno para mantener en
secreto las identidades de los detenidos. “El ejecutivo busca desarraigar las
vidas de la gente, fuera del ojo público y detrás de una puerta cerrada. Las
democracias mueren detrás de puertas cerradas”, declaró la corte. Pero el
gobierno de Bush apeló este fallo y se niega todavía a dar a conocer los
nombres de las personas detenidas.
Al parecer, aun con estas
medidas, el gobierno está frustrado en su intento de conseguir suficiente
información, y varios funcionarios han indicado ante el Congreso y en
filtraciones a los medios, que quizá se debería considerar el uso de “medidas
coercitivas” ?forma diplomática de referirse a la tortura? para presionar a algunos
detenidos a hablar más.
Aunque algunos de los detenidos
han sido acusados y condenados por violar leyes migratorias, y por mentir a
investigadores federales, entre otros delitos, la abogada en asuntos de
inmigración Jeanne Butterfield dijo a La Jornada que ninguna de las
personas detenidas por violaciones migratorias desde el 11 de septiembre, ha
sido acusada formalmente de “terrorismo” relacionado directamente con los
ataques contra el World Trade Center y el Pentágono.
El gobierno ha interrogado a
unos 5 mil hombres árabes o musulmanes en este país, sólo con base en su
identidad étnica o por su país de origen. Cientos más fueron detenidos durante
semanas sólo por el aparente crimen de haber viajado por algunos de los 25
países donde se sabe que hay presencia de Al Qaeda.
Millones de dólares se han
invertido en nuevas medidas de seguridad en los aeropuertos, decenas de miles
de floreros de concreto y otras barreras se han instalado frente a edificios
federales para prevenir posibles ataques con coches bombas.
Tropas de la Guardia Nacional
con rifles automáticos patrullan, por primera vez en décadas, aeropuertos y
otros centros de transporte, y el Departamento de Justicia ha implementado un
programa especial por el que solicita a los ciudadanos reportar toda “actividad
sospechosa” en sus barrios y colonias.
Los resultados
La única persona detenida en
Estados Unidos ?por violaciones migratorias? y que supuestamente está vinculada
con los atentados del 11 de septiembre, es un ciudadano francés detenido antes
del 11 de septiembre.
Pero grupos de derechos civiles
han denunciado que decenas de inocentes han sido detenidos, interrogados en
forma agresiva y en algunos hasta casos obligados a firmar confesiones falsas
como parte de los esfuerzos del FBI para encontrar a todo aquel que pudiera
estar vinculado con los ataques.
Esto ha ocasionado protestas de
un creciente grupo de organizaciones de derechos humanos. “A lo largo del
último año, el gobierno ha tomado una serie de acciones que gradualmente han erosionado
las protecciones básicas de los derechos humanos en Estados Unidos, garantías
fundamentales que han sido centrales al sistema constitucional estadunidense
por más de 200 años”, declaró el Lawyers Committee for Human Rights en su
informe presentado a principios de septiembre.
“Vistos por separado, algunos
de estos cambios podrían no parecer tan extremos, especialmente al ser vistos
como respuesta a los ataques de septiembre. Pero cuando uno conecta los puntos,
surge otra imagen. Este retrato detallado en este informe demuestra que muy
frecuentemente el modo de operar del gobierno de Estados Unidos desde el 11 de
septiembre ha sido contrario con la esencia de los principios de los derechos
humanos estadunidenses e internacionales.” Con todo, el gobierno federal ha
tenido que reconocer que existe la probabilidad de que haya células de Al Qaeda
operando en Estados Unidos.
Por otro lado, los aeropuertos
parecen no ser mucho más seguros que hace un año. El Daily News de Nueva
York envió recientemente a 14 reporteros a tomar otros tantos vuelos diferentes
y viajar con varios implementos prohibidos: tijeras, navajas, cuchillos. Ni uno
solo fue detenido ni sus “armas” fueron detectadas bajo las nuevas medidas de
seguridad.
Mientras, las autoridades
reconocen que aún no cuentan con suficiente información para detener a nadie en
relación con los ataques de ántrax en septiembre y octubre del año pasado, que
ocasionaron la muerte de seis personas y causaron pánico nacional. Y aunque al
principio el gobierno insistió en que era parte de otro complot internacional
terrorista, tal vez del mismo Bin Laden, en los últimos meses todo indica que
probablemente el ataque con carbunco fue ejecutado por un estadunidense,
posiblemente un científico que había trabajado en algún momento para el
Pentágono o la CIA.
En suma, no es sorprendente que
las encuestas registren alto nivel de incertidumbre y sensaciones de
inseguridad entre la población a un año del peor crimen cometido en suelo
estadunidense.
Lo único que se sabe es que la
“guerra contra el terrorismo” continúa y que nadie promete ni paz ni seguridad
como resultado, sino todo lo contrario.
* La Jornada, 11
de septiembre de 2002.
Cuestiones de América Nº 11, Octubre-Noviembre
de 2002
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