La Guerra Sucia en América
La historia de los pueblos del mundo incluye pasajes amargos que nunca podrán
ser olvidados. Relatos en los que, como indican los participantes de este número
de Cuestiones de América, se asesinaron los sueños, las ilusiones, las
fantasías y las esperanzas de miles de hombres y mujeres, territorios signados
por la barbarie, páginas de vergüenza e infamia, ignominia y de terror, de
dolor y de llanto en las que sobre todo jóvenes
en la plenitud de sus facultades perdieron lo más valioso de su naturaleza: la vida,
sus facultades y las utopías.
Si bien, como dice Pilar Calveiro, “toda guerra es sucia”, lo
cierto es que en ocasiones diversos actores, organizados, supervisados,
financiados y al amparo de todos los recursos legales e ilegales existentes, se
dieron a la tarea de impulsar —como en los mejores años del tristemente célebre
nazismo, autor directo de 50 millones de muertes en la primera mitad del siglo
XX— el exterminio de toda oposición a los designios de los negocios conducidos,
al menos en América Latina, por el dólar. El uso del extremo, en el combate del
enemigo. El cueste lo que cueste y pase lo que pase.
“Muchas veces —dicen los relatos— vienen de noche pero otras
veces también a plena luz del día. Sin orden de detención, se llevan al padre,
a la madre o al niño. La víctima desaparece, sin dejar huellas...” Así, la
Guerra Sucia ha sido, quiérase o no, una realidad desde hace décadas, al asumir
formas muy distintas y variadas en los que están implicados grupos clandestinos
conocidos y desconocidos, muchos de ellos militares o paramilitares, quienes al
amparo de ideologías prevaricadoras, bajo la cobertura de los gobiernos y el financiamiento
de poderosos oligarcas que se han nutrido de esos beneficios, han sostenido un
sistema que, de otra manera, hubiera caído ya víctima de sus propias contradicciones.
La Operación Cóndor, virtual “internacional de la muerte” que
respondía, como muchas de aquellas acciones, a la pretendida la seguridad
nacional de los Estados Unidos, fue una fatídica realidad en varios países latinoamericanos.
Su puesta en práctica estuvo avalada y estimulada por los servicios de inteligencia
norteamericanos. Desde sus orígenes, la propia CIA estuvo de hecho involucrada
en otras operaciones encubiertas, que buscaron quebrantar al “enemigo”,
desestabilizar gobiernos y asesinar a sus dirigentes. La Escuela
de las Américas, por antonomasia la Academia Militar de la Guerra Fría, acusada
de ser una “Escuela de asesinos” en la que se graduó medio millar de soldados que fueron en
otros momentos acusados de delitos y violaciones a los derechos humanos, no es sino
sólo un ejemplo, entre cientos y cientos.
Los militares en Argentina promovieron en su tiempo la llamada
teoría de “los dos demonios” para justificar sus acciones. Por fortuna esos
años negros han pasado y hoy son muchos los que incluso piensan que los
alzamientos militares y las tiranías son cosa del pasado. No obstante, nadie
puede garantizar que esa época absurda no pueda regresar. Hoy grandes nubarrones
oscurecen los cielos mundiales y con halcones en el poder como los que —al mejor
estilo del presidente George W. Bush— insisten en hablar de una supuestamente eterna
lucha “del Bien contra el Mal...”, donde a pesar del pretendido Estado
de Derecho se siguen registrando casos de desapariciones forzadas de personas,
donde muchos tribunales recurren a las mismas medidas fraudulentas de las
dictaduras para proteger a los asesinos de entonces, donde nadie —hay que
decirlo de nuevo— garantiza que tales hechos sean sólo cosa del pasado.
Hay un presente que alarma y un futuro que inquieta
más, en el cual sólo la mayor conciencia de los problemas podrían otorgar a
nuestros pueblos la capacidad suficiente para enfrentar cualquier otro “enemigo”
que pretendiera arrebatarle la soberanía de decidir el destino de sus acciones
y sus esfuerzos diarios. Valgan estos pocos testimonios acerca de la Guerra
Sucia en América —solamente una muestra de lo mucho que hay que decir y
saber—, para dar esperanza y fortaleza en el camino.
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América Nº 10
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