Cuestiones de
América
Entrevista con
Immanuell Wallerstein
Jim Cason y David
Brooks *
La
reacción de Estados Unidos a lo largo del año tras los atentados del 11 de
septiembre es precisamente la que Osama Bin Laden deseaba, y ahora el gobierno
de George W. Bush se prepara para lanzar una guerra contra Irak, lo que tendrá
consecuencias desastrosas para Medio Oriente y creará una catástrofe mucho
mayor en el ámbito internacional, afirma Immanuel Wallerstein en entrevista con
La Jornada.
“En
un año Estados Unidos ha logrado muy poco”, sostiene Wallerstein, profesor en
la Universidad de Yale y director del Fernand Braudel Center de la Universidad
de Nueva York. “Han derrocado a un gobierno débil. No han desmantelado a Al
Qaeda y han trabajado sobretiempo para enajenar a todos los que antes eran
aliados.”
Por
razones internas de Estados Unidos, Wallerstein espera que Bush inicie su
ataque contra Irak en octubre, a pesar de la fuerte oposición expresada tanto a
nivel internacional como por algunos sectores de la cúpula política
estadunidense.
Días
antes del aniversario de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y
Washington, La Jornada le pidió a Wallerstein su evaluación de la
llamada guerra contra el terrorismo a lo largo de este año. “Desde el punto de
vista de Estados Unidos ha sido desastrosa. Vista desde la perspectiva de Osama
Bin Laden creo que esto es precisamente lo que deseaba; esperaba que Estados
Unidos reaccionara de la manera como lo ha hecho.”
El
objetivo inmediato de Bin Laden -explica el reconocido analista, autor de
varios libros sobre la dinámica política y social mundial- siempre ha sido
derrocar a los gobiernos de Pakistán y Arabia Saudita. Un año después de los
atentados del 11 de septiembre, el general Pervez Musharraf, presidente de
Pakistán, continúa en el poder sólo por el apoyo de los militares, los cuales
están muy divididos entre sí. Como resultado, Musharraf ha necesitado medidas
cada vez más dictatoriales, prohibiendo efectivamente los partidos políticos y
está amenazando con disolver la legislatura.
“¿Qué
viene después de Musharraf? No sé”, indica Wallerstein. “Seguramente el próximo
gobierno será más antiestadunidense y menos secular. Pakistán tiene el
potencial de convertirse en un Afganistán con armas nucleares; dudo si eso es
lo que verdaderamente desea Estados Unidos.”
Por
otro lado, hay una creciente división entre Estados Unidos y Arabia Saudita,
que se evidenció más recientemente al filtrarse las minutas internas de un
grupo de análisis dentro del Pentágono, que definió a Arabia Saudita como “un
enemigo” de Estados Unidos.
En
una conversación previa con este diario, Wallerstein había caracterizado a
estos regímenes como “las torres gemelas”, y consideró que su caída podía ser
aun más desastrosa que la de las Torres Gemelas del World Trade Center.
Wallerstein
destaca que el presidente Bush no ha endosado aún esta definición de Arabia
Saudita, la cual es promovida por un grupo de “halcones” conservadores
de su gobierno y en algunos de los centros de política en Washington. Este
verano, el presidente se reunió en su rancho de Texas con el príncipe Bandar
para intentar mejorar la relación con Riad. No obstante, el propio gobierno
saudita ha expresado su preocupación por la riña con Washington.
“El
11 de septiembre permitió que los halcones en Estados Unidos tomaran la
iniciativa y la ventaja”, dice Wallerstein. Este grupo de conservadores
agresivos e intervencionistas, entre los cuales están el secretario de Defensa,
Donald Rumsfeld, y el vicepresidente Richard Cheney, tenía relativamente poco
poder en gobiernos previos, pero después del 11 de septiembre encontró la
coyuntura para promover su agenda, que tuvo guardada durante mucho tiempo.
Para
apoyar este análisis, Wallerstein habla de la guerra venidera contra Irak:
Europa, Rusia, China y todo el mundo árabe están firmemente opuestos a esta
confrontación. Incluso en Estados Unidos varias figuras de los tiempos de Bush
padre, entre ellos el ex asesor de Seguridad Nacional, Brent Scowcroft, y el ex
secretario de Estado, James Baker, han expresado su oposición a una ofensiva
contra territorio iraquí con la estrategia promovida por los halcones de
Bush.
“Si uno revisa la
historia de EU, el número de triunfos
militares
plenos no es tan grande...”
Vietnam y Corea son ejemplos
de
lo anterior...
Sin
embargo, Wallerstein dice que está absolutamente convencido de que nada
detendrá a Washington para atacar a Irak. “La lógica de Rumsfeld y Cheney es
que la única forma en que Estados Unidos puede lograr ocupar su lugar apropiado
en el mundo, y proyectar el poder que, dice, tiene todo el derecho de poseer,
es ser macho. No hay otra lógica más que la de mostrar sus músculos para
demostrar que eres el chico fuerte de la manzana”, afirma.
La
guerra, estima el afamado sociólogo, podría empezar en octubre por razones
políticas internas. Explica que el apoyo popular de Bush, medido por las
encuestas, se ha deslizado a raíz de los escándalos del mundo empresarial, el
deterioro de la economía y otros factores domésticos.
Pero
el presidente continúa gozando de amplio apoyo para el manejo de la llamada
guerra contra el terrorismo, y al lanzar un nueva escalada podrá nutrirse más
de ese respaldo y ayudar a generar apoyo electoral para los candidatos
republicanos en las elecciones legislativas nacionales que se realizarán en
noviembre.
En el
corto plazo, esta guerra podrá ayudar políticamente al mandatario, pero a largo
plazo Wallerstein pronostica que será una hazaña militar muy difícil, que podrá
alargarse años y que tendrá consecuencias catastróficas no sólo para Medio
Oriente, sino para todo el mundo.
“Claro
que Israel será atacado (si se lanza una agresión estadunidense contra Irak) e
Israel contratacará, como lo han dicho. Tal vez tiren una bomba atómica sobre
Bagdad”, advierte Wallerstein al pintar un posible escenario. “Si eso pasa,
sólo Dios sabe lo que ocurrirá”.
El
problema, afirma, es que no hay una gran oposición real en Estados Unidos
contra una guerra con Irak. La oposición más poderosa proviene de otros
republicanos, más cercanos a los intereses de las empresas trasnacionales, que
temen las consecuencias de esta confrontación. “El Partido Demócrata está
muerto de miedo, totalmente atemorizado de que lo puedan acusar de
antipatriótico” si expresara su oposición, dice.
¿Pero
por qué el público estadunidense está aparentemente dispuesto a llevar al país
a una guerra? “Durante 200 años la población estadunidense ha sido
nacionalista, de por lo menos dos maneras”, indica Wallerstein.
Una
forma de ese nacionalismo se expresa por una posición de aislamiento
internacional, los que quieren que nadie entre a este país, un sector que ve al
mundo en términos de una división permanente entre “nosotros” y “ellos”.
La
otra expresión de este nacionalismo fue caracterizada por Wallerstein como la
de los “militaristas machos”. Esta corriente cree que Estados Unidos es el país
más poderoso del mundo y que puede -y debe- dominar los asuntos globales.
“Cuando se presenta una situación de crisis, este militarismo es activado por
la gente.”
Pero
apunta que, irónicamente, el desempeño militar de este país no es tan bueno
como se presenta. “Si uno revisa la historia estadunidense, el número de triunfos
militares plenos no es tan grande. Yo diría que la guerra contra México y la
Segunda Guerra Mundial están entre los pocos ejemplos de victorias totales”.
Estados Unidos, destaca Wallerstein, perdió la guerra de 1812, fue derrotado en
Vietnam y el conflicto en Corea acabó con una tregua, pero no fue una victoria
militar.
El
punto que debería entender un país como México -comenta el especialista- es que
los estadunidenses hablan en grande y tal vez se lo crean, inicialmente. “Pero
al final, todo ello no resulta tan fácil y cuando hay pérdida de vidas el
síndrome del retiro empieza a dominar”. Ese es un escenario muy posible en
torno a Irak, añade. “Si Bush entra (a un conflicto bélico), seis meses después
habrán 10 o 20 mil soldados estadunidenses muertos y con ello se provocará un
escándalo en Estados Unidos.”
Si se
comienza una guerra contra Irak “ésta será desastrosa, estoy absolutamente
convencido de ello”.
* La
Jornada, México, 11 de septiembre de 2002.
Cuestiones de
América Nº 11, Octubre-Noviembre de 2002
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