Haití, de la Pobreza a la Democracia

Jesús Hernández Garibay *

Una reciente información consular describe a Haití como “uno de los países menos desarrollados en el Hemisferio. Los suministros de bienes y servicios son adecuados en Puerto Príncipe, la capital, pero hay escasés en otras partes del país...” En efecto, la nación caribeña es la más pobre de América, con una tasa de analfabetismo que ronda el 80 por ciento, donde el costo de los alimentos básicos sube hasta un 60 % en los últimos seis meses, y el salario promedio no aumenta de 400 dólares al año desde hace tiempo.

Con una cultura mezcla de africano e influencias francesas, Haití fue colonia hasta 1804 cuando los esclavos negros se sublevan y proclaman con Toussaint de L’Ouverture al frente, la primera república negra del mundo. A lo largo del siglo 19 se suceden sangrientas guerras internas y luego de décadas de ocupación e influencia estadounidense, desde 1957 François Duvalier (Papa Doc) inicia una cruenta dictadura que se prolonga hasta 1971 en que muere y es sustituido por su hijo Jean Claude (Baby Doc), quien es nombrado presidente a los 19 años hasta que a principios de 1986 tiene que huir del país.

En enero de 1988 Manigat es electo presidente, pero expulsado por los militares en junio; luego se nombra a Próspero Avril, pero renuncia y huye del país en marzo de 1990. En diciembre de este último año se realizan elecciones supervisadas por la ONU que terminan en una arrolladora victoria de Jean-Bertrand Aristide, sacerdote católico y defensor de los sectores más pobres, pero este es expulsado por otro golpe militar en septiembre de 1991. Una fuerza militar de la ONU con el ejército estadounidense en la cabeza restituye en el poder a Arístide en 1994, bajo la condición de que de inmediato proceda a hacer nuevas elecciones para evitar la consolidación de su liderazgo, de desconfianza para Washington. Así, queda en el cargo André Préval desde diciembre de 1995 hasta ahora.

Haití cuenta en la actualidad con 7,8 millones de habitantes y trata de avanzar hacia la democracia a través de intentos electorales más firmes, en medio todavía de contradicciones. El partido de Arístide, Familia Lavalas -a disgusto de sectores ricos y poderosos gobiernos como Washington- ganó de forma abrumadora en las elecciones de mayo pasado (17 de 18 puestos en el Senado, el 80 por ciento de la cámara baja y la mayoría de los gobiernos locales). Ello dio lugar a que en este 2000 el sacerdote católico intentara ganar de nuevo la presidencia, frente a candidatos de oposición prácticamente desconocidos en el país.

No obstante los intentos de boicot y bombazos con saldo de víctimas promovidos por esa oposición antes y durante la jornada electoral del 27 de noviembre, las elecciones se llevaron a cabo en un ambiente de calma, con una votación del 60.5 % de los 4 millones de empadronados que lleva a Jean-Bertrand Aristide de nuevo a la presidencia con casi el 92 % de los votos, mientras el segundo candidato Arnold Dumas, recibía sólo el 2.4 % y los otros cinco candidatos, virtualmente desconocidos, apenas alcanzaban esa cifra.

A pesar de que los EUA, Canadá y la Unión Europea habían rechazado enviar observadores a los comicios, en estos participaron unos 200 observadores extranjeros (90 del Caricom, 25 de Global Exchange y otros de la Organización de Países Francófonos), los que avalaron el proceso. Así, es esta la segunda vez que en realidad va a transmitirse el poder en Haití por la fuerza del voto y no por ningún golpe de Estado, con un presidente electo de la gente y por la gente.

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* Publicado en la revista Siempre, México, 14 de diciembre de 2000, página 44.

Enero de 2001

 

Cuestiones de América Nº 1, Enero de 2001

 

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