Cuestiones de América
Estados
Unidos y su política exterior
El
fundamentalismo tiene raíces en la Guerra Fría
En esta entrevista con Horace Campbell, dirigente
de la Comunidad Panafricana, profesor de estudios afroestadounidenses y ciencia
política en la Universidad de Syracuse, se desbrozan aspectos poco difundidos
entre el común de los estadounidenses.
—¿Cuáles son las dinámicas
en las que ha estado trabajando después de los ataques del 11 de setiembre?
—Nos hemos opuesto a la
respuesta militarista e hicimos un llamado para que la gente aprenda de Nelson
Mandela y Desmond Tutu los principios de perdón, verdad y reconciliación y que
se oponga a la militarización y al ciclo de guerra que va a resultar de buscar
revancha. Esto es particularmente necesario para asegurar que la crisis no sea
utilizada para aumentar la represión, que es lo que se busca con las leyes
antiterroristas y la creación de una Oficina para la Seguridad Interior. Las
dinámicas de la guerra no pueden ser controladas, de modo que es mejor buscar
medios no militares que ingresar en una escalada belicista en todo el planeta.
Se hicieron oír muchas voces de movimientos de base que querían que Estados
Unidos reflexionara sobre su respuesta insensible frente al más rápido genocidio
de la historia, en Ruanda, o su apoyo a figuras como Mobutu y Jonas Savimbi.
—¿Qué piensa de la
interacción entre Estados Unidos y Sudán como consecuencia del ataque?
—Esta nueva relación
publica entre el gobierno de Estados Unidos y el actual gobierno de Sudán no se
puede mantener. Es un acercamiento temporario que no puede ocultar las
profundas diferencias entre ambos. Hay sectores entre los dirigentes
estadounidenses que desean participar en la obtención de petróleo en pozos de
Sudán. El sector petrolero de la economía presiona para que se intensifique la
guerra entre el sur y el norte de Sudán y se dejen de lado las iniciativas de
paz promovidas por Egipto y Libia. La postura actual del gobierno de Estados
Unidos y su diplomacia esta demasiado dominada por intereses petroleros como
para decidir con claridad sobre las relaciones con Sudán. La actual escalada
belicista desde Palestina hasta Irán, pasando por Asia central y el Mar Caspio
va a involucrar también a Sudán. Y al mismo tiempo, tanto ese país como Estados
Unidos están gobernados por dirigentes militaristas y machistas.
—¿Cree que la política
exterior de Estados Unidos de alguna manera contribuyó a lo ocurrido el 11 de
setiembre?
—La política exterior de
Estados Unidos ha estado basada en la filosofía del realismo. Esta es la visión
maquiavélica y hobbesiana de las relaciones internacionales, de que “might
is right” (esta bien usar la fuerza) y que sólo los estados pueden
ser actores en el escenario internacional. Este pensamiento corresponde al membrete
equivocado de las ideas de Isaac Newton y Francis Bacon y a las ideas del
patriarcado. Fue promulgado a la fuerza en las universidades y en el gobierno
por Henry Kissinger en los últimos 40 años. El mundo ha pagado un precio
tremendo por estas ideas y las consecuencias se han sentido desde Colombia a la
República Democrática del Congo y Angola, y desde Pakistán hasta Taiwan.
Académicas feministas han estado enseñando un nuevo concepto de relaciones
internacionales que se aleja de la idea de poder, de fuerza, que promueve una
política exterior basada en la desmilitarización del planeta, reversión de la
contaminación ambiental, y el fin de los crímenes contra la humanidad.
Simultáneamente, en las ciencias naturales, la teoría del caos y la
comprensión de los fractals permitió entender las enormes
potencialidades para reorganizar la vida humana. Es en este contexto, como si
estuviéramos viviendo en la era de las velas cuando en realidad vivimos en la
era del combustible de hidrógeno y la tecnología celular, que uno puede afirmar
que la política exterior de Estados Unidos esta equivocada y necesita una nueva
dirección.
Henry Kissinger y los “realistas” creyeron que todo acto de apoyo a
dictadores y terroristas como Bin Laden estaba justificado en el marco de la
Guerra Fría. Fue durante la Guerra Fría que Estados Unidos apoyó y entrenó a
Bin Laden. Todos los seres humanos decentes deben abandonar las ideas de
masculinidad y violencia y aprender de los desastres no sólo de la política
exterior sino también de la violencia domestica como la del Ku Klux Klan, la
bomba de Oklahoma y los asesinatos de Columbine High School. No se puede
separar la política exterior de las políticas domesticas. Debemos aprender
nuevas teorías de relaciones internacionales y simultáneamente abandonar la era
de las velas.
—¿Es legítimo que los países
árabes y musulmanes presenten sus quejas contra Occidente en este momento?
—Es legitimo no sólo
presentar las quejas de las sociedades con una mayoría de su población
seguidora de la fe islámica, sino también asegurar que la política exterior de
Estados Unidos no apoye dictaduras en nombre de intereses estratégicos. El
apoyo a regímenes en todo el mundo árabe que violan los derechos básicos de
todos los ciudadanos debe terminar. Ya sea en Arabia Saudita, Pakistán, Kuwait
o Egipto, el gobierno estadounidense ha apoyado gobiernos represivos y
corruptos. Hay una gran necesidad en esta sociedad de superar la ignorancia
sobre el proyecto de autodeterminación del pueblo palestino. Para los pueblos
del Tercer Mundo el asunto de Palestina hoy es lo que fue el asunto del apartheid
durante las últimas tres décadas. La solidaridad con Palestina es eje en el
sentimiento antimperialista y nacionalista del Tercer Mundo.
—¿Cuál es la respuesta a la
guerra contra el terrorismo de Estados Unidos y a las acciones de quienes en el
mundo árabe y musulmán creen que cualquier ataque a Occidente está justificado
por el sufrimiento que les viene causando?
—La causa profunda que transforma
a la gente en terrorista no es la religión por si misma, sino su relación con
el poder. La incómoda verdad es que el así llamado fundamentalismo islámico de
hoy tiene sus raíces en la Guerra Fría. El expresidente de Sudáfrica Nelson
Mandela trabajó muy fuerte para aislar a los extremistas en Africa, y las
actuales políticas van a hacerle un tremendo daño a un trabajo que se hizo con
mucho esfuerzo, particularmente con relación a poner fin al aislamiento
diplomático de Libia.
—¿Qué opina del papel de
Anthony Blair desde el 11 de setiembre?
—Blair se esta comportando
como el dirigente de una causa muerta. Esto tiene que ver con la relación
especial entre Gran Bretaña y Estados Unidos al servicio de la idea de
dominación imperial. El Fondo Monetario Internacional es central en este
esquema. El sistema fue establecido en 1944 y estaba influenciado por la
relación entre el dólar y la libra esterlina en el comercio internacional. Pero
esta relación va a terminar en el contexto de esta guerra pues el ganador del
conflicto va a ser el euro. Un posible resultado de este enfrentamiento será
que se produzcan cambios políticos en el mundo, como por ejemplo que los
estados de Oriente Medio saquen sus reservas del dólar. Estados Unidos disfruta
del uso de más de 500 mil millones de dólares de las reservas de estos países.
Si, por ejemplo, el gobierno de Arabia Saudita retirara sus reservas del
dólar y la libra y utilizara el euro, eso produciría un severo shock en la
economía estadounidense. Los británicos se verían forzados a unirse al euro.
La mayoría de los ciudadanos tiene poca memoria sobre la reciente historia
económica de las finanzas globales. Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial,
en 1939, los británicos tenían un imperio y la libra esterlina dominaba el
comercio internacional. En 1950 el imperio estaba desmoronándose y la libra
debió ser sostenida por el Fondo Monetario y la intensa explotación de Africa.
Una de las consecuencias no deseadas de esta guerra será la masiva perdida
de valor del dólar y un alejamiento de los compromisos de Bretton Woods. Muchos
han hablado del impacto negativo en la economía mundial desde que Estados
Unidos abandonó los acuerdos de convertibilidad del dólar de 1944. Esto ocurrió
durante el gobierno de Nixon, cuando el país no podía financiar la guerra de
Vietnam. El resto del mundo pagó un precio muy alto por las tasas de cambio
flotantes y la inestabilidad en los mercados financieros globales. Fue a partir
de esta inestabilidad que los europeos decidieron formar primero una unión
económica (la Unión Europea) y luego desarrollar una moneda común. A pesar de
la competencia encubierta entre el dólar, el marco y el yen, había cierta
prosperidad en Estados Unidos, Europa Occidental y Japón. El resto del mundo
sangraba y hacia llamados para un nuevo orden económico internacional. El mundo
fue de crisis en crisis a tal punto que especuladores como George Soros
escribieron La crisis del capitalismo global. Esta idea de que la economía
mundial puede ser manejada a través de la expansión del gasto en consumo en
Estados Unidos ha venido fracasando desde la dramática crisis financiera de
Asia en 1997. El mundo entero necesita una clara alternativa a las políticas
del Fondo Monetario Internacional y a la manera en que el Tesoro de Estados
Unidos domina la arquitectura financiera.
Joseph Stiglitz, quien recientemente ganó el premio Nobel de Economía,
escribió sobre cómo el Banco Mundial condena a los pueblos del Tercer Mundo a
la muerte. Estas políticas del Banco Mundial fueron reforzadas por las de la
Organización Mundial del Comercio que apoya a las compañías farmacéuticas.
Estas organizaciones ponen la ganancia frente a la vida humana. Hubo una
critica mordaz de John le Carre en su libro The Constant Gardener; allí
él hace un llamado a las sociedades occidentales a abandonar el pensamiento
eugenista de Adolph Hitler. La epidemia de SIDA muestra la terrible condición
de la mayoría de los habitantes del planeta, especialmente en Africa.
Ha habido un movimiento global que fue iniciado por personas como el
fallecido Julius Nyerere y dirigentes como Fidel Castro, quienes llamaron a
cancelar la deuda del Tercer Mundo. Más tarde, jefes religiosos que se sumaron
a la Campaña del Jubileo, el papa Juan Pablo II, e incluso republicanos
conservadores en Estados Unidos, llamaron a cancelar la deuda y a introducir
una nueva forma de administración de las finanzas internacionales. Hay también
un nuevo movimiento contra el capitalismo global que está activo en toda
Africa, Europa, América Latina y Asia. Creció en Seattle, Génova, y esta por
crecer en Estados Unidos. Las luchas por salud para todos en respuesta a las
amenazas de bioterrorismo van a romper la mitología del mercado, que ha
establecido que el resto del mundo sangre mientras una minoría vive en medio
del lujo. En esta era de la biotécnica es posible reorganizar la arquitectura
financiera mundial y el sistema de comercio internacional de modo de asegurar
un mejor nivel de vida para todos. Esta nueva era resultara de la guerra y de
los enconados debates sobre reparaciones que en el largo plazo ayudaran a sanar
a la sociedad de Estados Unidos.
—¿Destacaría algún elemento
en una posible revisión económica a partir de la nueva realidad?
—El elemento más importante
en la situación económica es la masiva ingenuidad que caracteriza a la presente
discusión sobre estímulos para la economía. Fue John Kenneth Galbraith quien
dijo que hay dos clases de economistas: “Los que no saben, y los que no saben
que no saben”. La presente asignación de recursos para el Departamento de
Defensa se origina en la vieja concepción de que los gastos militares pueden
promover el crecimiento económico. Esta vieja idea no surge en realidad de un
examen critico de los hechos que llevaron a salir de la Depresión de 1929-1939.
Lo que los economistas nunca respondieron es si la humanidad necesitaba
atravesar las pesadillas de Hitler, Mussolini, la Segunda Guerra Mundial, el
Holocausto, para alcanzar la recuperación económica. Las potencialidades para
una nueva dirección económica son enormes, pero esta economía —y la economía
global— no pueden recuperarse mientras la mayoría de la juventud
afroestadounidense es condenada por el sistema educativo y enviada al complejo
carcelario industrial. La recuperación económica va a ser dolorosa pues es
necesario superar el pensamiento mecánico de los mercados y eso va a llevar
mucho tiempo.
Las leyes económicas que gobiernan la sociedad están tan pasadas de moda
como la idea de la supremacía blanca, pero va a llevar su tiempo para que
desaparezcan. En esta guerra y en la depresión económica los
afroestadounidenses deberán, en los próximos cinco años, recurrir a sus
energías espirituales para revertir el reparto desigual de la riqueza y las
ideas de determinismo genético con todas sus implicancias para la barbarie.
—¿Algo que lo haya impactado
en esta área?
—El aspecto más llamativo
en este periodo es la casi ausencia de un debate económico real sobre las
oportunidades que se presentan a la sociedad. Hay muchos ejemplos que exponen
cómo el fundamentalismo del Consenso de Washington erosionó la creatividad de
las universidades y el pensamiento sobre economía. Ello ha implicado que las
“cabezas pensantes” en la prensa reproducen el mismo fundamentalismo, cuando lo
que se requiere son opciones criticas para revertir los gastos masivos en el
complejo militar industrial. Creo que las opciones para salir de la
liberalización y la privatización van a ser dramáticas y que el gobierno se
vera forzado por luchas democráticas a contar con una nueva estrategia para la
transformación económica. Ello va a tener que basarse en un paquete de
inversión y estímulo que parta del bienestar de todos. La recuperación de la
ciudad de Nueva York será el primer test. ¿La ciudad será reconstruida con la
idea de la era de la vela y la gasolina o del combustible de hidrógeno, la
tecnología celular y la energía solar?
Aun más significativo, ¿puede la sociedad responder a serias epidemias
sanitarias o al bioterrorismo con un sistema de salud y medicamentos para los
ricos y poderosos o con atención sanitaria para todos? Es muchísimo lo que los
dirigentes políticos en Estados Unidos deben aprender tanto de Canadá como de
Cuba en la implementación de un sistema de salud para todos. Esto será parte de
la transformación de la economía, pero antes de que lleguemos allí serán muchos
los que sabrán lo que es el sufrimiento que se ha sentido en Africa y por las
grandes mayorías en el mundo, de vivir con menos de un dólar por día.
* Brecha,
Montevideo, 23 de noviembre de 2001. Publicada originalmente en Black Electorate Communications, 25
de octubre de 2001. Traducción: Ana Agostino.
Cuestiones de América Nº 11,
Octubre-Noviembre de 2002
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