Entrevista a Stella Calloni
La Operación Cóndor, laberintos de
una historia trágica
Gabriela
Fonseca *
Cuando a principios de 1993,
Stella Calloni estuvo en Paraguay, enviada por este periódico, y revisó los
llamados Archivos del Terror, descubiertos por el abogado Martín Almada,
víctima de la dictadura paraguaya, nunca imaginó que estas investigaciones
unidas a otras que anteriormente había realizado sobre la Operación Cóndor
serían el principio de un trabajo muy extenso que ayudaría a develar los lazos
de esta "internacional de la muerte".
Almada se constituyó en un
verdadero guía entre los laberintos de estos archivos que desnudaron parte de
la historia trágica de América Latina y fueron esenciales para poner en
evidencia una verdad que muchos conocían pero que necesitaba ser documentada.
En su libro Operación
Cóndor; Pacto Criminal, la periodista y escritora Stella Calloni agradece
especialmente a Almada y a otras personas por abrir estos caminos hacia la
verdad.
La obra de la corresponsal en
Sudamérica, de La Jornada, resume un amplio trabajo de investigación que
conjunta y da forma a numerosos testimonios, pesquisas anteriores y la
investigación de documentos básicos de los Archivos del Terror y otros
descubiertos en los últimos años en distintos países.
Los amplios resportajes e
investigaciones de Stella Calloni han servido como referencia en varios juicios
que se desarrollan tanto en Argentina como en Europa, donde se está procesando
a responsables de las atrocidades cometidas durante las dictaduras
latinoamericanas.
Calloni acaba de ganar el
premio Samuel Chavkin para periodismo de investigación en Latinoamérica 2001,
otorgado bajo los auspicios de la revista NACLA Report on the Americas,
publicada por el Congreso Norteamericano sobre América Latina. Entre los
fundamentos para otogar este premio, se citan sus reportajes desde Sudamérica y
sobre todo "por su investigación valiente de la Operación Cóndor".
La periodista considera que el
libro Operación Cóndor que hoy presenta "es sólo la punta del iceberg",
pues en cada país que integró este esquema de coordinación represiva
"están surgiendo y van a surgir más libros sobre Cóndor, y todos
ellos integrarán un gran trabajo colectivo".
Calloni, por lo tanto, llamó a
"desactivar las vanidades que a veces atraviesan al mundo
periodístico" para que se reúnan todas las investigaciones que logren,
algún día, "cerrar esta tragedia mediante la reconstrucción de la memoria
histórica".
Calloni aseguró que la idea de
llevar adelante esta investigación surgió a partir del asesinato de monseñor
Oscar Arnulfo Romero, ocurrido en El Salvador en marzo de 1980, un caso que la
marcó especialmente, ya que mantuvo una relación estrecha con el prelado a raíz
de una serie de entrevistas en el país centroamericano, en el contexto de la
guerra que se desarrollaba.
Para Calloni este asesinato
tuvo un modus operandi similar al empleado cuatro años antes, cuando el
ex ministro chileno allendista Orlando Letelier fue ultimado en Washington,
junto con su secretaria estadunidense Ronni Moffit, en septiembre de 1976.
En este último asesinato
estuvieron involucrados los cubanos anticastristas Virgilio Paz y Dionisio
Suárez, que resultaron implicados también por varios medios en el crimen de
monseñor Romero. Estos asesinatos y otros en el marco de las dictaduras
latinoamericanas parecían estar amparados por la impunidad y la complicidad,
sostiene Calloni. 
Ya en la segunda mitad de la
década de los 70, dice, en los círculos de los exiliados políticos de las
dictaduras se hablaba de la Operación Cóndor, y se hacía el símil entre
esta coordinación entre regímenes militares con una operación que recibió en
nombre de Fénix (Phoenix) que tuvo lugar en Asia y que fue
organizada por Estados Unidos, a través de funcionarios como William Colby,
quien a la postre fue director de la CIA.
Otra semilla del libro que hoy
presenta Ediciones de La Jornada fue el caso de Gladys Mellinger de
Sannemann, médica política paraguaya secuestrada en 1976 en Misiones,
Argentina, y entregada a la dictadura del general Alfredo Stroessner. Tras
permanecer en el campo de concentración de Emboscada en Paraguay, fue
trasladada a la siniestra Escuela de Mecánica de la Armada, en Argentina,
(ESMA), de donde fue rescatada gracias a la presión del gobierno alemán.
Mellinger fue una de las
primeras víctimas que denunció la Operación Cóndor, y pudo brinadr
testimonio de compañeros de cautiverio que provenían de otros países, y quienes
también fueron víctimas del esquema de represión entre las dictaduras del Cono
Sur.
En 1992, recuerda Calloni, se
descubren los Archivos del Terror Paraguay, en los que consta cómo
prisioneros políticos de las dictaduras fueron entregados de un país a otro. En
Paraguay, Calloni encontró evidencias, por ejemplo, de dos encuentros en 1974
entre Augusto Pinochet y Stroessner. También aparecieron documentos sobre
varias reuniones entre los jefes militares y de inteligencia, de 1975 a 1978,
para establecer una coordinación organizada entre todas las dictaduras de la
región. Uno de los convocantes a estos encuentros donde se tejían estrategias
de muerte fue el general Manuel Contreras, jefe de la ahora disuelta Dirección
de Inteligencia (la temible policía política pinochetista), considerado el Cóndor
número Uno.
Al parecer, Paraguay, escenario
de una dictadura que duró 35 años, resultó el terreno idóneo para llevar a cabo
operaciones encubiertas de la CIA para favorecer a las dictaduras
sudamericanas.
Así lo que comenzó como un
trabajo de investigación para La Jornada, empezó a crecer con más datos
y testimonios sobre la coordinación represiva. La investigación se iba
ampliando y tomando forma, cada vez más información surgía a la luz, lo que
aunado al trabajo de grupos humanitarios permitió que la realidad de la Operación
Cóndor emergiera de la oscuridad.
Calloni reunió además trabajos
de investigación sobre el tema que habían sido publicados de manera aislada,
con la idea de integrarlos a la investigación que llevaba a cabo, y que a la
fecha ha reunido más de 2 mil páginas de documentación.
La autora de Operación
Cóndor, Pacto Criminal, afirma que su principal intención fue la de
concluir un libro en el que se evitó novelar, si bien narra los casos más
emblemáticos de esta cadena de crímenes, y que incluyera fuentes
bibliográficas, hemerográficas, e incluso, documentos desclasificados, de
manera tal que la justicia o cualquiera interesado en recurrir a estas pruebas
de las atrocidades pueda localizar fácilmente estas fuentes.
Calloni, de hecho, ha declarado
ya en varios juicios que se siguen a implicados en la Operación Cóndor,
por estar tan familiarizada con las investigaciones sobre el tema. A todos
aquellos que se encargaron de investigar y documentar la verdad, la autora
dedica su libro.
Operación Cóndor, Pacto
Criminal se presenta este
jueves a las siete de la noche en la Casa de la Cultura Jesús Reyes Heroles,
ubicada en Francisco Sosa 202, Barrio de Santa Catarina, Coyoacán.
* La Jornada, 5 de
abril de 2001.
Cuestiones de América
Nš 10, Agosto-Septiembre de 2002
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