Cuestiones de América

 

Con el FRG en el poder: amenazas, allanamientos, asesinatos

Guatemala: el regreso de la guerra sucia

Velia Jaramillo/apro *

 

En Guatemala, los asesinatos, amenazas de muerte, persecuciones y allanamientos --que durante 36 años de guerra interna fueron la constante-- están de nuevo en escena.

En los últimos 12 meses las intimidaciones contra jueces, magistrados, fiscales, abogados, activistas de derechos humanos y periodistas se multiplicaron con el ascenso al poder de un gobierno de --califican dirigentes civiles-- tendencia autoritaria y con fuertes ingredientes militares.

Lo más preocupante, de acuerdo a la Fundación Myrna Mack, es el paso de las amenazas a los asesinatos. En los últimos 14 meses han sido asesinados 13 abogados, 2 fiscales y 7 testigos o potenciales testigos, señala un estudio de dicha organización civil en poder de Apro.

La investigación de la fundación Mack, basada en denuncias formales y casos consignados por la prensa, da cuenta de un aumento alarmante en las amenazas, intimidaciones y atentados contra personas relacionadas con el sistema de justicia. Si entre 1997 y 1999 hubo un promedio mensual de 5.27 casos, hacia el año 2000 el numero de ataques se incrementó a 12.25 casos por mes.

Este año la tendencia se mantiene. Solo entre enero y febrero fueron asesinados 5 abogados y 6 jueces recibieron amenazas de muerte. En el caso de los abogados, algunas de las ejecuciones fueron perpetradas por grupos de sicarios con armas de alto poder que se transportaban en motocicletas o automóviles robados.

"Sería terrible que el asesinato de estos 13 abogados sea una suerte de preludio de un período de mayor violencia, pero no podemos perder de vista que los casos reportados configuran ya un nuevo tipo de violencia y que, en el peor de los casos, podrían indicar un resurgimiento de las prácticas del pasado", advirtió a principios de éste mes la presidenta de la Fundación Mack, Helen Mack, en una reunión estratégica sobre Guatemala organizada por Latin America Working Group en Washington.

En la mira

De manera simultanea se desbordaron los casos de violencia contra organizaciones de Derechos Humanos, agrupaciones cooperativistas, indígenas y campesinas, periodistas y opositores políticos. Organizaciones como la Asociación Familiares de Detenidos-Desaparecidos de Guatemala (FAMDEGUA), Centro de Estudios, información y Bases para la Acción social (CEIBAS), la Asociación de Estudiantes Universitarios Oliverio Castañeda de León, la Fundación de Antropología Forense --que da seguimiento a las exhumaciones de cementerios clandestinos-- y la organización "Mujer Vamos Adelante" fueron allanadas y robadas.

Para otros activistas el saldo fue letal: la catedrática universitaria Mayra Gutiérrez revivió la época de las desapariciones forzadas. El dirigente sindical José Alfredo Quino, dirigente campesino fue asesinado en julio después de un año de amenazas. Según el también dirigente cooperativista Danilo Santos fue "un acto de intimidación y terror al viejo estilo". Ricardo Lobo, miembro del Movimiento Ciudadano por la Justicia y la Democracia, fue agredido a principios de octubre por un grupo de desconocidos que lo balearon cuando conducía su auto.

Las agresiones alcanzan incluso a las protestas populares: el octubre pasado, durante una marcha por la tierra del Consejo Nacional de Organizaciones Campesinas -CNOC-, policías dispararon contra un campesino que participaba en la marcha. En febrero de este año, desconocidos que iban a bordo de un vehículo balearon a manifestantes que protestaban contra el aumento en la tarifa de transporte urbano. En los hechos resultaron muertas dos personas.

Acciones de vigilancia, control telefónico, seguimiento, amenazas e intimidación han sido denunciados por miembros de la Fundación Rigoberta Menchú y la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHA), querellante en las investigaciones del asesinato del Obispo Juan Gerardi.

Entre los periodistas, ha resurgido el clima de temor. Desde mayo del 2000 el diario El Periódico denunció que como resultado de investigaciones vinculadas al tema militar reporteros estaban siendo objeto de seguimientos y amenazas de muerte. Otros reporteros de la prensa local y de medios radiofónicos presentaron denuncias por amenazas en los meses posteriores. El incidente más grave se registró en febrero pasado, cuando presuntos enviados del Ministro de Comunicaciones Luis Rabbé, a quien se identifica como personero del empresario televisivo mexicano Angel González, escenificaron una protesta frente a las instalaciones de El Periódico como resultado de investigaciones que involucran a Rabbé en actos de corrupción. La protesta alcanzó visos de violencia.

En un reporte presentado este mes en la Sesión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el Centro para la Acción Legal en Derechos Humanos (CALDH) denuncia un caso que rememora las masacres de poblados campesinos durante la guerra civil: elementos del ejército recorrieron en febrero aldeas de San Martín Jilotepeque, Chimaltenango, en el altiplano del país. En este pueblo fueron encontrados en diciembre pasado restos de cementerios clandestinos que comprueban masacres perpetradas a principios de los 80, tiempo en el que Efraín Ríos Montt, actual presidente del Congreso, presidía la Junta Militar.

De acuerdo a la denuncia de CALDH, en una de las aldeas --Santa Anita-- los soldados pasaron casa por casa convocando a una reunión, tal y como se hacía durante las masacres colectivas, y una vez congregados los aldeanos les dieron una plática comparando su situación actual con la de los tiempos de la guerra. Viudas de otras aldeas en las que hubo exhumaciones recibieron amenazas de exPatrulleros de Autodefensa Civil en el sentido de que si retoman el pasado, las violencia les afectará otra vez.

Dos casos ilustrativos: el primero de agosto del 2000 dos hombres armados asaltaron a Celso Balán, miembro de CALDH en el poblado de San Martín Jilotepeque, Chimaltenango y uno de los activistas que dan seguimiento a las exhumaciones de cementerios clandestinos en la zona. Balán fue sometido a un interrogatorio, golpeado, amenazado de muerte y sedado antes de abandonarlo en el cementerio del lugar.

Unos días más tarde, el 13 de agosto, desconocidos allanaron las oficinas privadas del excandidato presidencial de la izquierda Alvaro Colom. Sustrajeron el equipo de cómputo y los videos grabados durante la campaña electoral.

El "patrón de ataque"

A finales de septiembre, el ministro de Gobernación Byron Barrientos dijo tener información de que grupos desestabilizadores estaban actuando en el país y se preparaban para explotar bombas y quemar sedes de Organizaciones No Gubernamentales. El anuncio fue recibido en organizaciones pro-Derechos Humanos como una amenaza del exmilitar.

El discurso contra los desestabilizadores financiados desde el exterior lo repitieron ésta semana legisladores del Frente Republicano Guatemalteco como respuesta al Fallo de la Corte Suprema de Justicia que decidió abrir una averiguación penal contra 24 legisladores de ese partido, encabezados por Efraín Rios Montt, acusados de alterar una ley.

En octubre, durante una comparecencia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Helen Mack sostuvo: "los hechos denunciados no son aislados, tenemos la certeza de que enfrentamos un patrón de ataque sistemático el cual estaría siendo impulsado por algunos funcionarios de gobierno, en especial por fuerzas que se mueven en la clandestinidad y que gozan de espacios de poder dentro de las estructuras del estado".

Un documento de la CALDH remitido a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) reconoce que el gobierno del FRG encabezado por Alfonso Portillo ha intentado presentarse ante instancias internacionales como un interesado en resolver los problemas de violaciones a los Derechos Humanos, reconociendo su culpa y promoviendo soluciones amistosas en algunos de los casos que se ventilan ante dicha instancia. Sin embargo, asienta el documento, "nuestra conclusión después de 14 meses es que el gobierno del FRG está involucrado en un show a nivel internacional que no refleja nada de sus actividades aquí en Guatemala".

De acuerdo a la fundación Mack, los acontecimientos en el país "persiguen debilitar el orden institucional para asegurar un predominio político e ideológico de signo contrario a la democracia, a eso obedece que el proceso de cumplimiento de los Acuerdos de Paz haya caído en un punto muerto, que no exista voluntad para atender las recomendaciones de la Comisión de Esclarecimiento Histórico y que se haya desatado un bloqueo general en contra de procesos de cambio en materia de justicia, seguridad y derechos humanos".

Helen Mack sostiene: "estamos convencidos de que este patrón incluye acciones orientadas a anular, mediatizar y debilitar a la oposición partidaria y bloquear el trabajo de las organizaciones sociales, en especial del movimiento de Derechos Humanos".

De su análisis de los 147 casos de amenazas y atentados contra personas relacionadas con el sistema de justicia en el año 2000, la Fundación Mack advierte que los actos intimidatorios se concentran contra personas vinculadas a procesos en donde miembros de la institución armada están involucrados, es el caso de procesos por asesinatos y masacres durante el conflicto armado y la época postconflicto y otros contra bandas de secuestradores.

Precisa: a muchas de las bandas de secuestradores, narcotraficantes, asaltantes de bancos, traficantes de menores, contrabando y defraudación aduanera se les relaciona con exmiembros de la policía, oficiales del ejército o agentes en activo. Esto se atribuye a la reducción de efectivos militares entre 1997 y 1998, la reorganización de la policía en 1997 y la desactivación de la Población civil Armada a finales de 1995.

A este acoso contra operadores de justicia se suma un elemento que ha crecido: la guerra que en el orden político autoridades eferregistas han desatado contra el sistema judicial. En este tenor, plantea la Fundación Mack, el congreso eferregista emprendió una campaña contra la Corte Suprema de Justicia y aplicó un fuerte recorte presupuestario a la Corte de Constitucionalidad.

Carmen Aída Ibarra, directora del Area Política de la Fundación Mack, sostiene: el ascenso con el Frente Republicano Guatemalteco de personajes ligados a la contrainsurgencia ha representado el incremento de prácticas autoritarias encaminadas al debilitamiento de las instituciones.

En entrevista con Apro expone: "hasta el año pasado habíamos estado en una relativa calma, no se habían sobrepasado los límites del hostigamiento y las amenazas, ahora ya empezaron a matar y eso es muy propio de los regímenes militares".

Ibarra prevé que la violencia institucional puede recrudecerse "porque a eso apuntó el FRG desde el principio, y ningún poder está defendiendo a las instituciones".

* Rebelión, 17 de marzo del 2001.

 

 

Cuestiones de América Nš 10, Agosto-Septiembre de 2002

 

 

 

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