Cuestiones de América

 

Escuela de las Américas: La academia militar de la Guerra Fría

Dario Klein *

 

Es el blanco de odios de gente dispuesta a todo –hasta ir a la cárcel- para que deje de existir. Sus paredes y su biblioteca parecen un museo de la Guerra Fría latinoamericana. Unos 60 mil militares pasaron por sus aulas. De allí salieron 10 presidentes, 38 ministros de Defensa y 71 comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas. Allí se graduaron 496 soldados que fueron acusados de delitos y violaciones a los derechos humanos. También muchos otros que sirvieron decentemente a la sociedad. Su formación incluyó bibliografía anticomunista y, en algunos casos, antidemocrática. Hoy, sus cursos y entrenamientos fueron reformulados para el nuevo mundo que nació tras la caída del muro de Berlín. Sin embargo, en la entrada todavía puede leerse un texto que, en uno de sus pasajes, reza: "Soy el espíritu de la Escuela de las Américas. Estoy entre aquellos hombres que ansían detener el comunismo en las Américas".

 

A primera vista, nadie diría que estamos en una base militar ubicada en el sur profundo de Estados Unidos. El idioma dominante es el español y los rostros son claramente latinoamericanos. Las banderas estadounidenses presiden la llegada. Un panel con fotos del ejército de Chile recibe al visitante.

Una vez dentro, a lo largo del edificio de la Escuela de las Américas (SOA, por sus siglas en inglés), donde en el pasado funcionó la escuela de infantería de Estados Unidos, se reparten fotografías de graduados, en color y blanco y negro, regalos de las distintas Fuerzas Armadas, banderines, fotos de gobernantes militares, bustos de los próceres americanos con algunas de sus frases célebres esparcidas. Y soldados que van y vienen. Cada uno con el uniforme oficial de su país y su bandera bordada al hombro. Sin armas y con cuaderno. Más preocupados por disfrutar de la oportunidad de viajar, de vivir en el exterior y de conocer tecnología militar que nunca vieron en sus naciones, que de la polémica que los rodea.

Amigables y a la defensiva. Temen hablar sin autorización. Y cuando lo hacen, fuera de micrófonos, se defienden. "Yo soy un soldado del Ejército de los Estados Unidos", dice uno de los instructores, sacudiendo con fuerza su uniforme. "Yo no soy un torturador, un violador de los derechos humanos. Yo enseño lo contrario". Cuando lo dice, sus ojos parecen estar mojados.

Sin embargo, en Washington y en América latina, no todos opinan lo mismo. Y los que lloran, de rabia y de pesar, son los familiares de las víctimas de algunos de los egresados de la escuela, que acusan de su pena a la institución que educó a sus victimarios.

 

"La SOA fue fundada como una escuela de combate enfocada en técnicas de contrainsurgencia. Más que contribuir al desarrollo de la democracia en la región, la SOA en realidad enseñó elementos que minaron y destruyeron los valores democráticos"

SOA Watch

"Su misión es desarrollar instrucción militar pertinente, doctrinalmente acertada y de costo razonable, dictarla a personal de las naciones iberoamericanas; promover los valores democráticos y el respeto por los derechos humanos; y fomentar la cooperación entre las fuerzas militares multinacionales"

Presentación del catálogo de cursos de la SOA

Las manzanas podridas

Para los activistas en derechos humanos y, específicamente, para una organización no gubernamental llamada School of Americas Watch (o vigilantes de la Escuela de las Américas), la institución debe ser clausurada. Según ellos, representa el lado más oscuro de la Guerra Fría y de la lucha contra la insurgencia en América latina: las persecuciones, las torturas, las desapariciones, la guerra sucia… las dictaduras militares.

Dictaduras que fueron encabezadas en algunos casos por graduados de la escuela: Argentina con Leopoldo Galtieri o Roberto Viola; Bolivia, con Hugo Bánzer; Perú, con Juan Velasco Alvarado; Guatemala, con José Efraín Ríos Montt, o Panamá, con Manuel Antonio Noriega. Violaciones a los derechos humanos que involucraron varias veces a ex estudiantes de la institución. (http://www.thirdworldtraveler.com/soa)).

Y dan cifras: más de dos tercios de los citados en el informe de la Comisión de la Verdad de la ONU referente a El Salvador, dado a conocer en 1993, fueron egresados de la SOA. De los acusados de atrocidades en Colombia, casi la mitad estudió en la SOA. Respecto a Guatemala, ocho de los mencionados en el informe "Nunca Más" de la Arquidiócesis guatemalteca también recibieron instrucción en la SOA. Dos de los tres oficiales acusados del asesinato del arzobispo Oscar Romero en El Salvador, en 1990; 19 de los 26 implicados en la matanza de seis monjas jesuitas, su ama de llaves y su hija adolescente en 1989, también en El Salvador; diez de doce acusados de la masacre de 900 civiles en El Mozote. Todos ellos recibieron instrucción en la SOA.

También adquirió allí parte de sus conocimientos militares el acusado de ordenar el asesinato del estadounidense Michael Devine y del líder guerrillero guatemalteco Efraín Bamaca Velásquez, al igual que Vladimiro Montesinos, asesor cercano del presidente de Perú, Alberto Fujimori, y también acusado de violaciones a los derechos humanos.

En total, 496 egresados de la escuela están acusados formalmente de crímenes diversos (http://www.soaw.org/graduates.html)).

Sin embargo, la interpretación de estas cifras que realiza el personal de la Escuela de las Américas es bien distinta. Según ellos, 60.267 personas pasaron hasta el momento por sus aulas y campos de entrenamiento. (http://www.benning.army.mil/usarsa/brief/english/summer1999/tsld014.htm).).

"Los acusados de violar los derechos humanos –y muchas de esas acusaciones son flojas–son menos del 1 por ciento de nuestros graduados. Si aceptamos las acusaciones de que queremos entrenar a los militares para que cometan abusos, pues nos ha ido bastante mal", argumenta el comandante de la SOA, el coronel Glenn Weidner.

"No se puede negar que algunos graduados han cometido abusos, pero la idea de que fue su paso por la Escuela de las Américas lo que los capacitó para ello es simplemente falsa", agrega.

Reforzando este argumento, Tony Raimondo, abogado militar e instructor de Derecho Internacional Humanitario desde hace 6 meses, indica: "que aparezca un criminal que se educó en Harvard, como el ‘Unabomber’, no implica que tengamos que pedir que cierre la Universidad de Harvard".

Por su parte, su colega en la actual instrucción sobre Derechos Humanos, el capellán de la escuela Rubén Darío Colón, indica que "ellos lo que hicieron, lo hicieron por su cuenta, y no como consecuencia de la institución".

En respuesta a todas estas defensas, "SOA Watch" indica en su página de Internet (http://www.soaw.org)/ que "el argumento de que existan unas pocas manzanas podridas no es muy convincente, dado el peso de la evidencia sobre la participación de graduados de la SOA en abusos a los derechos humanos". Y el sacerdote jesuita Bill Bichsel agrega: "no estamos hablando de unas pocas manzanas podridas. Estamos hablando de un barril lleno y de que el barril mismo está putrefacto".

 

"Cientos de miles de latinoamericanos han sido torturados, violados, asesinados, desaparecidos, masacrados y obligados a refugiarse por soldados y oficiales entrenados en esa Escuela. Los egresados de la SOA persiguen a los educadores, organizadores de sindicatos, trabajadores religiosos, líderes estudiantiles, y a los pobres y campesinos que luchan por los derechos de los damnificados"

SOA Watch.

"Escuela de asesinos"

Pero las críticas no son solamente numéricas, sino también conceptuales. "La escuela en gran medida educó y perfeccionó la doctrina de la seguridad nacional en América latina que sirvió para justificar una lucha prácticamente sin cuartel, sin ningún tipo de límites contra lo que en aquella época se entendía que era el Comunismo", explica el director de "Human Rights Watch Americas", José Miguel Vivanco.

Prueba de esto es el contenido de por lo menos seis manuales que instruyen respecto a la lucha contra la insurgencia.

Por eso, sus detractores llaman a la Escuela de las Américas, "escuela de asesinos" o "escuela de golpes", y la consideran un "dinosaurio de la Guerra Fría".

Sin embargo, las autoridades de la SOA afirman lo contrario: "claro que trabajamos con gobiernos no democráticos en determinados momentos, para enfrentar la crisis en ese gran conflicto, en ese gran enfrentamiento –porque la violencia no era patrimonio de un sólo bando-, pero siempre buscando un camino hacia la democracia", indica Weidner. "La idea de la estrategia de la contrainsurgencia no es algo que inventó la Escuela de las Américas", agrega.

 

"Durante su estadía aquí, los instructores invitados y sus familiares asisten a escuelas locales, aprenden a hablar inglés, leen publicaciones norteamericanas, ven televisión norteamericana y participan en las actividades de la comunidad. El impacto duradero de tal exposición prolongada a las tradiciones, costumbres e instituciones democráticas de Estados Unidos es de un valor incalculable".

Presentación de la SOA.

"Formar aliados fieles"

La Escuela de las Américas nació en 1946, en Fuerte Amador, en Panamá, bajo el nombre de "Centro de Adiestramiento Latinoamericano: división terrestre". Cuatro años después fue trasladada a otra base panameña en Fuerte Gulick, donde adoptó el español como lengua oficial y pasó a llamarse "Escuela del Caribe del Ejército de Estados Unidos".

Sin embargo, su importancia fue creciendo a partir de 1961, cuando el presidente estadounidense John F. Kennedy determinó la que sería su misión esencial hasta los años 90: preparar a las fuerzas armadas para combatir la amenaza comunista, colaborar con el desarrollo de una contraofensiva a la creciente influencia cubana y soviética en la formación de grupos guerrilleros. En una sola palabra: la contrainsurgencia. Un término que sirvió para justificar muchas de las dictaduras y de los peores crímenes cometidos en las décadas del 60, 70 y 80 en buena parte de América latina.

En 1963 ya tenía su nombre actual: "Escuela de las Américas". Los planes de estudio no tenían nada que el coronel Weidner considere negativo: "nuestros cursos siempre reflejaron la estrategia del Departamento de Estado y el Comando Sur, y la política exterior de los Estados Unidos", indica. "Nuestra formación se basa en la doctrina del ejército de Estados Unidos. La idea de que se enseñó algo distinto a lo que se enseña en el resto de las escuelas militares es falsa. Nosotros lo único que hacemos es traducir al español los cursos que se imparten", agrega.

Weidner sostiene, además, que la misión de la SOA siempre fue más allá de la contrainsurgencia y del simple entrenamiento militar. La escuela busca elevar el nivel profesional militar y la cooperación entre las fuerzas militares multinacionales, y ampliar los conocimientos que tienen las fuerzas armadas latinoamericanas de las costumbres y tradiciones estadounidenses", añade.

Y en esto último se detiene. Según él, una de las tareas más importantes de la SOA es "formar aliados fieles a los Estados Unidos".

En 1984, cumpliendo lo acordado siete años antes con el gobierno de facto panameño, la Escuela de las Américas fue retirada de Panamá e instalada en la base estadounidense de Fort Benning, en el estado de Georgia. Donde antes funcionaba la SOA, en Panamá, comenzó a construirse un hotel.

 

"Ahora las agencias militares de las Américas están haciendo cosas como pelear contra narcotraficantes, asistiendo en la recuperación de los desastres humanitarios. Esos son papeles muy importantes y necesitan asistencia para entrenar a sus soldados"

Louis Caldera, secretario del Ejército de Estados Unidos

 

Las nuevas metas

En 1989, el bloque comunista se despedazaba, las guerrillas izquierdistas latinoamericanas estaban casi todas derrotadas y la democracia se imponía en todo el continente.

Ante este panorama, la SOA debió reformular su razón de ser. Ahora la democracia sería defendida a ultranza y la nueva amenaza que habría que combatir sería, a partir de entonces, el narcotráfico.

"Terminada la época insurgente, el énfasis cambió para reflejar las políticas del gobierno. Y la prioridad es promover la institucionalidad bajo un sistema democrático", indica Weidner.

Aunque el manual explicativo de la SOA aclara que la insurrección sigue siendo "una amenaza persistente", indica que el plan de estudios de la escuela agregó nuevos cursos como desminado, operaciones de paz, destrezas de enfermeros y operaciones antidrogas. Por otro lado, dejaron de existir otras materias como "francotiradores, oficial de combate e inteligencia militar".

Pero el curso que más varió es, justamente, el que, para sus detractores, era el punto más débil del centro de entrenamiento: derechos humanos.

El nuevo plan de estudios es, según su instructor, Tony Raimondo, "el mejor programa de derechos humanos" que se imparte en las escuelas militares de Estados Unidos. Cada estudiante recibe un mínimo de 8 y un máximo de 40 horas de instrucción al respecto.

Un curso que incluye asuntos tales como Derecho Internacional Humanitario, Pacto de San José, Declaración Internacional de Derechos Humanos, y en el que se debaten hechos reales como la masacre de Mi Lay en Vietnam o algunos de los crímenes perpetrados en América latina (www.benning.army.mil/usarsa)

"No se puede funcionar como militar sin saber sobre Derechos Humanos y Derechos de Guerra", explica Raimondo, quien asegura que, aunque ahora el curso es más completo, la SOA "siempre ha entrenado sobre Derechos Humanos".

El instructor asegura que su tarea es clave porque "lo que va a hacer en la vida real el militar, es lo que hemos entrenado". Sin embargo, consultado más adelante sobre por qué, a pesar del programa de Derechos Humanos, muchos egresados no los respetaron, Raimondo se contradice: "No existe una institución donde todos los graduados sigan lo que aprendieron. Ninguna institución puede garantizar el pensamiento de una persona".

No obstante, los opositores a la Escuela de las Américas no confían en la reforma de la institución.

Según ellos, porque no existe un control exterior adecuado a su plan de estudios, porque los nuevos cursos como los de Derechos Humanos y combate al narcotráfico son insuficientes, porque sigue sin existir un seguimiento de lo que hacen los graduados una vez que dejan la SOA, y porque siguen surgiendo nuevos casos de violaciones a los derechos humanos que involucran a egresados.

Y citan que "el Informe del Departamento de Estado sobre Colombia proveyó información que implicaba a graduados de la SOA en una masacre ocurrida en 1997 y en un allanamiento ilegal a un grupo de derechos humanos católico en 1998. Además, la 20ª brigada militar, que fue disuelta en 1998 por abusos a los derechos humanos estaba comandada por un graduado de la SOA" (http://www.lawg.org/reform.html)).

Pero, para estos detractores, lo peor es que la escuela ni siquiera ha admitido la gravedad de su mancha más oscura y difícil de borrar: la existencia de manuales que promovían actividades antidemocráticas y represivas. Y argumentan que, si no pueden reconocer o admitir el problema, difícilmente podrán corregirlo.

 

"Los manuales aconsejan a las Fuerzas Armadas de América latina que espíen a partidos políticos de oposición. Cuando el gobierno de Estados Unidos espió a un partido opositor, eso se llamó Watergate y el presidente se enfrentó a un juicio político".

Latin American Working Group

Los manuales de la guerra fría

Espiar, chantajear, infiltrarse en organizaciones civiles, confundir insurgencia armada y oposición legítima, "neutralizar" opositores, detener ilegalmente, operar fuera de la ley y del sistema democrático… Todo eso estuvo permitido y hasta fue aconsejado a los alumnos de la Escuela de las Américas que tuvieron acceso a seis manuales, con referencias al respecto.

Una investigación del Pentágono indicó que esos textos circularon entre 1982 y 1991. Pero parte de su contenido data de los años 60, del llamado "proyecto X", el Programa de Asistencia Exterior en Inteligencia del Ejército de Estados Unidos.

Sin embargo, una vez hecho público su contenido en 1991, el gobierno de Estados Unidos no sólo no condenó el hecho sino que lo minimizó diciendo que los textos incluían solamente "dos docenas de pequeños pasajes en seis de los manuales que totalizan 1.169 páginas, que contienen material que o no era o podía ser interpretado. que no era coherente con la política de Estados Unidos". Además, el Pentágono determinó que no podía achacar responsabilidades porque quienes usaron esos manuales en sus clases no sabían que ello iba en contra de lo que supuestamente defendía su país.

En cambio, el "Latin America Working Group" realizó un análisis de contenido y concluyó algo mucho más grave: que "todo el marco de los textos está en contradicción directa con los valores democráticos. En nombre de la defensa de la democracia, estos manuales entrenaron a militares latinoamericanos con métodos profundamente antidemocráticos" (www.ipc.apc.org/
lawg/soafull.html
).

Dividido en los temas "Manejo de fuentes", "Contrainteligencia", "Guerra revolucionaria e ideología comunista", "Terrorismo y la guerrilla urbana", "Interrogación", "Inteligencia de combate", y "Análisis I", los manuales tienden a enseñar a los militares a identificar y suprimir los movimientos antigubernamentales.

Entre otras cosas, por ejemplo, los manuales recomiendan que el Ejército cree una "lista negra" de "personas cuya captura y detención son de la mayor importancia para las Fuerzas Armadas" y recomiendan blancos que pueden ser "neutralizados", como partidos opositores, organizaciones paramilitares o personas hostiles con el Gobierno. El término "neutralizar", en este caso, es definido como "detener o desacreditar", pero, en la terminología militar, a menudo significa también ejecutar o destruir.

Además, los manuales enseñan que los insurgentes "no tienen condición legal como prisioneros de guerra bajo la convención de Ginebra", que no es necesario que los detenidos sean sospechosos de algo, que un interrogador puede usar nombre falso y no decir los motivos por los que detiene a la persona, que una técnica válida de contrainteligencia es el chantaje a las fuentes, que aunque una persona llegue al poder democráticamente no deja de ser una amenaza, que si una persona manifiesta su descontento laboral es muy probable que sea comunista y, por tanto, un peligro, que es aceptable ofrecer favores a cambio de la muerte de un enemigo, que es legítimo usar suero de la verdad…

Estas estrategias de control promovidas por estos manuales y por otros manuales utilizados por la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) que promueven, específicamente, técnicas de tortura (http://www.pgc.apc.org/lawg/soafull.html), tienen notorios parecidos con las técnicas utilizadas por varias de las dictaduras latinoamericanas de los 70 y 80, como las de Argentina, Brasil, Chile o Uruguay, o en las guerras civiles centroamericanas.

Sin embargo, intentando salvar su honor, el coronel Weidner aclara que "los manuales no fueron escritos por la Escuela de las Américas", sino "por brigadas de inteligencia", y confiesa que "fue un error no haber revisado ese material". Además, ofrece una explicación: "No quiero entrar en la defensa de manuales que abolimos. Pero debemos entender que eran manuales escritos en tiempos de guerra (…) Esas sugerencias venían de esa realidad (la estrategia marxista) y no para tiempos de paz y normalidad democrática".

Respecto a los manuales de la CIA que específicamente recomiendan y perfeccionan técnicas de tortura aclara: "nunca tuvimos nada que ver con los manuales de la CIA".

 

"Esta organización ha recibido auditorías, fue revisada, estudiada, investigada más que ninguna otra organización del Departamento de Defensa. La conclusión de cada uno de esos informes ha sido: que el entrenamiento de la escuela respeta todas las reglamentaciones de entrenamiento militar".

Coronel Roy Trumble, ex Comandante de la SOA

"Cerrar la SOA ahorraría millones de dólares y quizás miles de vidas"

Leadership Conference of Women Religious

La última camada

Con la excepción de Brasil, Cuba, Haití y Nicaragua, los gobiernos y ejércitos de América latina y el Caribe han hecho caso omiso a las controversias y críticas que rodean a la Escuela de las Américas. Todos ellos siguen enviando a sus soldados a educarse en la institución. Todos ellos siguen enviando sus regalos a la Escuela: espadas de plata, trofeos, placas de recuerdo o banderines.

En 1998, 778 militares de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela pasaron por las aulas y campos de entrenamiento en Fort Benning. (www.benning.army.mil/usarsa/brief/english/summer1999/tsld033.htm).

Por ejemplo, el gobierno de Chile confía parte de la instrucción de sus alféreces a la SOA. Este año, 133 jóvenes en su primera etapa de formación militar recibieron un curso de dos semanas sobre "Armas de combate y liderazgo".

El 21 de setiembre fue su primer día en la base de Fort Benning. Vestidos de manera informal, participaron pacientemente en una orientación para recién llegados. Aprendieron sobre acoso sexual, sobre sus derechos, sobre las reglas de la base militar y sobre planes para los próximos 14 días.

Dentro del edificio, una cartelera homenajeando al ejército chileno les

estaba dando la bienvenida. El panel lucía orgulloso una foto del general Augusto Pinochet y el lema "Ejército chileno: siempre vencedor, nunca vencido".

Al terminar la orientación, salieron en malón. Apuntaban directamente hacia los autobuses que los llevarían a sus hogares temporales, muchos de ellos en casas de familia de la ciudad de Columbus, cercana a la base militar.

Caminando un poco más lento que el resto del grupo, José miraba hacia todos lados como si fuera un turista.

-- ¿Qué te parece el curso?
-- Bueno… interesante. Lo mejor es la posibilidad de viajar un poco y conocer el mundo… A otra gente.

Su rostro casi adolescente era pura energía, admiración y sorpresa.

Junto a este grupo de chilenos, las autoridades de la SOA esperan que aproximadamente otros 600 latinoamericanos participen de sus cursos y entrenamientos en 1999.

Lo que esperan los activistas de derechos humanos es que de esta nueva camada no surja nadie que pase a engrosar sus listas de acusados.

 

Una lucha legal y popular

En 1990, el sacerdote jesuita Roy Bourgeois fundó la organización llamada "School of Americas Watch", que comenzó a vigilar e investigar el pasado y presente de la SOA.

En noviembre, al cumplirse el primer aniversario de la masacre de ocho personas –entre ellas seis monjas– en El Salvador, Bourgeois y unos pocos seguidores ensayaron una especie de protesta pacífica, de desobediencia civil: cruzar la línea que marca el ingreso a la propiedad de la base militar de Fort Benning. Siete de ellos lo hicieron y por ello fueron detenidos.

Pero su movimiento fue creciendo y variando en sus formas de protesta (huelgas de hambre, encadenamiento a la entrada de la escuela…) hasta llegar a una participación récord en sus manifestaciones, en 1998, con más de 7.000 personas.

Al mismo tiempo, sus reclamos comenzaron a ser escuchados en el Congreso de Estados Unidos.

A partir de 1993, los representantes demócratas Joseph Moakley, Marty Meehan y Joseph Kennedy se interesaron en el tema y comenzaron a presentar iniciativas para cerrar la SOA o, al menos, reducir su financiamiento.

Así el debate se hizo público. Y en 1998, la SOA estuvo a punto de perder la base de su financiamiento: 1,2 millones de dólares con los que se solventan las becas para que los estudiantes de América latina puedan llegar a estudiar allí.

El 30 de julio, la Cámara de Representantes votó mayoritariamente, por primera vez, a favor de cortar esa fuente de recursos que hubiera decretado una muerte clínica para la institución.

Pero el Senado no estuvo de acuerdo y, finalmente, la iniciativa fracasó en una comisión en la que legisladores de ambas cámaras acordaron mantener el financiamiento y, por tanto, conservarla con vida.

 

* dario.klein@turner.com

 

 

Cuestiones de América Nº 10, Agosto-Septiembre de 2002

 

 

 

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