Cuestiones de América
La guerra biológica de EE.UU. contra Cuba
Tribuna abierta
de la Revolución en mesa redonda instructiva, 8 de diciembre del 2000
"Año del 40 aniversario de
la decisión de Patria o Muerte" *
Randy Alonso.— Muy buenas tardes estimados televidentes
y radioyentes.
Las políticas de enfrentamiento
a la Revolución Cubana, realizadas por los diferentes gobiernos norteamericanos
a lo largo de estos casi 42 años, han vinculado el estrangulamiento económico,
la exhortación a la emigración ilegal, el ataque radial y el terrorismo, con la
perversa y sistemática agresión biológica que ha cobrado valiosas vidas
humanas, incluida la de niños y mujeres embarazadas, y ha traído serias
afectaciones a los cultivos y los animales de más amplio consumo popular.
Al análisis y recuento de la agresión
biológica de Estados Unidos contra nuestro país va dedicada la tribuna abierta
de la Revolución, en mesa redonda instructiva del día de hoy, en la que me
acompañan en el panel, la doctora Rosa Elena Simeón Negrín, ministra de
Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente; el compañero Emerio Serrano, director del
Instituto de Veterinaria; Aramís Fernández Luciano, jefe del Departamento de
Veterinaria del Instituto de Investigaciones Avícolas; Humberto Vázquez,
director general de Sanidad Vegetal; el doctor Eric Martínez, director de
Ciencia y Técnica del Ministerio de Salud Pública; la doctora Berta Lidia
Castro, jefa de Terapia Intensiva también del Ministerio de Salud Pública, y
Jorge Ovies, director del Instituto de Sanidad Vegetal.
Se encuentran invitados en el
estudio una representación de los científicos y especialistas cubanos que han
tenido un papel relevante en el enfrentamiento a la agresión biológica de
Estados Unidos.
Doctora Rosa Elena, me gustaría
empezar esta mesa redonda haciendo un apretado recuento de las agresiones
biológicas que Estados Unidos ha cometido contra Cuba en estos más de 42 años,
y cómo nuestros científicos han enfrentado ese reto.
Rosa Elena Simeón.— Muchas gracias, Randy. Buenas tardes a
todos los colegas y a nuestros compatriotas.
En realidad, en otras ocasiones
hemos conversado alrededor de los resultados que la ciencia y la técnica han
alcanzado en el país; y en cómo nuestros científicos han batallado en campos
diversos de la actividad económica y social cubana, con el fin de obtener
resultados científicos y para elevar la calidad de vida de la población. Sin
embargo, ese imperio feroz y genocida ha interrumpido en múltiples ocasiones,
con sus agresiones biológicas, el trabajo cotidiano de nuestros investigadores,
que han tenido que enfrentar y darles solución, diagnosticar y emprender planes
de lucha y enfrentamiento a las diferentes agresiones biológicas que en el
transcurso de estos 40 años ha tenido que sufrir nuestro pueblo. Porque estas
agresiones han transitado desde las personas (porque a veces ha aparecido algo
tan aberrante como lo es el introducir enfermedades que afectan a los seres
humanos), hasta el hecho de que cada vez que en la maravillosa obra de la
Revolución y para garantizar la seguridad alimentaria de nuestra población, se
incrementaba algún tipo de producción agropecuaria —prácticamente de manera
inmediata— aparecía una enfermedad, aparecía una nueva plaga, que conducía a un
nuevo diagnóstico y a una nueva campaña para enfrentar un gran reto.
Creo que todos los científicos
sufren estas cosas, de una forma u otra muchos de nosotros hemos tenido que
trabajar y, en muchas ocasiones, amanecer viendo cómo dolorosamente hay que
enfrentar la muerte de personas o de animales o de plantas... eso genera
sufrimiento. No nos conformamos cuando pensamos lo positivo que resulta el
poder dedicar al desarrollo los recursos que la Revolución ha puesto a nuestro
alcance, pero no podemos hacerlo porque hay que dedicarse a combatir el mal.
En el campo de la ciencia hoy
tenemos más de 31 000 trabajadores que se dedican a la actividad científica. El
país ha hecho grandes inversiones. Dedica a la investigación científica el 1,7%
del Producto Interno Bruto. Pero una parte de esos esfuerzos y recursos hay que
dedicarlos a las agresiones biológicas que nos hace el enemigo de nuestro
pueblo. Eso lo podremos ver en esta mesa redonda, empezando por algo tan
doloroso para todos nosotros como lo fue enfrentar la campaña del dengue
hemorrágico, de la conjuntivitis hemorrágica y después todas las enfermedades
de los animales, desde la fiebre porcina hasta la más reciente, como es el caso
de la Thrips palmi.
Si nos remitimos a los informes
que ha desclasificado la propia Agencia Central de Inteligencia, ya en fecha
tan temprana como el año 1962, luego en 1980, por otras informaciones que se
desclasificaron en esa fecha, se recoge con absoluto descaro, la introducción
de enfermedades y plagas que destruyeran la obra de nuestra Revolución.
¿Qué hemos hecho los
científicos? Bueno, creo que hemos combatido con la voluntad, la dedicación y
la formación que nos ha garantizado la propia obra revolucionaria. La ciencia y
la técnica constituyen una obra genuina de la Revolución y los científicos lo
único que hemos hecho es poner un granito de arena en esa guerra tan cruel,
como lo es una guerra biológica. Hemos tratado de darles solución a los
diferentes problemas que en el transcurso de estos 40 años hemos tenido que
enfrentar.
Esto es lo que quizás merezca
la pena decir, como comentario inicial, introductorio al tema, que nos permita
un poco dialogar con los diferentes especialistas que están aquí hoy y que han
dedicado muchas horas, hay muchos otros que no están aquí, que han trabajado
silenciosamente, como ha ocurrido en estas guerras en innumerables ocasiones.
Verdaderamente ha sido el enfrentarse a una guerra, quizás de unos
"tiros" tan pequeñitos como que hay que verlos debajo de un
microscopio, y, en verdad, han sido horas de grandes dedicaciones y muchas
veces enfrentados a enfermedades de las que anteriormente no teníamos ni
referencia, ni siquiera en la literatura, no sabíamos cómo verlas, cómo
enfrentarlas, y, sobre todo, lo más importante para todo científico, no solo es
diagnosticar, sino es transformar, resolver y garantizar la solución del problema.
(Ruedan vídeo)
Periodista.— 1961-1962: La CIA organiza la operación
Mangoos, plan para incapacitar a los trabajadores azucareros durante la zafra,
utilizando medios químicos para enfermarlos.
1972: La CIA introduce en
Cuba el virus de la fiebre porcina, lo que obligó a sacrificar más de medio
millón de cerdos.
1979-1981: La CIA introdujo
cuatro destructivas plagas que afectaron a personas y a cultivos: la
conjuntivitis hemorrágica, el dengue, la roya de la caña de azúcar y el moho
azul del tabaco.
Solo el dengue hemorrágico,
en sus primeras semanas, dañó a 200 000 personas, de las cuales murieron 158,
entre ellas, 101 niños.
En 1979, el diario
Washington Post, informó que la CIA tenía un programa contra la agricultura
cubana y que desde 1962 los especialistas del Pentágono fabricaban agentes
biológicos para estos fines.
1984: Ante un jurado
norteamericano, Eduardo Arosena, líder del grupo terrorista OMEGA-7, reconoció
haber participado en una operación para introducir gérmenes en la isla, como
parte de la guerra biológica contra Cuba.
Randy Alonso.— Es solo el recuento de una parte de la
política de Estados Unidos hacia nuestro país, que se ha manifestado no solo en
el campo de las armas, no solo en el campo de las ideas, sino también en el
campo de la agresión biológica, y la cara más criminal de esta agresión
biológica es el ataque premeditado contra seres humanos.
Mientras la humanidad necesita
que la ciencia desarrolle a la propia humanidad, laboratorios norteamericanos
se han dedicado, durante decenas de años, a introducir y a investigar sobre el
desarrollo de virus mortales. Cuba ha sido víctima de esa investigación y ese
desarrollo de los virus mortales en los laboratorios norteamericanos. Se
recuerda el virus del dengue y el de la conjuntivitis hemorrágica.
Sobre el dengue hemorrágico
quisiéramos hablar para empezar esta mesa redonda, porque sin duda creo que ha
sido para los cubanos, sobre todo para los mayores, los de más edad un momento
de profundo dolor —para los jóvenes creo que es muy útil conocer también esta
parte de la historia de nuestro país—, aquella terrible epidemia que en el año
1981 cegó la vida de cientos de personas, entre ellas 101 niños.
Con nosotros está el doctor
Eric Martínez, quien es especialista y participó activamente en esa batalla
contra el dengue y hoy es un experto de la Organización Panamericana de la
Salud en este tema.
Doctor, sería bueno explicarles
a nuestros televidentes y radioyentes qué pasó en el año 1981 con aquella
epidemia del dengue en nuestro país.
Eric Martínez.— El dengue es una enfermedad que es
producida por un virus y trasmitida por mosquitos del género Aedes, el más
importante es el Aedes aegypti, cuyo carácter trasmisor fue precisamente un
aporte de nuestro insigne investigador Carlos J. Finlay y hace dos siglos que
esta enfermedad, en su forma clásica, dengue clásico, es conocida; incluso,
durante el siglo pasado, toda la cuenca del Caribe, Cuba incluida, tuvo brotes
de dengue. Es a mediados de este siglo, en la década del 50, que se describe su
forma mortal, su forma grave que, por asociarse a grandes sangramientos y un
escape de líquido, una fuga capilar que lleva al choque y muerte en pocas
horas, se le ha dado el nombre de fiebre hemorrágica dengue o, sencillamente,
dengue hemorrágico.
Ese problema estaba localizado
al sudeste asiático y cada año se producían cientos de miles, hasta acumular
millones de casos, pero Cuba fue el primer país del hemisferio occidental que
tuvo una epidemia de dengue hemorrágico. Eso ocurrió en 1981, en el verano. Los
primeros casos, fundamentalmente niños, fueron identificados a finales del mes
de mayo por clínicos, pediatras. Vamos a recordar que eran también los tiempos
de la enfermedad meningocócica que muchos síntomas se parecen por fiebre,
petequia, o sea, manchas de sangre en la piel, choque, las plaquetas bajas,
etcétera, y había detalles clínicos que no se correspondían con la
meningococemia y ahí aparecieron nuestros virólogos, algunos de los cuales
están hoy presentes en el estudio, y en pocos días, en menos de una semana, se
tuvo la confirmación de que se trataba de un brote de dengue que se estaba
expresando por primera vez en su forma grave de dengue hemorrágico y choque por
dengue.
Era la primera vez que los
médicos cubanos teníamos que enfrentar esa enfermedad; por lo tanto, hay que
reconocer que había un desconocimiento no solo en Cuba, sino que en este
hemisferio, en toda la América, se desconocía la enfermedad.
La enfermedad venía asociada,
como son siempre las epidemias de dengue, que son masivas, a cientos, miles,
decenas de miles de casos y rápidamente eso colmó nuestros centros
asistenciales de pacientes, adultos y niños, pero los niños con una especial
predilección por hacer las formas graves. No se pudieron evitar las primeras
muertes y, tristemente, de esa correlación entre la clínica, la epidemiología y
la anatomía patológica, obtuvimos las primeras herramientas para ordenar cuál
debía ser la forma científica de enfrentar el diagnóstico y tratamiento de esta
enfermedad; pero más aún, cómo organizar la atención médica y la movilización
social de toda la población durante una epidemia.
En plena epidemia ya nuestros
médicos y hombres de ciencia estaban en función de encontrar soluciones que
aparecieron, y paralelamente a las actividades de asistencia, estas de
investigación-acción, las de capacitación. Hubo que capacitar a todas las
provincias del país.
Voy a dar algunas cifras y
después voy a hacer un pequeño comentario.
Randy Alonso.— Sí, creo que es interesante ilustrar qué fue
lo que pasó en aquel terrible verano de 1981.
Eric Martínez.— Entre el 1º de junio y el 10 de octubre,
que se da por terminada la epidemia, se notificaron 344 203 casos de dengue,
pero de ellos más de 30 000 eran casos hemorrágicos y 10 000 cumplían todos los
criterios de la Organización Mundial de la Salud para ser considerados casos de
fiebre hemorrágica y choque por dengue.
Tenemos una intensivista
pediatra en la mesa y es conocido que un paciente en choque está a las puertas
de la muerte.
Con esos 10 000 casos, pudimos
haber tenido miles de fallecimientos, y aunque esas 158 defunciones, incluidas
101 niños, todavía nos duelen, hay que considerar que fue un éxito haberles
podido salvar la vida a otras miles de criaturas.
El sistema de salud y todo nuestro
país se movilizó como una sola persona y logramos que ya, después de mediados
de julio, comenzara a disminuir la epidemia y, como dije, el último caso se
notificó el 10 de octubre.
Ahora bien, en esa primera
etapa de ascenso —como bien usted dice, hubo un solo caso a mediados de julio—
se llegaron a notificar 11 400 casos en un solo día.
También se crearon las
condiciones para que todo aquel paciente que necesitara hospitalización tuviera
una cama, bien en los hospitales ya existentes o se habilitaron, se crearon
—hubo escuelas que se convirtieron en hospitales—, de modo que pudimos
hospitalizar, para una adecuada vigilancia y un tratamiento correcto, 116 143
enfermos; quiere decir el 33,7% del total de los casos. Eso no lo ha hecho
ningún país, sencillamente porque no lo puede hacer; solo el nuestro en nuestra
situación.
La tasa de mortalidad en los
que hospitalizamos fue de 0,13% y, en general, de toda la epidemia, de 0,46 por
1 000. Esta es una cifra increíble y aún hoy no ha existido otro fenómeno epidémico
de dengue hemorrágico en los países de América y mucho menos del sudeste
asiático, en que se haya logrado una mortalidad, una letalidad tan baja.
Ahora bien, quisiera comentar
dos cosas. Esto, dicho así, son números y quizás algunas madres y abuelas que
recuerdan, hayan experimentado esto que yo digo; pero como desde entonces acá
tenemos tantos jóvenes nacidos después, es importante señalar que esta epidemia
se convirtió en una verdadera situación de ansiedad en toda la población.
Primero, nadie sabía quién iba a enfermar, pero mucho menos se sabía quién de
los enfermos iba a agravar y a morir. Ese estado psicológico que se crea en
cualquier población con una epidemia de dengue hemorrágico, solamente lo
pudimos combatir demostrando eficiencia, paralelamente a las acciones puramente
médicas y a las acciones de control del medio, de reordenamiento del medio,
saneamiento ambiental, control eficaz del mosquito y, por supuesto, grandes
erogaciones en fumigación, etcétera. Eso generaba en nuestra población la
tranquilidad imprescindible. Por lo tanto, en medio de aquel combate ya había
comenzado la victoria. La victoria está dada por los cientos y después miles
que salvábamos y por el mensaje de tranquilidad que dejábamos en las familias.
Era común para cualquiera de
nosotros hacer una guardia nocturna en los hospitales abarrotados, y en una
noche tener 20 niños en choque y con vómitos de sangre; eso generaba todo un
estado de ansiedad.
¿Cómo respondió la población y
los propios trabajadores de la salud? No había horario de trabajo, las otras
especialidades se unían a los clínicos en el enfrentamiento, las secretarias
cuando terminaban su turno de trabajo iban a ayudar en la limpieza. Fue un acto
muy bonito en el sentido de que despertó una vez más esa dedicación, esa
entrega y esa solidaridad en nuestro pueblo.
Randy Alonso.— Yo era pequeño pero recuerdo que en los
alrededores de donde vivía también mucha gente se movilizó en función de
eliminar vertederos, de limpiar zonas que estaban inundadas de agua, se empezó
a fumigar en muchos lugares. Fue extraordinaria la movilización popular para
enfrentar una cosa tan terrible como aquella.
Eric Martínez.— Mire, Randy, ningún país puede enfrentar
una epidemia de dengue sin la participación comunitaria. No hay ningún sistema
de salud que sea lo suficientemente fuerte, porque sus trasmisores viven dentro
de la casa, acompañan a la persona. Por lo tanto, esa movilización social, que
es imprescindible, se dio en nuestro caso en la forma que usted dice; pero es
que no es solo los adultos, es que los niños, nuestros escolares crearon las
brigadas aquellas de casa por casa; nuestras tropas salieron a las calles a
eliminar criaderos, pero también —como decía— a contribuir a la limpieza, al
ordenamiento ambiental, que es como se le llama ahora. Prácticamente no quedó
nadie en Cuba que pudiera hacer algo que no lo hiciera.
¡Cuánto decir entonces de los
medios de comunicación, que se pusieron en función no de crear pánico, todo lo
contrario, sino de contribuir a la educación para la salud! Quienes después
hemos podido estar en otros países, hemos podido poner este ejemplo de Cuba,
porque muchas veces se utilizan los medios para crear confusión o en problemas
de facciones políticas, y, en realidad, cuando se está muriendo la población
todos, y en gran medida los medios, tienen que asumir esta postura por encima
de todas las tendencias y buscar la educación sanitaria.
Randy Alonso.— Recordaba el discurso del Comandante el
domingo, durante el Día de la Medicina Latinoamericana, y él hablaba de los
esfuerzos que tuvo que hacer el país para poder enfrentar esa epidemia, al
tener que ir a buscar algunos productos a lugares lejanos.
Rosa Elena, ¿puede usted
hablarnos de ese esfuerzo?
Rosa Elena.— Sí, yo creo que si queremos tener una imagen
clara de lo que es el imperialismo yanki, debemos decir que no solo introduce
el virus, como quedó evidenciado por los virólogos, sino que también en un
momento como ese, en que teníamos más de 300 000 enfermos, se nos negó la
posibilidad de adquirir en Estados Unidos uno de los productos —el Abate— que
podíamos utilizar para eliminar el factor determinante en la difusión de la
epidemia, que es el vector, el Aedes aegypti. Por el bloqueo se nos negó la
posibilidad de comprar este producto, elaborado por las transnacionales yankis.
Hubo que desplazar aviones a Europa y a Japón para ir a buscar el Abate para
poder combatir el Aedes aegypti.
Randy Alonso.— Y las motomochilas también creo que hubo
que buscarlas en Japón.
Rosa Elena.— También. Pero, sobre todo, el Abate que
era un producto de las transnacionales norteamericanas; y la respuesta fue que
no se podía suministrar a Cuba. No solo nos introducen la enfermedad, sino que,
además, nos bloquean para que no podamos disponer de los productos y de los conocimientos
científicos que ya se han alcanzado para la solución del problema. No se podía
disponer de ellos porque el bloqueo no lo permitía. Hubo que pedir ayuda a la
Organización Mundial de la Salud y gracias a muchos amigos que tiene Cuba en el
mundo. La solidaridad que se mostró, no solo interna, sino externa, también
coadyuvó a que se pudieran obtener esos productos, y, en primer término, por la
voluntad política de la dirección del país de salir a buscar el recurso donde
estuviera, para luchar contra la plaga y salvar vidas humanas, luchar aunque
fuera por una sola vida.
Randy Alonso.— A quien le quedara duda de por qué se
plantea que la política norteamericana es genocida, recordando solo el ejemplo
del dengue y esta criminal acción, de introducirlo primero y de negarle después
a Cuba la posibilidad de salvar a tantos niños que se estaban muriendo, nos
indican a las claras de qué tipo de política estamos hablando.
Doctor, ¿quería agregar algo
más sobre este tema?
Eric Martínez.— Solamente recalcar que a finales de mayo
fueron —como dije— los primeros casos confirmados; pero posteriores
investigaciones permitieron conocer que desde fecha precedente, como fue
diciembre de 1980, no en un lugar, sino en tres lugares del país, algunos casos
febriles fueron después, retrospectivamente, diagnosticados como dengue. Y lo
interesante es que en Ciudad de La Habana, en el municipio Boyeros; en un
municipio de la provincia de Cienfuegos, y en la provincia de Camagüey, en la
misma semana, habían ocurrido esos casos febriles. O sea, esa fue una evidencia
epidemiológica que decía que algo no se correspondía con lo que habitualmente
ocurre por una epidemia.
Una epidemia puede introducirse
en un país por un viajero; pero el hecho de que se produjeran esos casos
simultáneamente en tres lugares separados cientos de kilómetros, ya fue una
gran sospecha.
Hay que reconocer que, desde la
misma epidemia, el comentario que en ocasiones hacíamos era de que si aquello
no era una agresión, se comportaba como si lo fuera. Después hubo esta
evidencia, luego lo que usted ya señaló, o lo que se señaló de personas que se
atribuyeron como un mérito esta monstruosidad y, finalmente, la demostración,
desde el punto de vista de estudios genéticos de las cepas que también se hizo
en Cuba, que el virus que circuló del serotipo dos de dengue en el año de 1981
no estaba circulando en ese momento en el mundo. Uniendo estos elementos, el
criterio científico es que no ocurrió como habitualmente ocurren las epidemias
y que, por lo tanto, hay que incorporarlas a esta lista de agresiones
biológicas.
Randy Alonso.— Yo diría que quizás la más repugnante de
todas.
Acudo a la Demanda del Pueblo
Cubano al gobierno de Estados Unidos por daños humanos donde hay tres párrafos
que yo quería leerle a nuestro pueblo, y que reflejan fielmente de qué es lo
que estamos hablando.
Dice: "...Que las
investigaciones y los estudios minuciosos llevados a cabo condujeron a la
evidencia de que la epidemia fue introducida deliberadamente en el territorio
nacional por agentes al servicio del gobierno de Estados Unidos. Especialistas
norteamericanos en guerra biológica habían sido los únicos en obtener una
variedad de mosquito Aedes aegypti sensiblemente asociada a la trasmisión del
virus dos" —que fue el que se introdujo en nuestro país—, "según
informó el coronel Phillis Rossell, en el XIV Congreso Internacional del Océano
Pacífico, efectuado en 1979, solo dos años antes de que se desatara la brutal
epidemia en Cuba.
"Constituye un elemento
significativo el hecho de que en 1975 el científico norteamericano, Charles
Henry Kalisher, en una visita a Cuba se interesó y obtuvo información
sobre la existencia de anticuerpos al dengue en la población cubana y la no
existencia en la misma, por lo menos en 45 años, de anticuerpos del virus dos.
"En el juicio celebrado en
1984, en Estados Unidos, contra Eduardo Arosena, cabecilla de la organización
terrorista Omega-7, este confesó paladinamente haber introducido gérmenes en
Cuba y reconoció que la fiebre del dengue hemorrágico fue introducida en la
isla a través de grupos afines de origen cubano radicados en Estados
Unidos."
Bueno, aquí en nuestro panel,
también está la doctora Berta Lidia que en el año 1981, en medio de la
epidemia, era pediatra en Holguín, y yo quisiera que usted nos contara su
experiencia en aquel enfrentamiento a esta agresión biológica de tan terribles
consecuencias para nuestro pueblo.
Berta L. Castro.— Randy, a casi 20 años de haber ocurrido
la epidemia de dengue, cuando uno hace el recuento y sabe que hay jóvenes que
no lo vivieron, pues yo creo que es muy importante este tipo de mesa.
Cuando se habla de genocidio
siempre uno piensa en una agresión, en la guerra, en la participación, en una u
otra conflagración donde hay dos ejércitos enfrentándose; pero este tipo de
genocidio, como decía alguien antes de entrar, es una de las crueldades más
grandes que se le podrán atribuir al imperialismo.
Sobre una inerme población,
sobre todo a una población infantil en época supuesta de paz, porque nosotros
no hemos tenido paz —desde que triunfó la Revolución, prácticamente se ha
estado con nosotros en guerra, el imperialismo no nos ha dejado vivir en paz
nunca—, una población inerme, totalmente pacífica, se produce una agresión
biológica que tuvo el gran ensañamiento de que era un tipo de enfermedad que,
como explicaba el profesor Eric, no se veía; al paciente usted lo veía jugando
y dos o tres horas después, el líquido de su sangre había pasado a las
distintas cavidades del organismo y el paciente, en muy poco tiempo, fallecía.
Era una enfermedad que nosotros
no conocíamos, que no estaba dentro de las enfermedades que habíamos visto
nunca en nuestra carrera de medicina; por tanto, para mí la epidemia de dengue
fue —y así lo digo como persona, como cubana— un mazazo.
Yo recuerdo mi primera guardia
y la imagen de una madre de la montaña holguinera, en la puerta del cuerpo de
guardia, a las 11:00 de la noche, con un niño, un lactante en los brazos, y
otro de la mano, los dos con sangramiento por la boca. Parecía algo de una
película de terror, era algo que quizás en otro país y para otras personas
podía ser capaz de paralizar, y eso fue lo que se buscó, paralizarnos. Pero al
día siguiente, en Holguín —que fue una de las provincias de mayor morbilidad—
tuvimos ya a un grupo de profesores de la Ciudad de La Habana enviados por el
Ministerio de Salud Pública, el Estado, a quienes se les orientó —eran los
primeros médicos que se habían enfrentado a la epidemia— que fueran y visitaran
estas provincias y nos trasmitieran la experiencia que ya habían adquirido con
los primeros casos, de los cuales algunos ya habían fallecido, lamentablemente.
Ellos nos trasmitieron su
experiencia y ya nosotros salimos reconfortados, porque nos dijeron cómo habían
podido enfrentarlo. Buscamos la enfermedad y ya nos sentimos un poco más
preparados.
Esa misma noche se nos avisó
del Partido de la provincia de Holguín, como parte del escalonamiento —que fue
una de las cosas más importantes que se hizo y la manera de enfrentar una
guerra con otra guerra y ubicar en los lugares con mejores condiciones del
hospital a los niños más graves— que se iban a abrir escuelas. Se abrió la
escuela de Formadoras de Círculos Infantiles de Holguín, que contaba con 800
camas, y allí se atendieron un total de 8 000 niños.
Esa misma noche se nos pidió
que fuéramos a organizar el hospital y pensábamos que era solamente una
actividad organizativa. Cuando llegamos, el Primer Secretario del Partido de la
provincia y las autoridades del gobierno estaban bajando los sillones y los refrigeradores
que se pusieron ya, y montando las camas del hospital en aquella escuela.
Ese hospital empezó a funcionar
esa misma noche, con los médicos y enfermeras que estábamos haciendo el trabajo
voluntario esa noche. Lo atendimos, y creo que esta es una cosa muy importante
y que la juventud nuestra tiene que estar preparada para esto, dos médicos
especialistas con alumnos de cuarto año de medicina, las graduadas de
licenciatura en enfermería, que renunciaron a sus vacaciones, y, en gran parte,
personal muy joven, que no dejó de ser alegre, que no dejó de hacer bromas, que
no dejó de vivir; pero que desempeñó un importantísimo papel y en aquel
hospital se detuvo, en el primer escalón, la posibilidad de que se murieran
aquellos niños y que los graves pudieran llegar a donde tenían que llegar. O
sea que el mazazo inicial, este que pudo habernos detenido, fue transformado.
Pero, además, para nosotros es
un privilegio, y de eso no le cabe duda a nadie, contar, en primer lugar, con
el Comandante en Jefe, y, en segundo lugar, con todos los dirigente de la
Revolución que, al igual que él, visitaban noche a noche las unidades de
cuidados intensivos pediátricos de aquí de la capital. Es famoso, en el
hospital de San Miguel, la emoción de un niño que salió de debajo de una cámara
de oxígeno y le hizo el saludo pioneril y le dijo: "Comandante en Jefe:
¡Ordene!", cosa que impactó mucho a todos aquellos trabajadores del
hospital que lo recuerdan todavía como un gran momento, sin nada preparado;
sino la disposición, incluso, de los niños, porque ellos sabían que el
Comandante estaba diciendo: "No se puede morir un niño más." Y,
realmente, a partir de aquel momento, no se murió un niño más.
Nosotros también enfrentamos
los efectos del bloqueo, igual que con el Abate, cuando empezamos a comprar los
equipos para crear las salas de terapia intensiva; porque Fidel, personalmente,
dirigió la compra de los equipos para que hubiera una sala de cuidados
intensivos pediátricos en cada uno de los lugares estratégicos del país, donde podía
haber niños graves, y se creó así la red de unidades de terapia intensiva,
donde hasta la fecha se han atendido 250 000 pacientes, con una mortalidad de
meno de un 5%. O sea que en lugar de detenernos, de paralizarnos, lo que se
provocó fue un salto de calidad en la atención al paciente pediátrico. Hoy,
lamentablemente, hay 101 familias que no cuentan con un niño que podría estar
en su seno, pero la victoria frente a aquella tragedia significó la posibilidad
de que nosotros contemos con una red de terapia intensiva muy calificada y que
permite darle atención y respuesta a una agresión como esta o a cualquier otra
agresión.
Como profesionales a nosotros
aquello nos enriqueció mucho, creemos que es muy importante. Los trabajadores
de la salud —como decía el profesor Eric Martínez— muchos de ellos trabajaron
enfermos, porque, además, teníamos al dirigente al frente, y no había otro
camino que ese, que seguir adelante. Fue una situación enriquecedora para el
futuro y que nos hace que los médicos cubanos que participamos en aquella
campaña y a los que les hemos podido trasmitir después nuestra experiencia,
estemos en condiciones de enfrentar una epidemia como aquella o cualquier otra
agresión similar a aquella.
Randy Alonso.— Muchas gracias, Berta Lidia, por este
testimonio que creo que es parte del espíritu que ha tenido siempre nuestro
personal médico, nuestro personal de la salud, nuestros científicos, que no
solo han salvado vidas humanas en nuestro país, sino que lo han hecho en otros
lugares del mundo.
Quisiera preguntarle, Eric,
esta experiencia de la batalla contra el dengue, ¿qué representó para el
desarrollo de la asistencia médica cubana y para la propia actividad científica
en la salud?
Eric Martínez.— Bueno, la doctora Berta Lidia ya refirió
parte.
Un ejemplo evidente es la
creación, desarrollo y consolidación de toda la red de terapia intensiva y
muchas otras cosas, hay que decirlo.
Casi se puede hablar en la
asistencia médica cubana de una etapa antes del dengue y después del dengue, de
ahí también surgió la decisión de la formación masiva de médicos, que ya venía
desde antes, pero en un plan organizado.
Randy Alonso.— En 1982 surge el Destacamento de Ciencias
Médicas "Carlos J. Finlay".
Eric Martínez.— Toda la década del 80 y después la del
90, lo que ha permitido lo que ahora tenemos: ser verdaderos colaboradores en
tantos países con el plan integral de salud.
También en otras esferas del
país, la contribución a un pensamiento ambientalista y la importancia de
ordenar el medio, única forma de evitar los criaderos de aedes egypti; pero de
acuerdo con su pregunta, creo que es importante añadir que a este estado,
anímico al que la doctora Berta Lidia se refirió de, en medio del combate ya,
saber que usted está obteniendo victorias no basta con el sentimiento, y ahí el
intelecto y la voluntad de nuestros hombres y mujeres dio resultados
impactantes en materia científico-técnica.
Anoté aquí algunas ideas
relacionadas con el diagnóstico. Ya en ese momento teníamos los elementos
fundamentales para confirmarlo, como lo hicimos; pero el diagnóstico se
desarrolló muchísimo después, al punto de que el Instituto de Medicina Tropical
"Pedro Kourí" fue designado por la Organización Mundial de la Salud
centro colaborador de la OMS para el diagnóstico del dengue, entre otras cosas.
No solo el desarrollo de las técnicas convencionales, sino que trabajando con
otros centros de investigación, como es el centro de Inmunoensayo, el IPK crea
un kit diagnóstico que se produce acoplado al SUMA y hoy podemos decir que en
toda Cuba se hace ese diagnóstico de IGM, pero, además, varios países de la
región, varios países, Colombia, Brasil y otros, basan su red de diagnóstico en
tecnología cubana.
Recientemente en El Salvador,
además de la brigada médica, de los técnicos que estaban, se donaron 5 equipos
SUMA con kits para hacer 14 000 diagnósticos, ese es un ejemplo. Pero además de
esas técnicas vamos a llamarlas convencionales, se logró mediante el dominio
del PCR y otras técnicas, la caracterización genética de la cepa.
Ya nos referimos a que eso
permitió caracterizar aquella cepa del año 1981; pero permite,
sistemáticamente, caracterizar las distintas cepas que circulan en la región.
De modo que Cuba irradia información y apoyo y da seguridad a los pueblos, no
solo con la buena voluntad sino con hechos muy concretos: el desarrollo de una
red de laboratorios dedicados al dengue, que Cuba sistemáticamente asesora,
vienen virólogos y se entrenan, o va personal nuestro allá, repito, desde
América Central hasta el sur, porque en Argentina recientemente se nos ha
pedido participación y ahí ha estado también la asesoría cubana.
Además del diagnóstico,
contribución muy importante en los aspectos de la etipatogenia de la enfermedad,
cuáles son los factores de riesgo que hacen que una persona enferme de dengue
hemorrágico y otra no lo haga. Esos estudios condujeron a importantes
publicaciones que cambiaron el pensamiento.
El tratamiento. Hoy todavía no
existe un medicamento antiviral para el dengue, pero no quiere decir que no
tenga tratamiento.
Cuba desarrolló, desde aquel
momento, un conjunto de conocimientos y acciones que permiten organizar la
asistencia médica, identificar los signos de alarma, decidir cuáles son los que
deben hospitalizarse, cuáles no, y ha sido incorporada la experiencia cubana a
la guía de la Organización Panamericana de la Salud. Ejemplo: Recientemente en
El Salvador, cuando la brigada médica cubana llegó moría un niño salvadoreño
todos los días, y después de aplicarse esta tecnología que les acabo de decir y
de capacitarse 3 000 profesionales, apenas en tres días —se dio entrenamiento
en 30 hospitales a 3 000 profesionales de la salud salvadoreños— se detuvo la
marcha de los fallecimientos, no falleció ningún niño más; eso es tecnología
cubana puesta al servicio de los pueblos de América.
Para el control vectorial,
cuántas cosas decir: ya Cuba fabrica Abate, tiene producción propia de
insecticidas, el control biológico, o sea, controlar el virus, las larvas del
mosquito a través de otros medios. Y aunque no existe en el mundo una vacuna
todavía contra el dengue, entre los pocos países del mundo que tienen proyectos
de investigación y desarrollo de vacunas del dengue, está Cuba, y la doctora
Guadalupe Guzmán, que nos acompaña, es miembro del Comité de la Organización
Mundial de la Salud para la vacuna del dengue.
Randy Alonso.— También la agricultura, los cultivos han
sufrido con intensidad la agresión biológica de Estados Unidos contra nuestro
país, y nuestro pueblo recuerda muchas de las epifitias, de las plagas que han
colmado nuestros cultivos, sobre todo en los momentos en que más producción se
había logrado en muchos de ellos.
El compañero Humberto nos
pudiera acerca a la historia, a lo que ha pasado en estos 42 años con las
plagas introducidas en nuestro país desde Estados Unidos.
Humberto Vázquez.— Sí, Randy. En el entorno del reino
vegetal, como quedó demostrado en la Demanda del Pueblo de Cuba y que todo
nuestro pueblo conoció, existe una larga lista de reportes de plagas y
enfermedades exóticas en las plantas que antes de su aparición no existían en
nuestro país, y algunas ni en nuestra región geográfica.
Para que se tenga una idea,
desde 1978 y hasta 1996 se detectaron cinco afectaciones, o sea, cinco
entidades exóticas en 18 años, una cada 1 315 días. Desde 1997 y hasta 1999 se
detectan ocho afectaciones, o sea, ocho entidades exóticas en tres años, una
cada 137 días.
Todo esto para el país, que ha
tenido que enfrentarlo, ha causado un impacto económico. El país en el
enfrentamiento a ello ha gastado la enorme cifra de 2 158 millones de dólares,
con gastos adicionales cada uno de los años, en el orden de los 59 millones de
dólares. Si este dinero hubiéramos podido invertirlo en el propio desarrollo de
la agricultura, en el desarrollo de la medicina o en el desarrollo de obras
sociales para nuestro país, realmente hubiese sido muy favorable para nuestro
pueblo.
Se pudiera preguntar qué aval
científico, qué aval de trabajo tiene nuestro país para poder detectar,
enfrentar todos estos problemas, y yo diría que lo primero es la creación, el
constante fortalecimiento y la existencia de un Sistema Estatal de Protección
de Plantas, desarrollado por nuestra Revolución.
Te puedo decir que cuenta con
un Centro Nacional de Sanidad Vegetal como actividad rectora, el Instituto de
Investigaciones de Sanidad Vegetal, el Laboratorio Central de Cuarentena
Vegetal, 15 direcciones provinciales, 14 laboratorios provinciales, 67
estaciones territoriales de protección de plantas, un centro de referencia y 19
puntos de fronteras. Hoy contamos con 5 819 personas, técnicos, en una
composición de 2 254 profesionales, 3 051 técnicos medio, 514 obreros
calificados, y hay que decir que el 71% están directamente en las unidades de
producción. Y como algo más todavía, nuestro sistema cuenta con 7 018
activistas fitosanitarios. Esto es un movimiento popular que sin dudas nos ha
fortalecido.
Puedo decirte también lo
siguiente: Cuando conversamos con visitas que hemos tenido de otros países, nos
han dicho: Tienen un sistema realmente muy grande, muy dimensionado; pero no
hay país en el mundo que haya tenido que soportar esta presión de agresiones
biológicas.
Como segundo aspecto te puedo
decir que todo el apoyo que tiene este sistema desde el punto de vista
científico, donde participa el Instituto de Investigaciones de Sanidad Vegetal,
el Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria, el INCA, el Instituto de
Investigaciones de Cítricos y Frutales, el Centro de Ingeniería Genética y
Biotecnología, el Instituto de Biotecnología de las Plantas, el Instituto de
Investigaciones "Liliana Dimitrova", el Instituto de Investigaciones
del Arroz, el INIFAT y otros del Ministerio de la Agricultura, del MES, del
CITMA y del Polo Científico, todos creados y desarrollados por nuestra
Revolución.
Como tercer aspecto está el
sistema de trabajo por programas de defensa de los cultivos y para la
prevención de la entrada de plagas y enfermedades exóticas.
Finalmente el sistema de
vigilancia fitosanitaria por cada una de las zonas geográficas que tiene
nuestro país, que nos garantiza una cobertura territorial de vigilancia.
Todo esto nos permite conocer,
de forma exhaustiva, la situación fitosatinaria del país en cualquier momento.
Por supuesto, sabemos que algunas
de estas plagas y enfermedades exóticas, por sus características: sus hábitos
de vida, su alimentación, su modo de transportarse, etcétera, pueden haber sido
introducidas por vías naturales; en cambio, hay otras cuya aparición en el país
no responden a ningún tipo de patrón de distribución natural.
Randy Alonso.— ¿Cuáles serían esas que tenemos comprobadas,
Doctor?
Humberto Vázquez.— Es el caso de la broca del café, que
aparece en la región oriental, prácticamente podemos decir que en el centro del
macizo montañoso de la Sierra Maestra; el Thrips palmi, que, como conoce
nuestro pueblo, se ha dicho como ha sido su introducción; el ácaro del arroz,
que es una plaga que no es ni de dentro de nuestro entorno y reportada por el
ACE, sin embargo, aparece en nuestro país precisamente en una finca de semillas
donde se produce la semilla básica para el desarrollo del cultivo del arroz, de
donde se toma esa semilla para llevarla a las grandes plantaciones. Y, como
bien tú ahorita decías, todo esto coincide en momentos en que el país enfrenta
programas de desarrollo para mejorar la alimentación.
Estamos convencidos, Randy, de
que no hay duda de que las agresiones biológicas al país han estado y están
presentes.
Randy Alonso.— Usted decía un dato muy interesante que
son los más de 2 000 millones de dólares que el país ha tenido que dedicar para
poder enfrentar estas agresiones biológicas, sobre todo cuando nos hemos tenido
que enfrentar a la falta de fertilizantes, a la falta de combustible para el
propio desarrollo de la agricultura cubana, y no hemos podido desarrollarnos
más, porque hay que dedicar una buena parte de los recursos a enfrentar esas
plagas que han sido deliberadamente introducidas en nuestro país y que, sin
duda, afectan esa producción agrícola en beneficio popular.
Pero usted hablaba de una de
las últimas agresiones, si no la última que hemos conocido en el campo de la
agresión en los cultivos, que es el tema del Thrips palmi, y la periodista
Gladys Rubio nos hizo un recuento de cómo fue introducido en nuestro país.
Comentarista.— 21 de octubre de 1996, 10:08 de la
mañana, una aeronave de fumigación modelo S2R, con matrícula N-3093M del
Registro de Aeronaves Civiles de Estados Unidos, operada por el Departamento de
Estado de ese país, volaba sobre tierras cubanas, de norte a sur, rociando de
manera intermitente, unas siete veces, sustancias desconocidas.
Este hecho es detectado en
ese momento por los tripulantes del vuelo regular de Cubana de Aviación CU-710,
que a bordo de una aeronave Fokker-27 que cubría el itinerario La Habana-Las
Tunas, sobrevolaba el corredor aéreo Girón en la región occidental de Cuba.
Tripulante.— Buscamos el avión y lo vimos, entonces de
manera intermitente empezó a descargar aquello, el líquido ese que tiró;
entonces pasó delante de nosotros tirándolo, lo hizo como en siete u ocho
ocasiones.
Gladys Rubio.— ¿Desde qué zona del avión norteamericano
usted vio salir la sustancia o producto desconocido?
Tripulante.— De abajo, de abajo, era un avión del
equipo de fumigar.
Periodista.— ¿En algún momento podría ser humo lo que
usted vio?
Tripulante.— No considero que haya sido humo, la
impresión que tengo es que haya sido líquido, porque incluso el sol descompuso
la... Entonces, aparte del líquido que se vio salir, se vio el tornasolado ese
de cuando los rayos del sol se descomponen con el líquido.
Comentarista.— Al informar el piloto de Cubana de
inmediato al control de vuelo sobre la liberación de sustancias desconocidas,
el controlador de vuelo cubano establece comunicación con la aeronave
norteamericana y pregunta si presenta algún problema técnico, a lo que el
piloto responde que no. Esta conversación está grabada.
18 de diciembre 1996.
Aparecen en la provincia de Matanzas los primeros indicios de la presencia de
una plaga Thrips sobre cultivos de papa, lo cual se confirma tras minuciosos
estudios realizados en el laboratorio central de cuarentena.
El Thrips palmi fue
detectado en Asia en 1925, por naturaleza es muy resistente a los insecticidas
químicos, le favorecen las altas temperaturas y la sequía. Por estas
características, por su rápida multiplicación y porque ocasiona en poco tiempo
grandes daños en los cultivos, está en la lista de insectos aptos para ser
utilizados como instrumentos de lucha biológica.
Randy Alonso.— Así fue como se introdujo en nuestro país
esta plaga que va a dañar fundamentalmente los cultivos y que ha sido, por
supuesto, estudiada por nuestros investigadores, estudiada por nuestros
científicos. Hoy en la mesa está el doctor Jorge Ovies, quien es el director
del Instituto de Sanidad Vegetal, y yo quisiera, profesor, que usted nos
explicara algunos elementos más de cómo esta plaga se diseminó por el
territorio nacional de Cuba en ese año 1996, qué daños ha causado a nuestra
agricultura, a nuestros cultivos en general y cómo lo hemos podido enfrentar
con la colaboración de varios centros científicos cubanos.
Jorge Ovies.— Yo quisiera primero argumentar un poco,
aparte de lo que dice el documental de Gladys Rubio, sobre la nocividad de esta
plaga y por qué precisamente nuestros enemigos la escogen como un elemento de
guerra biológica.
Esta es una plaga polífaga.
Polífaga quiere decir que tienen muchas plantas hospedantes; es decir, hay
insectos-plaga que atacan un solo cultivo, esta ataca muchos cultivos, infinidad
de cultivos, incluso, a partir de su introducción la vimos en muchas malezas,
hasta malezas son hospedantes de la misma. Además, los hábitos alimentarios que
tiene son característicos de plagas muy voraces, estos insectos por lo regular
tienen hábitos de insectos chupadores. Los gusanos de las mariposas son
masticadores, en el caso de estos insectos más pequeños, como la chinche y los
pulgones, son chupadores; sin embargo, el Thrips palmi tiene una modificación
de sus mandíbulas que le permite raspar toda la parte carnosa de las hojas y
prácticamente la deja con la película de la parte anterior de la misma, del haz
de la hoja, y precisamente a partir de esa papilla que él forma es que hace su
alimentación, es decir, chupa a partir de todo lo que él raspa de las hojas.
Tiene un rango de hospedantes
de cultivos económicos muy importante. Nosotros las mayores afectaciones aquí
las tuvimos en papa, frijol, pepino, pimiento, berenjena, habichuela; pero fue
muy bien dirigida en un momento, además, al cultivo de la papa, que como todos
conocemos forma parte de la canasta básica de nuestro país, de las viandas que
se aseguran para la población.
Randy Alonso.— Sobre todo en años en que se había
logrado un desarrollo importante de la producción de papa y ya alcanzábamos una
producción de 8 000 quintales por caballería; y en el caso del frijol, que
también es un elemento imprescindible en la comida del cubano, se lograban
avances.
Jorge Ovies.— Se habían hecho inversiones en la
construcción de frigoríficos para poder almacenar y sustituir de esa forma la
papa que se importaba de los países de Europa socialista y que complementaba un
poco el suministro de este cultivo.
Además, como se menciona
también en el documental de Gladys, este insecto es vector de enfermedades virales
de gran importancia económica, que tienen un rango de hospedantes muy amplio y
eso es algo que lo caracteriza como bastante nocivo. Es una plaga de muy
difícil control por sus propios hábitos, porque la hembra oviposita, es decir,
pone sus huevos dentro del mesófilo de la hoja, es decir, dentro de la parte
carnosa de la hoja, y es imposible el control de sus huevos. Las larvas viven
en la parte posterior de la hoja; los adultos, aunque se pueden encontrar en la
parte superior de la hoja, no se alimentan de ahí, sino se alimentan
precisamente en la parte posterior de la hoja, de forma tal que el blanco,
cuando uno hace alguna aplicación de producto, es difícil, hay que hacer
aplicaciones de verdad de calidad.
La pupa, que es el estadío
intermedio entre las larvas y el estado adulto, cae al suelo y vive en el suelo
hasta que emerge el adulto, y el adulto después va de nuevo hacia la planta.
Es muy resistente a los
insecticidas químicos. En los países donde se ha tratado de controlar esta
plaga por insecticidas, prácticamente ha sido imposible su control, a
insecticidas de tercera generación incluso, crea muy rápidamente resistencia.
Es decir que eso le da un
expediente de verdad al Thrips palmi de una alta nocividad y, precisamente, por
eso fue escogido para atentar contra nuestros cultivos en un momento muy
importante para el desarrollo de los mismos.
Nuestros enemigos, en un
momento determinado, publicaron que esa plaga ya existía en Cuba antes de la
denuncia del vuelo del avión, y queríamos argumentar por qué no podía haber
existido y por qué se considera exótica precisamente a partir de su
manifestación ya en forma nociva en el mes de diciembre, es decir, posterior al
vuelo del avión, que fue el 21 de octubre de 1996.
Primero, ella ataca cultivos
que son revisados muy minuciosamente por otras plagas; es decir, el cultivo de
la papa es uno de los cultivos donde más metodologías de señalización existen
de enfermedades, de plagas incluso microscópicas también, como es el ácaro
blanco de la papa, de enfermedades que hay buscar los primeros síntomas para
poder hacer las señales para poder comenzar las aplicaciones.
El cultivo del frijol es otro
de los cultivos que más se revisan también. O sea que es imposible que eso
pudiera haber existido antes. Además, desde el año 1988, en que hubo un brote
muy fuerte en República Dominicana —porque hay que decir que en el Caribe se
manifestó a partir de 1982; en 1988 en República Dominicana tuvo una incidencia
muy fuerte que limitó sus exportaciones a Estados Unidos—, ya desde ese momento
se instauró un programa de defensa en el país en que se realizaban encuestas
dirigidas, precisamente, a buscarlo en un grupo de plantas que pudieran ser
hospedantes, además de que los cultivos se revisaban.
Otros insectos plagas de ese género
Thrips existían en nuestro país, como es el Thrips tabasic que ataca los
cultivos de la cebolla, el ajo, y ese es un género bastante estudiado, desde el
punto de vista taxonómico, por autores nacionales, e incluso publicados; quiere
decir que desde el punto de vista taxonómico no podía existir ningún tipo de
dudas de que pudiera haber existido antes.
Ustedes también pudieron ver
los daños tan evidentes que tiene, que era imposible que esta plaga existiera,
porque prácticamente es algo muy evidente.
Ahora, los patrones de
distribución natural de la misma son muy limitados, porque ella no vuela a
altas distancias, es una plaga que se mueve de un surco a otro cuando el adulto
va a buscar plantas sanas, y así se puede mover a algunas distancias, pero no es
posible que, como otras, digamos la langosta u otros lepidócteros que sí vuelan
a grandes alturas, que son distribuidos ya por el viento. Esta es una
característica que tiene que realmente no le da posibilidad de una forma de
distribución natural.
Pero si hubiera sido así, que
se hubiera distribuido naturalmente, lo hubiéramos encontrado en las cayerías,
en las costas; sin embargo, se encuentra precisamente en el centro de la
provincia de Matanzas, por debajo del corredor aéreo donde se detectó la nave,
y, además de eso, la existencia en República Dominicana y en Haití, una de las
brechas biológicas que teníamos precisamente era en la región oriental del
país, precisamente esperando que por algún motivo entrara —hay también
emigraciones de Haití a nuestro país—, sin embargo, a las provincias orientales
la plaga llegó ya de forma natural en el año 1999 prácticamente.
Randy Alonso.— Empezó por el occidente, no tenía nada
que ver con la zona por donde supuestamente podría entrar.
Jorge Ovies.— Claro, en Occidente es donde mayor se
concentra la producción de papa. Entre La Habana y Matanzas se produce la mayor
cantidad de papas en el país, y de frijoles; Matanzas es una provincia muy
frijolera.
También una forma de
distribución que en el Caribe contribuyó a que se distribuyera de isla a isla,
es la existencia de materiales vegetales infestados; pero nosotros no
importamos de los países donde existía, además, las importaciones de materiales
vegetales se hacen todos por Ciudad de La Habana y son revisados minuciosamente,
y no da la posibilidad de que eso pueda haber aparecido en una empresa
agropecuaria, como apareció en la empresa "Lenin", en la provincia de
Matanzas, y posteriormente ya La Habana, Pinar del Río.
Los daños económicos que
nosotros tuvimos, como daños directos por afectaciones al cultivo de la papa,
al frijol, por cambios de tecnologías que tuvimos que hacer precisamente en la
aplicación de productos, y por nuevos productos que tuvimos que introducir,
ascendieron a 32,4 millones de dólares; y por gastos anuales, tenemos 2,9
millones cada año. Solamente en el cultivo de la papa se gastan 2 millones de
esos 2,9 millones.
Randy Alonso.— Esos son gastos para tratar de controlar
la plaga.
Jorge Ovies.— Gastos para poner bajo control la plaga.
Ahora, ¿cuál es el status
actual de la plaga en estos momentos? Podemos decir que en los últimos dos
años, en las últimas dos campañas, no hemos tenido un daño directo,
precisamente porque se ha mantenido bajo control. No deja de ser una plaga
importante que exige una disciplina tecnológica, un minucioso trabajo
fitosanitario, y en lo que no se puede descuidar uno por las características
que le decíamos que tiene de difícil control; sin embargo, ya hace dos años, en
estas últimas dos campañas, no hemos tenido daños directos en ninguno de estos
cultivos, de la papa y el frijol. Esto se debe fundamentalmente a las
aplicaciones de medios biológicos que se han estado realizando contra esta
plaga, la existencia de los 220 CREE a que se refería el ingeniero Vázquez, con
que cuenta el país, donde se producen biopesticidas que son aplicados en
combinación con otro producto sistémico que se aplica en el suelo y que le dan
cobertura al cultivo durante todo su ciclo vegetativo.
Se ha establecido un sistema de
manejo integrado con medidas agrotécnicas y también se han concluido
investigaciones de muchos centros; investigaciones que no habían sido
realizadas en nuestro continente y que hoy en día ya se aporta este
conocimiento a otros países.
En Centroamérica no existe todavía
esta plaga. Aquí se han entrenado en nuestro país muchos colegas fitosanitarios
de Centroamérica, preparándose precisamente, porque ellos no la tienen, es
decir, se ha distribuido por el Caribe y todavía en la parte de Centroamérica
no existe.
Esto es lo que nosotros
pudiéramos plantear alrededor del Thrips palmi, que es una de las plagas que
más impacto económico ha tenido de las agresiones que nosotros hemos recibido
en la agricultura.
Randy Alonso.— Fue el dengue la agresión hacia
los hombres, hacia los niños, fue el Thrips palmi en la agresión hacia nuestros
cultivos; pero también la masa animal del país ha sufrido a lo largo de estos
años la agresión biológica desde Estados Unidos.
El doctor Emerio Serrano,
director del Instituto de Medicina Veterinaria de nuestro país, nos puede
acercar también a la historia de estas agresiones en el campo animal.
Emerio Serrano.— Como han explicado los compañeros que me han
antecedido, la salud animal no ha estado exenta de la agresión imperialista, y
si grave y genocida fue la que se cometió con la introducción del dengue,
también la introducción de enfermedades y plagas en nuestros animales,
constituye, además del daño que se produce por la muerte de los mismos, el que
ocasiona a las personas al no poderse alimentar, o sea, privarlos de una fuente
de alimentación importante, y es una de las formas que ha tenido el
imperialismo para vencer a nuestro pueblo por hambre, cuestión que, como todos
conocemos, no ha podido lograr.
Al igual que otras esferas
relacionadas con el desarrollo científico técnico, el sistema de la medicina
veterinaria en Cuba también, durante estos 40 años de la Revolución, se ha
visto muy fortalecido con la formación de más de 6 000 médicos veterinarios y
más de 10 000 técnicos medios, existe una red de laboratorios diagnósticos, un
sistema de vigilancia en todo el país, muy relacionado con múltiples centros de
investigación científica, las universidades, que apoyan todo el trabajo de la
salud animal y donde el Centro de Sanidad Agropecuaria ha desempeñado también
un papel muy importante, tanto en el diagnóstico como en las investigaciones,
relacionadas con la salud.
Como bien se explicaba con
anterioridad, ya desde fecha tan temprana como el año 1962, en los planes del
"Proyecto Cuba", específicamente las agresiones de carácter biológico
ya estaban concebidas, y, coincidiendo con esta misma fecha, o sea, a finales
del año 1962, se produce el primer ataque biológico a los animales,
específicamente a la avicultura cubana.
Este año coincide con el inicio
del desarrollo avícola en el país donde ya estábamos pasando de una avicultura
de traspatio a una avicultura intensiva, y se presenta la enfermedad de
newcastle, que es una enfermedad que tiene una alta contagiosidad, provoca una
alta mortalidad de más de un 80% de la masa avícola, y tiene una propagación
muy rápida. El primer brote se presenta en la provincia de Pinar del Río y se
empieza a detectar en el resto del país, específicamente en Matanzas y en la
región oriental. Todos los brotes tenían una causa común, o sea, un sentido
común, que se producían después de haber utilizado una vacuna que era producida
en esos momentos en los Laboratorios de Productos Veterinarios del Instituto
Nacional de Reforma Agraria, que era la vacuna contra la viruela aviar que se
les pone a todos los pollitos de un día de nacidos.
¿Qué fue lo que se pudo
determinar? Que esta vacuna había sido manipulada, en este caso, contaminada
con el virus del newcastle en estos mismos laboratorios, un aspecto que fue
corroborado en un juicio donde se determinó la responsabilidad individual en
dicho caso. Esta acción produjo la muerte de más de un millón de aves y las
pérdidas fueron alrededor de 3 millones y medio de pesos.
Este es el primer hecho que se
conoce —como decía anteriormente— de guerra biológica en nuestro país.
Posteriormente, en junio del
año 1971, se detecta el primer brote de Peste Porcina Africana, que era una
enfermedad que no estaba en el hemisferio, era una enfermedad propia de Africa,
y que vuelve a introducirse en el año 1980 en la provincia de Guantánamo,
ocasionando grandes pérdidas económicas. Sobre estos dos casos existe un amplio
expediente que pone al descubierto la participación directa de la CIA y grupos
contrarrevolucionarios radicados en Estados Unidos. Pensamos que el doctor
Aramís Fernández y la doctora Rosa Elena, que fueron protagonistas
excepcionales, por su trabajo en el diagnóstico y el control de esta
enfermedad, pueden después abundar en este tema.
Más tarde, en agosto de 1981,
en la provincia de Las Villas, específicamente en una empresa en Placetas,
aparece la pseudodermatosis nodular bovina. Esta es una enfermedad que produce
daños en la piel además de una linfoadenitis generalizada. Si bien el impacto
inicial no fue de grandes pérdidas desde el punto de vista que ocasionara
muertes en la masa ganadera, no es menos cierto que las medidas que hubo que
adoptar para su control, y además —como en el caso de otras enfermedades que se
han expuesto aquí— no existía la experiencia del diagnóstico y del control de
las mismas; nos ocasionó grandes pérdidas desde el punto de vista económico, y
también es una enfermedad que no se ha podido erradicar en el país.
Como un elemento que nos
ilustra la mano enemiga en este caso, hay que decir que esta enfermedad coincide
en el tiempo donde se introduce el dengue hemorrágico.
En esa misma fecha un vocero de
la Embajada norteamericana en Nicaragua propaga la noticia de que Cuba estaba
sufriendo un brote de fiebre aftosa, cuestión que es completamente incierto, ya
que Cuba es un país indemne a esta terrible enfermedad. Con el objetivo de
apoyarnos en el programa de control y en el diagnóstico, vinieron científicos
del antiguo campo socialista y de otros países occidentales. Me referiré al
informe de un especialista en la enfermedad, de Francia, que precisó bien claro
la posibilidad del origen, y cito textualmente: "No me explico
técnicamente cómo se pudo haber introducido la enfermedad en Cuba, ya que la
vía fundamental de trasmisión es por el contacto de animal afectado al animal
susceptible", cuestión que en ese tiempo no era posible, pues no se había
realizado ninguna importación de animales, y, lógicamente, se hacía evidente
que la enfermedad se había introducido.
También ya en el año 1989 se
produce la introducción de otra enfermedad de la ganadería vacuna, que es la
mamilitis ulcerativa, que provoca grandes pérdidas con relación a su alta
contagiosidad, y en la reducción de la producción de leche. Este hecho coincide
con el momento en que la ganadería cubana tenía un mayor desarrollo, cuya
expresión mayor fue el millón de litros de leche que se estaba produciendo en
este momento en la provincia de La Habana. Coincide también con el caso del
descubrimiento de nuestra recordista mundial Ubre Blanca; o sea que, como bien
planteaba la doctora Rosa Elena, todos estos hechos han estado siempre ligados
al desarrollo de una determinada rama, en este caso la pecuaria, en el país.
Después, en el año 1993, más
recientemente, y ya en momentos en que el período especial arreciaba, se
detecta la enfermedad hemorrágica viral del conejo, también muy relacionados en
este caso sus daños con el objetivo de que esta especie es utilizada para la
producción de muchas vacunas, medicamentos e investigaciones, como es la prueba
de epirógenos en los hospitales, y también era un elemento importante para la
nutrición de nuestra población en esos momentos.
Las medidas adoptadas,
afortunadamente, independientemente de los daños que se ocasionaron, pudieron
evitar que se produjeran grandes daños en el caso de la producción de vacunas y
de medicamentos. Sí en el caso de la salud animal, de una forma indirecta, se
vio afectada la producción de la vacuna contra el cólera porcino, que se
produce utilizando el conejo, y propició que a finales de ese año hubiera una
epizootia de esta enfermedad y, lógicamente, tuvo un daño indirecto.
Ultimamente, ya en el año 1996,
se introduce la varroasis, que es la enfermedad más grave que tienen las
abejas, que produce grandes daños por la mortalidad de sus colmenas, que
también había algunos países del área afectados, pero que lo lógico hubiera
sido que la afectación, por los vientos y por otras formas, hubiera sido por el
oriente del país; sin embargo, se produce la afectación en la llanura de
Matanzas, entre Matanza y La Habana, precisamente en la zona donde está la
mayor producción apícola del país, casi el 30% de esta producción, y después se
propagó al resto del territorio, ocasionando graves pérdidas por la muerte de
las colmenas y erogación de divisas para la compra de medicamentos.
Resumiendo, hay siete
enfermedades que han afectado la masa animal en cinco especies, que han
ocasionado pérdidas millonarias también, y que no podemos pensar que estas sean
las últimas. Estamos alertas, al igual que los demás sistemas, porque este es
un mecanismo que han utilizado nuestros enemigos para afectar nuestros animales
y por consiguiente a la población.
Randy Alonso.— Usted decía que unas de las enfermedades
más notables en toda esta etapa de agresiones biológicas contra nuestro país
fue la fiebre porcina africana, que se presentó en dos oportunidades en
diferentes momentos durante estos 42 años, y adelantaba que el compañero Aramís
Fernández fue uno de los que, junto a la doctora Rosa Elena Simeón, participó
en el control de esta enfermedad y de su erradicación durante esas dos
oportunidades.
Sería bueno, Aramís, conocer su
experiencia de cómo se introdujo esa enfermedad en nuestro país y qué medidas
se adoptaron para poder enfrentarla.
Aramís Fernández.— Como se ha expresado en distintas
oportunidades en esta mesa, en esta guerra sucia y genocida nada queda a la
casualidad. No fue, por tanto, casual que el enemigo escogiera la fiebre
porcina africana para introducirla en nuestro país en el año 1971, tampoco fue
casual que lo hiciera por la provincia de La Habana.
Se escogió la fiebre porcina
africana porque es una enfermedad viral, muy contagiosa, que cuando se
introduce en un territorio que no ha sido afectado previamente produce una
mortalidad virtualmente del ciento por ciento, pero, además, produce síntomas y
lesiones, que por su comportamiento desde el punto de vista poblacional es
semejante a otras enfermedades que por entonces existían en el país,
especialmente una muy conocida popularmente, a la que se denomina pintadilla, y
eso contribuía a que al aparecer la enfermedad se pudiera presentar confusión
y, aprovechando ese período de confusión, la enfermedad pudiera seguirse
propagando.
Tampoco es casual que haya sido
escogido como escenario la provincia de La Habana, porque precisamente a partir
del año 1969, aunque ya previamente se habían realizado esfuerzos en el
desarrollo de la rama porcina en el país, se potenció el desarrollo porcino del
país con la creación del Combinado Porcino Nacional, y en el caso de la provincia
de La Habana se creó un plan especial en el cual se importaron valiosos
ejemplares porcinos del extranjero, material genético que tenía como propósito
no solo incrementar la crianza, sino, a más largo plazo, producir una mejora en
nuestros animales autóctonos.
Existía también en esta
provincia un centro de cuarentena a través del cual nuestras autoridades
sanitarias realizaban las importaciones que se hacían del extranjero como una
medida de garantía de que esas importaciones no comprometieran el estado sanitario
del país. Es precisamente La Habana el lugar que se escoge para dar el zarpazo,
y surge la enfermedad en un cebadero que tenía más de 11 000 cerdos de ceba, y
a la cual, dada la estructura de la producción en aquellos momentos, se
llevaban tantos cerdos de las unidades estatales como también de los que se les
compraban a los particulares, lo que facilitaba, como sucedió, la introducción
de la enfermedad.
A partir del momento en que se
realizan las primeras investigaciones y se llega a la certeza, se tomó la
decisión por parte del Gobierno Revolucionario y de las altas autoridades de
nuestro país, de acometer de inmediato su erradicación, y junto con ello tomar
todas las medidas para evitar que la enfermedad se expandiera a los países
vecinos.
Este es un hecho que fue
trascendental, por cuanto esta enfermedad, que era conocida desde los primeros
años del presente siglo y que su primera descripción por un científico inglés
fue en el año 1921, en 50 años estuvo circunscrita al continente africano, precisamente
al Africa sudsahariana. A finales de la década del 50 llegó a España y
posteriormente a Italia, países que tenían intereses coloniales en el Africa y
a través de ese movimiento llegó; un poco después hubo episodios de
introducción en Francia e Italia que lograron erradicarla rápidamente.
Es decir que no había realmente
vínculos que justificaran su introducción por vía natural; no obstante, junto
con la campaña de eliminación, que exitosamente se desarrolló en un período muy
breve, solo 45 días, se realizaron investigaciones tratando de confirmar las
vías, llamemos normales, a través de las cuales la enfermedad podía haber sido
introducida al país; se hicieron no solo estudios de carácter epidemiológicos,
sino se hicieron estudios forenses: se desenterraron huesos de animales que
habían muerto en períodos anteriores a la fecha de la epizootia, y por método
de laboratorio se determinó si la enfermedad había estado o no presente, y se
pudo precisar —seguramente la doctora Rosa Elena podrá ahondar sobre estos
tópicos— con toda exactitud que era imposible que la enfermedad hubiese sido
introducida por canales normales, comerciales, viajeros, etcétera.
La enfermedad fue erradicada,
pero a un costo de sacrificio de cerca de medio millón de cerdos, entre los
cuales ejemplares genéticos de un altísimo valor.
Hubo necesidad de una gran
movilización. Los que vivieron aquella época recordarán los puntos de
desinfección que se pusieron en la frontera, las enormes cantidades de
desinfectantes que fue necesario utilizar para evitar que la enfermedad se
transmitiera a otras provincias del país, y una gran movilización de los
actores sociales que tuvieron que colaborar con el servicio veterinario para
combatir la enfermedad.
Randy Alonso.3— Sí, por ahí se vieron algunas imágenes
de esos momentos, de cómo nuestro pueblo tuvo que enfrentar también esa
agresión, sobre todo, la cifra esa enorme de cerdos, medio millón de cerdos que
hubo que sacrificar. Yo creo que fue un golpe tremendo para el propio
desarrollo.
Emerio Serrano.— La mayoría de ellos tuvieron que ser
sacrificados y enterrados, como se vio en las imágenes, aunque de algunos se
permitió el consumo, y creo que este fue un aporte de nuestro sistema, porque
anteriormente ningún otro país que había enfrentado la enfermedad había hecho
un aprovechamiento. Nosotros, aprovechando las organizaciones sociales y muy
especialmente los Comités de Defensa de la Revolución, orientamos a algunos
consumidores que podían hacer uso de sus cerdos, siempre que enterraran los
huesos y el resto de los despojos, para que no diseminaran la enfermedad.
Ese evento del año 1971 nos dio
una gran experiencia, pero en la gran ofensiva —podemos llamarle así— de la
guerra biológica de finales de los setenta y principios de los ochenta
nuevamente volvió a darse un nuevo zarpazo a nuestro país, en este caso ya en
otro escenario, en la provincia de Guantánamo, pienso que con la aspiración de
que la enfermedad pudiera penetrar en las montañas de Guantánamo, donde
realmente hubiesen sido muy difíciles los trabajos de liquidación.
Ya con la experiencia que se
había acumulado, la enfermedad fue combatida, también a un elevado costo, más
de 300 000 animales fueron sacrificados en aquella oportunidad y las pérdidas
directas —las pérdidas indirectas son prácticamente inconmensurables—
sobrepasaron los 9 300 000 pesos, como impacto de aquello.
Eso, realmente fortaleció el
servicio veterinario cubano, que pudo no solo adiestrarse para combatir estas y
otras epizootias, sino contribuir a campañas de erradicación de esta enfermedad
en República Dominicana, en Santo Domingo, incluso en la República de Malta,
con la experiencia que habíamos obtenido en este campo.
Randy Alonso.— Sí, para mí es muy sugerente también que
la segunda oportunidad haya sido en la provincia de Guantánamo. Todos sabemos
allí que todavía permanece bastante cerca de la población la Base Naval de
Estados Unidos, en ese territorio cubano.
La doctora Rosa Elena también
fue parte importante de esta batalla contra esta enfermedad. La doctora es viróloga,
especialista en la fiebre porcina africana, y tuvo un papel fundamental en el
control y en la erradicación de esta enfermedad.
Yo quisiera que en estos
momentos finales de la mesa, doctora, usted nos hablara también de su
experiencia en ese combate a una enfermedad tan terrible, para una población de
cerdos que en aquel momento prácticamente se empezaba a desarrollar en el país,
y que tuvo que enfrentar esta terrible consecuencia de la enfermedad.
Rosa Elena Simeón.— Yo te diría en un plano más personal,
como profesional, que el enfrentarse a una batalla de esa magnitud, a una
epidemia, es prácticamente como enfrentarse a una guerra, como decía la doctora
Berta Lidia. Es tremendamente difícil todos los días sentarse delante del
microscopio y saber que con un diagnóstico que uno dé se van a derivar al
matadero (o en este caso a las trincheras donde estábamos enterrando a los
puercos) a miles de animales que —de no estar enfermos— pudieran ir a la mesa
de nuestros pueblo. Ese trabajo no es fácil. Es difícil para el investigador
que está acostumbrado a transformar lo que investiga en beneficio de la
sociedad, cada vez que uno tenía que decir que el resultado era positivo y que
tenían que ir los animales a la trinchera... no era nada fácil, Randy.
Sí te puedo señalar que nos
demostró que los jóvenes podíamos enfrentar tareas difíciles, como planteara
nuestro Comandante en Jefe. En ese momento —en 1971— yo era joven. Veo aquí en
esta sala a muchos jóvenes y habrá muchos otros que nos estén viendo u oyendo.
En esa época —como sería ahora también— un colectivo de jóvenes investigadores
pudimos enfrentar una tarea muy grande.
Te diría, además, que se pudo
llegar a definir, como señalaba Aramís: primero, que el virus al que nos
estábamos enfrentando era absolutamente salvaje, de una agresividad
extraordinaria. Cuando lo dejábamos evolucionar la mortalidad de los animales
era del ciento por ciento; es decir que no dejaba a ningún animal con
posibilidades de recuperarse. Si bien esto es cierto, lo que señalaba Aramís en
su intervención, en la década del 50 en el continente europeo se liquidó la
enfermedad en cuatro o cinco años. Sin embargo, al continente americano nunca
se había acercado un virus de esa magnitud.
Pudimos llegar a identificar
claramente que era totalmente introducido, porque este virus tuvo la
característica de que se mantenía en los huesos de los animales durante 18
meses; por tanto, podíamos estar seguros, buscando los restos de los animales,
cuál había sido el momento en que se había introducido, por dónde y cómo había
ocurrido.
Todos estos estudios
virológicos permitieron también hacer algunos análisis, como decía Aramís. Por
eso se determinó en esa oportunidad que nuestra población tuviera la
posibilidad de aprovechar algunas de las carnes. Se les daba a las personas un
sobre de nailon en el que debían recoger los huesos del cerdo, porque era ahí
donde se alojaba el virus. Por tanto, en 1980, las pérdidas fueron menos
cuantiosas.
En 1980 tuvimos que enfrentar
esa etapa del diagnóstico nosotros solos. En el año 1971 tuvimos la
colaboración de virólogos de la antigua URSS; tuvimos también la ayuda de
algunos especialistas españoles y canadienses que nos acompañaron en esa lucha;
ya en la segunda ocasión teníamos en el país una capacidad técnica muy superior.
¿Qué ocurrió entonces? Ya no era un virus clásico que podía ser visto
rápidamente en el microscopio cómo el leucocito se unía a los hematíes, que es
lo que hace el virus de la fiebre porcina, hace un puente y eso es muy fácil de
diagnosticar. Era un virus que ya no producía eso.
Randy Alonso.— ¿Eso es en 1980?
Rosa Elena Simeón.— En 1980.
Randy Alonso.— En la segunda ocasión.
Rosa Elena Simeón.— O sea, era ya un virus transformado.
Ellos —los que lo manipularon— pensaron que como aquel primero fuimos capaces
de detectarlo, había que transformarlo para confundirnos en el diagnóstico de
la enfermedad. Incluso, llegamos a comprobar que, evidentemente, había sido un
virus que se había pasado por aves.
El virus de la fiebre porcina
tiene la característica de que es específico, es decir, nada más que se
multiplicaba hasta ese momento en cerdos; o sea que había sido totalmente
manipulado en el laboratorio para confundir. Los análisis de cómo se comportaba
la epizootia nos indicaban que el objetivo estratégico era que se esparciera
precisamente por las montañas para que se hiciera crónico en nuestro país. En
ese momento de nuevo la Revolución y nuestro Comandante en Jefe impulsaban los
programas de desarrollo, los grandes planes integrales porcinos, buscando la
posibilidad de satisfacer la proteína animal, tan necesaria para la nutrición
de nuestra población, y en ese momento el imperio daba otra vez su nuevo
zarpazo.
Creo que como experiencia para
todos nosotros y para muchos otros, que no están aquí y que también
participaron en campañas como estas, debemos extraer la convicción de que es
necesario estar siempre alertas, de no confiarnos y de sospechar cuando irrumpa
alguna enfermedad en el país. Hay que conocer las entrañas de ese imperio que
aspira a destruir esta Revolución, que cada día se hace más fuerte y que
nosotros también la hacemos más fuerte cuando nos preparamos para combatir
agresiones de todo tipo, ya sea en el campo de las ideas o en el laboratorio;
cuando elevamos nuestra cultura en esa maravillosa batalla de ideas en la que
está enfrascado todo nuestro pueblo, o en el plano militar con nuestra guerra
de todo el pueblo, y en la guerra contra las agresiones más microscópicas, de
elementos más pequeños, preparándonos igualmente los científicos en el
laboratorio con las técnicas más modernas, con los conocimientos más avanzados,
sobre todo, para darle al país una respuesta rápida que garantice la
continuidad de la obra maravillosa de nuestra Revolución Cubana y de este
socialismo, que es el único que permite que podamos enfrentar epidemias de esa
magnitud.
Si analizamos la regularidad de
cualquiera de las batallas de las que se ha hablado en las diferentes esferas,
tanto en el dengue, en el Thrips palmi como en la fiebre porcina, concluimos
que sin la participación de nuestro pueblo, de nuestras organizaciones, sin
movilizar todas las capacidades de nuestra sociedad, es imposible enfrentar una
epidemia, epizootia o epifitia. Esto es una epidemia que afecta a los seres
humanos, a los animales o a las plantas, si no participa toda la población,
toda la sociedad, y eso nada más que se puede hacer en el socialismo.
Aquí hablamos de que en España,
pero España se demoró cinco años en salir de la peste porcina, por mencionar un
caso; o la propia Francia, con todo su desarrollo, también se demoró unos
cuantos años en salir de ella, y Cuba la pudo liquidar en 45 días, y la
segunda, en 21 días. ¿Por qué? Por la capacidad que tiene nuestra sociedad
socialista de que todos podamos enfrentar los problemas en una batalla común.
Es lo que pudiera trasmitirte como observación final.
Randy Alonso.— Sí. Rosa Elena, y creo entender también
de su intervención que no estamos hablando de algo que es historia, sino de
algo que tiene mucha actualidad y que, evidentemente, también nuestros
científicos están preparados para enfrentar este tipo de agresiones contra
nuestro país en cualquier momento que se dé, y que mientras no haya otra
agresión, y aunque la haya, creo que han demostrado con su capacidad, con su
enfrentamiento, que hay la posibilidad de cooperar y ayudar a otros pueblos
hermanos en el enfrentamiento de este tipo de agresiones que no son,
específicamente, agresiones en el orden biológico, pero que sí, de manera
natural, se han desarrollado en otros países y creo que la experiencia de las
brigadas médicas en Centroamérica, en el control de los virus del dengue,
demuestra cuánto puede hacer nuestra ciencia, no solo en el bien de los
cubanos, sino en el bien de toda la humanidad.
Quiero agradecerles a ustedes,
los panelistas que hemos tenido en la tarde de hoy, y también a los importantes
científicos y especialistas cubanos que hemos tenido invitados en nuestro
estudio.
Recordarles a nuestros
estimados televidentes y radioyentes que mucho dolor provocó a las familias
cubanas en los años ochenta la muerte de 158 de sus hijos por el virus del
dengue. Angustia también provocó en nuestros campesinos la pérdida de cultivos
y de animales que han desaparecido bajo la acción de las enfermedades introducidas
deliberadamente de Estados Unidos hacia nuestro país.
La amplia, sistemática y
genocida guerra biológica llevada a cabo por los gobiernos norteamericanos
contra Cuba son parte de una guerra mayor, destinada a hacer flaquear a nuestro
pueblo y destruir a nuestra Revolución; pero ni esos ni otros muchos obstáculos
en nuestro camino nos han hecho detener la marcha. Nuestras mejores armas han
sido siempre la denuncia y el combate.
Muy buenas noches.
* Versiones Taquigráficas –
Consejo de Estado; Granma.
Cuestiones de América
Nº 10, Agosto-Septiembre de 2002