Cuestiones de América

Paraguay envía al juez Garzón los documentos para procesar a Pinochet

 

Los militares paraguayos crearon el «Archivo del Terror» donde guardaron los informes de la «operación Condor» - Paraguay, Chile y Argentina se coordinaron para atentar contra la oposición

 

Antonio Rubio y Manuel Cerdán *

 

MADRID. Los documentos del Archivo del Terror, solicitados en enero de 1998 por el juez Baltasar Garzón a la Justicia de Paraguay para demostrar la implicación de Augusto Pinochet y su policía en la denominada operación Cóndor, ya han salido de Asunción con dirección a Madrid.

Entre el material que está a punto de llegar a la Audiencia Nacional destaca una serie de cartas, informes y agendas que demuestran la relación y colaboración existente entre los diferentes jefes de los comandos de las Fuerzas Armadas de Paraguay, Argentina y Chile para secuestrar y eliminar a los opositores políticos que habían huido de la represión y se habían refugiado en los países del Cono Sur.

Los expedientes, que están autentificados por el Palacio de Justicia de Asunción (Paraguay) y por Martín Almada, presidente del Tribunal Etico contra la Impunidad, serán las piezas fundamentales en las que el juez Garzón se basará para procesar al dictador Augusto Pinochet, si, finalmente es extraditado a España por la Justicia británica.

EL MUNDO ha tenido acceso a una parte de los documentos solicitados por Garzón. Dos de estos papeles del Archivo del Terror demuestran, sin ningún tipo de dudas, la colaboración entre las diferentes Fuerzas Armadas sudamericanas para la eliminación física de los opositores e intercambio de prioneros.

Mutua colaboración

El primer documento es una misiva de Manuel Contreras, coronel director de Inteligencia Nacional de Chile, a Pastor Coronel, jefe del Departamento de Investigación de Paraguay. Contreras da las gracias a Pastor Coronel «por la cooperación prestada para facilitar las gestiones relativas a la misión que debió cumplir mi personal en la hermana República del Paraguay».

Contreras, que fue condenado por el asesinato de Orlando Letelier en Washington, además de agradecer los servicios prestados por los hombres de Pastor Coronel, se muestra convencido de que «esta mutua colaboración continuará en forma siempre creciente para el logro de los objetivos comunes coincidentes de ambos servicios». La carta está fechada en Santiago de Chile el 25 de septiembre de 1975, en pleno apogeo de la operación Cóndor y dos años después del golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende.

El juez Baltasar Garzón, por medio de dos comisiones rogatorias que envió a Paraguay en enero y en septiembre de este año, solicitó a aquel país «las cartas, agendas, artículos y otros efectos relativos a la Conferencia de Seguridad (Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Bolivia y Paraguay) en relación a los métodos para acabar con las actividades subversivas en la región».

Pastor Coronel no sólo se relacionó y recibió información de los golpistas chilenos para la eliminación de los opositores, sino que también mantenía los mismos contactos con los militares argentinos.

Benito Guanes Serrano, el jefe de la Inteligencia Militar de Paraguay, informó en agosto de 1976 a Pastor Coronel sobre los «subversivos brasileiros radicados en la República de Argentina», como se refleja en un informe al que ha tenido acceso EL MUNDO.

El objetivo de la «Nota Nº B/650» de la inteligencia paraguaya, emitida por el coronel Guanes Serrano, es claro: «Remitir fotocopia de lista nóminal y fotografías» de los exiliados brasileños.

Españoles e italianos

El sistema de ejecución de los miembros de la oposición es similar al utilizado por los GAL, tal como se refleja en uno de los documentos del Cesid. Primero, la localización de los objetivos con la ayuda de la policía de otro país y después, la eliminación física de los subversivos.

Entre los documentos que Garzón recibirá en los próximos días se encuentra una declaración jurada de Julio Manuel Laks Feller, que fue testigo de las torturas y de la posterior desaparición del sacerdote español Antonio Llidó a manos de la DINA chilena, en septiembre de 1975. Laks Feller, antes de ser expulsado a Israel, pudo memorizar una serie de nombres de personas que desaparecieron tras haber sido detenidas por la policía.

El ciudadano israelí también fue testigo del arresto y tortura de Lumi Videla Moya. Según su testimonio, «su cuerpo fue lanzado sobre el muro de la embajada de Italia». Laks Feller hizo esta declaración judicial el pasado 29 de octubre.

Eliminación de los enemigos

A mediados de los años 70, los diferentes jefes de las fuerzas militares y policiales de Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil, con el visto bueno y el apoyo de la CIA norteamericana, llegaron al acuerdo para coordinar una serie de operaciones conjuntas con el fin de secuestrar, torturar y eliminar a los opositores de sus respectivos regímenes. Esta misión recibió el nombre de operación Cóndor.

Después de los golpes militares de Bolivia, año 1971, Chile y Uruguay, 1973, miles de ciudadanos de estos países se refugiaron en Argentina. A partir de ese momento, los militares argentinos comenzaron a colaborar con la DINA (policía política) chilena para la localización de los «subversivos».

Las primeras acciones enmarcadas dentro de la operación Cóndor se llevaron a cabo en septiembre de 1974, en la ciudad de Buenos Aires. Cuatro exiliados uruguayos fueron secuestrados y, semanas más tarde, sus cadáveres aparecieron en los alrededores de Montevideo.

La siguiente acción fue contra el general chileno Carlos Prats, asesor del presidente Salvador Allende, y su mujer. Los dos fueron asesinados por un comando de la DINA que actuó en suelo argentino.

El Archivo del Terror, que en la actualidad está depositado en el Palacio de Justicia de Asunción (Paraguay), tiene las mismas características que los documentos del CESID sobre la guerra sucia.

* El Mundo, Madrid, 19 de noviembre de 1998

 

 

Cuestiones de América Nº 10, Agosto-Septiembre de 2002

 

 

 

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