Informe de la Comisión para el
Esclarecimiento Histórico (CEH)
Mientras consume su cuota
de vida,
¿cuántas verdades elude el ser humano?
Augusto Monterroso
Movimiento perpetuo
El silencio perdió su
trayectoria
frente a una mano que abre
las puertas a la voz.
Francisco Morales Santos
Al pie de la letra
Que la historia que
pasamos
quede en las escuelas,
para que no se olvide,
para que nuestros hijos la conozcan.
Un testigo ante la CEH
Dejen de hacer el mal,
aprendan a hacer el
bien. Busquen la justicia, den sus derechos
al oprimido, hagan justicia al huérfano y
defiendan la viuda.
Prólogo
Guatemala es un país de
contrastes y contradicciones, situado en la mitad del continente americano,
bañado por las olas del mar Caribe y del Pacífico. Sus habitantes conviven en
una Nación de carácter multiétnico, pluricultural y multilingüe, dentro de un
Estado emergido del triunfo de las fuerzas liberales en Centroamérica.
Guatemala ha tenido hermosas y dignas épocas desde el inicio de la cultura maya
milenaria hasta nuestros tiempos; su nombre ha sido glorificado por su ciencia,
sus obras, su arte, su cultura, por hombres y mujeres ilustres y humildes,
honrados y de paz, por el Premio Nobel de Literatura y por el Premio Nobel de
la Paz. Sin embargo, en Guatemala se han escrito páginas de vergüenza e
infamia, ignominia y de terror, de dolor y de llanto como producto del
enfrentamiento armado entre hermanos. Por más de 34 años, los guatemaltecos
vivieron bajo la sombra del miedo, la muerte y la desaparición como amenazas
cotidianas para el ciudadano común.
La Comisión para el
Esclarecimiento Histórico fue establecida mediante el Acuerdo de Oslo, del 23
de junio de 1994, para esclarecer con toda objetividad, equidad e imparcialidad
las violaciones a los derechos humanos y los hechos de violencia que han
causado sufrimientos a la población guatemalteca, vinculados con el
enfrentamiento armado. La Comisión no fue instituida para juzgar, pues para
esto deben funcionar los tribunales de justicia, sino para esclarecer la
historia de lo acontecido durante más de tres décadas de guerra fratricida.
Cuando los Comisionados
integramos la ceh, cada uno por diferente camino y todos por azares de la vida,
sabíamos en sus grandes líneas lo que había sucedido. Los dos Comisionados
guatemaltecos vivimos toda la tragedia en suelo patrio y, en una u otra forma,
la padecimos. Sin embargo, ninguno imaginó la dantesca magnitud de lo ocurrido.
Fue mandato de la Comisión dar
respuesta a interrogantes que continúan vigentes en estos tiempos de paz: ¿Por
qué un sector de la población recurrió a la violencia armada para alcanzar el
poder político? ¿Qué explica los actos de violencia desmedida, de diverso signo
e intensidad, cometidos por ambas partes en el enfrentamiento armado? ¿Por qué
la violencia, especialmente la proveniente del Estado, afectó a la población
civil, en particular al pueblo maya, cuyas mujeres fueron consideradas como
botín de guerra y soportaron todo el rigor de la violencia organizada? ¿Por qué
la niñez indefensa sufrió los actos de salvajismo? ¿Por qué en nombre de Dios
se pretendió exterminar de la faz de la tierra a los hijos e hijas de Xmukane’,
la abuela de la vida y de la creación natural? ¿Por qué esos actos, de barbarie
ultrajante, no respetaron las reglas más elementales del derecho humanitario,
la ética cristiana y los valores de la espiritualidad maya?
Hemos recibido miles de
testimonios, hemos asistido con los sobrevivientes a momentos tan emotivos como
las exhumaciones de sus seres queridos en los cementerios clandestinos; hemos
escuchado a antiguos jefes de Estado, altos mandos del Ejército y de la
guerrilla; hemos leído miles de páginas de documentos que nos han entregado muy
diversas organizaciones de la sociedad civil. El Informe de la Comisión atiende
todas las versiones y recoge lo que hemos oído, visto y leído sobre tantas
atrocidades y brutalidades.
El propósito principal del
Informe es dejar constancia del reciente pasado sangriento de Guatemala. Aunque
muchos saben que el enfrentamiento armado causó muerte y destrucción, la
gravedad de los reiterados atropellos que sufrió el pueblo todavía no ha sido
asumida por la conciencia nacional. Las masacres que eliminaron comunidades
mayas enteras pertenecen a la misma realidad que la persecución urbana de la
oposición política, de líderes sindicales, de sacerdotes y catequistas. No se
trata ni de alegatos pérfidos ni de fantasmas, sino de un capítulo auténtico de
la historia de Guatemala.
Los autores del Acuerdo de Oslo
pensaban que, a pesar del choque que puede sufrir la nación al mirarse en el
espejo de su pasado, es necesario conocer y hacer pública la verdad. Esperaban
que la verdad condujera a la reconciliación, aún más, que hacer frente a la
verdad es camino indispensable para conseguir este objetivo.
Es indudable que la verdad
beneficia a todos, víctimas y victimarios. Las víctimas, cuyo pasado ha sido
degradado y manipulado, se verán dignificadas; los victimarios, por otro lado,
podrán recuperar la dignidad de la cual ellos mismos se privaron, por el
reconocimiento de sus actos inmorales y criminales.
Conociendo la verdad de lo
sucedido será más fácil alcanzar la reconciliación nacional, para que los
guatemaltecos podamos en el futuro vivir en una auténtica democracia, sin
olvidar que el imperio de la justicia ha sido y es el clamor generalizado como
medio para crear un Estado nuevo.
Sin embargo, nadie hoy puede
asegurar si el inmenso desafío de la reconciliación a través de la verdad puede
ser enfrentado con éxito. Se requiere sobre todo que los hechos históricos sean
reconocidos y que se aprenda la lección enseñada por el sufrimiento de la
Nación. El futuro de Guatemala depende en gran medida de las respuestas que el
Estado y la sociedad sepan dar a las tragedias vividas por casi todos los
guatemaltecos en carne propia.
La creencia errónea de que el
fin justifica cualquier medio convirtió a Guatemala en un país de muerte y
tristeza. Se debe recordar, de una vez por todas, que no existen valores que
estén por encima de las vidas de los seres humanos y, en consecuencia, sobre la
existencia y el bienestar de toda una comunidad nacional. El Estado no existe
por sí mismo, existe como instrumento de organización mediante el que un pueblo
cuida sus intereses fundamentales.
Miles son los muertos. Miles
son los deudos. La reconciliación de quienes quedamos no es posible sin
justicia. Miguel Angel Asturias, nuestro Premio Nobel, lo dijo: "Los ojos
de los enterrados se cerrarán juntos el día de la justicia, o no los
cerrarán".
Con tristeza y dolor hemos
cumplido la misión encomendada. Ponemos el Informe de la ceh, esta memoria del
silencio en manos de los guatemaltecos, hombres y mujeres de ayer y hoy, para
que las nuevas generaciones conozcan las grandes calamidades y tragedias
sufridas por este pueblo. Que las lecciones de este informe sirvan para
reflexionar, escuchar y comprender al otro y para ser creativos en la paz.
Christian
Tomuschat, Comisionado; Otilia Lux de Cotí, Comisionada; Alfredo Balsells Tojo,
Comisionado
Enlaces al Informe Completo:
Índice
Conclusiones
I. La tragedia del
enfrentamiento armado
II. Las violaciones de
los derechos humanos y los hechos de violencia y sus responsables
III. Paz
y reconciliación
Recomendaciones
I. Introducción
II. Medida para
preservar la memoria de las víctimas
III. Medida de reparación
IV. Medidas orientadas
a fomentar una cultura de respeto mutuo y observancia de los derechos humanos
V. Medidas para
fortalecer el proceso democrático
VI. Otras
recommendaciones para promover la paz y la concordia nacional
VII. Entidad responsable
de impulsar y vigilar el cumplimiento de las recommendaciones
VIII. Petición a las Naciones
Unidas
Anexos
Chronología del periodo del
enfrentamiento armado
Mapa
de comunidades lingüísticas
Principales
violaciones por año y departamento
Víctimas
y violaciones por pertenencia étnica
Violaciones
por fuerza responsable
Cuestiones de América
Nº 10, Agosto-Septiembre de 2002
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