Cuestiones de América

 

Los cuervos del terrorismo

Nicanor León Cotayo *

Hace casi un cuarto de siglo, el 6 de octubre de 1976, Cuba sufrió el más duro y repugnante golpe terrorista entre los muchos afrontados a partir del triunfo de su Revolución, la voladura en pleno vuelo de un avión civil donde viajaban 73 personas.

Los autores principales fueron identificados entonces por la prensa de Estados Unidos como gente vinculada a la CIA y con una larga cadena de agresiones contra Cuba.

Los detalles del caso quedaron al desnudo y muchos en el mundo condenaron la masacre, pero aún esos terroristas no han pagado su culpa.

Por el tiempo transcurrido desde el suceso, y debido al hondo y vigente significado de este, resulta necesario recordar de manera sintética lo acontecido durante aquellos amargos días y en años posteriores.

La masacre fue organizada en Caracas por Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila, quienes utilizaron a dos mercenarios venezolanos, Hernán Ricardo Losano y Freddy Lugo, para que colocaran los explosivos en la aeronave.

En la fecha ya citada, el vuelo 455 de Cubana de Aviación llegó al aeropuerto internacional de Seawell, Barbados, procedente de Trinidad Tobago. Era la nave CUT-1201 (modelo DC-8), que había comenzado su travesía en Georgetown, capital de Guyana, y debía proseguir desde Barbados hacia Jamaica y más tarde hasta La Habana.

Viajaban los 24 integrantes del equipo juvenil de esgrima, ganadores para Cuba de las medallas de oro en un campeonato centroamericano y del Caribe, realizado en Caracas, y también 15 miembros de otra tripulación de Cubana que estaba en Barbados.

Además, un grupo de trabajadores del Instituto Nacional de la Pesca, cinco funcionarios culturales de la República Popular Democrática de Corea y 11 jóvenes guyaneses, seis de ellos becados para estudiar medicina en Cuba.

Dos días después de la voladura del avión, el primer ministro de Barbados, Tom Adams, declaró que su gobierno valoraba el asunto "como un crimen", y lo caracterizó como obra de un atentado terrorista.

Numerosas informaciones periodísticas de diferentes lugares del mundo empezaron a subrayar la tesis del sabotaje, y señalaban en primer lugar a Caracas y Miami como los escenarios donde lo fraguaron.

En la capital de Trinidad Tobago capturaron a los dos mercenarios venezolanos autores materiales del crimen, Ricardo y Lugo, quienes lo confesaron ante la policía.

Un poco después en Caracas fueron detenidos sus jefes, Posada Carriles y Bosch.

Los terroristas tomaron el CU-455 hacia Jamaica en el aeropuerto trinitario de Piarco, pero luego de colocar los explosivos desembarcaron en Barbados y regresaron ese mismo día a Trinidad Tobago.

Allí alquilaron un taxi para dirigirse a un hotel. Al presumir que el chofer Erick Johnson, de habla inglesa, no entendía español hicieron comentarios alrededor del hecho cometido. Grave error, entendía el español y denunció a los asesinos.

En Caracas designaron a la jueza Delia Estava Moreno para hacerse cargo del proceso judicial abierto a los dos principales responsables del sabotaje, y a quienes cumpliendo sus órdenes lo llevaron a la práctica.

Apoyada en un conjunto de pruebas irrefutables, ella dictó auto de detención contra Bosch, Posada Carrilles, Ricardo y Lugo, por homicidio calificado, fabricación y uso dearmasde guerra y forja y porte de documentos falsos.

Pero este digno inicio pronto se vio torcido por brutales presiones de la CIA y de la titulada Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), y ello explica la obligada renuncia de esta jueza y que a continuación no dejara de correr el fango.

En ese contexto, a mediados de 1987 el juez venezolano Alberto Pérez Marcano y un tribunal presidido por el señor Germán Requena Herradas, consideraron a Bosch ajeno al genocidio de Barbados, y lo liberaron.

Este último se trasladó a Miami, donde lo detuvieron por tratarse de un terrorista prófugo de la justicia norteamericana; y el Departamento de Justicia de Estados Unidos trató de expulsarlo del país, pero lo impidieron la FNCA y una ardiente campaña de la congresista Ileana Ros-Lehtinen, que además le garantizaron residencia y plena libertad de movimientos.

A Luis Posada Carriles lo rescató la CIA, con la asistencia de la FNCA, de la cárcel de supuesta máxima seguridad donde estaba recluido por el caso de Barbados.

Un operativo disfrazado de fuga le devolvió la libertad el 18 de agosto de 1985.

En su libro Los caminos del Guerrero , publicado en agosto de 1994, Posada Carriles narra su posterior traslado a El Salvador, donde, afirma, le aguardaba el conocido agente de la CIA Félix Rodríguez, involucrado en los interrogatorios efectuados al Che antes de asesinarlo en Bolivia.

También expresa un profundo agradecimiento a la jefatura de la Fundación, en particular a Jorge Mas Canosa, Alberto M. Hernández y Feliciano Foyo, por el largo y sistemático apoyo recibido de ellos.

A través de las páginas de El Nuevo Herald y de la televisión de Miami, tanto Posada Carriles como Bosch escribieron a favor de las prácticas terroristas y reiteraron la continuidad de estas contra Cuba. Así lo han cumplido.

El primero de ellos fue detenido el año pasado en Panamá, cuando preparaba un atentado para asesinar a Fidel en ocasión de la Cumbre Iberoamericana realizada allí, plan que por sus características hubiese provocado la muerte de otros cientos de personas.

El segundo vive sin dificultades en Miami, donde a partir de la protección brindada por la FNCA, Ros-Lehtinen y otros, no ha dejado de ser, como dijo una vez el Buró Federal de Investigaciones (FBI), el terrorista número uno de la ciudad.

El gobierno de Estados Unidos se autoproclama feroz enemigo del terrorismo, y hasta confecciona una lista de llamados países terroristas a los que fustiga sin tregua, pero al mismo tiempo durante años ha retozado amorosamente con elementos al estilo de Posada Carriles y Bosch Ávila.

Los 73 seres humanos destrozados en Barbados así lo denuncian y el índice acusador, más que a los autores directos del hecho, sigue apuntando hacia quienes primero los criaron como cuervos del terrorismo y después han sido cómplices de sus atrocidades.

* Granma, 1° de octubre de 2001.

 

 

Cuestiones de América Nš 10, Agosto-Septiembre de 2002

 

 

 

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