Cuestiones de América

 

LAS AMISTADES PELIGROSAS DE (LOS) BUSH
La escandalosa liberación de los asesinos de Letelier

 

• Cómo José Dionisio "Charco de Sangre" Suárez Esquivel y Virgilio Paz Romero pudieron agradecer a su amo • George Bush (padre) nunca tuvo que explicar su papel, como jefe de la CIA, en esta historia sucia de asesinato y de desinformación • A unas semanas del 11 de septiembre, el Señor W. devolvió su libertad a los dos peligrosísimos terroristas, colaboradores de la CIA y mercenarios de la Fundación Nacional Cubano-Americana

Jean-Guy Allard *

 

"UNO de los peores actos de terrorismo de Estado nunca visto en territorio norteamericano". Fue, en estos términos, que titulares de la prensa calificaron el espectacular atentado que, en pleno día y en el propio corazón del Washington diplomático, provocó la muerte del ex embajador y ex ministro chileno, Orlando Letelier, y de su colaboradora, la activista de los derechos humanos, Ronni Moffit.

Era el 21 de septiembre de 1976. Una potente bomba, colocada bajo el carro de las víctimas, fue detonada por control remoto. El vehículo, una Chevelle 1975, explotó en medio de Massachusetts Avenue, en el barrio de Embassy Row, uno de los más prestigiosos de la capital.

La investigación fue extraordinariamente larga y compleja.

El asesinato tenía, por supuesto, un impacto político considerable.

En Chile, el general fascista Augusto Pinochet detenía el poder y la represión policiaca alcanzaba niveles sin precedentes. La policía secreta, la siniestra DINA, eliminaba sistemáticamente toda oposición.

En una sombría conspiración entre los regímenes de extrema derecha de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia, pero también con la CIA y sus mercenarios cubano-americanos de Miami, un plan de exterminación de activistas de izquierda —denominado Plan Cóndor— se desarrollaba por encima de las fronteras latinoamericanas y con la bendición de la CIA.

EN LA CIA, UN CIERTO GEORGE BUSH

En Langley, George Bush —un ex operativo de la CIA en Miami, hijo de un banquero castigado por sus lazos financieros con la Alemania hitleriana, luego elegido al Senado— dirigía la Compañía con un maquiavelismo fuera de lo común.

Por supuesto, sus agentes fueron de los primeros en aparecer en el sitio del crimen, además de los del FBI y de los varios cuerpos de policía del Distrito Federal de Columbia.

Letelier gozaba de un gran prestigio, pues había ocupado puestos de gran importancia en el Gobierno constitucional de Salvador Allende: embajador en EE.UU., ministro del Interior, ministro de Relaciones Internacionales y ministro de Defensa al momento del putsch. El día mismo del golpe fue arrestado y enviado a la isla Dawson, cerca de la Antártida, para su planificada ejecución. Pero, gracias a numerosas presiones internacionales, fue puesto en libertad y deportado a Venezuela, desde donde llegó a Estados Unidos para emprender, de inmediato, la lucha contra el régimen fascista de Pinochet.

Y no eran pocos los individuos y organizaciones que, después de este horrible asesinato, reclamaban conocer toda la verdad en este caso.

Mientras las sospechas del público y de algunos órganos de prensa y de los propios colaboradores de Letelier se dirigían hacia la dictadura de Pinochet, unas inesperadas teorías, desmintiendo las primeras, fueron de repente publicadas por la prensa..., bajo las instrucciones personales del propio George Bush, según lo que se supo muchos años más tarde.

La muy conocida revista Newsweek, beneficiándose de fuentes supuestamente exclusivas, difundió unas revelaciones que sorprendieron a todos. El asesinato de Letelier y Moffit, increíblemente, no era el resultado de un complot de los esbirros de Pinochet. Se trataba, afirmaba el semanario, citando un "informe secreto" de la CIA destinado al FBI, de un golpe montado por "extremistas de izquierda", deseosos de matar a Letelier para "crearse un mártir".

Se supo más tarde que George Bush, no satisfecho con esta campaña de prensa, había desinformado personalmente a Henry Kissinger, el secretario de Estado encargado de la diplomacia estadounidense, quien se había reunido con Pinochet en Chile, confirmándole la "autenticidad" de las teorías publicadas por Newsweek y la "inocencia" de la DINA.

SOSPECHOSOS: CINCO TERRORISTAS DEL CORU

Después de una laboriosa búsqueda, miles de entrevistas y cientos de falsas pistas sembradas por la propia CIA, cinco sospechosos de origen cubano fueron arrestados por el FBI.

Los cinco individuos, los hermanos Guillermo y Ignacio Novo, José Dionisio "Charco de Sangre" Suárez Esquivel, Virgilio Paz Romero y Alvin Ross Díaz, pertenecían todos a un tristemente famoso grupo terrorista, el CORU. Creado bajo la dirección del pediatra asesino Orlando Bosch, en 1976, en República Dominicana, bajo una iniciativa de la CIA que deseaba reunir en una sola organización a varios mercenarios y matones anticastristas de que disponía, el grupo se atribuyó, en el curso de los años, la paternidad de cientos de crímenes. Tanto contra Cuba, objetivos cubanos o individuos o grupos de izquierda de varios países.

Ignacio y Guillermo Novo no eran desconocidos del FBI. En 1964, habían disparado con una bazooka hacia el edificio de las Naciones Unidas cuando el "Che" Guevara se dirigía a la Asamblea General.

Los hermanos Novo fueron arrestados..., condenados... y finalmente absueltos en un segundo juicio, donde sus defensores usaron varios artificios para descartar el elemento clave de la prueba de la Fiscalía. Un truco más, sin duda inspirado por la CIA, para salvar a sus colaboradores.

Poco después de su liberación, Ignacio y Guillermo Novo fueron contratados por la Fundación Nacional Cubano-Americana y su jefe, Jorge Más Canosa, para dirigir el "Comité de Información" del grupo mafioso.

DOCE AÑOS MAS TARDE...

Suárez y Paz llegaron a desaparecer durante doce (12) años hasta que las autoridades los detuvieron. El FBI les reconocía un nivel de peligrosidad tan elevado que, entretanto, el señalamiento de Paz había sido difundido hasta en el programa televisivo America's Most Wanted, en el cual se difundían sistemáticamente las características de los individuos más peligrosos buscados por los cuerpos de policía de todo el territorio norteamericano.

Acusados, ambos admitieron su participación en el doble asesinato y fueron condenados... a unos doce años de cárcel.

LA CIA YA SABIA

La verdad acerca de los responsables del asesinato Letelier-Moffit iba a estallar (¡por fin!), casi un cuarto de siglo después de los hechos, cuando, el 18 de septiembre del 2000, un informe de 21 páginas de la CIA dirigido al Congreso confirmaba, por primera vez, que el jefe de la conspiración era Manuel Contreras, el jefe de Inteligencia de la DINA, la policía secreta de la dictadura pinochetista.

El "terrorista en jefe" de Contreras, Michael Townley, un norteamericano que era a la vez agente de la DINA y colaborador activo de la CIA, y Armando Fernández, un oficial del Ejército chileno y agente de la DINA, entraron ilegalmente a los Estados Unidos (con pasaportes paraguayos autorizados por el dictador Stroessner, tras un pedido especial de Pinochet) para reunirse con líderes del CORU y convenir una colaboración. Guillermo Novo y su hermano le aseguraron personalmente de su colaboración y encargaron a sus matones proveer todo el material y la asistencia necesarios.

El 19 de septiembre de 1976, Townley, "Charco de Sangre" y Paz se dirigieron a la casa de Orlando Letelier en Bethesda, Maryland, donde Townley colocó la bomba bajo el auto del ex Embajador. El 21, ocurría el atentado.

Townley avisó inmediatamente por teléfono a los hermanos Novo que "algo" había ocurrido en el distrito de Columbia y abandonó el país el 24 para regresar a Chile.

La CIA también confesó que sabía con antelación de las intenciones de Contreras, quien, además de espía pinochetista, aparecía en la contabilidad de la inteligencia norteamericana.

Entretanto, el estadounidense Michael Townley fue extraditado desde Chile en 1978, y estuvo encarcelado por cinco años en EE.UU., mientras colaboraba con el FBI. Fue finalmente liberado y hoy vive con otra identidad al amparo del programa de protección de testigos..., a pesar de sus numerosos crímenes.

Hoy día, Guillermo Novo está detenido en Panamá con Luis Posada Carriles —"uno de los terroristas más peligrosos del hemisferio", según el New York Times. Con sus cómplices, intentó provocar la explosión de una potente bomba en medio de una asamblea estudiantil, donde el Jefe de la Revolución Cubana iba a hablar durante la Cumbre Iberoamericana de noviembre del 2000.

Liberados de la cárcel federal, "Charco de Sangre" Suárez Esquivel, y Virgilio Paz Romero fueron entregados —siendo ciudadanos cubanos— al Immigration and Naturalization Service (INS), organismo encargado de expulsar del país a los extranjeros en situación irregular después de su detención.

Pero, gracias a la intervención de la Fundación Nacional Cubano-

Americana, siempre dispuesta a socorrer a sus colaboradores, el propio presidente George W. Bush autorizó, en el curso del verano del 2001, que los dos peligrosísimos terroristas fueran puestos en libertad.

Virgilio Paz salió del Bradenton Detention Center, del INS, el 25 de julio, y Dionisio Suárez también regresó a la calle el 14 de agosto. ¡A unas pocas semanas del 11 de septiembre!

El colmo de la desgracia fue, sin embargo, el último 20 de mayo, cuando George W. Bush habló, en Miami, frente a los más representativos elementos de la mafia anticubana. Los dos terroristas estaban ahí presentes, aplaudiendo frenéticamente sus palabras.

"Charco de Sangre" Suárez Esquivel y Virgilio Paz Romero, de nuevo libres de retomar sus actividades terroristas profesionales, tuvieron la oportunidad, no sólo de escuchar a su amo hablar de sus "sueños" de una "Nueva Cuba", sino, también, de agradecerle su libertad.

Ahí apareció la justicia norteamericana en todo su esplendor.

George Bush (padre) nunca tuvo que explicar su papel, como jefe de la CIA, en esta historia sucia de asesinato y desinformación.

Tampoco su hijo, gran denunciador del terrorismo universal, ha sido cuestionado —ni por la prensa supuestamente libre— sobre los motivos de la puesta en libertad de tales canallas.

Mientras, los cinco asesinos de un prestigioso político chileno y de su colaboradora —recuérdese: "Uno de los peores actos de terrorismo de Estado nunca visto en territorio norteamericano"— se han beneficiado de todos los favores del sistema judicial imperial, burlándose de todos los que reclamaron y siguen reclamando justicia, Los Cinco patriotas cubanos, condenados por haber tratado de contrarrestar, precisamente, las actividades de los grupúsculos anticubanos terroristas, se encuentran encarcelados, en cinco prisiones distintas del Imperio. ¿Hasta cuándo durará la infamia?

* Granma, 12 de julio de 2002.

 

 

Cuestiones de América Nº 10, Agosto-Septiembre de 2002

 

 

 

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